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lunes, 11 de marzo de 2024

Patricia Crone, Sociedades preindustriales (i): rasgos de las sociedades preindustriales

 

segunda parte aquí

Resumo a continuación el libro. Destaco los pasajes que me parece que encierran lecciones importantes para nuestra sociedad. Por ejemplo, lo que se dice a continuación sobre la división del trabajo - la asignación de tareas - en las sociedades preindustriales es muy relevante para entender los límites (los beneficios y costes) de la meritocracia.

Asignación de los recursos por herencia, no por el mercado: quién seas es mucho más importante que lo que sabes hacer, especialmente porque no hay mucha especialización 

Lo que esto significa es que el linaje, y no las fuerzas del mercado, determinaba quién debía hacer qué: el trabajo había sido asignado de antemano al grupo social en el que uno nacía. La ventaja radicaba en el automatismo con que se reclutaba y formaba a las personas para sus puestos de trabajo. No había necesidad de sistemas educativos elaborados (a la gente le enseñaban sus padres), ni de centros de empleo y otras formas de intercambio impersonal de mano de obra; tampoco había necesidad de anunciar un nuevo ocupante del trono cuando moría el gobernante. Resolvía el problema de la asignación de puestos de trabajo con un mínimo de organización o, en otras palabras, era barato. (Por el contrario, consideremos los costes de unas elecciones presidenciales, o incluso el alboroto y la molestia de cubrir un puesto universitario: sería mucho más fácil simplemente nombrar al hijo). 

También funcionó, en cierto modo, porque la mayor parte del trabajo no era cualificado y porque las cualificaciones requeridas cambiaban muy lentamente: si cualquiera puede hacer un trabajo tan bien como cualquier otro, los elaborados procedimientos de asignación de puestos son superfluos; y si las cualificaciones no cambian de una generación a otra, los padres pueden formar a sus hijos tan bien como cualquier otro. De ahí salieron gobernantes ineptos, aunque también algunos muy impresionantes; y cuando en la Corea del siglo XV incluso los artistas llegaron a ser reclutados por herencia, también salieron pintores ineptos.

Las bondades del nepotismo

En el mundo preindustrial, la confianza siempre tuvo una importancia primordial, con el resultado de que el mercado laboral que existía estaba dominado por las redes personales: yo te recomendaría a mi hijo y tú recomendarías al tuyo; tú recomendarías a tu sobrino y yo recomendaría a mi amigo. La gente se empleaba en el seno de comunidades pequeñas donde todos se conocían. Los padres organizaban el aprendizaje de sus hijos y los maestros que los acogían sabían todo lo que había que saber sobre el aprendiz antes de aceptarlo. 

Para los puestos en la burocracia política, una red extendida de parientes, amigos y aliados era muy deseable, si no indispensable. En una narración musulmana del siglo X, un burócrata de alto rango se lamenta de que el único hijo de un amigo fallecido es tan estúpido que no puede convertirlo en juez ("el muchacho es tan tonto que deshonraría por completo mi recomendación"). como dijo Macauley de un primo en 1833). Pero aunque un mecenas se deshonraría a sí mismo al apoyar a un completo ignorante para un trabajo que requiriese pericia, no había nada vergonzoso en el mecenazgo como tal: beneficiaba tanto al empleador como al empleado. Dondequiera que la confianza importara tanto o más que las habilidades, el nepotismo era una virtud, no un signo de corrupción.

La concentración del excedente en pocas manos 

Un emperador persa del siglo III supuestamente decretó que los súbditos debían quedarse solo con la cantidad de sus productos cultivados que les bastara para vivir y cultivar sus tierras. Un rey de Kashnur lS del siglo VIII habría ordenado que se vigilara que los aldeanos no tuvieran más provisiones de alimentos que las necesarias para un año, ni más bueyes de los que requerían para arar sus campos. Un documento japonés del siglo XVII afirmaba que los campesinos eran el fundamento del Estado y que cada hombre debía tener bien delimitados los límites de sus campos, y se debía calcular la cantidad que necesitaba para su consumo. El resto se debía pagar como impuesto. No sorprende que los discípulos de Jesús se escandalizaran cuando su maestro cenaba con recaudadores de impuestos ('publicanos') y otros pecadores."

Dondequiera que la riqueza tomara la forma de tierras y un excedente almacenable, los cuales podían ser confiscados físicamente, un pequeño número de especialistas en violencia tendía a eliminar a otros participantes de la arena política, especialmente cuando la tasa de participación militar era baja, o en otras palabras, donde pocos varones adultos eran llamados a participar en la guerra. Por el contrario, los medios de producción (a diferencia de los productos en sí mismos) no podían ser confiscados físicamente donde predominaba la riqueza comercial, ni las masas podían ser excluidas de una voz en la política donde la tasa de participación militar era alta.

La inseguridad individual elevaba enormemente la importancia de la autotutela por los grupos basados en el parentesco o en estructuras corporativas

Ya sea que tomaran la forma de familias, linajes, tribus, barrios, aldeas, gremios, comunidades religiosas o una combinación de ellos, eran islas de confianza y solidaridad en un mundo inestable y peligroso (lo que no quiere decir que no pudiera haber divisiones o tensiones dentro de ellas). Por lo general, eran organizaciones autónomas, unificadas frente a terceros, endogámicas, con mecanismos de resolución de disputas entre los miembros e incluso capaces de levantar un ejército...

Es por esta razón que las personas eran amigas o aliadas, como se mencionó en el capítulo anterior, no una masa indiferenciada de ciudadanos que podían proporcionar mano de obra neutral. Para el Estado, la existencia de tales grupos era una bendición sólo en parte. Mantenían a la gente bajo control, pero también intervenían entre el Estado y sus súbditos, lo que dificultaba el gobierno directo. Podían ser heréticas, y siempre corrían el peligro de rebelarse.... En resumen, la organización política tendía a... una situación en la que los diferentes poderes se contrarrestan y anulan entre sí en lugar de combinarse para lograr un efecto conjunto. Los estados preindustriales tenían un poder considerable para evitar que las cosas sucedieran, pero muy poco para hacer que sucedieran. Por lo tanto, no es sorprendente que los estados fueran estructuras frágiles que colapsaban fácilmente bajo tensión interna o presión externa. El bajo grado de integración, por un lado, y los mínimos servicios prestados por el Estado, por otro, significaban que había poco que los mantuviera unidos.  

La importancia del matrimonio monógamo 

Siendo los reyes gobernantes de dominios privados, la sucesión al trono era idéntica a la sucesión en la propiedad de la tierra; Y así... la propiedad de la tierra podía ser transmitida tanto por hombres como por mujeres. Al mismo tiempo prevalecía la estricta monogamia. Fuera de Europa, por el contrario, la sucesión al trono era normalmente distinta de la de la propiedad privada. Por lo general, las mujeres no podían transmitir ni la tierra ni los derechos políticos de ningún tipo, mientras que la poligamia, el concubinato o el divorcio fácil aseguraban que los herederos varones fueran abundantes. Por lo tanto, los gobernantes no europeos se limitaban a sellar alianzas políticas mediante sus matrimonios, pero sus homólogos europeos competían constantemente tanto por aliados como por herederos; y mientras que los reyes no europeos tendían a tener un exceso de herederos potenciales, sus homólogos europeos siempre estaban preocupados por su capacidad para producir uno solo, de modo que los asuntos matrimoniales de los reyes eran temas políticos candentes; y aunque las guerras de sucesión a la muerte de los gobernantes están atestiguadas en todo el mundo, las guerras de sucesión entre monarcas reinantes eran peculiares de Europa, donde las reclamaciones dinásticas de territorios específicos basadas en las reglas de la sucesión privada desempeñaron un papel crucial en la política internacional hasta el siglo XVIII. 

La concepción privada del poder político

... una persona dotada de poder supremo, ya sea por herencia o de otra manera, no puede distinguir fácilmente entre su yo privado y público. "La tierra pertenece a Dios, y yo soy el diputado de Dios", dijo el califa Muawiya (661-80). L'Etat c'est moi, diría Luis XIV. 

... la falta de transparencia y rendición de cuentas de los actores políticos fomentaba la idea de que la política era un asunto de pactos entre caballeros del mismo club. La ventaja de reducir las decisiones públicas a acuerdos privados era que se simplificaba la comunicación y se aseguraba que las decisiones fueran satisfactorias para los involucrados. En cambio, las normas impersonales complican el proceso de decisión y generan resultados indiferentes o contrarios a los intereses privados de los decisores, que es, por supuesto, su propósito. Sin embargo, las normas impersonales solo se establecen y se cumplen cuando la administración está expuesta al escrutinio de agentes externos, ya sea a través de los tribunales, los parlamentos o los medios de comunicación. A los gobernantes preindustriales rara vez se les exigía responsabilidad ante nadie más que Dios; normalmente, sus servidores solo respondían ante sus superiores; y los medios de comunicación masivos no existían. En resumen, el proceso político se mantenía al margen del ojo público, dejando a todos libres para participar en interminables negociaciones privadas tras bambalinas."

Patricia Crone, Sociedades preindustriales, 1989

lunes, 13 de abril de 2026

Dios te salve María, llena de influencia política: de la relación patrón-cliente, de la gracia, la misericordia, la justicia y la salvación


En lo que sigue, extracto algunas de las páginas más interesantes del libro que se cita al final. Es el mejor libro que he leído en el último año. En realidad, es un curso universitario sobre el Renacimiento italiano. La capacidad narrativa de la autora es asombrosa y la inteligencia del análisis abrumadora. Solo el libro de Patricia Crone me parece comparable. Excepto la última parte, - el libro tiene casi 700 páginas - es, además, divertidísimo. Cuenta y vuelve a contar las mismas historias añadiendo detalles y personajes o adoptando perspectivas diferentes cada vez, de modo que se lee como una novela pero se aprende mucho de muchas cosas. 

Para un jurista, el capítulo que extracto a continuación es el más interesante porque explica lo que significaba la "gracia" en el mundo pre-contemporáneo y lo hace en el marco de la explicación de las relaciones patrón-cliente. Como explica Crone, en el mundo pre-contemporáneo la acción colectiva se articulaba a través de relaciones patrón-cliente, amo-esclavo, señor-siervo, señor-vasallo etc., relaciones diádicas que permitían estructurar sociedades con cientos de miles de miembros. Lo magistral de Palmer es como engarza la religión con el Derecho y la organización social y el ritmo trepidante - parece Juego de Tronos - con el que narra las historias que incluye en su análisis. 

El texto que sigue empieza en la p 199 y termina en la 215.

¿Qué tiene que fallar para que alguien muera abandonado como un perro? Esa pregunta permite aprender mucho sobre cualquier cultura: cuáles son los mecanismos que existen para evitar que la gente caiga fuera de la red de protección social y qué puede provocar que esos mecanismos dejen de funcionar. En el Renacimiento, lo que tenía que romperse era el patronazgo, es decir, las relaciones multigeneracionales entre familias de más rango social y de menos rango que se ayudaban mutuamente, basadas en la división del trabajo y la especialización. Recuérdese la escena inicial de Romeo y Julieta. Los  que se pelean son clientes de las poderosas familias Capuleto y Montesco, mientras que lord y lady Capuleto y lord y lady Montesco son sus patrones, y el joven Romeo y la joven Julieta sus futuros patrones. Para hombres como esos, procedentes bien de una pequeña familia de campesinos o jornaleros, bien de una familia de estatus intermedio que podía producir médicos o miembros de gremios, un patrón poderoso, como los Montesco o los Médici, era la columna vertebral de la red de protección social. 

Los patrones garantizaban empleo, ofreciendo trabajo regular en sus numerosas propiedades, contratando a los hijos para que continuaran en los oficios de sus padres, incluso facilitando que jóvenes prometedores accedieran a nuevas profesiones o ayudando a los segundones a conseguir cargos en la Iglesia. Los patrones actuaban también como garantes legales en contratos o deudas, incluso para las cuentas pendientes en tiendas y tabernas. Prestaban dinero a los clientes con interés bajo o nulo, financiaban dotes para familias con muchas hijas y se encargaban de atenderlas cuando el sostén principal de la familia sufría una lesión incapacitante o fallecía. También ayudaban en cuestiones como los impuestos: tanto Lorenzo de Médici como, cuando ocupó cargos políticos, nuestro amigo Maquiavelo recibieron cartas de clientes y aliados pidiéndoles que intercedieran en materia de impuestos, además de ayuda para conseguir empleos y otros favores.  

La familia cliente, a cambio, no solo trabajaba para el patrón construyendo muebles, labrando sus tierras, realizando tareas administrativas o pintando frescos en el palacio, sino que hacía cosas que el patrón de alto estatus no podía hacer: regatear en los mercados, acoger a invitados de bajo rango, enseñar sus oficios a otros clientes o asumir misiones de confianza en espacios sociales más bajos. Cuando lord y lady Capuleto preparan el banquete para la boda de Julieta, los barriles de vino, las alcaparras y los sacos de grano que tienen a mano han sido cultivados en sus fincas por campesinos clientes o comprados para ellos en los mercados por clientes mercantiles de rango inferior, que hacen las transacciones cotidianas...  

... El sistema fiscal de Florencia... se basaba más en gravar la riqueza - los patrimonios - que las rentas o ingresos y, durante muchos años, se basó en que funcionarios entrevistaran cada año a los vecinos para preguntarles cuán ricos creían que eran los contribuyentes, a partir de lo que veían vestir o de lo que entraba y salía por la puerta de su casa. Vecinos malintencionados podían exagerar tu riqueza para cargarte con una enorme factura fiscal, mientras que clientes leales podían afirmar que tus recursos habían sido escasos ese año, aun después de haber visto casar a tu hija con un vestido cubierto de perlas. Explotar este sistema fiscal fue una herramienta que grandes familias como los Médici y los Strozzi utilizaron a menudo unas contra otras, con victoria final de los Médici.  

Otro servicio fundamental de las familias menores era sumarse a la acción callejera, formar turbas. A menudo esto significaba amotinarse en defensa del patrón cuando la situación se volvía peligrosa. Los clientes... están dispuestos a luchar y morir por el honor de sus patrones porque esos patrones han sido su red de protección social durante generaciones y porque saben que, si mueren defendiendo a su patrón, la familia de este cuidará de la suya de por vida... la acción callejera incluía también manifestaciones pacíficas: participar en las procesiones organizadas por la gran familia en la festividad de su santo patrón, llenar las multitudes en las bodas, vitorear a los hijos de la familia en justas o carreras, todo lo cual hacía visible ante el público el poder de la familia patronal. 

 


El inestimable historiador social Richard Trexler describió un caso notable en el que, durante una rara nevada en Florencia, jóvenes de tres familias aliadas de los Médici salieron a organizar una batalla de bolas de nieve con Marietta Strozzi, la famosísima y bella heredera de dieciséis años de una importante familia rival de los Médici, y las familias enviaron a sus clientes a colocarse a lo largo de la calle con antorchas y trompetas para asegurarse de que toda Florencia viera esa interacción entre sus herederos ilustres. Poco después, al concluir el carnaval, la familia materna de Marietta volvió a celebrar su belleza con un desfile gigantesco, iluminado con miles de antorchas, y fuegos artificiales lanzados frente a su casa. El volumen de los vítores en una justa, o el tamaño de la multitud en una boda, combinados con la grandeza de la armadura del jinete o el esplendor del vestido nupcial, comunicaban el poder de la familia patronal. Los espectadores que pensaban dónde invertir a continuación, a quién dirigirse para obtener empleo o qué matrimonios concertar para sí mismos evaluaban con cuidado esos espectáculos. 
En los momentos críticos o de inestabilidad la acción callejera importaba más, y era una inversión sensata para una familia rica sostener a una familia pobre durante generaciones si, por ejemplo, esos clientes agradecidos ayudaban a Cosimo a escapar de Florencia en 1433 y permanecían leales durante su exilio, haciendo posible su regreso. Nada exhibía mejor el poder ni desalentaba tanto a la oposición como la capacidad de los Médici para llenar las calles con su grito de guerra: «¡Palle! ¡Palle!», que significa «¡Pelotas! ¡Pelotas!», en referencia a las píldoras medicinales con forma de bola del escudo de los Médici (aunque gritar «¡Pelotas!» tiene exactamente el mismo doble sentido en italiano que en español). La capacidad de difundir el grito de guerra familiar y reunir a una muchedumbre en cuestión de minutos era inestimable, y si el príncipe de Verona de Shakespeare hubiera decidido ejecutar a Romeo por la muerte de Tebaldo, lord Montesco habría hecho sonar el grito de guerra de los Montesco y asaltado la prisión de la ciudad para liberar a Romeo; la pequeña guardia de una ciudad‑estado no habría podido detenerlos.  
Todo esto se sustentaba en la confianza, construida a lo largo de vidas y generaciones. Por eso es cuando la confianza se quiebra cuando, en el Renacimiento, la gente acaba muriendo abandonada como un perro: ya sea el trabajador que ayudó a los enemigos de su patrón y perdió así su protección, o el tiránico duque Galeazzo Maria Sforza (1444‑1476), hijo mayor del amigo de Cosimo, Francesco Sforza, quien, al infligir torturas crueles por faltas menores y raptar a las esposas e hijas de sus clientes y nobles, pronto se encontró sin nadie dispuesto a interponerse entre él y los asesinos, y fue apuñalado hasta la muerte en las escaleras de su propia catedral.  
Maestros artesanos como Brunelleschi o Miguel Ángel eran clientes de las grandes familias o de los poderosos gremios que les encargaban obras, pero al mismo tiempo eran patrones de sus propios aprendices, oficiales y sirvientes. Cuando Miguel Ángel comenzó a pintar el techo de la Capilla Sixtina, el andamiaje que habían preparado para él era tan ineficiente que, al rediseñarlo, generó tal excedente de cuerdas que su venta proporcionó dinero para las dotes de varias de sus trabajadoras, pues las muchachas de un estrato social tan bajo solo necesitaban un pequeño capital inicial para poder formar una familia. 

 

Al mismo tiempo, las grandes familias trabajaban para extender sus redes hacia arriba y hacia fuera, conectándolas con poderes más lejanos y más altos. Piero de Médici, el Gotoso (hijo de Cosimo y padre de Lorenzo), prestó una enorme suma de dinero al rey de Francia —para financiar la recuperación francesa tras la Guerra de los Cien Años—, un préstamo que Piero sabía que difícilmente se devolvería íntegramente. Lo que pidió a cambio fue permiso para incorporar la flor de lis real francesa, dorada sobre fondo azul, en una de las bolas del escudo de los Médici, para publicitar la relación especial de la familia con el primus inter pares de los monarcas europeos. Cuando llegó la carta del rey concediendo ese permiso, Piero ordenó ese mismo día a sus clientes que salieran corriendo a introducir el cambio en todos los escudos de los Médici a los que pudieran acceder en la ciudad, otorgando por fin al modesto blasón familiar una grandeza capaz de competir con la imaginería más noble —leones, dagas, delfines, flores de lis— de muchas familias rivales. Atar durante tiempo indefinido unos cuantos millones de los Médici en préstamos franceses merecía sobradamente la pena para proyectar el siguiente mensaje: si necesitas un favor que implique al país más rico de Europa —un acuerdo comercial, una comisión militar, un puesto para tu sobrino exiliado—, ya sabes quién tiene el oído del rey; y si te enfrentas a nuestra familia, también sabes qué poder temible se enterará de ello. 
El patronazgo era asimismo un elemento central del sistema jurídico. Todos hemos oído hablar de la extrema severidad de las leyes medievales y renacentistas —¡pena de muerte por robar!, ¡pena de muerte por adulterio!, ¡pena de muerte por estornudar cerca del caballo del príncipe!—, pero cobran más sentido cuando se recuerda que no es hasta el siglo XVIII cuando Europa desarrolla la idea de que los sistemas de justicia deben aspirar a una aplicación igualitaria, es decir, que quien comete un determinado delito reciba el castigo estándar y que resulta extraño o injusto que la pena sea más leve. Los tribunales renacentistas se centraban, en cambio, en la misericordia, y se esperaba que el juez impusiera casi siempre una pena más leve que la prevista en la letra de la ley —una multa, por ejemplo, en lugar de la muerte—, de modo que las sentencias extremas proclamadas por las normas fueran en realidad la excepción y no la regla. Esta concepción estaba ligada a ideas cristianas sobre el pecado y la salvación, expresadas de forma célebre en el discurso de Portia sobre la misericordia en El mercader de Venecia.
«La calidad de la misericordia no es forzada, desciende como lo hace del cielo la suave lluvia sobre el lugar de abajo: es dos veces bendita; bendice al que da y al que recibe».
La justicia terrenal estaba concebida para imitar a la justicia divina: primero se amenazaba con la sentencia absoluta —la muerte, equivalente a la condenación, esto es, a la muerte eterna— y después se mostraba misericordia. Cada vez que alguien culpable de un delito capital era perdonado, el reo y todos los que asistían al juicio recibían una lección moral sobre Dios y la esperanza de salvación, con el juez y el criminal representando los papeles de Dios y del alma. Por eso, es cierto que en la época hubo esas ejecuciones públicas aparatosas y esos castigos ingeniosos que Hollywood ha retratado tantas veces, pero los especialistas saben que se trata de casos excepcionales, no de la norma. Cuando encontramos un registro de que alguien fue efectivamente llevado a la hoguera, la reacción no es «¡qué típico de esos tiempos crueles!», sino «¿de verdad los mataron esta vez? ¿Por qué?». La sodomía, por ejemplo, era un delito castigado con la muerte en Florencia y en muchos otros lugares, pero el mayor especialista en sodomía del Renacimiento, Michael Rocke, al estudiar los registros de los tribunales florentinos, comprobó que la inmensa mayoría de las condenas por sodomía terminaban con una multa, no con derramamiento de sangre. 


De manera similar, el inestimable estudioso de la Inquisición Nicholas Davidson, al analizar procesos en Roma y Venecia, descubrió que la sentencia más común en los casos de herejía, e incluso de brujería, consistía en ser obligado a asistir a una serie de largas y tediosas lecciones impartidas por dominicos tomistas que, recurriendo a Aristóteles, explicaban el mejor camino hacia el Cielo. Incluso en el caso de un aprendiz que intentó vender su alma al diablo para acostarse con la esposa de su maestro —¡y en el que los inquisidores tenían en sus manos el contrato demoníaco debidamente firmado!— la condena fue asistir a lecciones (ese muchacho necesitaba una buena reprimenda). Incluso el homicidio solía castigarse con una multa o con un período de destierro, reservándose la ejecución para lo que se consideraban delitos verdaderamente graves, como la profanación de una iglesia o la traición al gobernante o al régimen.  

Las ejecuciones existieron, a veces incluso ejecuciones masivas, como las grandes causas por herejía de las que se lee, o las matanzas y ajusticiamientos colectivos de las guerras de la Reforma, pero esos episodios fueron síntomas de conflictos políticos más que de la dureza de la norma judicial: momentos en los que un régimen o un gobernante se sentía débil y quería hacer una demostración de fuerza, o se sentía fuerte y aprovechaba la ocasión para exterminar una amenaza percibida, utilizando el sistema jurídico para ello.   
Incluso cuando se producían ejecuciones «normales», el sistema giraba en torno a la esperanza de que el proceso ayudara al pecador a arrepentirse y alcanzar a Dios. Existían cofradías y obras piadosas dedicadas a ayudar a los condenados a preparar su alma para la esperanza del Cielo, y voluntarios que pasaban con ellos las últimas noches e incluso los acompañaban al cadalso, sosteniendo ante el rostro del sentenciado un icono de la Virgen María para ayudarle a pensar en la esperanza de la misericordia divina, y no en la soga.  
Las ejecuciones solían reservarse para los enemigos del gobernante, para delitos de extrema gravedad —como la traición, arrojar estiércol de caballo contra un icono de la Virgen, absolutamente castigado con la muerte— o, de forma muy reveladora, para los momentos en que el patronazgo se rompía. Era el patrón quien conseguía la pena menor, la familia poderosa que respondía por ti, que ofrecía testimonio sobre tu carácter, que hablaba con el juez en privado para dejar claro que estaría agradecida si su servidor, virtuoso y digno, era absuelto.  
Si te ponías en contra de tu patrón, lo enfurecías, le fallabas, robabas bienes, difundías chismes que dañaban su reputación o te pillaban haciendo un trabajillo rápido para los Capuleto cuando se suponía que estabas en el bando de los Montesco, entonces esa misma influencia política que normalmente obtenía clemencia presionaba en sentido contrario y exigía severidad.  
Una carta a Maquiavelo de su secretario Agostino Vespucci, fechada el 16 de julio de 1501, describe que en Roma se estaba endureciendo el trato a la sodomía y dice que varios amigos poetas, «si no hubieran tenido refugio en la protección, ahora de este cardenal, ahora de aquel otro, ya habrían acabado en la hoguera», y que otro poeta, Raffaello Pulci, que quizá no gozaba de esa protección, había contratado a cuatro prostitutas para que lo acompañaran constantemente y así desviar las acusaciones de sodomía. Vespucci añade a continuación que unos días antes una mujer veneciana de alto estatus había sido efectivamente quemada en Campo de’ Fiori por secuestrar y sodomizar a una niña de doce años, lo que muestra que los casos que llegaban hasta la ejecución solían ser a la vez extremos —un secuestro—, contrarios a alguna norma social sensible —la sexualidad femenina generaba más ansiedad que la masculina— y, sobre todo, afectaban a personas con protecciones de patronazgo débiles, en este caso una extranjera procedente de una nación en malas relaciones con el papa.  

Ese tipo de hogueras públicas existía, pero cuando ocurrían la gente escribía a casa describiéndolas como sucesos excepcionales. La ansiedad palpable en la carta de Vespucci —muy real para Maquiavelo, que, como muchos hombres del Renacimiento, tuvo parejas sexuales de ambos sexos— muestra el poder coercitivo de este sistema. Romper con un patrón dejaba a una persona desnuda ante una ley hipersevera, convirtiendo el sistema judicial en un instrumento para garantizar que quienes servían siguieran sirviendo, incluso cuando el patrón, como el cardenal Ippolito d’Este en relación con Ariosto, era poco amable. La hermana mayor del cardenal Ippolito, Isabella d’Este... escribe en noviembre de 1491 al pintor Luca Liombeni, que estaba decorando al fresco una estancia para ella, amenazándolo repetidamente con arrojarlo a la prisión urbana si el trabajo avanzaba con lentitud: un trato cruel, pero menos cruel que lo que la Ley podía hacer con alguien sin patrón. En otra carta de 1498 escribe sobre un bufón, Diodato, que, por enfermedad o lesión, se niega a viajar desde la corte de Isabella a la de su hermano Alfonso, y afirma que ella lo ataría y lo enviaría en barco, si bien Alfonso había especificado que no quería que ese en concreto fuera enviado contra su voluntad. Los grandes patrones —príncipes y princesas de la casa de Este— escriben con la misma naturalidad sobre enviar a alguien una cesta de cidras o un retratista, y mezclan personas, prendas, alimentos y tesoros en listas equivalentes de cosas que encargan a sus agentes; en el caso de Isabella, no distingue en absoluto el tono con el que insta a un agente a conseguirle un músico legalmente libre o una esclava africana. Y tampoco es solo desde arriba desde donde procede este lenguaje, como muestra una carta llamativa de 1471 en la que un tal Alessandro di Conio —un hombre tan insignificante que no deja otro rastro en los archivos— escribe a Contessina, la abuela de Lorenzo de Médici, pidiéndole que Lorenzo o Giuliano acepten a su hijo como servidor: «te lo entrego entero, y como aceptarías un perro como regalo puedes aceptar a una criatura humana que es más fiel». Ese tipo de servicio no era esclavitud —aunque esta también se practicaba en las mismas cortes y palacios en los que podía servir el hijo de Conio—, pero ser cliente tampoco equivalía a la plena libertad, sino a uno de los muchos grados intermedios de falta de libertad que reforzaban las estructuras coercitivas de la época.  


En 1600, la plaza romana del Campo de’ Fiori fue escenario de otra hoguera, una de las más famosas de la historia: la del científico y erudito Giordano Bruno, condenado por herejía por la Inquisición. El episodio suele invocarse como prueba de un conflicto secular entre fe y ciencia —pista: no es cierto—, pero el caso de Bruno no fue típico; de hecho, fue la única ejecución relacionada con la ciencia que llevó a cabo jamás la Inquisición: decenas de miles por luteranismo y brujería, una sola por ciencia. La ejecución de Bruno tuvo lugar porque había enfurecido a su patrón: le había prometido enseñar técnicas mnemotécnicas que este descubrió que no podía enseñar, de modo que el patrón lo denunció como embaucador y organizó su extradición de Venecia a Roma. De no haber sido por eso, la investigación —si es que se hubiera producido— probablemente habría terminado en nada, como las dos investigaciones anteriores que la Inquisición había abierto contra Bruno. La Inquisición también investigó a Marsilio Ficino, que hacía cosas tan extrañas o más que Bruno, pero Lorenzo de Médici consiguió que sus poderosos parientes políticos Orsini intercedieran en favor de Ficino, demostrando una vez más el valor de su controvertido matrimonio con una noble romana. Hubo ejecuciones espectaculares, sí, pero se producían cuando había una razón especial: cuando el gobernante quería lanzar un mensaje, un gesto de fuerza para amedrentar a sus enemigos, y cuando las víctimas eran personas a las que la red de patronazgo no protegía, bien porque habían enfurecido a sus patrones, bien porque sus propios patrones 

habían caído en desgracia. La gracia es aquí la palabra clave.  
El término latino gratiae, que suele traducirse por gracia, significaba también influencia política; de hecho, una traducción perfectamente válida de las palabras del arcángel Gabriel en la Anunciación, Ave Maria, gratia plena, es «Salve, María, llena de influencia política». Al fin y al cabo, ¿quién puede tener más influencia política que la Reina del Cielo y madre del Príncipe eterno del Cielo? La gracia era la capacidad de obtener misericordia, de embotar la espada de la justicia y apaciguar al poder soberano. 
“El recurso que tenemos a María en la oración se sigue del oficio que ella desempeña continuamente junto al trono de Dios como Mediadora de la gracia divina”
León XIII

 

Hay una pequeña interrupción muy reveladora al comienzo de Ricardo III (II, i), cuando Eduardo IV lamenta haber ejecutado a su hermano Jorge de Clarence, y de pronto irrumpe un lord sin demasiada relevancia, Derby, exigiendo: «¡Una merced, mi soberano, por los servicios prestados!». La merced consiste en «la vida de mi criado, / que hoy dio muerte a un caballero justo, / servidor reciente del duque de Norfolk». Derby no sostiene que su criado sea inocente: pide que el rey perdone, como favor personal, a un asesino sorprendido in fraganti. Ese asesino anónimo recurrió a su patrón, Derby, para que gastara su capital de gracia o influencia ante el rey y lo sacara del apuro. A continuación, el rey Eduardo estalla contra todos por no haber hecho esfuerzos semejantes para disuadirlo de ejecutar a Clarence, pese a todo lo que Clarence había hecho por él:

 

… ni uno de vosotros tuvo gracia bastante para hacerme recapacitar. Pero cuando vuestros carreteros o vuestros criados cometen un asesinato fruto de la embriaguez y profanan la imagen preciosa de nuestro Redentor [esto es, una vida humana], enseguida caéis de rodillas pidiendo perdón, perdón; y yo, aun injustamente, debo concederlo…  

 

Aquí gracia significa influencia política y la disposición a emplearla. El hermano de un rey, naturalmente, no tiene un patrón por encima de él salvo el propio rey; cuando ese patrón está airado, nadie puede salvarlo, y nadie se atreve siquiera a intentarlo. La carencia de gracia es el reverso del favor. Por eso, en una obra anterior de Shakespeare, el cadáver del rebelde Jack Cade es arrastrado hasta un estercolero «y allí cercenan tu cabeza nada graciosa», porque el anarquista que saqueó Londres es quien menos gracia política posee en toda Inglaterra (*Enrique VI*, 2.ª parte, IV, x). 

'Injustamente' es otra palabra clave. El rey Eduardo sabe que el indulto es injusto, pero «debe concederlo», porque el sistema de patronazgo así lo exige, sea justo o no. La salvación católica no giraba en torno a la inocencia, sino en torno a la culpabilidad universal y a la súplica constante de perdón. 

El patronazgo se extendía hacia arriba, más allá del rey o del consejo de la ciudad, hasta el más allá y los santos patronos

 

«Salve, María, llena de influencia política» nos ayuda a entender cómo concebían las personas de la época la intercesión de los santos. En la Tierra, si un aprendiz de armero se metía en problemas, acudía a su maestro de gremio; este podía recurrir al señor local que lo empleaba; este, a su vez, a un poderoso conde en la corte o quizá a un secretario real; alguien, en definitiva, con acceso a la reina o a la duquesa, la persona mejor situada para apaciguar a un monarca airado. En el Cielo ocurría lo mismo: si ese mismo aprendiz enfermaba, rezaba al santo patrón de su oficio (san Jorge, para los armeros) o de su ciudad (san Juan Bautista, para Florencia), quien se dirigiría a la Virgen María para que suplicase a Dios Padre la concesión de la salud.  

 


Esta secuencia exacta es la que permite a Dante obtener autorización para su viaje al comienzo del Infierno: el espíritu celestial de Beatriz, ya muerta y admitida en la corte real del Cielo, ve a su pobre poeta vagando perdido y se dirige a santa Lucía, patrona de los estudiosos; esta se dirige a su vez a la Virgen, que obtiene el permiso para nuestro recorrido por el Infierno. La súplica se dirige a la divinidad, mientras que los santos actúan como patrones cuya gracia o influencia impulsa la petición en la corte celestial que es al mismo tiempo corte real y tribunal, obteniendo misericordia y suspendiendo la justicia. 

Cualquiera que se creyera que estaba en el Cielo podía ser invocado como intermediario, incluso un amigo o pariente piadoso, pero el proceso de canonización exigía pruebas de milagros, en parte como confirmación oficial de que, efectivamente, ese patrón celestial concreto escuchaba y tenía influencia suficiente para conseguir cosas en el Cielo. De ahí que arrojar estiércol de caballo contra un icono de la Virgen fuera un delito más grave que el homicidio: ponía en peligro a toda la ciudad, al ofender a la patrona más poderosa de la humanidad, que, como una emperatriz ultrajada, podía desoír las súplicas de toda la comunidad si no se vengaba su honor.  

 

 

Cada iglesia o capilla que podía permitírselo tenía una pintura del Juicio Final, que mostraba un tribunal familiar a cualquier corte terrenal: Cristo airado como juez, el severo Juan Bautista a su izquierda leyendo los cargos, y la benigna María a su derecha suplicando misericordia. A medida que crecían las ambiciones de Florencia, la ciudad sustituyó a su modesta patrona, santa Reparata, por el más imponente san Juan Bautista, y representarlo en los edificios públicos florentinos publicitaba al temible protector de la ciudad, del mismo modo que la flor de lis francesa en las bolas de los Médici. 

El patronazgo divino se tomaba extremadamente en serio en este período. La herejía y la conducta pecaminosa se temían en gran medida por la ansiedad de que ofender a los santos hiciera perder la protección para toda una región. Durante un tiempo, en Venecia, la pena legal por cualquier delito se duplicaba si se cometía allí donde un icono de un santo pudiera verlo. Cuando en 1501 Antonio Rinaldeschi, borracho e irritable tras un día de juego, arrojó efectivamente estiércol de caballo a un icono de la Virgen María, intentó suicidarse por miedo a ser despedazado por la multitud, y el caso fue celebrado como un ejemplo de misericordia excepcional cuando, en lugar de eso, se le concedieron unas horas de prisión para arrepentirse y preparar su alma para el Cielo antes de enfrentarse al verdugo. 

Contra lo que muchos podrían pensar, uno de los objetivos principales de las ejecuciones —como de todos los castigos de la época— era dar al alma del culpable la mejor oportunidad posible de llegar al Cielo. Los cristianos de este período creían (por influencia de Platón, aunque pocos sabían que era Platón) que el alma era como un ojo que miraba en una determinada dirección, y que la condenación o la salvación dependían de hacia dónde mirara en el momento de la muerte. Pensar en las cosas celestiales —Verdad, Virtud, Belleza, Amor, Filosofía, tal santo o cual otro— hacía que el alma mirara hacia arriba y ascendiera; pensar en las cosas terrenales —la guerra, la cena, el dinero, el honor familiar, las elecciones del mes siguiente, «ay, me duele la rodilla»— la hacía mirar hacia abajo, pesada como un globo sin helio, y al morir así el alma caía al Infierno. 

No eran los actos, sino esta orientación final, lo que determinaba la salvación: uno podía ser Jack el Destripador y aun así ir al Cielo si sus últimos pensamientos se dirigían a la esperanza de la gracia celestial. La doctrina agustiniana de la corrupción de la voluntad sostenía que la capacidad de elevar ese ojo del alma estaba dañada por el Pecado Original y debía ser sanada por la Gracia, como una operación que repara una vista defectuosa. Más tarde, los cristianos debatieron interminablemente cómo funcionaba esto y si implicaba que, sin bautismo, mirar hacia arriba era imposible, una cuestión que angustiaba mucho a Petrarca en relación con su querido Cicerón. 

Podría uno preguntarse, si eso era lo que enseñaba la Iglesia, por qué molestarse en exhortar a la virtud y a la asistencia a misa. Había dos razones. Primera: los pecados lastraban el alma, como pesos de plomo atados a un globo de helio, de modo que incluso si uno moría pensando en el Cielo tenía que pasar siglos en el Purgatorio hasta desprenderse de ese lastre; las famosas indulgencias que tanto indignaron a Lutero eran, precisamente, atajos para salir antes del Purgatorio, y no servían de nada a las almas orientadas hacia el Infierno. Segunda: ejercitar habitualmente pensamientos elevados mediante oraciones y obras virtuosas creaba el hábito de mirar hacia arriba, aumentando la probabilidad de que el alma se orientara correctamente en el instante final, cuando de verdad importaba. Y así sucesivamente…

miércoles, 3 de abril de 2024

Patricia Crone: sociedades preindustriales (ii): la organización de la sociedad y el papel de la religión

primera parte

Centralidad de la tierra como recurso

Básicamente, los estados preindustriales eran expansionistas porque la tierra era la fuente de toda o la mayor parte de su riqueza: la conquista de tierras agrícolas que producían impuestos era, con mucho, el método más simple para aumentar los ingresos, y también podía ser el único método mediante el cual el gobernante podía reponer sus reservas de tierra con las que recompensar a los miembros de la élite. 

... La sociedad preindustrial estaba menos diferenciada, era menos rica... Por lo tanto, puede haber poca o ninguna organización por encima del nivel de la casa o de la aldea, aparte de la proporcionada por la religión. Esto dotó automáticamente a la religión de importancia política, pero también significó que la religión uniera bajo su paraguas numerosas actividades que hoy en día se llevarían a cabo bajo sus propios paraguas. De este modo, una sociedad de culto local podría formar el núcleo para la formación de grupos de guardianes, la organización de la caridad y los festejos, la provisión de préstamos, la solución de disputas y muchas otras actividades más allá de la atención a lo divino. Lo divino proporcionó tanto la organización como el lenguaje ideológico para las actividades en cuestión, con el resultado de que aquellos que se involucraron en ellas nos parecen extrañamente (o admirablemente) religiosos. La religión premoderna podía ser sobre cualquier cosa y sobre todo. 

Función organizativa de la religión 

Las grandes religiones de salvación aumentaron la importancia política de la religión porque se dirigían a todos, independientemente de la localidad, la posición social, el sexo y (en el caso de las universalistas) la etnia... unificaba así a las masas y les daba una identidad...

El aprendizaje y la generación de conocimiento 

Las lenguas cultas permitían a los hombres cultos comunicarse a través del espacio y el tiempo. Las lenguas vernáculas, por el contrario, representaban las divisiones locales que los hombres educados habían superado, y por lo general eran despreciadas como lenguas plebeyas o provincianas adecuadas solo para la comunicación informal y el entretenimiento ligero... 

... la verdad y la bondad se habían establecido en el pasado... las generaciones posteriores sólo podían asimilar e imitar sus ideas... el conocimiento era finito: todo había sido dicho; Todo se podía dominar con el tiempo suficiente... En la práctica, los aspirantes a imitadores a menudo continuaron innovando, pero el objetivo de la educación era asegurar la preservación de las tradiciones civilizadas, no fomentar la novedad o la crítica. A la gente le gustaba leer libros (o hacer que les leyeran) para saborear su sabiduría y disfrutar de su memorable formulación del conocimiento común en lugar de encontrar nueva información o ideas... las escuelas coránicas a las que asistían la mayoría de los niños musulmanes rara vez impartían más que la capacidad de recitar pasajes coránicos de memoria (ocasionalmente todos), o de leer el Corán sin poder leer nada más. A pesar de la proliferación de escuelas en Bujara a principios del siglo XX, se estima que sólo el 5% de la población sabía leer y escribir ... la alfabetización era una habilidad dominada por los ocupantes de ciertas profesiones, no una habilidad que todos adquirían a través de una formación general.. era una habilidad especializada... Los especialistas son privilegiados porque tienen habilidades raras que otros necesitan: si sus filas están hinchadas, los privilegios se diluyen; y si las habilidades se difunden fuera de sus filas, los privilegios dejan de estar justificados, con lo cual su organización adquiere un aspecto parasitario... También había oposición a la educación de las mujeres. Según un autor musulmán del siglo XIII, enseñar a leer y escribir a una mujer es como envenenar a una serpiente, es decir, aumenta el peligro de una criatura que ya es lo suficientemente peligrosa... Para los aldeanos chinos del siglo XIX era simplemente "como desmalezar el campo de otro hombre", o en otras palabras, una pérdida de tiempo, ya que las hijas se casaban y pertenecían a la familia de su marido...

La organización social: jerarquía y status; la Sociedad como jerarquía y como 'cuerpo'

La sociedad preindustrial se concebía como una jerarquía... en la que cada uno sabía cuál era su sitio y cuáles eran sus derechos y sus obligaciones... obedecía a sus superiores, recibiendo a su vez la obediencia de sus inferiores: todos obedecían en última instancia al monarca, a través del cual la sociedad humana se insertaba con lo divino. 

... miembros especializados realizaban las diversas funciones esenciales para el bienestar del conjunto, siendo los miembros en cuestión: eruditos o sacerdotes u otros "hombres de la pluma"; guerreros, ya sean aristócratas u otro tipo de hombres de espada»; Campesinos; y comerciantes y artesanos (a veces omitidos y a veces contados como grupos separados). El gobernante y sus parientes podían ser demasiado elevados para ser incluidos en este esquema, mientras que, a la inversa, los artistas, barberos, curtidores, prostitutas y otros ocupantes de ocupaciones despreciadas podían ser excluidos por ser demasiado mezquinos. En cualquier caso, clasificaciones de este tipo están atestiguadas para China (donde los guerreros fueron omitidos de la versión estándar), India, Irán, Europa y el mundo islámico, sólo el mundo clásico...parece estar ausentes. 

..., los puntos de vista jerárquico y orgánico se combinaban en la imagen generalizada de la sociedad con un cuerpo: los sacerdotes eran la cabeza, el rey y la aristocracia militar las armas, los campesinos las piernas o los pies, o surgieron de estas partes; o el rey era la cabeza y los otros grupos distribuidos de diversas maneras. Entre ellos, el Estado y la sociedad formaban el cuerpo político (o simplemente "política"), como lo describe tan bien el inglés ('body politik')....  ambas imágenes resaltaban la importancia de la coordinación y la subordinación en la vida social... todos los roles sociales eran estables, habiendo pocos cambios tecnológicos o de otro tipo, con el resultado de que tendían a acumular derechos y deberes fijos y a ser transmitidos por herencia. De hecho, podían estar dotados de derechos y deberes fijos sobre una base hereditaria para inducir la estabilidad (siendo este uno de los métodos mediante los cuales Diocleciano trató de salvar el imperio romano). La existencia de un liderazgo altamente privilegiado en una comunidad local en la que todos nacían en una posición fija conduce inevitablemente a la formación de un orden jerárquico... En un mundo así, todo el mundo vería «un hombre por encima de uno cuyo patrocinio le era necesario, y por debajo de uno otro hombre cuya cooperación puede reclamar», como dijo De Tocqueville, el politólogo francés del siglo XIX, de la sociedad aristocrática (lo que no quiere decir que pueda haber mucha competencia por los puestos de dirección). En otras palabras, la jerarquía solía ser real también a nivel de aldea.

La visión de la sociedad como una jerarquía u organismo explica que la ordenación de las relaciones sociales fuera política más que económica... y (en términos de armonía más que en términos de conflicto). Los grupos... debían su riqueza a su posición en la jerarquía, y no al revés, o al menos ese era el principio: los que tenían poder o autoridad eran recompensados con riquezas; los que no tenían ni lo uno ni lo otro eran pobres. Ser pobre era lo opuesto a mandar, no lo opuesto a tener dinero (como en latín medieval donde pauperes es lo opuesto a potentes, no de divites; era ser débil, dependiente de los demás e indigno de respeto (da'if, como lo expresarían los hablantes de árabe...

... Había poca privacidad... Dado que la mayoría de ellos vivían toda su vida en las comunidades en las que habían nacido, no podían despreocuparse de los chismes como algo sin importancia. La inmensa importancia que se concede a las opiniones de los demás significaba que el fracaso en el desempeño satisfactorio generalmente evocaba sentimientos de vergüenza en lugar de culpa. Un hombre se avergonzaba por no poder vivir de acuerdo con el código apropiado a su rango... (incluyendo a las mujeres de su familia y a sus parientes, el honor era familiar). 

El papel estabilizador de la religión 

 'mientras los hombres miran al cielo . . . o temen el infierno . . . no ven cuál es su primogenitura aquí en la Tierra»,  

Un miembro de una secta puritana radical del siglo XVII en Inglaterra

La muerte estaba siempre presente... las aventuras de Cándido de Voltaire son exageradas sólo en el sentido de que Cándido y sus amigos sobreviven a todas ellas... 

Los europeos de la Edad Media podrían haberse convertido en insensibles y desprovistos de afecto, especialmente frente a los bebés, a los que no querían amar por la abrumadora probabilidad de que murieran... 

... un santo no está necesariamente muerto, aunque es cierto que ciertos tipos de santidad solo pueden alcanzarse mediante la muerte (martirio) y que los poderes del santo pueden continuar manifestándose en su santuario, o dondequiera que uno lo invoque, después de su muerte. («Aquí yace Martín el obispo, de santa memoria, cuya alma está ahora en la mano de Dios; pero está plenamente allí, presente y manifestado en milagros de todo tipo», como proclamaba la lápida de San Martín de Tours). El culto a los santos muertos, típicamente centrado en sus tumbas, está atestiguado por muchas sociedades. Pero sólo en la Europa católica, a partir del siglo XII, todos los santos tenían que estar muertos antes de poder ser canonizados; y la canonización tenía que ser oficial, lo cual también es inusual. Este concepto fue el resultado del intento de la iglesia de mantener lo sagrado bajo control: solo las autoridades eclesiásticas podían autentificar el poder sobrenatural, y solo aquellos que ya no estaban presentes para hacer uso de él se consideraba que lo poseían. Genéricamente, sin embargo, un santo (un hombre o una mujer santos) es una persona que no tiene poder para coaccionar, solo para persuadir, a quien las personas pueden someterse sin perder la cara porque él o ella representa una autoridad sobrehumana, y a quien acudirán en dificultades de cualquier tipo porque él o ella tiene conocimiento y poder sobrenatural 

Sin embargo, la solución de controversias era la función característica de los santos. Hombres y mujeres santos aceitaron los engranajes sociopolíticos en muchas comunidades locales donde los tribunales de justicia no existían o eran engorrosos de usar o impopulares. Habiendo renunciado al mundo por amor a Dios, también eran muy apreciados como guías en asuntos espirituales y morales... p... En la Siria del siglo V, un famoso asceta llamado Efraín el Estilita pasó treinta y siete años de su vida sobre pilares de altura creciente, dedicando la mayor parte de su tiempo a la oración y la meditación, pero dedicando sus tardes a las multitudes de abajo, resolviendo disputas, curando enfermedades, dando consejos y amonestaciones, consolando a los afligidos. convertir a los beduinos locales al cristianismo y defender la causa de los oprimidos... seres sobrenaturales dotados de sentimientos humanos son más fáciles de entender, amar y obedecer que conceptos abstractos como el orden cósmico, el karma o la lucha proletaria... cuando los roles sociales tienen que ser transferidos a la siguiente generación: la religión justificaría y solidificaría el orden social, en parte creando un vínculo moral entre personas que de otro modo podrían separarse en el momento en que dejaran de notar cualquier ventaja a corto plazo en permanecer unidas, y en parte justificando la exclusión del resto del grupo en cuestión. Dicho de otra manera, la religión mediaría entre los deseos egoístas de los individuos y las necesidades de la colectividad, preservando así a esta última de la perturbación constante...  

Ninguna organización social es estable a menos que la ideología compense la igualdad genética: cualquiera que sea la solución que se adopte, debe presentarse como correcta: tanto para los ganadores como para los perdedores. Obviamente, las personas pueden ser forzadas a desempeñar roles durante tanto tiempo que llegan a aceptarlos, pero no pueden aceptarlos sin adoptar o idear una presentación ideológica de los roles en cuestión: la aceptación implica una evaluación moral. En otras palabras, las entidades invisibles son indispensables para que una sociedad permanezca unida. En este sentido, todas las sociedades se basan en la imaginación... Las mujeres pasan un mal rato si se les pide que expliquen por qué quieren tener hijos: no se requiere ninguna explicación porque el deseo es "natural". Pero las mujeres que deciden no tenerlo tienen que dar razones: al no ser "natural", la decisión requiere apoyo cultural... La conciencia de sí mismo significa la conciencia de la muerte; y la muerte es una fuente de sinsentido tan profunda que amenaza con privar a toda la empresa de su sentido. En resumen, los seres y leyes sobrehumanas que los seres humanos mezquinos ven como la fuente de su organización sociopolítica deben hacer algo más que simplemente proporcionar reglas. También deben justificar esas reglas, explicar por qué son buenas aunque se consideren incómodas, cómo conducen a la felicidad... La idea de que existe tal cosa como una religión "pura" que de alguna manera afecta a las personas sin afectar a la sociedad que constituyen es evidentemente absurda....... la viabilidad de las sociedades depende de la existencia de sistemas de valores que cuenten con el consentimiento suficiente para que un número suficiente de personas convivan de acuerdo con sus reglas, incluso cuando se retira la atención coercitiva. Inevitablemente, a algunos miembros de la sociedad les va mejor que a otros con la organización resultante: ¿en qué parte del reino animal no es ese el caso?... sin la cultura simbólica, los homínidos habrían desaparecido de la tierra mucho antes de que la especie actual hubiera evolucionado.  

Patricia Crone, Pre-Industrial Societies, 1989

martes, 17 de octubre de 2023

Citas: Martin Luther King, lenguas que se abandonan, inmadurez



Martin Luther King el plagiador

Había utilizado los textos de uno de los predicadores radiofónicos más populares del país. En años posteriores, cuando se le preguntaba por sus fuentes, hablaba con franqueza y sin pudor de sus influencias. A King no le preocupaba el plagio; su objetivo era conmover al público. Con eso en mente, quizá pensó que tenía sentido basarse en textos que ya habían demostrado ser populares y sólidos. De hecho, en los años posteriores, King seguiría utilizando los sermones de Fosdick, así como las obras de otros conocidos predicadores, Como escribió el erudito Keith D. Miller, King creció en la tradición de predicadores que presumían de que "las palabras son bienes compartidos, no propiedad privada". King era un lector voraz con una memoria espléndida. Todo lo que leía se convertía en material para su propio uso. Al igual que un músico de jazz de talento que integra pet ternas y toma prestadas frases de la música clásica, el pop y la ópera, así como de otros músicos de jazz, poseía el estilo y la habilidad suficientes para que el producto final pareciera único.


Entre los griegos los expertos contenden, pero los que deciden son los no expertos 

Anacarsis el escita


Si quieres que un grupo de hablantes cambie de lengua, estigmatízalos

La esencia de la expansión lingüística es psicológica. La expansión inicial de las lenguas indoeuropeas fue el resultado de cambios culturales generalizados en la autopercepción del grupo de hablantes. La sustitución lingüística siempre va acompañada de una revisión de cómo se perciben a sí mismos los miembros del grupo de hablantes, una reestructuración de las clasificaciones culturales en las que se define y reproduce el yo. Las evaluaciones negativas asociadas a la lengua en extinción conducen a una serie descendente de reclasificaciones por parte de las generaciones sucesivas, hasta que ya nadie quiere hablar como el abuelo. El cambio lingüístico y la estigmatización de las antiguas identidades van de la mano. Las lenguas preindoeuropeas de Europa se abandonaron porque estaban vinculadas a la pertenencia a grupos sociales que llegaron a ser estigmatizados. Cómo se produjo ese proceso de estigmatización es una cuestión fascinante, y las posibilidades son mucho más variadas que la mera invasión y conquista. El aumento de los matrimonios mixtos, por ejemplo, puede provocar un cambio lingüístico.

David Anthony, The Horse, the Wheel, and Language: How Bronze-Age Riders from the Eurasian Steppes Shaped the Modern World, 2007


No abandones las matemáticas

– Dos cosas... 1) La gente de STEM se beneficiaría si estudiara un poco más de humanidades pero 2) La gente de humanidades suele tener la educación menos completa. Si el típico graduado de STEM fuera tan malo con el lenguaje como el típico graduado de humanidades en matemáticas, sería un analfabeto funcional. Me encuentro habitualmente con graduados universitarios que no saben cómo calcular un cambio porcentual o hacer una simple conversión de unidades.... 

John Brown Stan (via MargRev)


Pero España, a diferencia de Italia o Francia no es una nación, es plurinacional

Sólo el 2,5% de la población de Italia hablaba italiano (es decir. toscano) en 1861, esto es, en el momento de la unificación de Italia (la cifra había aumentado a aproximadamente la mitad a principios del siglo XX); y aunque para entonces Francia llevaba unida políticamente varios siglos. una cuarta parte de su población todavía no hablaba francés en 1863

Patricia Crone, Pre-Industrial Societies, 1989


Socialismo sólo hay uno y no funciona. Capitalismos hay muchos y unos funcionan mejor que otros

Una de las razones por las que el capitalismo ganó y la versión soviética del socialismo perdió fue que la versión del socialismo de Lenin y Stalin sólo permitía una forma, el modelo de mando lineal altamente centralizado, mientras que... El capitalismo se presenta de muchas formas... Un sistema (el capitalismo de la década de 1930) que podemos caracterizar como un pequeño capitalismo de laissez-faire restringido por el patrón oro del gobierno fue reemplazado por un capitalismo intervencionista de un banco central flexible y de gran gobierno. Como señalaron Kalecki y Jerome Levy, un déficit público es el equivalente a la inversión en lo que se refiere al mantenimiento de los beneficios de la empresa. El capitalismo de gran gobierno puesto en marcha en la década de 1930 y después de la Segunda Guerra Mundial estuvo y sigue estando protegido de una severa caída de las ganancias agregadas, como ocurrió en la gran contracción de 1929-33.  

Hyman P. Minsky, Finanzas y estabilidad: los límites del capitalismo,  1993

 

Por qué se ha reducido la longevidad en los EE.UU: no es la pobreza

La razón por la que los menos afortunados en los EE.UU. viven vidas tan cortas en comparación con los semejantes de otros países desarrollados no es económica. En el caso de los muertos por disparo de balas es sociopolítico, con posiciones atrincheradas que impiden a los EE.UU avanzar en este ámbito de la regulación. Y en el caso de los opioides, el aumento de la mortalidad fue desencadenado por prácticas farmacéuticas depredadoras ausentes en otras partes del mundo. El número de personas desfavorecidas en Estados Unidos no se ha disparado, y tampoco los pobres norteamericanos se han vuelto más pobres. Pero para los estadounidenses menos afortunados, sus circunstancias son una sentencia de muerte en una medida que carece de comparable.

John Burn-Murdoch, How disadvantage became deadly in America
FT, octubre 2023

Qué significa 'emergencia' o 'urgencia' aplicado a la vacuna contra la malaria en comparación con la vacuna COVID

La emergencia se define como un conjunto inesperado de eventos el estado resultante que requiere una acción inmediata. Sin embargo, al formular una respuesta a una emergencia, la atención no debe centrarse en si los eventos fueron inesperados, sino en el estado resultante. El estado resultante es lo importante. El Estado resultante es el fin que legitima los medios. Lo inesperado atrae nuestra atención, nuestros sistemas emocionales, al igual que nuestros sistemas visuales, están alerta ante el cambio y el movimiento, pero lo que importa no es lo que llama nuestra atención, sino la realidad situacional.

Alex Tabarrok


Los 18 son los nuevos 14: sacarse el carné de conducir, probar el alcohol, tener una cita y trabajar a cambio de dinero


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