El otro blog para cosas más serias

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jueves, 14 de noviembre de 2019

El velo de la ignorancia funciona



El que no sepa lo que es el “velo de la ignorancia” de Rawls puede leer esto.

La idea es que si uno no sabe en qué lado quedará en relación con una decisión que tiene efectos distributivos, tenderá a “votar” a favor de la decisión que minimice el daño y maximice los beneficios para los más débiles. O sea, es una forma de tomar decisiones sociales justas democráticamente (asumiendo que los humanos somos egoístas) y exige privar a los que van a tomar la decisión de cierta información: la relativa a quién resultará beneficiado y quién resultará perjudicado con ella. Y eso puede lograrse si el decisor no sabe nada sobre sí mismo en relación con los aspectos relevantes (si es rico o pobre, cuán inteligente o si es paciente o introvertido o, por el contrario, impaciente y extrovertido). La información – pensó Rawls – sesgaría su decisión que dejaría de ser imparcial y orientada a maximizar el bienestar social para dirigirse a la maximización del interés propio, interés determinado por las cualidades personales y los efectos de la decisión sobre alguien con tales características.

En este trabajo, (una versión en acceso libre se puede descargar aquí) los autores utilizan el modelo de Harsanyi, no estrictamente el de Rawls. La diferencia entre ambos en lo que interesa aquí es que Harsanyi no imputa a los que deciden ignorancia sobre de qué lado de la decisión caerán (si serán beneficiados o perjudicados), sino "equiprobabilidad", esto es tienen las mismas probabilidades de ser rico que de ser pobre o de ser listo que de ser tonto o de ser paciente etc: “en otras palabras, hacemos de la decisión una cuestión de "riesgo", más que de "ambigüedad".

Se realizan 7 experimentos con más de seis mil participantes en los que se preguntaban, sobre dilemas concretos
“qué desearían si no supieran quiénes serían los afectados. Luego, los participantes respondieron a una versión más convencional del mismo dilema con un juicio moral, una preferencia política o una elección económica”
El resultado en el segundo juego se vio afectado por la participación de los sujetos en el primer experimento, es decir, aquellos que habían participado en el juego del velo de la ignorancia
posteriormente tomaron decisiones más utilitarias (decisiones que maximizan el bienestar social) en respuesta a un dilema filosófico clásico, un dilema médico, una decisión real de donación entre una organización benéfica más efectiva versus hacerlo a favor de una menos efectiva y una decisión política sobre el dilema de los vehículos autónomos”.
Piénsese en el dilema del trolebús. Lo que resulta del experimento es que los participantes que han decidido en el primer experimento bajo el velo de la ignorancia, optan en el experimento posterior en mayor medida por empujar al gordito, desviar el trolebús y con ello salvar 5 vidas, esto es, la solución utilitaria que maximiza el bienestar social. Es esta decisión la que adopta alguien que mira por su propio interés y tiene en cuenta las probabilidades de ser el gordito o uno de los cinco que están en la trayectoria del trolebús. Lo “correcto” moralmente (y lo que deciden, en general, los encuestados sobre el dilema) es no hacerlo (dignidad humana impide utilizar al gordito como medio).

En otros términos: razonar y decidir bajo el velo de la ignorancia ayudó a los sujetos a adoptar decisiones más utilitarias/imparciales en el juicio posterior. ¿Por qué? No parece que se expliquen apelando a los famosos sesgos (“framing – anclaje, razonamiento probabilístico o la toma de perspectiva genérica). Si hay algún sesgo que esté funcionando aquí es el de la coherencia entre lo decidido en el primer experimento y en el segundo. En palabras de los autores, los participantes razonarían como sigue:
"Si no sé cuál de las seis personas potencialmente atropelladas voy a ser, me gustaría que la persona que toma las decisiones empujara al gordito. Pero cuando pienso en empujar al gordito, me siento mal. Sin embargo, si empujar es lo que yo querría hacer desde una perspectiva imparcial, esto es, sin saber qué papel me tocaría, entonces tal vez sea lo correcto, incluso si aunque me haga sentir mal".
 Lo propio ocurre con el dilema del que diseña vehículos autónomos, ¿ha de programarlos para que favorezcan la supervivencia de sus ocupantes sobre los peatones en caso de accidente o para que valoren por igual todas las vidas afectadas por un accidente?
Los autores concluyen
que el razonamiento del velo de ignorancia puede ser una herramienta útil para los tomadores de decisiones que desean tomar decisiones más imparciales y / o socialmente beneficiosas.
¿Por qué? Quizá porque el velo de la ignorancia desactiva el razonamiento moral (heurística, intuitivo) y activa el exclusivamente cognitivo (racional). De ahí que los autores señalen que este tipo de configuración de la decisión – imponiendo a los que deciden un velo de la ignorancia – puede ser útil cuando se trata de tomar decisiones difíciles en las que hay que sacrificar bienes valiosos y hay que dar una justificación pública (los juicios de equidad que efectúen los jueces cuando la ley se lo permite art. 3.2 CC) de tales decisiones. “las decisiones que promueven el bien mayor pueden implicar sacrificios emocionalmente aversivos y/o una falta de voluntad para asignar recursos sobre la base de lealtades personales o grupales”. En otras palabras, lo que los autores sugieren es que este marco de decisión es más valioso cuando haya que preservar el valor de la imparcialidad en la toma de decisiones públicas aumentando la resistencia de los que deciden respecto a las presiones de los grupos de interés. Estos pueden utilizar los sentimientos morales de los individuos para lograr que el decisor les beneficie:
el razonamiento del velo de la ignorancia puede ayudar a la gente -tanto a los responsables de la toma de decisiones como a los observadores- a distinguir entre las políticas que son verdaderamente antisociales de las políticas socialmente beneficiosas pero que generan repugnancia. Las compensaciones emocionalmente incómodas pueden parecer más aceptables si uno puede decir de manera creíble: "Esto es lo que yo querría para mí si no supiera quién voy a ser"
Piénsese en la gestación subrogada o en la penalización del aborto. ¿No podrían tomarse mejores decisiones de política legislativa si obligáramos a procesar la decisión en un marco de ignorancia respecto de si seremos gays famosos que quieren tener hijos genéticamente relacionados con ellos (pero también matrimonios infértiles en un entorno en el que la adopción es costosísima y arriesgada), mujeres que ven la posibilidad de hacer un favor o ganar algún dinero prestándose a gestar para otros o director de una clínica de fertilidad? ¿Y no podrían tomarse mejores decisiones sociales respecto a la despenalización del aborto si el que decide sobre el Código Penal no sabe si va a ser una mujer que se queda embarazada sin desearlo, la pareja de esa señora, el médico que realizará la intervención o un católico que antepone la vida del feto a cualquier otro bien jurídico?

Por último, parece razonable pensar que para que el velo de la ignorancia ayude a los individuos a tomar este tipo de decisiones y a aceptar que los que las toman en su Sociedad actúen imparcialmente – aunque sea a costa de sacrificar sus preferencias emocionales o morales – es necesario que los que toman la decisión puedan “verse” en la situación. Es decir, el velo de la ignorancia no permite a un varón blanco ignorar que es un varón y que es blanco.

Véase esta entrada de José Luis Ricón en el Almacén de Derecho

Karen Huang/Joshua D. Greene/Max Bazerman, Veil-of-Ignorance Reasoning Favors the Greater Good, 2019

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