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jueves, 25 de julio de 2013

Los mafiosos hacen cumplir los tratos recurriendo a la familia y a la violencia

En otra entrada recordábamos un trabajo de  Nowak, en el que se modelizan los mecanismos que pueden sostener la cooperación en un mundo sin Derecho: estos son el parentesco; la reciprocidad directa, la indirecta; la reputación y la reticularidad. La presencia de cualquiera de estos mecanismos en una relación entre seres humanos con suficiente intensidad hace un contrato “autoejecutable” en el sentido de que las partes tienen incentivos para cumplirlo voluntariamente. La forma de la reciprocidad o de la reputación o de la reticularidad puede incluir el empleo de la fuerza – violencia – contra los incumplidores. Cuanto más elevado sea el grado de confianza entre los miembros de un grupo, menor será la utilización de la violencia para asegurar el cumplimiento de las promesas. La simple amenaza de utilizarla será suficiente para evitar el incumplimiento. Si el grado de confianza es menor, será necesario utilizar más violencia para disuadir futuros incumplimientos.
El grado de cumplimiento de los contratos entre los mafiosos no parece muy elevado. Y es lógico que así sea porque no pueden recurrir al Derecho ni apelar a los valores morales que están detrás del cumplimiento de las promesas. Los mafiosos no llegan a viejos de manera que, de todos los mecanismos que sostienen la cooperación, solo son relevantes dos: el parentesco y la violencia (reciprocidad directa e indirecta).

En cuanto a los parientes, y al margen de la influencia de los genes, son, ceteris paribus, más dignos de confianza – de que cumplirán las promesas – puesto que pueden heredar la organización mafiosa algún día y están, por tanto, interesados en “maximizar la riqueza” de la organización; los costes de informarse sobre las características de los parientes son menores que de las de los extraños, se les puede localizar más fácilmente y por tanto, en su caso, castigarles más rápida y efectivamente incluyendo en el castigo a terceros por cuyo bienestar se preocupa el infractor (en las sociedades primitivas los castigos son colectivos). En este trabajo (Paolo Campana and Federico Varese “Cooperation in criminal organizations: Kinship and violence as credible commitments”), los autores examinan la eficacia del uso de la violencia para asegurar el cumplimiento de los tratos en el seno de las organizaciones mafiosas.
Tomasso Buschetta dijo que la mejor forma de desestabilizar a la mafia era robar una cierta cantidad de droga a escondidas de modo que los distintos grupos acabaran acusándose recíprocamente desatando así una guerra entre ellos. La utilización de la violencia proporciona mucha información acerca de los grupos que la usan. Recuérdese que, en las coaliciones de individuos, los más dispuestos a utilizar la violencia suelen dominar las coaliciones; que si uno ha sido violento en el pasado, sus “crímenes” le seguirán en el futuro y que la “promesa” de utilizarla conducirá a los terceros a cumplir con el que tiene reputación de responder violentamente a los incumplimientos. Los contratos van de eso: de convencer a otro de que nos comportaremos de una manera determinada para inducirle a que él también lo haga de una determinada manera (no atacando una ciudad, entregando la mercancía prometida a nuestro cliente, cediéndonos el uso de un activo).
En el caso de los grupos mafiosos, los incumplimientos son de dos tipos: de los contratos entre mafiosos y de denuncia a la policía (soplones y agentes infiltrados por la policía o por otros grupos mafiosos – traidores –) y los mecanismos para asegurar el cumplimiento pasan por inmiscuir a un tercero; reducir las opciones del “deudor” y tomar rehenes. En entornos de ilegalidad, gente decente recurre a instituciones no estatales para lograr el cumplimiento por parte de un tercero – también decente –. Desde el anciano en una tribu hasta el patriarca gitano o la mafia pueden asegurar el cumplimiento. Por ejemplo, en Nápoles una señora se consideró estafada por un abogado que no atendió a su reclamación de que le devolviera el dinero que le había adelantado para llevarle un asunto. La señora habló con un camorrista y el coche del abogado apareció destrozado a los pocos días. El abogado devolvió inmediatamente el dinero a la señora sin hacer preguntas. El caso histórico de reducción de las opciones del deudor más famoso es, sin duda, el de Cortés y la quema de los barcos para impedir que sus soldados pudieran pensar en volver en lugar de conquistar Méjico. “Marcar” – con tatuajes – a los miembros de una banda mafiosa (o cortarles un dedo) aumenta los costes de abandonar la banda (pero “publica” también frente a la policía, que el individuo es un mafioso por lo que no puede utilizarse en organizaciones ilegales – los gangster americanos son bastante estúpidos a este respecto). Los romanos, tras conquistar un territorio, se llevaban a Roma a miembros de la élite derrotada para garantizar la “tranquilidad” del territorio. Y la utilización del parentesco es obvia: los miembros de la familia tienen interés en el futuro de la empresa y son rehenes del cumplimiento por parte de cualquiera de ellos.
En relación con la violencia (o la amenaza de utilizarla o la revelación de la comisión de actos violentos en el pasado), su eficacia es obvia. Disuade del incumplimiento por la amenaza que supone para los bienes más preciados del “deudor”. La revelación de comportamientos violentos – y por tanto ilegales – en el pasado pone al que lo revela “en manos” del que recibe la información que puede utilizarla, por ejemplo, para transmitirla a la policía de manera que, al ser recíproca, desincentiva la aparición de pentiti o soplones.
Así pues, sería contraintuitivo que un análisis de los datos empíricos no condujera a estas dos conclusiones: la cooperación es más elevada entre los miembros de una banda que están ligados por lazos de parentesco o que hayan compartido información respecto de la realización de conductas violentas en el pasado. A partir de las investigaciones policiales de dos grupos mafiosos en Italia, diferentes en cuanto a que el grupo camorrista estaba formado por individuos que eran parientes entre sí mientras que el otro grupo, no, en el segundo grupo, sus miembros intercambiaban mucho más frecuentemente información sobre actos de violencia cometidos por ellos en el pasado. Ambos mecanismos parecen, pues, sustituibles y ambos pueden considerarse como una forma de “toma de rehenes”.
Añaden los autores que el uso o amenaza o comunicación de actos violentos “tiene un impacto muy superior al parentesco en la formación de lazos y el grado de cooperación entre mafiosos”. Este resultado parece, también, intuitivo si, como hemos visto, los más violentos dentro de cada coalición tienden a prevalecer. El predominio de los más violentos debe conducir a un mayor empleo de la violencia como mecanismo de enforcement.

1 comentario:

Vic dijo...

Hasta qué la violencia desatada da lugar a titulares en la prensa y entidades de mayor escala - dentro o fuera de la mafia- toman cartas en el asunto. En el caso de la señora y el abogado, pienso en los clientes del abogado con cierto renombre en el mundo de la Camorra que puedan dar lugar a continuidad en el incumplimiento del abogado. Es sólo una hipótesis, gracias a dios, no conozco las tropas de estas organizaciones.
Aún así, Jesús, siempre ha hecho sus clases muy amenas,y el blog tambien.

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