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jueves, 20 de julio de 2017

Por qué creemos en lo que no vemos: el crédito en los intercambios y las creencias religiosas pueden tener el mismo origen evolutivo

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dibujo de @lecheconhiel


En este trabajo, que precede a un libro en proceso de edición, Paul Seabright analiza los fundamentos evolutivos de la religión.

Por qué los humanos creemos en lo sobrenatural,

en lo que no percibimos por nuestros sentidos.

El análisis parte de la conexión entre creencias religiosas y la confianza entre los humanos como condición de posibilidad y de refuerzo de la cooperación. Si los humanos somos “supercooperadores” y los humanos hemos desarrollado las religiones y es requisito de la cooperación y de la creencia religiosa la confianza en los otros, podemos dar una explicación evolutiva de las religiones.

El punto de partida es la capacidad humana para ver “caras en las nubes”, para apreciar patrones donde no los hay. Esta capacidad fue seleccionada por la evolución porque mejoraba la detección de depredadores y de presas en el entorno. Aunque percibir criaturas donde no existen es costoso, dejar de percibir las que existen es más peligroso para la supervivencia.

¿Por qué no ha afinado nuestro cerebro la capacidad para distinguir si nuestros sentidos nos engañan? Porque dejaríamos muchas ganancias sobre la mesa: nos ahorraríamos los costes pero no obtendríamos los muy superiores beneficios en términos de supervivencia (recuérdese la aversión al cero). Salir corriendo muchas veces sin necesidad - porque la sombra que veíamos no era un tigre - o disparar lanzas a piezas de caza que no lo eran es costoso. Pero quedarnos en el mismo sitio porque nuestra percepción era errónea - la sombra era la de un tigre - es crítico para la supervivencia del individuo enfrentado a esa situación sucesivamente a lo largo de su vida.


Añade Seabright la importancia de la “extensión” de nuestros sentidos a través del lenguaje, esto es, de la comunicación con otros individuos. Cuando un individuo comunica a otro información sobre cualesquiera hechos, el que recibe la información no puede apreciar con sus sentidos la veracidad de dicha información (recuerden a Santo Tomás y la muerte y resurrección de Cristo). Pero la comunicación de información es una herramienta imprescindible de la cooperación (producción en grupo o intercambios). La producción en grupo o los intercambios no son sostenibles sin comunicación entre los miembros del grupo o entre las partes del intercambio. Es normal, pues, que la evolución haya favorecido la credulidad y la confianza en lo que no apreciamos con nuestros sentidos.

En varias formas. En primer lugar, porque – como en el cuento del pastor mentiroso – si el pastor ha visto efectivamente al lobo, los que no lo crean pueden acabar perdiendo sus rebaños. En segundo lugar, porque la comunicación de la información reduce extraordinariamente los costes de cooperar al permitir la especialización y la división del trabajo amén de la coordinación entre los miembros del grupo. Y, por último, porque la misma evolución que nos hace crédulos y nos lleva a confiar en lo que no hemos percibido por la propia experiencia también nos ha hecho especialmente hábiles para captar el engaño (apreciar si el que comunica la información lo hace de buena o mala fe, esto es, creyendo la veracidad de lo que nos dice o diciéndonoslo a sabiendas de su falsedad). Esto es relevante: si nos creemos hábiles para descubrir el engaño, los mensajes religiosos – emitidos “de buena fe” – han de ser más eficazmente aceptados – creídos – que los mensajes de otro tipo – respecto de los que el emisor puede tener intereses egoístas en su difusión –. Esta habilidad humana puede no ser relevante en la competencia entre religiones, pero sí que lo es, desde luego, en la capacidad de los emprendedores religiosos para explotar a los adeptos ya que nos permite distinguir a los “verdaderos” de los “falsos” profetas.


¿Por qué la racionalidad no ha acabado con las religiones?


Sin embargo “la teoría de "caras en las nubes" no explica por qué la percepción del encantamiento (creer en espíritus sobrenaturales que es la base de cualquier religión) sobrevive a la crítica reflexiva ... No creemos que las caras en las nubes son caras reales. Una vez que empezamos a reflexionar sobre lo que vemos, rápidamente y fácilmente corregir los errores en nuestras primeras impresiones. Pero los creyentes piensan que los espíritus son seres reales, y la creencia de que son reales parece reforzada, no socavada, por la introspección, la reflexión y la discusión. Esto sugiere que necesitamos ver los procesos de introspección, reflexión y discusión como una parte intrínseca de cómo las religiones se desarrollan, no como un ambiente hostil que debería extinguir nuestras simpatías religiosas, pero al que muchas religiones permanecen inexplicablemente inmunes ...


Y es que los mismos mecanismos que han convertido a los humanos en los “supercooperadores” de la naturaleza que nos ha hecho tan exitosos como especie – la confianza hacia los miembros del grupo, “creer”, “dar crédito” a los otros miembros del grupo, una vez establecidos

"también alientan la tendencia a creer o, al menos, a suspender el juicio sobre la implausibilidad inicial de la existencia de seres ausentes o invisibles y las promesas que tales seres nos hacen.

El concepto que sugiere Seabright como explicativo de la conexión entre confianza y creencias religiosas es, pues, el de la “suspensión creativa (y estructurada, no caprichosa) de la incredulidad acerca de la evidencia cotidiana de nuestros sentidos”. Suspender la incredulidad en el pastor que grita “lobo”. Suspender la incredulidad en que el vendedor nos entregará la mercancía comprada. Suspender la incredulidad en que el remero que tenemos a nuestro lado en la barca seguirá remando con todas sus fuerzas es clave para el desarrollo de actividades cooperativas entre los humanos. Para los intercambios y para la producción en común. El desarrollo de la cooperación entre humanos “ha requerido la capacidad de anular la evidencia de nuestros sentidos inmediatos” y esta capacidad ha servido tanto para hacernos creer en la existencia de espíritus invisibles como para confiar en la conducta de los otros. El problema es que no podemos calibrar la confianza con precisión y a priori

“para asegurarnos de solo otorgar la confianza cuando es beneficioso hacerlo”

De modo que

“alguien que suspende voluntariamente su incredulidad será alguien que, simultáneamente, estará más dispuesto a cooperar en un proyecto económico y más dispuesto a adherirse a cosmologías extravagantes si hay otros a su alrededor que se las proponen… Un escéptico que empuña la navaja de Occam en cada oportunidad rara vez confía en nadie, ya que la hipótesis de que el mundo está lleno de ladrones y charlatanes es mucho más simple y más elegante que la alternativa de que alguien, que no tiene nada para probar lo que dice, puede ser alguien en quien, sin embargo, debemos confiar”

Por tanto, si las creencias en seres sobrenaturales dotados de intención y que se comportan como nosotros pero sin las limitaciones que sufrimos los humanos son costosas, “deben tener algún tipo de ventaja adaptativa” ya que, en otro caso, habrían sido descartadas por la evolución.

El mecanismo psicológico más importante que ha permitido la extensión de las creencias religiosas es – dice Seabright – el lenguaje:

“el lenguaje nos permite referirnos a objetos y a individuos que están ausentes, a eventos del pasado o del futuro y, en consecuencia, nos permite concebir esperanzas y miedos compartidos, incluida la muy humana preocupación por nuestra futura muerte”


Ser crédulos no nos convierte en carne de cañón para la explotación por otros individuos: prosocialidad y religión


Pero si las creencias religiosas son costosas,

“no cualquier creencia por muy implausible que sea formará parte de los credos religiosos”. ¿Por qué la mayor confianza depositada en la capacidad sofisticada de los seres humanos para suspender la incredulidad no conduce automáticamente a la explotación de los unos por los otros y, por tanto, a que sean seleccionados por la evolución los individuos más confiados en detrimento de los más desconfiados?

Porque – dice Seabright – los más crédulos se relacionan con otros que son tan crédulos como ellos y no se pondrán en manos de incrédulos. Es decir, los individuos religiosos serán más confiados pero pondrán su confianza sólo en otros individuos igualmente religiosos lo que maximizará las ventajas de cooperar en el seno del grupo que comparten los sentimientos religiosos (y quizá o quizá no las ventajas de hacerlo con otros que no pertenecen al mismo grupo). Quizá también, en sentido causal contrario, los “individuos intrínsecamente más dignos de confianza tienden a ser atraídos por las creencias y la práctica de la religión”. Pero no parece que el hecho de pertenecer a una confesión religiosa indique (señalice) que el sujeto es más digno de confianza. Más bien, dice Seabright, “

el consenso emergente entre los antropólogos evolucionistas de la religión… argumenta específicamente que la creencia y la práctica religiosas pueden ayudar a construir la confianza social porque:

1) Grandes Dioses "que observan el comportamiento humano y castigan la violación de las normas está asociado con un comportamiento más prosocial por parte de los creyentes que de los no creyentes;

2) La explicación causal de esta asociación estadística es que la adherencia a una religión actúa principalmente cambiando el comportamiento de los creyentes y no señalando su carácter intrínseco más digno de confianza. Este efecto causal se demuestra a través de estudios de priming donde los sujetos se comportan más prosocialmente en presencia de un signo, - un texto religioso o una imagen - de la religión a la que pertenecen 

(Se entiende así, por qué a la gente se le hace prometer ante un crucifijo o sobre un ejemplar de la Biblia o de la Constitución)

…4) El hecho de que pertenecer a un grupo religioso sea costoso distingue la adhesión genuina de la conducta que es solo cubrir las apariencias.

En definitiva,

La idea de que el compromiso religioso implica un grado de selección recíproca por parte de ciertos individuos particularmente prosociales no es menos central en muchas tradiciones religiosas que la idea de que los individuos se vuelvan más dignos de confianza como resultado de su compromiso religioso. De hecho, ambas evoluciones pueden reforzarse recíprocamente a otros - si usted quiere ser más digno de confianza y tiene miedo de no ser capaz de mantener estos altos estándares, rodearse de gente digna de confianza puede ser una buena manera de reforzar su determinación a hacerlo.


La relación entre religión y emprendimiento económico


... es más bien de complementariedad que de analogía. Que los empresarios puedan señalar, a través de sus convicciones religiosas (reales o pretendidas), una mayor fiabilidad para sus clientes, consocios etc, ha sido central en la investigación sobre el valor de señalización de la religión y ahora hay un cuerpo sustancial de estudios a favor de este canal de influencia entre la religión y el desarrollo económico.

Como puede apreciarse, la explicación de Seabright va en la línea, por ejemplo, de la asociación de Derecho y Religión como instituciones sociales que facilitan la cooperación y refuerzan la confianza entre los miembros de un grupo y que están especialmente “diseñados” para extender la confianza y maximizar la cooperación en grandes grupos humanos, esto es, entre humanos no ligados por relaciones de parentesco: Non ubi societas, ibi ius, sed ubi magna societas, ibi ius


Paul Seabright, Religion and Entrepreneurship: A Match Made in Heaven? Archives de Sciences Sociales des Religions 175 (2016), pp. 201-219.

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