El otro blog para cosas más serias

El otro blog para cosas más serias
El otro blog para cosas más serias

jueves, 31 de agosto de 2017

La racionalidad del paranoico y el atentado de las Ramblas

could-the-hero-of-the-night-of-turn-out-to-be-its-villain-1470614877-crop_mobile

foto: HBO, The Night of

Jared Diamond ha escrito sobre la racionalidad de ser paranoico (extremadamente averso al riesgo) cuando se vive en un entorno peligroso y el riesgo que acecha es un riesgo catastrófico (un cero, o sea la muerte del individuo o del grupo). Si el coste de las medidas de precaución no es extraordinariamente elevado, es preferible ser paranoico y adoptar medidas de seguridad que no resistirían un análisis coste-beneficio. Diamond se refiere a un pueblo primitivo de Nueva Guinea que visitó cuando estudiaba ornitología. Andaban por la jungla y debían montar el campamento. Diamond montó su tienda debajo de un gran árbol. Los autóctonos le dijeron que no era una buena idea porque el árbol podía quebrarse y caer sobre su tienda de campaña. Diamond reaccionó con una sonrisa de occidental. La probabilidad de que una cosa así sucediera era muy pequeña. Pongamos, una entre cien mil. Pero los autóctonos replicaron que ellos dormían en la jungla a diario, de manera que, dado que no costaba mucho instalar la tienda en otro sitio más seguro, era de idiotas hacerlo bajo un gran árbol al que, según su edad, le podía haber llegado la hora de caer o podía estar infestado de termitas. De manera que, en estos casos, la acusación de incurrir en el sesgo retrospectivo es infundada. Si pudieron adoptarse medidas “paranoicas” que habrían evitado el siniestro, podemos reprochar a los que debieron adoptarlas el no hacerlo.

Lo que vamos sabiendo de los atentados de Barcelona nos indica que no hemos sido suficientemente paranoicos. Individualmente considerados, los indicios no nos habrían llevado a actuar. Por ejemplo, el hecho de que, desde un ayuntamiento belga, se solicitara información sobre el imán. Sólo un detective paranoico de una serie televisiva habría atado cabos. Y los costes de coordinación son, normalmente, muy elevados. Pero somos el país con más policías por habitante – casi – del mundo y tenemos unos servicios antiterroristas de gran calidad. Y los indicios de que podía ocurrir algo así eran suficientemente informativos. Es más, deberíamos haber contado con que los terroristas hubieran puesto una bomba casera de gran potencia en la Sagrada Familia (ese era el plan A). Deberíamos haber tenido mucho más controlado al que se colocó como imán de Ripoll. Deberíamos haber detenido a todos los yihadistas antes del 17 de agosto.


Hasta ahí, sólo hay negligencia. Una negligencia que parece sistémica porque afecta a los jueces que condenaron y dejaron en libertad al imán de Ripoll en los últimos años, a los fiscales y a los policías que intervinieron en todos los procesos que afectaron al líder de los terroristas; afecta al ayuntamiento de Ripoll, al presidente de la comunidad musulmana de ese pueblo, a las familias de los yihadistas, al Ministerio del Interior, a la Guardia Civil, a la Policía Nacional y, por supuesto, a los Mossos. Como se hace con los accidentes aéreos, hay que revisar cuidadosamente todo lo que ha pasado y no permitir que la política interfiera en la investigación por razones obvias que tienen que ver con la profunda división de la sociedad catalana que ha generado el proceso independentista. Encargar la investigación a una comisión independiente de expertos – no a una comisión de investigación parlamentaria – con amplísimos poderes en la que participen incluso extranjeros parece imprescindible.

Y sigo sin decir nada de la execrable conducta del entorno del gobierno de la Generalitat y los partidos independentistas desde el día del atentado y, especialmente, en la organización de la manifestación del pasado sábado. Sólo recordaré lo que ya he señalado alguna vez: en la selección de los cargos públicos nos ha de preocupar más la competencia – la capacidad – que la honradez o la devoción. Recuerden lo de “prefiero un hijo de puta a un tonto porque los tontos no descansan”. Las “malas” causas – el Brexit, la independencia de Cataluña – rara vez atraen a gente muy competente para liderarlas. La calidad – en términos de competencia – de los independentistas no ha hecho sino descender. El último sujeto con una inteligencia preclara que abandonó el barco del Procés fue Mas-Colell. Los independentistas se han puesto en manos de una panda de sujetos de dudosa reputación (CiU era una organización que se convirtió en una mafia no violenta) y escasa inteligencia y capacidad (¿creen que alguien inteligente, capaz y honrado estaría dispuesto a ser consejero en la última remodelación de su gobierno por parte de Puigdemont?). Solo tengo que referirme a los cargos públicos de la CUP y al “jefe en la sombra” que es Junqueras cuyo objetivo no es ya, naturalmente, el de la independencia sino el de ser el próximo presidente de la Generalitat en coalición con Ada Colau (Iglesias haciendo de tonto útil, digo tonto porque como se alíe con Esquerra, Podemos perderá votos a mansalva en el resto de España). Puigdemont es tan poco inteligente que acabará la obra de Artur Mas: hacer desaparecer el catalanismo moderado y dejar huérfana a una porción significativa de la población catalana que ganó las elecciones regionales casi siempre en el pasado.

Pero nosotros, a lo nuestro. a ser paranoicos.

2 comentarios:

Manuel Arbo dijo...

Bastante razonable, pero tengo cierta curiosidad sobre una cuestión: ¿en qué consiste exactamente la "negligencia ... que afecta a los jueces que condenaron y dejaron en libertad al imán de Ripoll en los últimos años"? Los jueces que lo condenaron por delito contra la salud pública hicieron justamente eso, condenarlo, con unas pruebas que, en resumen, supongo que no consistirían en otra cosa que en las actuaciones policiales y los análisis de la sustancia intervenida. Cumplida la pena de prisión, la Administración lo expulsa gubernativamente y esa expulsión es anulada en vía contencioso-administrativa, aplicando una jurisprudencia inequívoca del TJUE, por un juez que, con toda probabilidad, no tendría delante nada más que el expediente administrativo de expulsión y los documentos que aportara el propio interesado. Es seguro, a la vista de casos similares, que ni unos ni otros jueces tuvieron otra información que esa. ¿En qué consiste la negligencia?

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

me refiero a un fallo sistémico no a una negligencia de jueces individuales

Archivo del blog