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viernes, 25 de julio de 2014

Rivalidad y cooperación en las relaciones sociales: nuestro caso

"Se ha hecho creer a los pueblos que lo que les interesa es empobrecer a sus vecinos. Cada nación mira envidiosamente la prosperidad de las otras con las que comercia porque considera la ganancia de éstas su propia pérdida”
Adam Smith
Si Keynes tenía razón respecto a que las ideas afectan de forma infinitamente más relevante a los resultados económicos que los intereses de grupos particulares, en España debemos invertir mucho en tratar de mejorar la calidad del debate público y deshacer las ideas equivocadas que están detrás de muchas actuaciones públicas. Los grupos de presión se aprovechan de la credulidad de la Sociedad para avanzar sus particulares intereses. Y la peor idea que puede dominar las creencias de los individuos en una Sociedad es que las relaciones entre los individuos y los grupos son un juego de suma cero en el que la ganancia de uno es la pérdida de otro. Esta creencia – base del Mercantilismo – es la que conduce a las guerras de conquista y, en la discusión política, a la captura de rentas

“From that assumption it followed that if one could exclude others from trade by forcible means, a gain would accrue to the nation as a whole”.

La reciente publicación de las balanzas fiscales es una buena prueba de que los grupos políticos conciben las relaciones entre los ciudadanos como un juego de suma cero en el que lo que gasta el Estado es una cuantía fija de modo que lo que reciban unos ciudadanos se hace a costa de que otros ciudadanos reciban menos. A casi todo el mundo ha pasado desapercibido que la mayor parte de los países federales no publican las balanzas fiscales y, a algunos menos que, como ha explicado el director del equipo de las balanzas, el problema es sólo el de la equidad en los servicios públicos, no la porción del gasto del Estado que revierte en los ciudadanos de un determinado territorio. Plantear las relaciones sociales en estos términos destruye la cooperación en juegos de suma positiva, en cuanto presenta a los demás ciudadanos como rivales.

Lo peor es que esta rivalidad se refuerza mediante el cultivo de la diferencia. Los separatistas son, eso, separatistas. Tratan de homogeneizar a los miembros de su tribu subrayando y reforzando las diferencias con (cuando no el odio hacia) las otras tribus que conviven en el mismo territorio.

La estrategia se completa intentando reducir los contactos directos entre miembros de las distintas tribus. Existen estudios de laboratorio que indican que el contacto directo entre miembros de grupos que se enfrentan entre sí incluso con violencia, incrementa sustancialmente la cooperación. El enconamiento del conflicto palestino-israelí debe mucho a que los contactos personales entre israelíes y palestinos se han reducido enormemente en las últimas décadas lo que ha permitido incrementar, en las creencias y sentimientos de los miembros de cada grupo (deshumanización del otro), la violencia y el desprecio por el rival.

Por estas razones, la evolución reciente de la política española es tan de lamentar. Los nacionalistas catalanes tratan de hacer las tres cosas: presentar a los ciudadanos de otros territorios como rivales; reducir los contactos entre catalanes y el resto de los españoles y marcar las diferencias en lugar de intensificar las relaciones en juegos de suma positiva como son todos los cooperativos. Porque de esa estrategia, ellos (las élites políticas catalanas) son los únicos que salen ganando.

A lo que hay que añadir el surgimiento de grupos políticos con los que es muy difícil deliberar – porque quieren cambiar el sistema –. De ahí la importancia, de que “hablemos con ellos”.

Ambas tendencias son reflejo de que la cooperación entre todos los miembros de la sociedad española, quizá como consecuencia de la crisis, se está reduciendo. El resultado: incremento de las búsquedas de rentas por cada grupo, desatención a los grupos más vulnerablestenemos a los pobres más pobres de Europa - y empobrecimiento general.

Resulta curioso comprobar que estas concepciones (el bienestar de mi grupo sólo puede lograrse a costa del empobrecimiento de otro grupo al que se etiqueta como rival) son las que estaban en la base ideológica del Mercantilismo. Algunos países, gracias a la Ilustración, y a finales del siglo XVIII, desarraigaron del consciente colectivo las ideas del Mercantilismo y las sustituyeron por las de la libertad de industria y comercio, el libre intercambio de las ideas y las enormes ganancias de la cooperación pacífica y voluntaria . Otros, no hemos acabado el proceso.

Este trabajo de Joel Mokyr, Distributional Coalitions, the Industrial Revolution, and the Origins of Economic Growth in Britain subraya la importancia de las concepciones sociales en los resultados económicos y, en concreto, de las ideas de la Ilustración y su triunfo sobre las ideas del Mercantilismo en el desarrollo económico inglés asociado a la Revolución Industrial. Construyendo sobre las ideas de Olson, Mokyr explica cómo los ingleses fueron capaces de convencer a la élite dominante (los propietarios agrícolas) de que cedieran en sus privilegios introduciéndolos en una coalición con los comerciantes e industriales – la clase social ascendente – y cómo la creación de un mercado nacional y el protagonismo del Parlamento eliminó la capacidad de presión y de extracción de rentas de los grupos locales permitiendo que se establecieran las bases de una Economía abierta y, por tanto, las bases para un crecimiento económico acelerado.
“El problema de la sociedad inglesa del siglo XVIII, al igual que para muchos países en vías de desarrollo en la actualidad, era que muchos incumbentes tenían mucho que ganar si se mantenían las estructuras económicas (privilegios, exclusiones, barreras a la entrada…) obsoletas vigentes en aquella época”.
Los incumbentes en la Inglaterra del siglo XVIII eran los propietarios rústicos. La integración de los mercados locales en un mercado nacional y la centralización política en el Parlamento “fueron centrales para el proceso de desarrollo económico”. Pero la creación de un mercado nacional fue “en buena medida el resultado de un proceso político” a través del cual los excedentes de la nueva economía industrial se repartieron entre propietarios de tierras y los comerciantes/industriales. Ambos estaban ligados en el gobierno central y esa coalición promovió reglas uniformes para todo el mercado británico eliminando las antiguas regulaciones mercantilistas que protegían los intereses de los incumbentes locales. Lo extraordinario es que esa coalición triunfante aceptó su propia derrota cuando el proceso de liberalización e integración de los mercados que pusieron en práctica se completó.

La centralización política fue muy relevante porque “el Parlamento se guiaba por los intereses nacionales, mientras que… mucha captura de rentas premoderna se producía localmente”. Los miembros de la coalición (comerciantes y terratenientes) tomaron conciencia de que la liberalización – integración  nacional – de los mercados beneficiaba a los que estaban en el poder – nacional – y controlaban el aparato militar. Las políticas resultantes fueron “pro-mercado” con el objetivo de resolver fallos – externalidades – facilitar la cooperación entre los participantes en el mercado y facilitar la construcción de obras públicos y, en general, las inversiones de capital.

La transición en la que las élites incumbentes permiten que se pongan en marcha procesos que acaban con la posición de esos incumbentes no es fácil de explicar. ¿Por qué aceptan esos grupos que se les prive de su posición de privilegio? Dice Mokyr que

“en Gran Bretaña, no se eliminó a las élites por la fuerza, sino que se las cooptó en la transformación económica”.

 Esto es, las élites fueron incluidas en la coalición dominante y, para inducirlas a participar, “se les otorgaron ventajas económicas inmediatas de tal volumen que los que las recibían no se dieron cuenta de que era un precio bajo por la renuncia a sus privilegios en el largo plazo.

Por ejemplo, los terratenientes favorecieron las políticas de expansión industrial porque la urbanización y la industrialización incrementó sustancialmente el valor de los terrenos de los que eran propietarios aunque, en el largo plazo, se verían desplazados en el ejercicio del poder político y en la percepción de rentas por los nuevos titulares de las tierras y de las instalaciones industriales. Sus preocupaciones – su rent seeking – se concentró en mantener las leyes que protegían a la agricultura que fueron las últimas en desmantelarse. “Gran Bretaña tenía una enorme ventaja comparativa en productos industriales pero carecía de ella en los productos que requerían un uso intensivo de la tierra. El sistema de aranceles para los productos agrícolas hacía muy difícil para los trabajadores obtener alimentos, vestidos y cubrir sus necesidades básicas, pero no beneficiaba a los fabricantes que no tenían necesidad de tal protección” (M. Popa, 2013)

Añade Mokyr que la centralización de la Política fue también muy relevante. Los representantes en el Parlamento dejaron de estar vinculados a los incumbentes locales que los habían promovido y se hicieron más dependientes del partido político nacional bajo cuyos auspicios habían sido elegidos. Este cambio se produjo porque, conforme crecía la importancia del Parlamento en las políticas públicas, los diputados, individualmente considerados, tenían menos que ofrecer a sus votantes locales ya que se extendió la legislación aplicable del mismo modo a todo el país y se eliminaron las barreras locales al ejercicio de las actividades económicas. Las “leyes individuales” (individual bills) o proposiciones de Ley apoyadas individualmente por un diputado para favorecer a votantes específicos como por ejemplo la necesaria para poder constituir una sociedad anónima o para poder construir un canal, que eran típicas del Antiguo Régimen tendieron a desaparecer. De nuevo, el “truco” fue
En lugar de una revolución ... Para que una meta-institución como el Parlamento respondiera a las cambiantes necesidades de la economía, lo que se necesitaba era un mecanismo que trasladara las necesidades de diversos sectores e industrias a los miembros del Parlamento ... la legislación fortaleció al principio los intereses locales de forma limitada para, una vez que el Parlamento concentró el poder político, abolir los privilegios y las restricciones a la entrada que el propio Parlamento había concedido
A partir de 1760, “prácticamente todas las prácticas excluyentes y monopolísticas fueron suprimidas por Ley”. Normas que prohibían la emigración de la mano de obra cualificada o que obligaban a usar barcos británicos para exportar o importar de las colonias; leyes que prohibían la exportación de maquinaria o la constitución de sociedades anónimas” y se acabó con la East India Company y sus derechos monopolísticos. También se normalizaron los pesos y medidas (fundamental para reducir los costes de hacer transacciones ya que el uso común de los mismos pesos y medidas reducía las posibilidades de engaño y la necesidad de intervención de terceros con expertise en la traducción de los pesos y medidas de un sistema a otro).

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