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domingo, 12 de junio de 2022

Tradiciones que se vuelven ineficientes: los desajustes entre la tradición y el nuevo entorno


Las tradiciones, es decir, informaciones que se transmiten verticalmente de generación en generación en el seno de un grupo,se aceptan y obedecen porque los miembros del grupo consideran que les proporcionan beneficios, aunque no se sepa cómo lo hacen. Los humanos hemos internalizado el cumplimiento de las normas y no necesitamos de una razón para obedecerlas prima facie. Las tradiciones se continúan – dice Nunn – porque tenemos la creencia de que es “importante” cumplirlas. Por ejemplo, la religión

Los individuos tienden a creer en las enseñanzas religiosas y las siguen porque creen que son verdaderas. No siguen las enseñanzas porque creen que la religión tiene beneficios materiales para ellos o para la sociedad en su conjunto. Esto es exactamente lo que presume el modelo. Los individuos copian la acción de la generación anterior. No se esfuerzan en averiguar cuán beneficiosa es esa acción… simplemente la siguen

Como he contado en otras ocasiones resumiendo también trabajos de Nunn, a menudo prima la ‘opacidad causal’, esto es, los grupos no saben por qué siguen comportándose de una forma determinada (opacidad causal) hirviendo la mandioca o el maíz en una mezcla de agua, piedra caliza y cenizas. El caso es que si tu dieta se basa en el maiz, “poner piedra caliza o ceniza en el agua antes de que hierva previene la pelagra”, es decir, la enfermedad causada por una deficiencia de niacina porque el maiz tiene muy poca niacina y “una solución alcalina incrementa la absorción por nuestro cuerpo de esa pequeña cantidad de niacina”. Si persisten, normalmente es porque las tradiciones otorgan algún beneficio al grupo que la mantiene. Cuenta Nunn

Por ejemplo, los Naskapi, una sociedad indígena (de lo que hoy es Canadá)… practicaban la escapulimancia piromanítica, que es la adivinación quemando huesos y que permiten la comunicación con los espíritus de los antepasados… que ayudaban a los que cazadores a localizar las presas…

lo que lograban estas prácticas era convertir en aleatoria la decisión de la zona donde cazar, corrigiendo así el sesgo humano – la heurística beneficiosa en general – que nos lleva a ver patrones (en esta zona hay más caza que en esta otra) donde no los hay como caras en las nubes. De forma que internalizar la obediencia a las normas y seguir específicamente las de tu propio grupo es eficiente porque ahorra costes de decisión cuando la incertidumbre es grande y equivocarse puede resultar mortal.

“… tomar decisiones basadas en los valores, creencias y tradiciones transmitidas de generaciones anteriores puede ser una estrategia eficiente. Simplemente siguiendo la tradición, las personas pueden tomar decisiones sin los costes requeridos para el cálculo racional, como la adquisición y el procesamiento de la información. Por lo tanto, al confiar en la tradición, los individuos de la sociedad no necesitan "reinventar la rueda", reaprendiendo lo que ya ha sido aprendido por las generaciones anteriores. Por supuesto, la estrategia solo es efectiva si el entorno de la generación anterior es similar al entorno actual, de modo que las tradiciones culturales del pasado también sean beneficiosas hoy en día.

Ahora bien, cuando se produce un cambio en el entorno, y en función de lo individualista o colectivista que sea la sociedad y de muchos otros factores (que el conocimiento sobre las causas del cambio en el entorno sea conocimiento común de todos los miembros del grupo es muy importante), cada generación valora si mantiene o modifica la tradición. Esto es lo que añade Nunn en el trabajo que estoy resumiendo a sus trabajos anteriores sobre la materia: “dada la confianza en la cultura y su transmisión intergeneracional – tradiciones – los cambios en las tradiciones se producen gradualmente, de manera que “los entornos históricos en los que se conformaron los rasgos culturales siguen influyendo mucho tiempo después de haber desaparecido como consecuencia de cambios físicos o sociales.

Una consecuencia de la persistencia generada por la cultura y la tradición es que puede haber un desajuste entre la conducta que dicta la tradición y la que es mejor en el entorno actual”

Los desajustes generan desacuerdos en el seno del grupo. Habrá quien quiera continuar aferrado a la tradición y quien quiera modificar la tradición. Dice Nunn que esto explica por qué, a menudo, las discrepancias son más intensas en el seno de una sociedad que entre sociedades diferentes. Por ejemplo, el derecho a llevar armas tenía sentido en la América del siglo XIX con amplias zonas del territorio donde la autodefensa era eficiente e imprescindible. Pero no tiene ningún sentido en el siglo XXI, donde los efectos ‘colaterales’ de que cualquiera tenga un arma cerca son desastrosos. Sin embargo, buena parte de los norteamericanos siguen apoyando la Segunda Enmienda y ni siquiera la mayoría del Tribunal Supremo ha sido capaz de interpretarla de forma que, en un entorno completamente diferente al del siglo XIX, se eviten estos efectos del ‘desajuste’. O sea que vivimos con normas o tradiciones ‘desajustadas’ y, cuanto más desajustadas, más generadoras de división social hasta que los partidarios de mantener la tradición desajustada son convencidos o ‘se extinguen’. Porque la derrota definitiva es muy difícil de lograr por otras vías. Piensen en el aborto y el eventual cambio en la jurisprudencia del Tribunal Supremo norteamericano. No termina el debate. Simplemente lo canaliza hacia los Estados.

Nunn cuenta el estudio de Carlana, La Ferrara y Pinotti en Italia. Estos autores explican que, supongo que como en España, los hijos de inmigrantes – especialmente los varones – se orientan hacia la formación profesional y mucho menos hacia el bachillerato en mayor medida que los niños de padres italianos. Pues bien, si se asesora y se tutoriza a los niños de inmigrantes que demuestran “alta capacidad”, esa orientación cambia y los números se igualan con los niños de padres italianos. En las niñas no pasa tal cosa, las niñas de inmigrantes se comportan y orientan igual que las niñas ‘nacionales’. Según Nunn, “la intervención eliminó completamente el desajuste” que sufrían los niños inmigrantes entre sus expectativas basadas en la tradición que habían heredado de sus padres (estudiar no sirve para prosperar, aprender un oficio sí) y el entorno (cambiado respecto del de su país de origen) de un país desarrollado.

Nunn se centra en explicar que, más a menudo, las intervenciones para abrogar, sustituir o modificar las tradiciones fallan. El autor no pudo tener en cuenta el caso de Sri Lanka donde la ocurrencia de transformar la agricultura del país para convertirla en ‘ecológica’ puede provocar una hambruna al “prohibir la importación y el uso de fertilizantes sintéticos y pesticidas”.

¿Qué razones explican el fracaso de estas ‘intervenciones’?

Una es que no se entiende bien si se ha producido un desajuste o no entre la tradición y el nuevo entorno. Y se entiende menos cuanto más difícil es el problema que se pretende abordar. Tendemos a razonar motivadamente (a hacer Sociología Normativa) y a atribuir la causa de un fenómeno a razones que no son las verdaderas pero que nos hacen sentir mejor porque coinciden con nuestra moralidad o con nuestra visión del mundo. Y aquí, Nunn hace una observación interesante: los occidentales, al ser más individualistas que el resto de la humanidad, tienden a ver con prevención las tradiciones porque, normalmente, son producto de generaciones anteriores, no de la decisión individual y se aceptan sin discusión, lo que hace a los occidentales muy ‘antitradicionalistas’. Eso está bien para fomentar la innovación en una Sociedad pero es muy peligroso cuando se sustituye manu militari o convenciendo a los locales, una tradición local que, hasta ese momento, les había mantenido vivos.

Termino con un ejemplo de estos errores en la intervención:

Los balineses tienen un sistema de creencias basado en el hinduismo llamado Agama Tirtha. En este sistema, el agua se considera el centro de la vida humana y es sagrada. Toda el agua, y toda la vida, fluye de la Diosa  situada en el Lago del Cráter, que se encuentra en el centro de la isla. La religión también cuenta con un elaborado y jerárquico sistema de templos que se encuentran en los puntos críticos de un complejo sistema de riego utilizado para la agricultura de arroz húmedo. Los agricultores están organizados en colectivos locales democráticos llamados subak. Utilizando calendarios religiosos, todos los subaks de una región coordinan la siembra entre sí. Los rituales de varios días y de varios lugares deben celebrarse antes de la siembra.

La Revolución Verde de los años 70 proporcionó nuevas variedades de maduración rápida que podían proporcionar dos o incluso tres cosechas al año.

En 1970 el Banco Asiático de Desarrollo lanzó el Proyecto de Riego de Bali. Se obligó a los agricultores a adoptar nuevos métodos agrícolas. En lugar de plantar una sóla vez al año, lo que se hacía coordinadamente en las mismas fechas todos los subak de la región, los agricultores debían plantar con la mayor frecuencia y rapidez posible. Podían seguir participando en sus elaborados festivales y rituales, pero pero no podían vincular la siembra a ellos.

Para sorpresa de los responsables políticos, el resultado resultado no fue una mayor producción, como se esperaba. Por el contrario, las plantaciones de arroz eran destruidas constantemente por las plagas. Estos problemas no existían con las técnicas tradicionales de plantación.

Hoy se sabe porqué. Al coordinar la plantación en una región e inundar la tierra durante el periodo de barbecho,

con el método de cultivo tradicional que consistía en plantar una sola vez al año y todos en las mismas fechas, había una época del año en la que la temperatura y la humedad eran favorables para la reproducción de los insectos pero en la que, por estar en barbecho las tierras,

los insectos no tenían alimento y morían, lo que mantenía su número bajo control. Las ceremonias religiosas y la plantación coordinada proporcionaban, pues, un beneficio enorme. Claro que los balineses no sabían que la plantación simultánea era la causa de la reducción de los insectos, pero se beneficiaban igualmente de no ver sus cosechas destruidas. Aunque los responsables políticos consideraban estas tradiciones como "retrógradas", en realidad eran más eficaces que las técnicas agrícolas modernas que los agricultores se veían obligados a adoptar. Al plantar cada uno a su aire, las plagas siempre tenían alimento, y podían multiplicarse con mucha menos menos limitaciones.

Nunn, Nathan.  On the Dynamics of Human Behavior: The Past, Present, and Future of Culture, Conflict, and Cooperation, 2022

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