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viernes, 6 de enero de 2017

El machismo, sus canónigos y sus inquisidores

Hay un enfoque feminista que apoya determinados aspectos de la ley contra la violencia de género de los que nos sentimos absolutamente ajenas, entre ellos la idea del impulso masculino de dominio como único factor desencadenante de la violencia contra las mujeres. En nuestra opinión, es preciso contemplar otros factores, como la estructura familiar, núcleo de privacidad escasamente permeable que amortigua o genera todo tipo de tensiones; el papel de la educación religiosa y su mensaje de matrimonio-sacramento; el concepto del amor por el que todo se sacrifica; las escasas habilidades para la resolución de los conflictos; el alcoholismo; las toxicomanías... Todas estas cuestiones, tan importantes para una verdadera prevención del maltrato, quedan difuminadas si se insiste en el "género" como única causa.


Se impone una pena superior cuando se supone dominación. Se supone dominación cuando el acusado es hombre, presunción iuris et de iure

@elsacodelcoco

“La situación en concreto de mayor o menor desigualdad es irrelevante. Lo básico es el contexto sociológico de desequilibrio en las relaciones: eso es lo que el legislador quiere prevenir y lo que se sanciona más gravemente aunque el autor tenga unas acreditadas convicciones sobre la esencial igualdad entre varón y mujer o, en el caso concreto, no pueda hablarse de desequilibrio físico o emocional”

CGPJ, Estudio sobre la aplicación de la Ley integral por las Audiencias Provinciales

“Y además no es la misma conducta. La violencia machista es la que se ejerce contra una mujer por ser mujer”

David Bravo

Gender has distorted social policy. This is because the campaign has undergone baleful mission-creep. Its aim has morphed from ending discrimination against women into a deeply misguided quest for sameness of outcome for males and females in all fields—above all, 50:50 across the entire workplace. This stems from a fundamental error: the conflation of equality and sameness. And it's an error all too easily made if your starting point is that the sexes are "really" the same and that apparent differences are mere artifacts of sexist socialization… equality is not sameness


Afortunadamente para nosotros, no se ha reproducido en España la tremenda discusión pública acerca de la “corrección política” y el derecho a no oír opiniones diferentes a la propia que se ha extendido en los Estados Unidos en el ámbito universitario. Pero todos tenemos lo nuestro. Y, en España, los canónigos de la ideología de género se han lanzado a linchar a un magistrado de la sala de lo civil (Sala 1ª) del Tribunal Supremo porque éste ha opinado críticamente en relación con la “discriminación positiva” (negativa para el varón) en las penas que se imponen en el Código Penal en casos de violencia de género o violencia del varón sobre su pareja o ex-pareja mujer y porque ha sugerido que la violencia en la pareja no tiene móviles machistas sino que se explica por otras razones más básicas y biológicas.

Los inquisidores y los canónigos


En las palabras del titular de eldiario.es: “Un magistrado del Supremo pone en duda que el machismo esté detrás de la violencia de género”. Y, en opinión de una jurista “experta” (Herreros), si la Ley de Violencia de Género dice que es el machismo el que causa los feminicidios, ningún jurista tiene derecho a poner en duda tal relación causal. Especialmente repugnantes son las afirmaciones dos personajes ligados a la Universidad – Octavio Salazar – y a la administración pública “de la cosa” de la violencia de género – Miguel Lorente – y lo son porque no sólo infringen las reglas de la discusión académica o científica del asunto (lo que se puede disculpar a los políticos y periodistas que se han lanzado a degollar al magistrado) sino porque engañan a sabiendas de que lo hacen y acumulan los insultos personales en sus ataques al magistrado. Este canónigo del antimachismo posmoderno dobla la apuesta y afirma que el magistrado “está en contra de “lo que recoge la ley que debe aplicar” como si el legislador fuera una autoridad científica o la publicación en el BOE de una norma permitiera liquidar los debates.

Más execrable todavía es que equipare la opinión del magistrado a expresiones claramente machistas que ha ido recogiendo la prensa. Es el viejo truco de decir que todo es lo mismo si está en contra de lo políticamente correcto. Aún peor, acusa al magistrado de “resistirse a la Igualdad” (con mayúscula en el original) y “a las medidas que pretenden alcanzarla”. Las opiniones del magistrado –según este acosador - no son ya una crítica a la disparidad de penas en caso de violencia en la familia sino “a todas las medidas e iniciativas” dirigidas a alcanzar la igualdad entre los sexos.

Como hemos explicado en otro lugar, los jueces tienen derecho a criticar las normas, no a inaplicarlas. Parece entender este canónigo que, dado que los negros y los blancos tienen una fuerza física parecida, es imposible que se esclavizara a millones de africanos en los siglos XV a XVIII y que la esclavitud tuvo que deberse a que los blancos se creían superiores y los negros aceptaban ser inferiores y pretende que eso tenga algo que ver con la mayor probabilidad de que un hombre mate a una mujer en una pelea a que el resultado sea el contrario. Y, a partir de ahí se lanza a imputar al magistrado la concepción de la posición de la mujer en la sociedad que hoy sólo sostendría un imán radical suní. ¿Está negando el canónigo que, en promedio, las mujeres tienen menos fuerza física que los hombres? ¿Está afirmando que la diferencia en tamaño y potencia muscular es una creación del “posmachismo” y no de la evolución? ¿Está afirmando que la menor fuerza física de las mujeres – en promedio – es producto de la “desigualdad” y la “discriminación”? ¿Y este sujeto fue nombrado por el PSOE delegado del gobierno para la violencia de género”?

Lo que dice la ciencia al respecto


Elaborando un poco las opiniones del Magistrado, podría decirse que la violencia contra las mujeres, en países desarrollados, por parte de sus parejas, se explica, diferencialmente respecto de la violencia en general, al menos en causas diversas que tienen que ver, a menudo, con (i) el alcoholismo, (ii) la drogadicción, (iii) los trastornos mentales, con el hecho de que, (iv) siendo el varón de mayor envergadura y teniendo más fuerza física que la mujer, en media, tiene mayor capacidad para infligir daños físicos a la mujer y por tanto, más facilidad para cometer el delito. Añádase que los hombres son, en promedio, biológicamente más violentos que las mujeres por razones evolutivas (testosterona) y se pueden aducir fácilmente explicaciones más convincentes que la ideología machista como causas de la violencia en las parejas. En fin, como hemos explicado en otra entrada, es razonable pensar que las mujeres en sociedades en las que las mujeres están generalizadamente –jurídicamente – sometidas a los varones, el nivel de violencia y asesinatos de mujeres debería ser ¡inferior! precisamente porque el sometimiento de las mujeres hace innecesario el uso de la violencia por los hombres. Es precisamente la liberación de la mujer, su acceso a todos los ámbitos de la vida social y su independencia vital lo que debería llevarnos a predecir un aumento de la violencia contra las mujeres por parte de los que han perdido la posición de mando. Este artículo en el que una periodista norteamericana narra cuán diferente era el trato de los varones cuando llevaba cubierta la cabeza en Turquía es muy expresivo de lo que queremos decir. La exclusión de la mujer de la vida social, laboral y pública en general la mantiene en una posición subordinada pero, probablemente, menos expuesta a la violencia masculina. 

Pero la ideología machista tiene muy poca capacidad explicativa de la violencia de género en sociedades desarrolladas. Para aclararnos, según los canónigos del género (o sea, los que viven de extender la ideología del género) cuando un marido o ex-marido mata a su mujer o ex-mujer o le pega una paliza, lo hace porque está imbuido de la idea de que los hombres son superiores a las mujeres; que la mujer está sometida al varón y debe obedecer y pasar por la voluntad del hombre.


El razonamiento se basa en la siguiente falacia


  1. Denominamos asesinatos machistas a los cometidos por un hombre contra una mujer con móviles machistas, esto es, como “expresión” de la ideología del asesino que cree que es superior a la mujer y que puede disponer de la vida y del cuerpo de ésta a su voluntad o “impulso masculino del dominio”.
  2. Todos los asesinatos de mujeres por su pareja o ex-pareja hombre (los asesinatos de lesbianas por su pareja o expareja o los asesinatos de un varón homosexual por su pareja o ex pareja varón no son asesinatos machistas) se califican como asesinatos machistas.
  3. La definición y su ámbito de aplicación se confunden: son asesinatos machistas (móvil) todos los asesinatos machistas (de una mujer por su pareja o ex-pareja)
  4. Ergo, no puede haber una causa de los asesinatos machistas (móvil) que no sea la ideología machista del asesino.

La expresión de David Bravo que hemos transcrito al principio de la entrada refleja bien esta falacia.
Se observa con claridad que los que así razonan dan por supuesta – petitio principii – la causa de los asesinatos de mujeres por sus parejas o ex-parejas. Y utilizan esa causa supuesta para definir esos asesinatos y para proponer medidas para reducir su número. En el tema de las medidas es donde se ha observado, también, el linchamiento del magistrado a manos de los canónigos del género. Estos quieren que el magistrado haga unos cuantos cursillos impartidos por ellos para que se le quite el machismo de la cabeza y ponga – suponemos – sentencias feministas. Como ha dicho Boghossian, en “los estudios de genero… no hay un proyecto de búsqueda de la verdad. Ellos ya han encontrado la verdad y sólo piensan en adoctrinarnos”.

Como en todas las discusiones, deberíamos acudir a los hechos y tratar de establecer relaciones causales antes de lanzarnos a proponer las medidas de política legislativa o social más convenientes para resolver el problema.
  • Si la explicación “el machismo mata” (Lorente, el canónigo, va más allá, la causa de los asesinatos no es el machismo sino el “posmachismo”) fuera convincente, deberíamos asistir a un mayor volumen de asesinatos de mujeres por sus parejas en sociedades menos igualitarias y a un menor volumen en las sociedades más avanzadas en este particular, entendiendo por tales aquellas en las que la conciencia social respecto a la igualdad entre hombre y mujer está más extendida y mejor reflejada en su mercado laboral, en su legislación y en la vida social en general y, viceversa, un mayor volumen de violencia de este tipo en sociedades menos igualitarias y menos concienciadas respecto de la igualdad de sexos.
  • Si la explicación “el machismo mata” fuera convincente, deberíamos asistir a niveles muy inferiores de violencia de pareja en las parejas homosexuales que en las parejas heterosexuales.
  • Si la explicación “el machismo mata” fuera convincente, dispondríamos de experimentos y estudios que indicaran una reducción de la violencia tras “educar” o “instruir” a los varones de un grupo en la ideología de la igualdad de género.
  • Si la explicación “el machismo mata” fuera convincente, la violencia de género habría desaparecido prácticamente en sociedades en las que la igualdad de la mujer se ha alcanzado de forma casi completa.
  • Si la explicación “el machismo mata” fuera convincente, los países en los que ni siquiera existe igualdad ante la ley para las mujeres (p. ej., Arabia y muchos países musulmanes) deberían tener tasas de feminicidio más elevadas que países comparables donde la igualdad ante la ley para hombres y mujeres esté más o menos asegurada.
  • Si la explicación “el machismo mata” fuera convincente habría que explicar los asesinatos de los varones a manos de su pareja o ex-pareja mujeres como un producto de la “rebelión de los esclavos contra sus amos” lo que debería llevar a sancionar más levemente los asesinatos cometidos por mujeres cuando la víctima es su pareja o ex-pareja en relación con un asesinato “normal” (no sólo en relación con el asesinato machista) por el mero hecho de que el asesino sea una mujer.

Y los datos disponibles indican lo contrario. El Reino Unido, Finlandia, Suecia, Noruega, Estados Unidos… tienen más asesinatos de mujeres a manos de sus parejas que España en proporción a su población y, nadie lo dudará, son sociedades más igualitarias por razón de género que España. Es decir, no hay correlación entre feminicidios e igualdad (y aquí):

Me queda una conclusión posible, y es que el nivel de igualdad social no influye (o lo hace mucho menos que otros factores) en que estos casos se den en mayor o menor cantidad. Lo cual no impide que haya mil motivos válidos para querer aumentarla”

Todos los datos confirman que España es uno de los países con menor tasa de feminicidios del mundo y el número de víctimas mortales mujeres a manos de sus parejas o ex parejas se ha venido reduciendo en los últimos años. Estamos en menos de cincuenta por año.

No hay un nivel de violencia en las parejas homosexuales inferior al que hay en las parejas heterosexuales (Según el British Crime Survey, “la proporción de mujeres que furieron abuso doméstico fue del 6 % en las parejas heterosexuales y del 17 % en las parejas de lesbianas”). No conozco estudios sobre la eficacia del adoctrinamiento o la “educación” en la igualdad de género en la reducción del número de asesinatos de pareja; los estudios, sin embargo, que explican que los hombres son más celosos, agresivos y violentos que las mujeres por razones genéticas y hormonales (evolutivas) son incontables. También lo son los que relacionan enfermedad mental, alcoholismo, abuso de las drogas etc con la violencia en la pareja. Baste recordar que un número no despreciable de los asesinos de su pareja o ex-pareja intentan – y a menudo lo consiguen – suicidarse tras cometer su delito. En España, y en términos relativos, los extranjeros cometen entre tres y cuatro veces más feminicidos que los españoles. A los hombres los matan más conocidos o extraños y a las mujeres sus parejas o familiares.

Existen explicaciones científicas sobre las diferencias biológicas y evolutivas de los sexos que dan mejor razón de la violencia contra las mujeres “realmente existente” que la apelación a la ideología machista o a la ¡posmachista! Los estereotipos sobre las diferencias entre hombre y mujer son bastante ajustados a la realidad. Las niñas expuestas a niveles más altos de testosterona en el vientre materno muestran conductas más típicamente masculinas. Los transexuales (de mujer a hombre) tienen niveles de testosterona significativamente más altos que las mujeres en general antes de someterse a tratamiento hormonal y presentan otras diferencias físicas que los aproximan a los hombres. Educar a los bebés como si no tuvieran sexo, simplemente no funciona. Las diferencias sexuales se remontan al antecesor común a seres humanos y demás primates y, en fin, la competencia intrasexual (entre mujeres) explica mucho más que la competencia intersexual (entre hombres y mujeres). Por ejemplo, los hombres se oponen en mayor número a la mutilación genital femenina que las mujeres; y más mujeres iraníes que hombres apoyan la obligatoriedad del pañuelo.

Las diferencias en autoestima entre sexos son pequeñas pero son mayores en países más igualitarios. Las mujeres tienen preferencias laborales distintas a las de los hombres. Las mujeres tienden a creer más en fenómenos paranormales en países en los que hay más igualdad sexual. Los hombres tienen un impulso sexual más intenso y lamentan en mayor medida desaprovechar oportunidades de tener un encuentro sexual que las mujeres. Y, en general, “las diferencias entre sexos tienden a incrementarse en los países que tienen mayor igualdad sexual” (David Schmitt @psychoSchmitt). Las mujeres, en promedio, están más dispuestas a ayudar a otro que los hombres; y aceptan en mayor medida tareas que, en principio, nadie quiere hacer; los hombres se reconcilian más fácilmente tras haber competido que las mujeres; los hombres no ganan más que las mujeres; las mujeres son más religiosas que los hombres; los hombres interrumpen más a un interlocutor que las mujeres (sea hombre o mujer el interlocutor); los hombres tienen más confianza en sí mismos y se arriesgan más que las mujeres; los trabajos peligrosos y sucios los llevan a cabo, casi en su totalidad, hombres y no mujeres (“un 98,7% de los accidentes de trabajo mortales investigados corresponde a hombres” vía aquí); los hombres asumen más riesgos, se obsesionan más con los objetivos y son más competitivos; los hombres son capturados como esclavos en mucha mayor medida que las mujeres...

Es pertinente traer a colación los estudios que han tratado de explicar por qué las mujeres no desarrollan carreras científicas y tecnológicas en la misma medida que los hombres. Esta columna lo explica inmejorablemente y la conclusión es que las mujeres (i) tienen menos habilidades cognitivas espaciales en promedio, (ii) tienen más habilidades lingüísticas en promedio; (iii) que la distribución de las habilidades cognitivas en hombres es más dispersa que en las mujeres: hay más hombres en los extremos que mujeres, es decir, hay más premios Nobel y más tontos del culo hombres que mujeres y (iv) que los hombres y mujeres difieren en promedio en sus preferencias respecto a las carreras profesionales (los hombres prefieren trabajar con “cosas” y las mujeres prefieren trabajar “con personas”). Además, como en todos los mamíferos, los hombres son más fuertes y grandes que las mujeres en promedio.

Pues bien, si esas diferencias existen y tienen un origen genético-evolutivo ¿es extraño que en sociedades desarrolladas y muy pacíficas la violencia residual sea ejercida (y sufrida) más por los hombres que por las mujeres y que esté asociadas al alcoholismo, al consumo de drogas o a trastornos mentales? Este canónigo dice por ejemplo, que la justificación dada por el magistrado
debería hacer que nos planteáramos por qué estos hombres tan malos y tan fuertes no suelen proyectar su maldad sobre sus animales de compañía, sus vecinos o sus jefes, sino que suelen concentrarla en la que es o ha sido su compañera
Es una estupidez, obviamente. Los hombres “malos” suelen proyectar su maldad, sobre todo, sobre otros hombres. Los hombres son, con mucho, las principales víctimas de los hombres “malos”. 

¿No es lógico pensar que los hombres que están situados en extremos de la distribución de la violencia masculina (los hombres más violentos o con más tendencias violentas que la media de los hombres, causadas estas tendencias por razones biológicas, por trastornos mentales o por abuso del alcohol o de las drogas) desarrollen esa violencia también contra las mujeres y especialmente contra las mujeres que tienen más cerca? ¿Es lógico pensar que una ideología que les lleva a considerarse superiores tiene más capacidad explicativa de conductas tan graves que todas las demás razones enumeradas que están basadas en comportamientos innatos o condicionados por nuestra genética y evolución? Porque, aunque la ideología machista esté extendida entre la “varonía” de una Sociedad, del dicho al hecho hay mucho trecho y no podría establecerse, sin más, como causa próxima de las conductas violentas ¿O es que las veces que en una sociedad se dice “te mato” nos permitiría predecir el número de asesinatos?


Lo que nos jugamos


La cuestión, para los juristas y, en general, para la discusión pública de asuntos de interés público es, sin embargo otra. Corremos un grave riesgo de emponzoñar y debilitar el debate público y de equivocarnos gravemente en las políticas públicas si la izquierda de este país se lanza a degüello contra el que expresa su opinión y le ataca con argumentos puramente ideológicos y carentes de cualquier apoyo científico.

Y lo que es más grave: vestir de valores morales los argumentos es la forma más eficaz de negar la dignidad del discrepante que, automáticamente, queda convertido en un sujeto indecente porque no comparte valores esenciales de la Sociedad.

¿Quién se atreverá a decir que el rey está desnudo si el premio es que los partidos de izquierda te linchan en la prensa y en las redes sociales? ¿Quién se atreverá a abrir la boca aunque tenga más razón que un santo si la única ganancia esperable es que te califiquen de cavernícola, machista, ignorante y pidan que te abran un expediente sancionador en tu trabajo? ¿Qué diferencia hay entre esta Sociedad y las de aquellos países donde el grupo hegemónico – el que se ha apoderado del discurso público – dicta las reglas sobre aquello de lo que se puede hablar y cómo se puede hablar?

La lucha jurídica contra la violencia de género no puede apoyarse en cualquier sandez posmoderna y anticientífica porque es la Ciencia la única que nos permite desvelar las relaciones causales y, por tanto, aplicar las medidas más prometedoras para minimizarla. Tampoco debería servir para dar ocupación a unos cuantos aprovechados y, en ningún caso, para denigrar e insultar al que no traga con tales sandeces, por muy publicadas que estén en el Boletín Oficial del Estado.

5 comentarios:

Isaac Ibáñez dijo...

Esto si que es debate y no el de ese atajo de sectarios y sectarias. Saludos

Anónimo dijo...

Es un placer leer la disección en 4 pasos de la falacia del "machismo", y constatar que hay quien aún se atreve a cuestionar la corrección política y al señalamiento del discrepante como indecente, cavernícola, etc. para expulsarle de la vida civil. Por momentos su texto llega a sonar trumpiano. Y sin embargo, me parece desolador que escriba esto:

"No voy a entrar en si la decisión del legislador español es acertada o no desde el punto de vista de política criminal, pero puede justificarse, simplemente, teniendo en cuenta la función de prevención general de las penas: hay más (4 ó 5 veces más) asesinatos de mujeres por sus parejas-hombres que asesinatos de hombres por sus parejas-mujeres lo que podría justificar, sin más, un agravamiento de las penas para aumentar el efecto preventivo de éstas."

La función de prevención general de las penas está para prevenir un hecho delictivo, y no que en la comisión del tipo haya disparidad estadística entre los autores. Si seguimos un Derecho penal de hecho, y no de autor, tan grave es la comisión del tipo por un hombre que por una mujer, por mucho que lo cometan más a menudo los hombres que las mujeres.

Quien sostenga lo contrario deberá entonces defender esa discriminación en la pena para casi todos los tipos del CP, a excepción de los abusos infantiles, porque como señalas las estadísticas demuestran que para casi todos los tipos el porcentaje de autores varones es mayor que el de mujeres.

Pero admitamos eso que usted cree que "puede justificarse" por formar parte de la "función de prevención general de las penas". Entonces, el CP debería afinar más e imponer penas notablemente superiores a los hombres inmigrantes autores de delitos de violencia "de género" que a los hombres españoles autores del mismo delito, dado que el porcentaje de autores inmigrantes supera inmigrantes en España. Vaya, que estadísticamente estos maltratan más a las mujeres de lo que lo hacen los españoles.

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Buen comentario, gracias. Tiene razón

JESÚS ALFARO AGUILA-REAL dijo...

Voy a suprimir el párrafo.

pdelora dijo...

Jesús, me gustó tú comentario (por la oportunidad, la heterodoxia con argumentos, el hacernos pensar como siempre) pero esta reacción tuya ante la acertada crítica del anterior comentario te honra. Enhorabuena y gracias a ambos.

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