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lunes, 13 de abril de 2026

Dios te salve María, llena de influencia política: de la relación patrón-cliente, de la gracia, la misericordia, la justicia y la salvación


En lo que sigue, extracto algunas de las páginas más interesantes del libro que se cita al final. Es el mejor libro que he leído en el último año. En realidad, es un curso universitario sobre el Renacimiento italiano. La capacidad narrativa de la autora es asombrosa y la inteligencia del análisis abrumadora. Solo el libro de Patricia Crone me parece comparable. Excepto la última parte, - el libro tiene casi 700 páginas - es, además, divertidísimo. Cuenta y vuelve a contar las mismas historias añadiendo detalles y personajes o adoptando perspectivas diferentes cada vez, de modo que se lee como una novela pero se aprende mucho de muchas cosas. 

Para un jurista, el capítulo que extracto a continuación es el más interesante porque explica lo que significaba la "gracia" en el mundo pre-contemporáneo y lo hace en el marco de la explicación de las relaciones patrón-cliente. Como explica Crone, en el mundo pre-contemporáneo la acción colectiva se articulaba a través de relaciones patrón-cliente, amo-esclavo, señor-siervo, señor-vasallo etc., relaciones diádicas que permitían estructurar sociedades con cientos de miles de miembros. Lo magistral de Palmer es como engarza la religión con el Derecho y la organización social y el ritmo trepidante - parece Juego de Tronos - con el que narra las historias que incluye en su análisis. 

El texto que sigue empieza en la p 199 y termina en la 215.

¿Qué tiene que fallar para que alguien muera abandonado como un perro? Esa pregunta permite aprender mucho sobre cualquier cultura: cuáles son los mecanismos que existen para evitar que la gente caiga fuera de la red de protección social y qué puede provocar que esos mecanismos dejen de funcionar. En el Renacimiento, lo que tenía que romperse era el patronazgo, es decir, las relaciones multigeneracionales entre familias de más rango social y de menos rango que se ayudaban mutuamente, basadas en la división del trabajo y la especialización. Recuérdese la escena inicial de Romeo y Julieta. Los  que se pelean son clientes de las poderosas familias Capuleto y Montesco, mientras que lord y lady Capuleto y lord y lady Montesco son sus patrones, y el joven Romeo y la joven Julieta sus futuros patrones. Para hombres como esos, procedentes bien de una pequeña familia de campesinos o jornaleros, bien de una familia de estatus intermedio que podía producir médicos o miembros de gremios, un patrón poderoso, como los Montesco o los Médici, era la columna vertebral de la red de protección social. 

Los patrones garantizaban empleo, ofreciendo trabajo regular en sus numerosas propiedades, contratando a los hijos para que continuaran en los oficios de sus padres, incluso facilitando que jóvenes prometedores accedieran a nuevas profesiones o ayudando a los segundones a conseguir cargos en la Iglesia. Los patrones actuaban también como garantes legales en contratos o deudas, incluso para las cuentas pendientes en tiendas y tabernas. Prestaban dinero a los clientes con interés bajo o nulo, financiaban dotes para familias con muchas hijas y se encargaban de atenderlas cuando el sostén principal de la familia sufría una lesión incapacitante o fallecía. También ayudaban en cuestiones como los impuestos: tanto Lorenzo de Médici como, cuando ocupó cargos políticos, nuestro amigo Maquiavelo recibieron cartas de clientes y aliados pidiéndoles que intercedieran en materia de impuestos, además de ayuda para conseguir empleos y otros favores.  

La familia cliente, a cambio, no solo trabajaba para el patrón construyendo muebles, labrando sus tierras, realizando tareas administrativas o pintando frescos en el palacio, sino que hacía cosas que el patrón de alto estatus no podía hacer: regatear en los mercados, acoger a invitados de bajo rango, enseñar sus oficios a otros clientes o asumir misiones de confianza en espacios sociales más bajos. Cuando lord y lady Capuleto preparan el banquete para la boda de Julieta, los barriles de vino, las alcaparras y los sacos de grano que tienen a mano han sido cultivados en sus fincas por campesinos clientes o comprados para ellos en los mercados por clientes mercantiles de rango inferior, que hacen las transacciones cotidianas...  

... El sistema fiscal de Florencia... se basaba más en gravar la riqueza - los patrimonios - que las rentas o ingresos y, durante muchos años, se basó en que funcionarios entrevistaran cada año a los vecinos para preguntarles cuán ricos creían que eran los contribuyentes, a partir de lo que veían vestir o de lo que entraba y salía por la puerta de su casa. Vecinos malintencionados podían exagerar tu riqueza para cargarte con una enorme factura fiscal, mientras que clientes leales podían afirmar que tus recursos habían sido escasos ese año, aun después de haber visto casar a tu hija con un vestido cubierto de perlas. Explotar este sistema fiscal fue una herramienta que grandes familias como los Médici y los Strozzi utilizaron a menudo unas contra otras, con victoria final de los Médici.  

Otro servicio fundamental de las familias menores era sumarse a la acción callejera, formar turbas. A menudo esto significaba amotinarse en defensa del patrón cuando la situación se volvía peligrosa. Los clientes... están dispuestos a luchar y morir por el honor de sus patrones porque esos patrones han sido su red de protección social durante generaciones y porque saben que, si mueren defendiendo a su patrón, la familia de este cuidará de la suya de por vida... la acción callejera incluía también manifestaciones pacíficas: participar en las procesiones organizadas por la gran familia en la festividad de su santo patrón, llenar las multitudes en las bodas, vitorear a los hijos de la familia en justas o carreras, todo lo cual hacía visible ante el público el poder de la familia patronal. 

 


El inestimable historiador social Richard Trexler describió un caso notable en el que, durante una rara nevada en Florencia, jóvenes de tres familias aliadas de los Médici salieron a organizar una batalla de bolas de nieve con Marietta Strozzi, la famosísima y bella heredera de dieciséis años de una importante familia rival de los Médici, y las familias enviaron a sus clientes a colocarse a lo largo de la calle con antorchas y trompetas para asegurarse de que toda Florencia viera esa interacción entre sus herederos ilustres. Poco después, al concluir el carnaval, la familia materna de Marietta volvió a celebrar su belleza con un desfile gigantesco, iluminado con miles de antorchas, y fuegos artificiales lanzados frente a su casa. El volumen de los vítores en una justa, o el tamaño de la multitud en una boda, combinados con la grandeza de la armadura del jinete o el esplendor del vestido nupcial, comunicaban el poder de la familia patronal. Los espectadores que pensaban dónde invertir a continuación, a quién dirigirse para obtener empleo o qué matrimonios concertar para sí mismos evaluaban con cuidado esos espectáculos. 
En los momentos críticos o de inestabilidad la acción callejera importaba más, y era una inversión sensata para una familia rica sostener a una familia pobre durante generaciones si, por ejemplo, esos clientes agradecidos ayudaban a Cosimo a escapar de Florencia en 1433 y permanecían leales durante su exilio, haciendo posible su regreso. Nada exhibía mejor el poder ni desalentaba tanto a la oposición como la capacidad de los Médici para llenar las calles con su grito de guerra: «¡Palle! ¡Palle!», que significa «¡Pelotas! ¡Pelotas!», en referencia a las píldoras medicinales con forma de bola del escudo de los Médici (aunque gritar «¡Pelotas!» tiene exactamente el mismo doble sentido en italiano que en español). La capacidad de difundir el grito de guerra familiar y reunir a una muchedumbre en cuestión de minutos era inestimable, y si el príncipe de Verona de Shakespeare hubiera decidido ejecutar a Romeo por la muerte de Tebaldo, lord Montesco habría hecho sonar el grito de guerra de los Montesco y asaltado la prisión de la ciudad para liberar a Romeo; la pequeña guardia de una ciudad‑estado no habría podido detenerlos.  
Todo esto se sustentaba en la confianza, construida a lo largo de vidas y generaciones. Por eso es cuando la confianza se quiebra cuando, en el Renacimiento, la gente acaba muriendo abandonada como un perro: ya sea el trabajador que ayudó a los enemigos de su patrón y perdió así su protección, o el tiránico duque Galeazzo Maria Sforza (1444‑1476), hijo mayor del amigo de Cosimo, Francesco Sforza, quien, al infligir torturas crueles por faltas menores y raptar a las esposas e hijas de sus clientes y nobles, pronto se encontró sin nadie dispuesto a interponerse entre él y los asesinos, y fue apuñalado hasta la muerte en las escaleras de su propia catedral.  
Maestros artesanos como Brunelleschi o Miguel Ángel eran clientes de las grandes familias o de los poderosos gremios que les encargaban obras, pero al mismo tiempo eran patrones de sus propios aprendices, oficiales y sirvientes. Cuando Miguel Ángel comenzó a pintar el techo de la Capilla Sixtina, el andamiaje que habían preparado para él era tan ineficiente que, al rediseñarlo, generó tal excedente de cuerdas que su venta proporcionó dinero para las dotes de varias de sus trabajadoras, pues las muchachas de un estrato social tan bajo solo necesitaban un pequeño capital inicial para poder formar una familia. 

 

Al mismo tiempo, las grandes familias trabajaban para extender sus redes hacia arriba y hacia fuera, conectándolas con poderes más lejanos y más altos. Piero de Médici, el Gotoso (hijo de Cosimo y padre de Lorenzo), prestó una enorme suma de dinero al rey de Francia —para financiar la recuperación francesa tras la Guerra de los Cien Años—, un préstamo que Piero sabía que difícilmente se devolvería íntegramente. Lo que pidió a cambio fue permiso para incorporar la flor de lis real francesa, dorada sobre fondo azul, en una de las bolas del escudo de los Médici, para publicitar la relación especial de la familia con el primus inter pares de los monarcas europeos. Cuando llegó la carta del rey concediendo ese permiso, Piero ordenó ese mismo día a sus clientes que salieran corriendo a introducir el cambio en todos los escudos de los Médici a los que pudieran acceder en la ciudad, otorgando por fin al modesto blasón familiar una grandeza capaz de competir con la imaginería más noble —leones, dagas, delfines, flores de lis— de muchas familias rivales. Atar durante tiempo indefinido unos cuantos millones de los Médici en préstamos franceses merecía sobradamente la pena para proyectar el siguiente mensaje: si necesitas un favor que implique al país más rico de Europa —un acuerdo comercial, una comisión militar, un puesto para tu sobrino exiliado—, ya sabes quién tiene el oído del rey; y si te enfrentas a nuestra familia, también sabes qué poder temible se enterará de ello. 
El patronazgo era asimismo un elemento central del sistema jurídico. Todos hemos oído hablar de la extrema severidad de las leyes medievales y renacentistas —¡pena de muerte por robar!, ¡pena de muerte por adulterio!, ¡pena de muerte por estornudar cerca del caballo del príncipe!—, pero cobran más sentido cuando se recuerda que no es hasta el siglo XVIII cuando Europa desarrolla la idea de que los sistemas de justicia deben aspirar a una aplicación igualitaria, es decir, que quien comete un determinado delito reciba el castigo estándar y que resulta extraño o injusto que la pena sea más leve. Los tribunales renacentistas se centraban, en cambio, en la misericordia, y se esperaba que el juez impusiera casi siempre una pena más leve que la prevista en la letra de la ley —una multa, por ejemplo, en lugar de la muerte—, de modo que las sentencias extremas proclamadas por las normas fueran en realidad la excepción y no la regla. Esta concepción estaba ligada a ideas cristianas sobre el pecado y la salvación, expresadas de forma célebre en el discurso de Portia sobre la misericordia en El mercader de Venecia.
«La calidad de la misericordia no es forzada, desciende como lo hace del cielo la suave lluvia sobre el lugar de abajo: es dos veces bendita; bendice al que da y al que recibe».
La justicia terrenal estaba concebida para imitar a la justicia divina: primero se amenazaba con la sentencia absoluta —la muerte, equivalente a la condenación, esto es, a la muerte eterna— y después se mostraba misericordia. Cada vez que alguien culpable de un delito capital era perdonado, el reo y todos los que asistían al juicio recibían una lección moral sobre Dios y la esperanza de salvación, con el juez y el criminal representando los papeles de Dios y del alma. Por eso, es cierto que en la época hubo esas ejecuciones públicas aparatosas y esos castigos ingeniosos que Hollywood ha retratado tantas veces, pero los especialistas saben que se trata de casos excepcionales, no de la norma. Cuando encontramos un registro de que alguien fue efectivamente llevado a la hoguera, la reacción no es «¡qué típico de esos tiempos crueles!», sino «¿de verdad los mataron esta vez? ¿Por qué?». La sodomía, por ejemplo, era un delito castigado con la muerte en Florencia y en muchos otros lugares, pero el mayor especialista en sodomía del Renacimiento, Michael Rocke, al estudiar los registros de los tribunales florentinos, comprobó que la inmensa mayoría de las condenas por sodomía terminaban con una multa, no con derramamiento de sangre. 


De manera similar, el inestimable estudioso de la Inquisición Nicholas Davidson, al analizar procesos en Roma y Venecia, descubrió que la sentencia más común en los casos de herejía, e incluso de brujería, consistía en ser obligado a asistir a una serie de largas y tediosas lecciones impartidas por dominicos tomistas que, recurriendo a Aristóteles, explicaban el mejor camino hacia el Cielo. Incluso en el caso de un aprendiz que intentó vender su alma al diablo para acostarse con la esposa de su maestro —¡y en el que los inquisidores tenían en sus manos el contrato demoníaco debidamente firmado!— la condena fue asistir a lecciones (ese muchacho necesitaba una buena reprimenda). Incluso el homicidio solía castigarse con una multa o con un período de destierro, reservándose la ejecución para lo que se consideraban delitos verdaderamente graves, como la profanación de una iglesia o la traición al gobernante o al régimen.  

Las ejecuciones existieron, a veces incluso ejecuciones masivas, como las grandes causas por herejía de las que se lee, o las matanzas y ajusticiamientos colectivos de las guerras de la Reforma, pero esos episodios fueron síntomas de conflictos políticos más que de la dureza de la norma judicial: momentos en los que un régimen o un gobernante se sentía débil y quería hacer una demostración de fuerza, o se sentía fuerte y aprovechaba la ocasión para exterminar una amenaza percibida, utilizando el sistema jurídico para ello.   
Incluso cuando se producían ejecuciones «normales», el sistema giraba en torno a la esperanza de que el proceso ayudara al pecador a arrepentirse y alcanzar a Dios. Existían cofradías y obras piadosas dedicadas a ayudar a los condenados a preparar su alma para la esperanza del Cielo, y voluntarios que pasaban con ellos las últimas noches e incluso los acompañaban al cadalso, sosteniendo ante el rostro del sentenciado un icono de la Virgen María para ayudarle a pensar en la esperanza de la misericordia divina, y no en la soga.  
Las ejecuciones solían reservarse para los enemigos del gobernante, para delitos de extrema gravedad —como la traición, arrojar estiércol de caballo contra un icono de la Virgen, absolutamente castigado con la muerte— o, de forma muy reveladora, para los momentos en que el patronazgo se rompía. Era el patrón quien conseguía la pena menor, la familia poderosa que respondía por ti, que ofrecía testimonio sobre tu carácter, que hablaba con el juez en privado para dejar claro que estaría agradecida si su servidor, virtuoso y digno, era absuelto.  
Si te ponías en contra de tu patrón, lo enfurecías, le fallabas, robabas bienes, difundías chismes que dañaban su reputación o te pillaban haciendo un trabajillo rápido para los Capuleto cuando se suponía que estabas en el bando de los Montesco, entonces esa misma influencia política que normalmente obtenía clemencia presionaba en sentido contrario y exigía severidad.  
Una carta a Maquiavelo de su secretario Agostino Vespucci, fechada el 16 de julio de 1501, describe que en Roma se estaba endureciendo el trato a la sodomía y dice que varios amigos poetas, «si no hubieran tenido refugio en la protección, ahora de este cardenal, ahora de aquel otro, ya habrían acabado en la hoguera», y que otro poeta, Raffaello Pulci, que quizá no gozaba de esa protección, había contratado a cuatro prostitutas para que lo acompañaran constantemente y así desviar las acusaciones de sodomía. Vespucci añade a continuación que unos días antes una mujer veneciana de alto estatus había sido efectivamente quemada en Campo de’ Fiori por secuestrar y sodomizar a una niña de doce años, lo que muestra que los casos que llegaban hasta la ejecución solían ser a la vez extremos —un secuestro—, contrarios a alguna norma social sensible —la sexualidad femenina generaba más ansiedad que la masculina— y, sobre todo, afectaban a personas con protecciones de patronazgo débiles, en este caso una extranjera procedente de una nación en malas relaciones con el papa.  

Ese tipo de hogueras públicas existía, pero cuando ocurrían la gente escribía a casa describiéndolas como sucesos excepcionales. La ansiedad palpable en la carta de Vespucci —muy real para Maquiavelo, que, como muchos hombres del Renacimiento, tuvo parejas sexuales de ambos sexos— muestra el poder coercitivo de este sistema. Romper con un patrón dejaba a una persona desnuda ante una ley hipersevera, convirtiendo el sistema judicial en un instrumento para garantizar que quienes servían siguieran sirviendo, incluso cuando el patrón, como el cardenal Ippolito d’Este en relación con Ariosto, era poco amable. La hermana mayor del cardenal Ippolito, Isabella d’Este... escribe en noviembre de 1491 al pintor Luca Liombeni, que estaba decorando al fresco una estancia para ella, amenazándolo repetidamente con arrojarlo a la prisión urbana si el trabajo avanzaba con lentitud: un trato cruel, pero menos cruel que lo que la Ley podía hacer con alguien sin patrón. En otra carta de 1498 escribe sobre un bufón, Diodato, que, por enfermedad o lesión, se niega a viajar desde la corte de Isabella a la de su hermano Alfonso, y afirma que ella lo ataría y lo enviaría en barco, si bien Alfonso había especificado que no quería que ese en concreto fuera enviado contra su voluntad. Los grandes patrones —príncipes y princesas de la casa de Este— escriben con la misma naturalidad sobre enviar a alguien una cesta de cidras o un retratista, y mezclan personas, prendas, alimentos y tesoros en listas equivalentes de cosas que encargan a sus agentes; en el caso de Isabella, no distingue en absoluto el tono con el que insta a un agente a conseguirle un músico legalmente libre o una esclava africana. Y tampoco es solo desde arriba desde donde procede este lenguaje, como muestra una carta llamativa de 1471 en la que un tal Alessandro di Conio —un hombre tan insignificante que no deja otro rastro en los archivos— escribe a Contessina, la abuela de Lorenzo de Médici, pidiéndole que Lorenzo o Giuliano acepten a su hijo como servidor: «te lo entrego entero, y como aceptarías un perro como regalo puedes aceptar a una criatura humana que es más fiel». Ese tipo de servicio no era esclavitud —aunque esta también se practicaba en las mismas cortes y palacios en los que podía servir el hijo de Conio—, pero ser cliente tampoco equivalía a la plena libertad, sino a uno de los muchos grados intermedios de falta de libertad que reforzaban las estructuras coercitivas de la época.  


En 1600, la plaza romana del Campo de’ Fiori fue escenario de otra hoguera, una de las más famosas de la historia: la del científico y erudito Giordano Bruno, condenado por herejía por la Inquisición. El episodio suele invocarse como prueba de un conflicto secular entre fe y ciencia —pista: no es cierto—, pero el caso de Bruno no fue típico; de hecho, fue la única ejecución relacionada con la ciencia que llevó a cabo jamás la Inquisición: decenas de miles por luteranismo y brujería, una sola por ciencia. La ejecución de Bruno tuvo lugar porque había enfurecido a su patrón: le había prometido enseñar técnicas mnemotécnicas que este descubrió que no podía enseñar, de modo que el patrón lo denunció como embaucador y organizó su extradición de Venecia a Roma. De no haber sido por eso, la investigación —si es que se hubiera producido— probablemente habría terminado en nada, como las dos investigaciones anteriores que la Inquisición había abierto contra Bruno. La Inquisición también investigó a Marsilio Ficino, que hacía cosas tan extrañas o más que Bruno, pero Lorenzo de Médici consiguió que sus poderosos parientes políticos Orsini intercedieran en favor de Ficino, demostrando una vez más el valor de su controvertido matrimonio con una noble romana. Hubo ejecuciones espectaculares, sí, pero se producían cuando había una razón especial: cuando el gobernante quería lanzar un mensaje, un gesto de fuerza para amedrentar a sus enemigos, y cuando las víctimas eran personas a las que la red de patronazgo no protegía, bien porque habían enfurecido a sus patrones, bien porque sus propios patrones 

habían caído en desgracia. La gracia es aquí la palabra clave.  
El término latino gratiae, que suele traducirse por gracia, significaba también influencia política; de hecho, una traducción perfectamente válida de las palabras del arcángel Gabriel en la Anunciación, Ave Maria, gratia plena, es «Salve, María, llena de influencia política». Al fin y al cabo, ¿quién puede tener más influencia política que la Reina del Cielo y madre del Príncipe eterno del Cielo? La gracia era la capacidad de obtener misericordia, de embotar la espada de la justicia y apaciguar al poder soberano. 
“El recurso que tenemos a María en la oración se sigue del oficio que ella desempeña continuamente junto al trono de Dios como Mediadora de la gracia divina”
León XIII

 

Hay una pequeña interrupción muy reveladora al comienzo de Ricardo III (II, i), cuando Eduardo IV lamenta haber ejecutado a su hermano Jorge de Clarence, y de pronto irrumpe un lord sin demasiada relevancia, Derby, exigiendo: «¡Una merced, mi soberano, por los servicios prestados!». La merced consiste en «la vida de mi criado, / que hoy dio muerte a un caballero justo, / servidor reciente del duque de Norfolk». Derby no sostiene que su criado sea inocente: pide que el rey perdone, como favor personal, a un asesino sorprendido in fraganti. Ese asesino anónimo recurrió a su patrón, Derby, para que gastara su capital de gracia o influencia ante el rey y lo sacara del apuro. A continuación, el rey Eduardo estalla contra todos por no haber hecho esfuerzos semejantes para disuadirlo de ejecutar a Clarence, pese a todo lo que Clarence había hecho por él:

 

… ni uno de vosotros tuvo gracia bastante para hacerme recapacitar. Pero cuando vuestros carreteros o vuestros criados cometen un asesinato fruto de la embriaguez y profanan la imagen preciosa de nuestro Redentor [esto es, una vida humana], enseguida caéis de rodillas pidiendo perdón, perdón; y yo, aun injustamente, debo concederlo…  

 

Aquí gracia significa influencia política y la disposición a emplearla. El hermano de un rey, naturalmente, no tiene un patrón por encima de él salvo el propio rey; cuando ese patrón está airado, nadie puede salvarlo, y nadie se atreve siquiera a intentarlo. La carencia de gracia es el reverso del favor. Por eso, en una obra anterior de Shakespeare, el cadáver del rebelde Jack Cade es arrastrado hasta un estercolero «y allí cercenan tu cabeza nada graciosa», porque el anarquista que saqueó Londres es quien menos gracia política posee en toda Inglaterra (*Enrique VI*, 2.ª parte, IV, x). 

'Injustamente' es otra palabra clave. El rey Eduardo sabe que el indulto es injusto, pero «debe concederlo», porque el sistema de patronazgo así lo exige, sea justo o no. La salvación católica no giraba en torno a la inocencia, sino en torno a la culpabilidad universal y a la súplica constante de perdón. 

El patronazgo se extendía hacia arriba, más allá del rey o del consejo de la ciudad, hasta el más allá y los santos patronos

 

«Salve, María, llena de influencia política» nos ayuda a entender cómo concebían las personas de la época la intercesión de los santos. En la Tierra, si un aprendiz de armero se metía en problemas, acudía a su maestro de gremio; este podía recurrir al señor local que lo empleaba; este, a su vez, a un poderoso conde en la corte o quizá a un secretario real; alguien, en definitiva, con acceso a la reina o a la duquesa, la persona mejor situada para apaciguar a un monarca airado. En el Cielo ocurría lo mismo: si ese mismo aprendiz enfermaba, rezaba al santo patrón de su oficio (san Jorge, para los armeros) o de su ciudad (san Juan Bautista, para Florencia), quien se dirigiría a la Virgen María para que suplicase a Dios Padre la concesión de la salud.  

 


Esta secuencia exacta es la que permite a Dante obtener autorización para su viaje al comienzo del Infierno: el espíritu celestial de Beatriz, ya muerta y admitida en la corte real del Cielo, ve a su pobre poeta vagando perdido y se dirige a santa Lucía, patrona de los estudiosos; esta se dirige a su vez a la Virgen, que obtiene el permiso para nuestro recorrido por el Infierno. La súplica se dirige a la divinidad, mientras que los santos actúan como patrones cuya gracia o influencia impulsa la petición en la corte celestial que es al mismo tiempo corte real y tribunal, obteniendo misericordia y suspendiendo la justicia. 

Cualquiera que se creyera que estaba en el Cielo podía ser invocado como intermediario, incluso un amigo o pariente piadoso, pero el proceso de canonización exigía pruebas de milagros, en parte como confirmación oficial de que, efectivamente, ese patrón celestial concreto escuchaba y tenía influencia suficiente para conseguir cosas en el Cielo. De ahí que arrojar estiércol de caballo contra un icono de la Virgen fuera un delito más grave que el homicidio: ponía en peligro a toda la ciudad, al ofender a la patrona más poderosa de la humanidad, que, como una emperatriz ultrajada, podía desoír las súplicas de toda la comunidad si no se vengaba su honor.  

 

 

Cada iglesia o capilla que podía permitírselo tenía una pintura del Juicio Final, que mostraba un tribunal familiar a cualquier corte terrenal: Cristo airado como juez, el severo Juan Bautista a su izquierda leyendo los cargos, y la benigna María a su derecha suplicando misericordia. A medida que crecían las ambiciones de Florencia, la ciudad sustituyó a su modesta patrona, santa Reparata, por el más imponente san Juan Bautista, y representarlo en los edificios públicos florentinos publicitaba al temible protector de la ciudad, del mismo modo que la flor de lis francesa en las bolas de los Médici. 

El patronazgo divino se tomaba extremadamente en serio en este período. La herejía y la conducta pecaminosa se temían en gran medida por la ansiedad de que ofender a los santos hiciera perder la protección para toda una región. Durante un tiempo, en Venecia, la pena legal por cualquier delito se duplicaba si se cometía allí donde un icono de un santo pudiera verlo. Cuando en 1501 Antonio Rinaldeschi, borracho e irritable tras un día de juego, arrojó efectivamente estiércol de caballo a un icono de la Virgen María, intentó suicidarse por miedo a ser despedazado por la multitud, y el caso fue celebrado como un ejemplo de misericordia excepcional cuando, en lugar de eso, se le concedieron unas horas de prisión para arrepentirse y preparar su alma para el Cielo antes de enfrentarse al verdugo. 

Contra lo que muchos podrían pensar, uno de los objetivos principales de las ejecuciones —como de todos los castigos de la época— era dar al alma del culpable la mejor oportunidad posible de llegar al Cielo. Los cristianos de este período creían (por influencia de Platón, aunque pocos sabían que era Platón) que el alma era como un ojo que miraba en una determinada dirección, y que la condenación o la salvación dependían de hacia dónde mirara en el momento de la muerte. Pensar en las cosas celestiales —Verdad, Virtud, Belleza, Amor, Filosofía, tal santo o cual otro— hacía que el alma mirara hacia arriba y ascendiera; pensar en las cosas terrenales —la guerra, la cena, el dinero, el honor familiar, las elecciones del mes siguiente, «ay, me duele la rodilla»— la hacía mirar hacia abajo, pesada como un globo sin helio, y al morir así el alma caía al Infierno. 

No eran los actos, sino esta orientación final, lo que determinaba la salvación: uno podía ser Jack el Destripador y aun así ir al Cielo si sus últimos pensamientos se dirigían a la esperanza de la gracia celestial. La doctrina agustiniana de la corrupción de la voluntad sostenía que la capacidad de elevar ese ojo del alma estaba dañada por el Pecado Original y debía ser sanada por la Gracia, como una operación que repara una vista defectuosa. Más tarde, los cristianos debatieron interminablemente cómo funcionaba esto y si implicaba que, sin bautismo, mirar hacia arriba era imposible, una cuestión que angustiaba mucho a Petrarca en relación con su querido Cicerón. 

Podría uno preguntarse, si eso era lo que enseñaba la Iglesia, por qué molestarse en exhortar a la virtud y a la asistencia a misa. Había dos razones. Primera: los pecados lastraban el alma, como pesos de plomo atados a un globo de helio, de modo que incluso si uno moría pensando en el Cielo tenía que pasar siglos en el Purgatorio hasta desprenderse de ese lastre; las famosas indulgencias que tanto indignaron a Lutero eran, precisamente, atajos para salir antes del Purgatorio, y no servían de nada a las almas orientadas hacia el Infierno. Segunda: ejercitar habitualmente pensamientos elevados mediante oraciones y obras virtuosas creaba el hábito de mirar hacia arriba, aumentando la probabilidad de que el alma se orientara correctamente en el instante final, cuando de verdad importaba. Y así sucesivamente…

lunes, 29 de septiembre de 2025

Lo que aprendemos de la caída de China y el ascenso de Europa sobre la inteligencia artificial y el futuro de la enseñanza




En su espléndida entrada "Desde los hombres de las cavernas a la China pre-contemporánea", agosto de 2024, Cremieux resume la historia humana diciendo

El hombre comenzó a cultivar porque los movimientos de Júpiter llevaron a la Tierra a una situación estelar (aparecieron las estaciones en las zonas templadas de la tierra) que hizo deseable la proto-agricultura y, a partir de ahí, bastó un salto a la agricultura real. Los agricultores establecieron Estados para hacer posible la vida cuando la naturaleza amenazaba su capacidad para cultivar. Después de que el Estado chino se unificó, tendió a permanecer unificado debido a la constante amenaza de las invasiones de los nómadas de la estepa. Finalmente, la unidad de China provocó su caída porque la capacidad del Estado premoderno estaba limitada de manera que predispuso a sus dinastías a choques demográficos masivos que perjudicaron críticamente el proceso de acumulación de conocimiento.

De los mismos temas que se ocupa la entrada me he ocupado en este blog a menudo

  1. Fundamentos eclesiásticos del Estado moderno
  2. Fue la Iglesia, no la guerra, la que creó los Estados nacionales europeos
  3. El artículo científico más importante de 2019
  4. Por qué los noroccidentales son pacientes
  5. Corporaciones y Autonomía 
  6. Intensidad de parentesco y desarrollo económico
  7. Por qué el parentesco es la base de la cooperación
  8. ¿Con quién tienes los vínculos más estrechos? ¿con tus parientes, con los de tu aldea, con los de tu nación o con los de tu edad?
  9. El clan y el mercado como proveedores alternativos de capital 

Y en el texto de la entrada se lee que en el mundo premoderno (lo mejor que he leído es Patricia Crone, Pre-Industrial Societies, 1989, que he resumido aquí, aquí y aquí)

donde el conocimiento tecnológico se almacenaba en la mente de las personas en lugar de en tomos o computadoras de fácil acceso, el cambio de población impactaba asimétricamente la cantidad agregada de conocimiento que tenía una sociedad. Esto se debe al fenómeno poco discutido de la regresión tecnológica. En la era premoderna, las poblaciones progresarían tecnológicamente a medida que crecían, pero cuando se redujeron, las condiciones de vida con frecuencia empeoraron lo suficiente como para que las personas se vieran obligadas a dejar de usar, trabajar y transmitir técnicas recién aprendidas y tecnologías recién acuñadas a favor de la agricultura simple, y el conocimiento relacionado con esas cosas se perdería para las generaciones posteriores. Asimismo, la demanda de nuevas tecnologías y técnicas caería, y quienes las conocieran no lograrían transmitirlas a las próximas generaciones porque no hay tiempo ni necesidad. Cuando esas generaciones posteriores revirtieran las disminuciones que hicieron que las personas abandonaran las nuevas tecnologías, no podrían simplemente retomarlas, por lo que su tasa de crecimiento de la productividad a lo largo de los años casi seguramente se habría visto afectada negativamente en relación con el contrafactual donde la división del trabajo no se había reducido".

El problema de la IA es que todo el know-how tecnológico se almacenará en... ordenadores accesibles con un comando de voz, (Arnold Kling dice algo así en esta entrada de "citas") y serán los propios ordenadores los que continuarán produciendo conocimiento. 

El almacenamiento de conocimiento en la era premoderna también estaba muy desequilibrado hacia las élites porque el conocimiento se almacenaba en 'formatos' sólo a disposición de las élites. Así, los libros, al menos en Europa, eran raros y caros. La educación era costosísima. El aprendizaje fuera del hogar llevaba mucho tiempo y la era premoderna fue frecuentemente maltusiana, por lo que las recesiones fueron muy a menudo de vida o muerte. Por esa razón, si hay una recesión económica grave debido a las invasiones de nómadas de la estepa o la ruptura de una presa, los individuos abandonarán los oficios cualificados y se ocuparán exclusivamente de trabajos agrícolas no cualificados pero imprescindibles para sobrevivir. En otras palabras, transmitir el conocimiento de las élites a las masas era generalmente inviable. Si un desastre natural o una invasión los eliminara, es probable que los descubrimientos que hicieran no se transmitieran a las generaciones posteriores o, en el mejor de los casos, se transmitieran de manera poco fidedigna... Las élites construyen conocimiento que mejora la productividad lentamente y lo pierden rápidamente. China se estableció institucionalmente para que a menudo perdiera élites y desincentivara el recuerdo de nuevas técnicas y tecnologías. Por esta razón, la fragmentada Europa logró avanzar lentamente a pesar de que China la superó en términos de población; si bien China podría haber aprendido más que Europa, China también olvidó más que Europa.

¿Qué podemos esperar en un mundo de IA ubicua y poderosa en términos de almacenamiento, producción y disponibilidad del conocimiento respecto de los incentivos de los individuos humanos para aprender? ¿Dejaremos de aprender cualquier cosa que no queramos aprender por puro placer? Minsky dijo en una entrevista con Kurz Weil que no le preocupaba porque la gente sabe entretenerse

"Si tuviéramos un mundo en el que las máquinas hicieran casi todo el trabajo, entonces la mayoría de las personas tendría que buscar en qué ocupar su tiempo. Y probablemente la mayoría se dedicaría simplemente a buscar formas de disfrutar. Pero algunas personas seguirían estudiando y aprendiendo, simplemente porque les gusta.

martes, 9 de julio de 2024

Los comerciantes como espías

 

foto: jjbose

La riqueza mercantil se acumulaba por quienes no pertenecían a la élite gobernante, no procedía de la propiedad de tierras ni del servicio al poder o del dominio de la alta cultura. Por lo tanto, representaba una amenaza para el orden establecido. 

El hecho de que los comerciantes prosperaran con la riqueza alternativa también se reflejaba en su comportamiento: un comerciante había de ser, por necesidad, calculador o incluso mezquino, mientras que los aristócratas hacían ostentación de su desprecio por el dinero; y tuvieron que asociarse con personas de todos los ámbitos sociales ya que los miembros de la élite gobernante tenían un interés personal mantener distancias con ellos.

A esto hay que añadir que los aristócratas derrochadores a menudo se endeudaban con las mismas personas a las que temían y despreciaban, lo que aumentó enormemente su deseo de condenarlos como "ladrones" disfrazados (como describe a los comerciantes un famoso tratado indio sobre el arte de gobernar). 

Los mercaderes también eran sospechosos en el sentido de que cruzaban regularmente las fronteras, tanto entre los Estados como dentro de ellos, con el resultado de que se utilizaban frecuentemente como espías. Así, la invasión Chola de Ceilán en 1017 se llevó a cabo en respuesta a las noticias de la existencia de una guerra civil traídas por un comerciante; la invasión mongola del este de Irán se precipitó por la ejecución en 1218 de 450 mercaderes mongoles por un gobernador que, probablemente con razón, los tomó por espías despachado por Genghis Khan; cuando los británicos planearon la ocupación de la parte bajaBirmania en 1852 fue un comerciante musulmán quien informó al gobernador de Rangún de los planes británicos, etc. 

Se asumía que los mercaderes eran espías incluso cuando no lo eran. Su movilidad les hacía especialmente peligrosos por su capacidad para difundir ideas heréticas y, de hecho, los herejes empeñados en acciones revolucionarias fingían ser mercaderes en el mundo islámico primitivo. En resumen, los mercaderes eran elementos subversivos que debían mantenerse bajo un estricto control

 Patricia Crone, Pre-Industrial Societies, 1989

lunes, 8 de abril de 2024

Patricia Crone: sociedades preindustriales (y iii):

 

Téngase en cuenta que la autora escribe ¡en 1989! 

Europa era única: individualismo y lazos contractuales en lugar de lazos de parentesco

Ninguna otra parte del mundo se dedicó de manera tan uniforme a la agricultura de campo fijo (a diferencia de la agricultura de tala y quema o el pastoreo), tan uniformemente propensa al control gubernamental y, una vez terminadas las invasiones, tan carente de bárbaros internos. Sin embargo, la complejidad de su territorio dificultaba el dominio de un solo gobernante... Las invasiones periódicas de hunos, ávaros, magiares, cumanos y mongoles retrasaron el desarrollo de Europa oriental, pero apenas afectaron a Europa occidental; y la incursión mongola del siglo XIII fue la última... 

los recursos naturales de Europa eran extremadamente variados (se extendían desde el círculo polar hasta el Mediterráneo), lo que significaba que tenía un gran potencial para el comercio interior, mientras que al mismo tiempo una amplia costa y una profusión de ríos navegables la dotaban de medios de comunicación mejores y más baratos que cualquier otra parte del mundo. el mundo con la posible excepción de China... 

Sin embargo, dada la organización tribal de los invasores bárbaros, por un lado, y el primitivismo extremo de la Europa primitiva, por el otro, el hecho de que la sociedad dominante haya perdido sus raíces tribales tan rápidamente necesita una explicación.

¿Por qué el feudalismo en lugar del tribalismo resultó ser la solución para la organización de la Europa post-romana? El modelo matrimonial europeo

"suelen casarse los hombres de 22 a 25 años y las mugeres de 15 á 20. La joven que pasa de los 18 años sin casarse ya no es bien mirada entre los naturales del país. Hay mozuelas que se casan, ó más bien las casan los padres, cuando no tienen más de 12 o 13 años, porque dicen que las mantengan los que han de servirse de ellas, teniendo en esto un concepto de la muger casada porco conforme al precepto del matrimonio cristiano: 'compañera te doy, y no sierva'

Juan Domínguez Berrueta, Anthropos, 1907, Las Jurdes


Se ha argumentado plausiblemente que la iglesia cristiana hizo todo lo posible para socavar los grupos basados en el parentesco de cualquier tamaño o profundidad para facilitar el flujo de riqueza de la familia hacia la iglesia; Pero es difícil creer que la Iglesia hubiera avanzado mucho en este sentido si no hubieran intervenido otros factores. El parentesco europeo era cognático, es decir, se rastreaba a través de vínculos tanto masculinos como femeninos, lo que posiblemente pudo haber aumentado su flexibilidad y, por la misma razón, disminuido su durabilidad. Pero lo más importante es que los principales pueblos germánicos habían pasado por extensas migraciones en el momento en que el Imperio Romano colapsó y todos procedieron a participar en unos quinientos años de luchas caóticas. Las migraciones deben haber significado una reorganización constante de los grupos tribales, con la consiguiente erosión de los vínculos de parentesco, el poder político y los derechos sobre la tierra; y tanto la larga guerra que precedió al colapso romano como el caos que siguió a ella tenían más probabilidades de acabar con las obligaciones de parentesco que quedaban que de invertir el proceso. 

De manera similar, la guerra constante aceleró la formación de lazos privados a expensas de los tribales en Asia Central en vísperas de las conquistas mongolas. Por supuesto, los lazos tribales podrían haberse reafirmado en Europa, como lo hicieron en Mongolia, si el entorno se hubiera empobrecido; pero no fue así. El uso sistemático de los lazos personales característicos del feudalismo demuestra sin duda que la gente ya no podía hacer valer sus derechos asociándose con sus parientes: la protección, el acceso a la tierra, el estatus social y el poder político se habían convertido en activos negociables adquiridos mediante acuerdos con quien pudiera dispensarlos y no en activos que se adquirían por haber nacido en una familia o pertenecer a una determinada tribu o linaje. 

Es posible que los invasores germánicos trajeran consigo el llamado patrón de matrimonio europeo, o más precisamente el de Europa del noroeste, aunque esto aún no es seguro. Sea como fuere, el noroeste de Europa era o llegó a ser único por su práctica de retrasar el matrimonio entre hombres y mujeres: ambos sexos posponían el matrimonio hasta los veinte o incluso los treinta, y una proporción considerable no se casaba en absoluto. El retraso en el matrimonio de los hombres es común en todos los lugares donde prevalece la residencia neolocal, es decir, cuando la pareja se instala por su cuenta en lugar de vivir con los padres de la novia o el novio: el marido tiene que ser capaz de mantener a su esposa e hijos. Pero esto generalmente significa que los hombres maduros se casan con chicas adolescentes (cuya contribución es su dote), no que ambos miembros de la pareja pospongan el matrimonio hasta que hayan acumulado suficiente riqueza entre ellos para establecer un hogar. El matrimonio diferido para los hombres era el patrón romano, y también se practicaba en Europa: está detrás de la interminable burla e infidelidad de los maridos viejos por sus jóvenes esposas en la Edad Media. 

Pero por una razón u otra, las mujeres también llegaron a posponer su matrimonio a la par de los hombres, al menos por debajo del nivel de la élite, que es donde más importa. La alta proporción de célibes en la sociedad europea laica es igualmente inusual. Los campesinos suelen practicar el matrimonio incluso cuando su religión califica el celibato como un estado más elevado que el de casado (al igual que el budismo y el cristianismo) porque dependen de tener hijos para obtener mano de obra ya que no pueden tener asalariados. 

... el patrón matrimonial europeo... permitió a Europa escapar del llamado ciclo maltusiano... cuanto más tarde se case una mujer, menos hijos tendrá... En la Europa moderna temprana, las mujeres que se casaban a finales de la veintena rara vez producían más de cuatro hijos, de los cuales solo la mitad tenía probabilidades de sobrevivir 

En segundo lugar, el modelo matrimonial europeo era una manifestación del individualismo... Se suponía que los hijos eran individuos independientes que debían abandonar su hogar para acumular fondos propios antes de poder empezar a criar familias... los hombres y mujeres de origen campesino solían ahorrar trabajando como sirvientes (o al menos eso es desde finales de la Edad Media en adelante). La Europa preindustrial es única en el sentido de que el servicio llegó a formar parte del ciclo de vida,.. es la cara doméstica de la prominencia de los criados feudales en la esfera política: en ambos casos, el reclutamiento se realizaba por contrato y no por parentesco. 

Dado que los hijos abandonaban el hogar, ganaban su propio dinero y se casaban tarde, la elección de cónyuges tendía a escapar al control de los padres. El matrimonio era de tipo compañerismo, basado en el afecto entre los cónyuges más que en las necesidades familiares; O mejor dicho, este tipo de matrimonio era sorprendentemente común.

Feudalismo como mecanismo de coordinación descentralizada alternativo al tribalismo

Los campesinos que se encomendaban a los poderosos terratenientes, por un lado, y las concesiones de tierras a los gobernadores y soldados militares o civiles, por el otro, están ampliamente atestiguados en la historia preindustrial, tanto individualmente como juntos. La singularidad de Europa radica en el grado en que el Estado perdió el control del proceso... Originalmente, el beneficio (o feudo, como finalmente se le conoció) era revocable o, en el mejor de los casos, se otorgaba de por vida, y se suponía que volvía al rey a la muerte del titular. Pero pronto se hizo hereditaria en el entendimiento de que el hijo del vasallo continuaría realizando los mismos servicios; y una vez que era hereditario, el vasallo adquiría también una fuerte influencia en la definición de esos servicios. Además, el vasallo concedía parte de sus tierras a vasallos suyos, que a su vez concedían parte de las suyas a otros (proceso conocido como subinfeudación); y los vasallos pronto comenzaron a obtener beneficios de una pluralidad de señores, acelerando así la dispersión del poder. En el siglo X, el feudalismo europeo había dejado de ser "prebendal": los feudos ya no se adquirían ni se perdían con el nombramiento o la destitución de un cargo o función pública... El feudalismo equivalía a una dispersión extrema del poder a lo largo de líneas verticales. Ningún organismo tiene el monopolio de ninguna actividad gubernamental, y mucho menos del derecho al uso de la fuerza; Los impuestos habían desaparecido por completo, y el excedente agrícola se había desviado únicamente en forma de renta a los terratenientes: incluso se esperaba que el rey viviera de sus dominios privados, siendo simplemente la cima de la pirámide social por la que se había perdido el poder. 

... Existía una especie de Estado, pero tenía poca existencia autónoma: en gran medida era simplemente sociedad. Dicho de otro modo, la sociedad se encontraba en una posición extremadamente fuerte frente al Estado, aunque ya no fuera tribal. 

Compartía con las sociedades tribales las características de ser "corporativo", es decir, compuesto por grupos a través de los cuales el individuo adquiría derechos y deberes bien definidos; de ser apasionadamente defensor de la libertad o de las "libertades", tanto individuales como colectivas; de estar fuertemente imbuidos de un sentido de reciprocidad; y de poseer un liderazgo propio frente a uno impuesto por el Estado. Pero debía todas estas características a los contratos y cartas, en oposición al parentesco, por un lado, y a la participación en el Estado, en oposición al rechazo del mismo, por el otro: los barones eran representantes del poder público que quedaba, no líderes tribales ... ; las "libertades" eran derechos negociados con las autoridades, no la libertad que prevalece cuando no existen tales autoridades; y el sentido de reciprocidad se basaba en el acuerdo contractual, no en los lazos de parentesco. Dicho de otra manera, el Estado y la sociedad formaban un continuo, no una agencia opresiva frente a los sujetos que trataban de escapar de ella. 

la solución feudal era demasiado primitiva para perdurar, y la recuperación comenzó tan pronto como terminaron las incursiones magiares, vikingas y sarracenas. Pero los reyes tenían que recuperar su poder desde niveles muy locales y muy humildes; tenían que trabajar por su dinero porque no podían imponer tributos; Y tenían que negociar porque sus súbditos estaban dotados de derechos bien arraigados. Por lo tanto, el resultado de la recuperación fueron estados que estaban profundamente arraigados en la sociedad local e inusualmente sensibles a los desarrollos dentro de ella. 

La asunción por el monarca de la función de dirimir las disputas reforzó la territorialidad de los Estados europeos, esto es, que se definieran en términos del área geográfica sobre la que se ejercía la jurisdicción y no en términos de dinastía. El Derecho – gracias a la recepción del Derecho Romano – dejó de concebirse como “regularidades inherente al cosmos, a la naturaleza o a la divinidad” y paso a entenderse como “mandatos del soberano” y, “por tanto, algo que ‘podía hacerse’” y no sólo “descubrirse” lo que permitió utilizar la legislación como un instrumento de gobierno y de ingeniería social. “en una escala de a que hay pocos paralelismos” en la historia del resto del planeta. 

Además, sólo en Europa – por la debilidad de los reyes feudales – se desarrollaron instituciones representativas. A medida que la sociedad feudal se estabilizaba, las reuniones de vasallos dieron paso a las asambleas de los estamentos... y parlamentos de otro tipo en respuesta a los esfuerzos reales por ampliar la base del consentimiento

La reacción frente al comercio: 

"Ni los reyes ni los nobles saqueaban a los mercaderes generalizadamente... porque gran parte del comercio se centraba en productos baratos y voluminosos más que en artículos de lujo: no valía la pena confiscar madera, sal, grano y pescado, aunque valía la pena gravarlos... Dado que Europa estaba dividida en una pluralidad de estados, los mercaderes maltratados podían transferir sus servicios a gobernantes rivales" 
Eso también lo podían hacer en los territorios islámicos pero, a diferencia de los reyes feudales europeos, los gobernantes islámicos obtenían sus impuestos de los campesinos, los cuales, en Europa pagaban impuestos a su señor feudal, no al rey. Y a estos señores, el rey no podía imponerles el pago de impuestos sin su consentimiento. Cuando aparecen los reyes absolutos, el comercio está demasiado desarrollado para que los reyes puedan destruirlo. 

La autonomía de las ciudades – corporaciones.  

"la autonomía urbana, como el principio de representación, fue una creación feudal, no un legado de la antigüedad clásica" Y se aliaban con los reyes contra los señores.

El primitivismo extremo de la Europa bárbara 

Fuera de Europa, el Estado creó élites sofisticadas y diferenciadas de las masas pero los sucios, infestados de piojos, mal vestidos, peor alojados nobles y los clérigos medio analfabetos que proliferaban en la Europa medieval apenas se distinguían de los siervos que gobernaban: incluso los cruzados del siglo XIII de la variedad más sofisticada parecían a los refinados caballeros musulmanes espantosamente toscos; y en el momento en que la aristocracia europea comenzó a adquirir modales, había perdido su monopolio de establecer el tono, habiendo aparecido una burguesía que encarnaba valores notoriamente diferentes. Fue el fracaso de la élite europea en distanciarse completamente de las masas lo que hizo que la tecnología fuera respetable, no sólo para el arsenal militar y los aparatos, sino también para el ahorro de mano de obra y otros dispositivos más prosaicos. Dicho de otra manera, un Estado sin dinero generaba una aristocracia sin modales ni alta cultura lo que les evitaba desdeñar engranajes y manivelas, o a los individuos analfabetos que construían y manejaban esas 'máquinas'. Una cierta cantidad de conocimientos técnicos era tolerable en un caballero chino, ya que el Estado... tenía un gran interés en los sistemas de irrigación, los canales, la mejora agrícola, las murallas defensivas y cosas por el estilo; Pero las habilidades técnicas sin un dominio completo de la alta cultura no inspiraban ningún respeto. En Europa, por el contrario, un hombre como Leonardo, que se consideraba iletrado, era cortejado y agasajado en los círculos más elevados.

viernes, 5 de abril de 2024

Citas: vascuence en Sevilla, Sanchez o la infección oportunista, Verfassungsblog y los fascistas catalanes, naturaleza humana y ESG y los agricultores

Bene caca et irruma medicos

Pedro Sánchez descrito por Patricia Crone

 Pero a los oportunistas se les suele ver buscando en el mercado ideológico, y eligiendo entre las causas ya existentes la que puede ser más de su gusto; normalmente, los oportunistas no inventan nuevas causas, y menos aún con éxito, porque carecen del interés y la perspicacia necesarios para conocer los problemas de la gente y proponer soluciones nuevas y mejores (que es el objetivo de las nuevas religiones e ideologías); y conseguir que los demás acepten formas totalmente nuevas de ver las cosas requiere un esfuerzo difícil de sostener para alguien que carece de la convicción de tener razón.

 

Verfassungsblog pone sus páginas a disposición de los fascistas partidarios de la impunidad de los que dan golpes de estado fascistas porque se trata de que prevalezca la raza sobre la ciudadanía: Neus Torbisco y Nico Krisch. Por favor, envíen correos electrónicos de protesta educados a kontakt@verfassungsblog.de


El incumplimiento de la Constitución en el País Vasco (El Mundo)

-¿No hablas castellano?

-Sí, pero muy poco.

-¿Cuándo lo usaste por última vez?

-Uf, hace mucho, no sé.

No encontramos adultos que no sepan castellano, pero sí muchos niños. Las dificultades que las dos menores de Orexa tienen para hablarlo se acrecientan si bajamos un poco la edad. Lo comprobamos en Errezil, número dos en el podium de euskera parlantes -lo hablan el 93% de sus 536 habitantes-, donde los niños de 8 y 10 años no nos entienden. "Azterketak euskaraz!" ("exámenes en vasco"), dice la pancarta que los escolares del pueblo sujetan mientras realizan una mini korrika horas antes de que la oficial pase por Azpeitia. "¡Estamos aquí a favor del euskera!", cantan, según nos traducen, mientras dan vueltas alrededor de la iglesia. Ninguna de las tres sabe castellano. "Ya aprenderán", dice despreocupada. Igual respuesta nos da en Azpeitia, Maite, profesora de 32 años, y con tres hijos, el mayor de seis años. "Ya aprenderán de mayores. Yo con 12 años sólo hablaba euskera". "Mis hijos aprendieron con 20", añade su suegra, que la acompaña.

 

“Únete como camarero/a en la emocionante Copa del Rey de fútbol en Sevilla. 300 vacantes. Imprescindible hablar euskera”  Caraballo, El Confidencial

Cuando se conoció la noticia, la empresa que ha reclutado a los 300 camareros para la 'fan zone' de la final de la Copa del Rey de Sevilla, entre el Athletic de Bilbao y el Real Club Deportivo Mallorca, salió al paso diciendo que se había tratado de “un error”, aunque resulta difícil de creer en una empresa como esta, Nortempo, especializada, precisamente, en buscar y ofrecer puestos de trabajo. Más bien podía entenderse que el error consistió en la utilización de un manual de ofertas de trabajo, de los utilizados en el País Vasco, que, sin más, se trasladó, punto por punto, para contratar a los camareros de Sevilla en la zona de animación de la hinchada bilbaína.

 y, a continuación el troleo sevillano: La Inspección investiga por falta muy grave a la empresa que exige euskera a los camareros

"Lo justo es que los que ganan más, paguen más" (Pablo Iglesias, Pedro Sánchez). 

En España, los que ganan más (los que ganan más de 21.000 euros al año - eso es "ganar más" en España por desgracia y por efecto de nuestro sistema de Seguridad Social y de Derecho del Trabajo), aportan más del 80 % de la recaudación del IRPF que es la mitad de los ingresos tributarios del Estado. 

En España hay algo más de ocho millones de contribuyentes que declaran en el impuesto de la renta entre 21.000 y 60.000 euros. 8,1 millones, en concreto, que representan la clase media trabajadores española y que de manera conjunta abonan 50.000 millones de euros al año por el IRPF. Son, por lo tanto, los grandes pagadores del principal impuesto del sistema tributario... Según las últimas cifras recogidas por el Consejo General de Economistas y referentes a 2021 (último año del que existen cifras por tramos de renta), esos 50.000 millones son más de la mitad de la recaudación total que se alcanzó ese año. A continuación se sitúan los contribuyentes con rentas de entre 60.000 y 150.000 euros, que siendo menos de un millón aportan más de 21.000 millones. Después están los contribuyentes que declaran rentas entre 150.000 y 600.000, que suman 123.000 liquidaciones y su aportación se dispara hasta los 10.000 millones.

Los trabajadores españoles cada vez más pobres para que los pensionistas españoles sean cada vez más ricos (EL MUNDO).

Todo lo que necesitas es conocimiento (prueba númerto 3125367)

Para obtener los máximos beneficios nutricionales del pescado sin destruir nuestros océanos, necesitamos reducir la cantidad de los cinco grandes pescados que comemos (bacalao, abadejo, salmón, atún y gambas) y consumir más del pescado menos querido que usamos para alimentarlos. En un artículo publicado en Nature Food... destacamos cómo, por ejemplo, reasignar al consumo humano solo un tercio de la caballa altamente nutritiva que actualmente se utiliza como alimento para peces aumentaría el consumo de este pescado en dos tercios del Reino Unido, sin necesidad de aumentar las capturas. Podríamos mantener la producción de salmón en los niveles actuales reciclando los restos de pescado como alimento para peces. Y hay más oportunidades para aumentar la sostenibilidad reemplazando parte o todo el aceite de pescado en los piensos por aceites de microalgas marinas, la fuente original de omega-3 de los océanos. 

Las almejas desnudas ya habíancambiado el curso de la historia, al varar a Cristóbal Colón y a su tripulación en el Caribe debido a su capacidad única para convertir la madera (y, desafortunadamente, el barco de Colón) en proteínas llenas de nutrientes. Hemos desarrollado el primer sistema de acuicultura de almejas desnudas del mundo, en el que estas plagas marinas hambrientas consumen astillas de madera de desecho de la industria forestal, produciendo carne sabrosa para su uso en productos de pescado procesados del mercado masivo, como pepitas y pasteles de pescado. Además de digerir la madera, los microbios simbióticos en el intestino de almeja desnudo sintetizan micronutrientes, incluido el B12.

David Willer, Para salvar los océanos, empieza a comer 'almejas desnudas', Financial Times


Las informaciones de impacto ambiental de "alcance 3" (cuánto están emitiendo tus clientes o proveedores): la diferencia entre Europa y EE. UU o los beneficios de la división del poder en los sistemas federales

Bajo el Alcance 3, por ejemplo, un ganadero que produce leche pero al que presta dinero un banco que cotiza en bolsa tendría que explicar cuál es el impacto ambiental de su actividad y cómo piensa reducir, por ejemplo, los nitratos en su suelo o qué esta haciendo con los residuos animales. Y, en teoría, si a su banco no les gustan sus respuestas, podría verse cortado el acceso al crédito bancario... El alcance 3 habría significado que McDonald's habría tenido que incluir en su cálculo de emisiones todas las emisiones de todos sus proveedores. Si McDonald's hubiera querido ser la compañía de comida rápida más eficaz en el objetivo de salvar el planeta, habría tenido que obligar a sus proveedores agricultores y ganaderos a tomar las medidas correspondientes. Si bien McDonald's ya había dicho en 2021 que iba a reducir las emisiones de alcance 3, ahora la cadena de comida rápida no tiene por qué hacerlo.

Si el Alcance 3 se hubiera incluido en las nuevas reglas de divulgación climática de la SEC, habría sido un momento de horcas y antorchas para los agricultores y ganaderos de todo Estados Unidos. Con el tiempo, habría llevado a lo que la mayoría de los defensores de la agricultura, incluidos los del Congreso, en realidad desprecian: aumentar los poderes ya acumulados de la agricultura industrial dirigida por las corporaciones y hacer imposible para siempre llevar una granja familiar pequeña o mediana... 
 Al final, 10 fiscales generales, todos republicanos, mataron a Scope 3. Amenazaron con litigar para bloquear el Alcance 3 después de que el Tribunal Supremo estableciera en West Virginia v. Environmental Protection Agency que la SEC necesitaba una base legal expresa para poner en vigor reglamentos que tengan un impacto económico o político importante en los electores.

Kenneth Rapoza, Gracias a la SEC, los agricultores estadounidenses escapan por poco del destino de Europa, Discourse Magazine, 2024

 

La concepción poco realista de Marx de una naturaleza humana infinitamente maleable, una noción idealista que todavía domina a grandes sectores de la izquierda

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