viernes, 13 de febrero de 2026

El lenguaje de los chimpancés criados por humanos y la cooperación como motor del pensamiento humano

 


A lo largo de las últimas décadas, una buena cantidad de grandes simios han sido criados por humanos y han aprendido alguna forma de comunicación de tipo humano. Dichos simios terminan haciendo cosas muy interesantes, pero no es claro en qué se parecen a los humanos y en qué no. Concretamente, respecto a las construcciones lingüísticas, no hay duda de que los simios pueden combinar sus signos, en ocasiones creativamente, pero no parecen tener nada similar a las construcciones humanas (aunque son perfectamente capaces de esquematizar contenido conceptual en general). ¿Por qué? Para responder esta pregunta, veamos algunos ejempios de las tipos de enunciados que producen los simios, ya sea con gestos manuales o con simbolos visuales proporcionados por los humanos (que no se parecen a sus referentes): 

MORDER BOLA - querer hacer esto 

CHICLE RÁPIDO - querer comer un poco 

COMER QUESO - querer 

Tú (señalar) PERSEGUIR yo (señalar) - pedírselo a otro

El primer aspecto que hay que notar es que todas son solicitudes (demandas, exigencias, peticiones), lo que refleja el hecho de que estudios sistemáticos han descubierto que más del 95% de los actos comunicativos producidos por estos individuos son una forma de imperativo (y el 5% restante son cuestionables...) Esto se debe a que, independientemente de cómo hayan sido entrenados por los humanos, los grandes simios no adquirirán una motivación para simplemente informar a otros sobre las cosas, o compartir información con ellos... Y en la comunicación simplemente imperativa, es escasa la necesidad funcional de tener todas las complejidades de la comunicación lingüistica humana (prototipicamente, sin sujeto, sin tiempo verbal, etc.).  

Sin embargo, muchos de los actos comunicativos producidos por estos individuos son claramente complejos, organizados mediante una estructura evento-participante, que refleja una segmentación de las situaciones según los participantes implicados en las relaciones o actos indicados. Sin embargo, a pesar de esta complejidad, faltan algunos elementos claves relativos a la comunicación lingüística humana. Lo que falta, básicamente, son todos esos aspectos de la gramática humana que estructuran conceptualmente las construcciones para las demás personas y sus conocimientos, expectativas y perspectiva. Más allá de los eventos y los participantes (y, tal vez, de la localización), los simios lingüisticos han aprendido items que indican su propio deseo (por ejemplo, aunque no es evidente a primera vista, su uso del ítem «rápido» indica que quieren la cosa ya). Sin embargo, faltan todos esos aspectos de sintaxis que están destinados a hacer comprensible el enunciado para el receptor, lo que es una parte clave de la motivación cooperativa. Por ejemplo: 

• No «anclan» sus actos de referencia de tal manera que el receptor les ayude a identificar el referente. Es decir, no tienen frases nominales con cosas como artículos y adjetivos que contribuyan a especificar cuál bola o cuál queso se quiere, por ejemplo. De manera similar, tampoco tienen ningún tipo de marcadores de tiempo verbal que indicarían cuál evento, especificado por el momento en que ocurrió, pretenden indicar. 

• No usan símbolos de segundo orden, tales como marcadores de caso o el orden de las palabras, para marcar roles semánticos y, así, indicar quién hace qué a quién en el enunciado. Los comunicadores no necesitan dicha información; esta se suministra para garantizar que el receptor entienda el rol de cada participante en la situación o evento más amplio sobre el que trata la comunicación. 

• No tienen construcciones u otros instrumentos para indicar a los receptores qué es una información vieja en contraste con una información nueva. Por ejemplo, si tú habías expresado con vehemencia que Pedro rompió la ventana, probablemente yo te corrija usando una construcción escindida y diga: «No, fue Luis quien rompió la ventana». Los simios no tienen este tipo de construcciones. 

• No escogen construcciones sobre la base de la perspectiva. Por ejemplo, yo puedo describir el mismo evento ya sea diciendo «rompí el jarrón» o «se rompió el jarrón», sobre la base de tus conocimientos y expectativas, así como de mis intenciones comunicativas, mientras que los simios lingüísticos no han aprendido alternativas de construcción de este tipo.  

• No indican especificamente en sus enunciados su motivación comunicativa (y no les hace falta, porque siempre es peticionaria), ni ninguna de sus actitudes epistémicas o modales respecto a la situación referencial. 

El punto teórico clave es que, más allá de ofrecer preferencias de ordenamiento para los enunciados, las construcciones lingüísticas humanas se crean con adaptaciones que tienen en consideración los conocimientos, las expectativas y la perspectiva del receptor. Los humanos también conven-cionalizan en sus construcciones la expresión de las motivaciones y las actitudes epistémicas y modales. Todo esto conforma la dimensión pragmática de la gramática y todo esto es exclusivamente humano.

 Michael Tomasello, Una historia natural del pensamiento humano, 2014 trad. esp. 2019, pp 149-151


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