En 1612 intentó vender el oficio de factor de la Caja Real de Potosí
Dice Amorina Villarreal que
"la innovación más importante fue la regulación del año 1606, en la que se introdujo la posibilidad de renunciar entre particulares este tipo de oficios, por lo que se pudieron traspasar sin necesidad de autorización previa y bajo el compromiso de que se pediría una confirmación con posterioridad a la renunciación... se puede sostener que el duque de Lerma fue determinante para que la reforma saliera adelante"... en algunas consultas del Consejo de Indias se encuentran testimonios de lo que sucedía con ocasión de la llegada de cada nueva flota, en la que desembarcaban cada vez más peticionantes, intermediarios o agentes, todos ellos cargados con joyas, plata, oro o miles de ducados, y preparados para conseguir oficios u honores. En el año 1607, por ejemplo, el Consejo de Indias consultaba a Felipe III sobre estas cuestiones y señalaba que venían consignados en los registros alrededor de 160.000 ducados de particulares, declarados como dinero que se destinaría a la compra de honores y oficios muy variados, tanto del orden temporal como espiritual... El factor de un distrito de Hacienda o Caja Real fue uno de los tres oficiales reales de Hacienda en Indias, junto al tesorero y el veedor... Al factor, que en muchos casos fue también veedor, le tocaba específicamente la administración de los depósitos donde se almacenaban los productos pertenecientes al rey y gestionaba también las subastas, ventas o repartos de los mismos. En los territorios mineros como el Potosí, o Zacatecas, su papel fue de relevancia porque el factor se encargaba de la distribución del azogue, esto es, del mercurio imprescindible para la producción de la plata. Además, el factor intervenía en las fundiciones para comprobar el cumplimiento de las normas sobre la calidad y producción de los metales
Lo curioso es que el Consejo de Indias rechazó la propuesta del Duque de vender el oficio de factor de Potosí. Según dice esta autora, la reacción fue negativa a pesar de que todos los miembros del Consejo de Indias debían su puesto a Lerma. O sea, que fueron más dignos de su cargo que los actuales miembros del Tribunal Constitucional. Claro que Felipe II había ordenado en 1588 que no se vendieran los "oficios de justicia" y que
“si se probare que alguno ha alcanzado haber oficio de justicia…con pagar dineros, o dado alguna joya, o presea; quiero y es mi voluntad que luego sea declarado por incapaz de tenerle, y si lo hubiera alcanzado que sea excluido de él”
Y la concepción dominante del gobierno bajo los Austria era "judicial", por lo que el puesto de factor - como todos los puestos de Hacienda - se consideraba "oficio de justicia". Y dada la importancia de Potosí para la economía de la monarquía, el Consejo recomendaba
“buscar personas de muy grande inteligencia y suficiencia en papeles y materias de Hacienda y mucho mayor y mas conocida confianza”
A lo que añadía, muy racionalmente el Consejo que todo aquel que había invertido en comprar un oficio y ante la ausencia de precios de mercado que capitalizasen exclusivamente el sueldo legal asignado a dicho oficio, tendría que recuperar su inversión robando en el ejercicio de su cargo o sea tendría que
“procurar medios con que recuperar el precio de las compras y esto no puede ser sin daño de la Real hacienda, procurando sacar plata de la caja y tener otros aprovechamientos y inteligencias”
Afortunadamente, el rey hizo caso al Consejo. Pero lo que sí consiguió el duque fue convertir los oficios públicos que sí se vendían en un "property right" que daba derecho a su titular a transmitirlo libremente. Yolanda Díaz y buena parte de la doctrina laboralista estaría de acuerdo con el Duque de Lerma: los puestos de trabajo deben considerarse "cosas" que pueden ser objeto de propiedad. El trabajador tiene "derecho al puesto" una vez que ha sido contratado. Sánchez podría promulgar una ley para que todos los nombrados por él se perpetuaran en el cargo y pudieran vender su puesto.
Hacia dentro, la expulsión de los moriscos (1609–1614) fue un desastre humano y económico. Recuérdese que lo relevante no es tanto la homogeneidad o heterogeneidad de las poblaciones que conviven en un territorio como la intensidad de la cooperación entre los miembros de cada grupo étnico-religioso con el grupo mayoritario (por eso los españoles estamos relajados con la inmigración hispanoamericana pero tensos con la procedente de Estados musulmanes). La caída demográfica en distritos moriscos elevó el producto per cápita a corto plazo —un efecto “malthusiano”— pero generó una persistencia de instituciones extractivas (señoríos más coercitivos, menor movilidad) que retrasó la convergencia durante generaciones.
Lerma es un ejemplo didáctico de por qué la 'calidad' de los gobiernos importa
Y la calidad se mide por la capacidad de construir un Estado que recaude de forma sostenible, que no venda sus resortes al mejor postor, que discipline a las élites y que use los periodos de respiro para reformar. Lerma convirtió el valimiento en una máquina de rentas privadas, agotó recursos sin fortalecer la Hacienda y dejó, tras su salida, una estructura que otros tendrían que recomponer en un contexto internacional rápidamente adverso.
¿Qué tendrá que hacer el próximo presidente del gobierno para devolver a España a la situación de calidad institucional y resiliencia frente a los desastres y las calamidades que tenía a comienzos del siglo XXI? El ejemplo del Duque de Lerma da dos pistas: nombrar los cargos públicos con arreglo a criterios de mérito, capacidad y amor a España y castigar sin piedad a los corruptos. Porque corruption trumps everything como está comprobando Putin.
Y ¿qué tendrían que hacer los españoles? Elegir para que les gobierne a alguien cuya integridad esté fuera de toda duda. ¿Cómo pudimos elegir al yerno del dueño de una cadena de prostíbulos que había cometido toda clase de fechorías antes de junio de 2018?

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