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lunes, 19 de noviembre de 2012

Predicción: la independencia de Cataluña no se producirá por la misma razón que la de Flandes, los costes del divorcio.

La posibilidad de que Cataluña se independice ha pasado de ser una comida gratis (manifestarse por la independencia puede que no tenga coste alguno) a una cuestión respecto de la que no se sabe si alguien saldría ganando, al margen de los políticos regionales.

De todo lo que he leído en la prensa en las últimas semanas he sacado una conclusión añadida a las que había alcanzado antes del comienzo de la campaña electoral. Y es esta que, aunque, a largo plazo, una Cataluña independiente sería un Estado viable, separar a Cataluña de España es una tarea de extraordinaria dificultad si no imposible. Cuando se mira a los “comparables” (procesos de secesión o escisión que no se hayan producido inmediatamente después de unos hechos traumáticos como una guerra o un cambio de régimen político que es lo que ocurrió en los países del centro y este de Europa) se comprueba que, probablemente, los procesos de secesión (Quebec, Escocia) o de división (Bélgica) no han culminado porque los costes de la separación son elevadísimos y lo son porque las economías y las sociedades del tronco y de la extremidad que pretende separarse están extraordinariamente entrelazadas. Cualquiera que haya liquidado una empresa o un matrimonio sabe, no solo que se pierde mucho valor en el proceso (pérdida que puede venir compensada por las pérdidas que viniera sufriendo la empresa liquidada o el matrimonio, en este caso, en términos de bienestar personal) sino que el proceso es tanto más complejo cuanto más imbricados estén los activos y pasivos que forman la empresa o, en el caso de los matrimonios, cuantos más activos y pasivos tengan en común los cónyuges por no hablar de la existencia de hijos.


Pues bien, esos artículos sobre los efectos económicos de la independencia me conducen a pensar que hay pocas regiones en el mundo cuya Sociedad y Economía estén tan vinculadas entre sí como la catalana y la española en su conjunto. Un detalle antiguo es que el puente aéreo entre Madrid y Barcelona era el primero del mundo en conexiones y número de pasajeros. Hoy leo que el crédito en Cataluña está financiado con depósitos captados en un 55 % más, en el resto de España. Las empresas catalanas tienen España como su mercado natural (aunque se haya avanzado mucho en la construcción de un mercado interior europeo) y su dimensión y estructura se corresponden con ese pre-juicio y las empresas españolas que no tienen su sede central en Cataluña incluyen a Cataluña como una parte más del mercado español. Cataluña es el “cluster” de sectores industriales españoles (farmacia, editorial y muchos productos de consumo). Los catalanes ven mayoritariamente dos cadenas privadas de ámbito nacional (Telecinco y Antena3) que, salvo expropiación, se encontrarían en una situación muy “rara” al día siguiente de la independencia. La red de fibra óptica y, en general, de telecomunicaciones es propiedad de Telefonica. Los gasoductos que pasan por territorio catalán, de Enagas y la red eléctrica de alta tensión, de REE. No es ya que se convirtieran en empresas “extranjeras” sino que se trataría de empresas “reguladas” por un Estado extranjero. Por no hablar de las centrales nucleares. No quiero decir que sea imposible deshacer los lazos o, mejor, reenlazar todas estas infraestructuras con las nuevas fronteras del Estado catalán. Digo que sería costosísimo hacerlo sin contar, ni siquiera, con que haya expropiaciones que elevarían exponencialmente dichos costes.

Si de las “cosas” pasamos a las personas, el coste de la independencia catalana – repito, el coste de la separación – es todavía mayor. ¿Podría España considerar que los residentes en Cataluña perderían la nacionalidad española? La respuesta no es obvia. Puede ser deseable para España, mantener la nacionalidad española para todos. Pero plantearía problemas muy serios. Uno no baladí es el de que esos españoles en Cataluña tendrían derecho a votar en las elecciones generales en España y siendo tan elevado el número de españoles “residentes en el extranjero”, las elecciones en España podrían venir decididas por lo que votaran quienes han elegido no ser parte de España. Muy raro. ¿Es imaginable que varios millones de catalanes cambien su residencia y abandonen Cataluña en caso de independencia? Puede ser. No es probable que sean millones pero sí unos cientos de miles. ¿qué pasaría con el precio de las viviendas en Cataluña?

Los residentes en Cataluña que cobran pensiones de la Seguridad Social podrán estar más o menos entusiasmados con el nuevo Estado pero pretenderán seguir cobrando sus pensiones de la Seguridad Social española aunque solo sea porque “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Arreglar sólo esta cuestión (¿garantía española y pago por la SS catalana?) obliga a olvidarnos de la posibilidad misma de una separación unilateral y por las bravas por parte de los políticos catalanes. Simplemente, no podrían hacer la transición sin dejar de pagar a muchos de sus pensionistas.

Los residentes en Cataluña están familiarmente relacionados con el resto de España mucho más que con cualquier otro país del mundo. Aunque no tengo datos, probablemente más que otras regiones españolas con el resto como consecuencia de la inmigración andaluza sobre todo, pero también gallega, aragonesa y castellana de los años sesenta. La independencia, ceteris paribus, reducirá la intensidad de esas relaciones. Está comprobado que la emigración/inmigración es siempre más intensa entre regiones de un mismo Estado que entre regiones que pertenecen a Estados distintos. ¿Qué coste tendrá la independencia al respecto?

Muchos de los funcionarios que sirven en Cataluña son de otras regiones. Desde la Universidad a la judicatura pasando por la Administración del Estado por no hablar del Ejército. Puedo imaginar que muchos de ellos pedirán al Estado español que los “repatríen” en caso de independencia y, en todo caso, querrán conservar su puesto en el cuerpo nacional al que pertenecen.

Y, obsérvese, que España no tiene que hacer nada para mantener el statu quo de los “activos” y de los catalanes en España. Desde las autorizaciones administrativas a las ayudas públicas. Ni siquiera tendría que dar permisos de residencia o de trabajo a los catalanes que quieran vivir o trabajar en cualquier otro punto de España si los catalanes conservan la nacionalidad española. Pero Cataluña tendría que hacerlo con todos los activos de las empresas constituidas en cualquier Registro Mercantil situado fuera de Cataluña. Las “buenas maneras” al respecto (respetando absolutamente la “legalidad española”) se acabarán cuando el Gobierno de Cataluña quiera cobrar el impuesto de sociedades a todas estas compañías que tienen actividad en Cataluña pero su sede en otros puntos de España y el Gobierno de España pretenda seguir cobrando el impuesto de sociedades como hasta la independencia. Si lo del País Vasco y Navarra es un follón (y son, en conjunto, 2 millones y pico), imagínense lo que sería hacerlo con Cataluña mediante una negociación a cara de perro o, aún peor, unilateralmente por parte del Estado catalán. Por no hablar de que las ventas de empresas catalanas en España y viceversa dejarían de ser ventas interiores para convertirse en exportaciones o importaciones.

¿Qué se deduce de todo lo anterior? Que el sentimiento independentista tiene que ser tremendamente fuerte para que compense tamaños inconvenientes. Para que la independencia aumente el bienestar, habrá que comparar los beneficios que obtienen los independentistas (en su autoestima o en su felicidad por vivir ahora en un Estado catalán) y todos los residentes en Cataluña (si el Estado catalán es más eficiente que el autonómico español) con los costes que impone a los catalanes (si el Estado catalán es menos eficiente que el autonómico español); a los catalanes no independentistas (en forma de infelicidad por vivir en un Estado independiente de España) y al resto de los españoles en forma de “infelicidad” por la separación y en forma de pérdidas económicas por la reducción del mercado interior, el efecto frontera etc.

Pues bien, si hacemos esa comparación, hay que atribuir un valor muy, muy alto al aumento de felicidad de los independentistas catalanes para que el saldo neto sea positivo. No solo porque hay que descontar fuertemente las posibilidades de que el Estado catalán sea mucho más eficiente que el autonómico español (los gestores son los mismos y las políticas aplicadas por el Gobierno catalán en estos treinta años no han sido mejores que las españolas, en media) o porque los costes para la economía española sean también muy elevados sino también porque los costes del divorcio o de la liquidación, como tantas veces ocurre en los concursos empresariales, se puede “comer” la totalidad de los activos de la empresa. Este tipo de razonamiento es el que justifica que se exijan mayorías muy claras a favor de la independencia para reconocer a los nuevos Estados.

¿Por qué Flandes no es un Estado independiente? Lleva 30 años separándose de Valonia y podría forzar la desaparición de Bélgica si quisiera. Bélgica es un Estado mucho más artificial que España (sólo tiene 180 años) y los lazos entre las dos comunidades mucho menos intensos que los que tiene Cataluña con el resto de España, sin contar con que los valones se sienten muy próximos a Francia y los flamencos – aunque menos – a Holanda. Pero los números no les deben de salir a los flamencos, incluso aunque atribuyan – que lo hacen – un elevadísimo valor a su sentimiento nacionalista (el estatuto de Bruselas no es una cuestión menor). ¿Por qué los catalanes habrían de ser menos sensatos? España no es la Yugoslavia de Milosevic y los catalanes tienen acceso a toda la información necesaria y saben que los políticos catalanes son tan (o tan poco) corruptos, ineptos y oportunistas como los del resto de España.

Naturalmente, podemos equivocarnos porque, como dicen los juristas, las decisiones democráticas, como las contractuales, no se someten a un control de razonabilidad (stat pro ratione, voluntas)

7 comentarios:

David Maeztu dijo...

Hola:

Al hilo de los costes y la independencia... ¿qué pasaría si la Cataluña independiente declarase la libre circulación, unilateralmente, con la Unión Europea y adoptase el Euro como moneda, entre otras medidas.

A efectos prácticos se minimizarían las diferencias y solicitando la adhesión a los tratados de libre comercio habría que ver el impacto en importaciones, etc.

Efectivamente los problemas de nacionalidad a efectos políticos podrían seguir ahí, pero mientras se tramita la entrada en la UE (que creo que a medio/largo plazo se daría) la posición de Cataluña no sería "tan mala" (estando de acuerdo en lo expuesto en el post en términos generales).

Al contrario, podría hacer un efecto "predador" sobre las regiones colindantes (Valencia sobre todo) por la diferente fiscalidad que podría adoptar.

Un saludo

Jorge dijo...

En general muy de acuerdo en todo.

De hecho, ha habido una especie de convulsión en estos dos meses que está ahora dejando paso a muchas preguntas. Por no hablar, porque no se habla, de la crisis, los recortes, los escándalos tapados .... Lo de mi puesto de trabajo y lo de las pensiones ya lo pensé el primer día, digo yo que muchos en mi situación también lo habrán pensado. Si las elecciones se hubieran celebrado el día después de volver Mas de visitar a Rajoy hubiera arrasado. En frío creo que la gente se hace muchas preguntas.

El seny en esta ocasión no ha existido. El tema del referendum escocés viene de la época de Blair, el domingo Mas en el debate insistía en que el objetivo es convocar el referendum en estos próximos cuatro años, pero esa no era la impresión que se había trasnmitido ... según donde leyera uno ya parecía que en el Mundial de Brasil ya iba a jugar la selección catalana ...

En mi opinión estas elecciones creo que van a dejar claro que el sentimiento independentista ha crecido, sí, pero está lejos de ser mayoritario al menos con la holgura que pretende Mas (ahí yo creo que sí ha estado bien en general). La previsible debacle del PSC, y el papel menor que sigue teniendo el PP catalán (curiosamente, si se independiza Cataluña el PP tendría muchas más posibilidades de gobernar España), el ascenso de ERC o IC(IU) ... a Mas no le va a quedar una oposición, sino 4 y podrá elegir. Mas lleva dos años gobernando ¡con el apoyo del PP! Ayer la sra Sánchez Camacho intervenía constantemente para atacar al candidato del PSC, que cansino el discurso de la herencia recibida.

Ah, y acabo contestando a una pregunta de la entrada: ¿Podría España considerar que los residentes en Cataluña perderían la nacionalidad española?

No puedo creer que por vivir aqui -hace muchos años- vaya a perder mi nacionalidad. ¿Seremos como el personaje de Tom Hanks en The Terminal? Y si quieren, que me priven de mi derecho de voto ... con suerte me podré comprar una casa de 160.000 euros

Anónimo dijo...

Cataluña no puede ser independiente unilateralmente, pues pertenece al copropiedad estatal de los españoles. Si el monarca por razones saharianas -explotación de recursos ajenas al estado- la pone en situación vertical -que los locales decidan sobre su territorio de residencia- no sólo viola la integridad del Estado sino que el monarca y los partidos políticos han de ser necesariamente DETENIDOS por los delitos de Alta Traición y Conspiración contra los intereses del Estado. Si Cataluña consigue la independencia, EL PUEBLO ESPAÑOL, confío, acabará con la monarquía y con los poderes que le relacionan. Sun Brider 201112

Maite Martínez dijo...

Magnífica entrada, Jesús, aportando “materiales” para una reflexión objetiva y desapasionada en un tema tan cargado de connotaciones emocionales, equívocos informativos y maniobras torpes, cuando no “torticeras”. Para afrontar este reto no valen la estrategia del “avestruz”, que parecen estar adoptando el gobierno y los partidos españoles, y mucho menos el “juego sucio” y contraproducente (cuando no ridículo) de algunos medios de comunicación de los que pueden sospecharse “connivencias” con el poder político. Quienes hemos vivido en Cataluña lo suficiente como para “empatizar” con el clima de opinión y con la (respetable, muy sentida, y en general, dignificadora) conciencia de identidad propia de buena parte de la población catalana, tenemos claro que hay que afrontar con talante democrático el conjunto de los “costes”. No estamos, en efecto, ante un previsible proceso de “independencia” (Cataluña nunca ha sido una colonia española), sino de secesión, o como bien, dices, “divorcio”, con la consiguiente carga de expectativas frustradas, rencores mal asimilados, y por supuesto, “hijos”. Y el problema es que, como en el divorcio, nadie debería “retener” al otro, o ahogar su propio deseo de liberación, sólo por las previsiones de inviabilidad económica, pero es preciso pactar con madurez –que no tenemos- cualquiera de los escenarios, el de una posible continuidad soportable (que no lo sería si no da más “aire” a quien se siente atrapado o infravalorado), o el de una separación civilizada que haga frente a las “cargas comunes”. Estoy de acuerdo contigo en que mucho tiene que compensar el entusiasmo ante un estado catalán frente a los inconvenientes del proceso y de su resultado. Coincido con tu pronóstico, pero me queda la terrible duda (como tiene mucha gente de allí) de los costes de la frustración de la gente ilusionada con la idea de un estado propio que, finalmente, no se realice. Para calibrar esa ilusión, en la medida en que pueda hacerse sin prejuicios, recomiendo el visionado del vídeo promocional de ERC en el que varios cantautores catalanes (algunos, con inequívoco apellido “español”) versionan una hermosísima canción de LLuis LLac, que no en vano después de haber producido muchas y buenas canciones (poco conocidas aquí), se ocupa ahora, y con éxito, de la producción vinícola.
Y como suelo decirles a mis hermanos y amigos de allí, qué pena que una de las mayores refutaciones de la “singularidad” catalana, o si se quiere, una de las pruebas más claras del hecho de que “ellos” y “nosotros” somos la misma gente, sea el penoso aire de familia entre los políticos. Abundan la chirigota, la ineptitud y la irresponsabilidad idiosincrásicamente “ibéricas”. Pero no nos engañemos, esto no es una cuestión generada sólo por los políticos (si alimentada y “precipitada” por ellos), sino muy sentida en la población.
Y por cierto, ¿a nadie se le ha ocurrido proponer para algún premio a la concordia –el Príncipe de Asturias, quizás?- a Serrat-Sabina?

Vicenç dijo...

La comparación con la disolución de un matrimonio o la liquidación de una empresa es tentadora pero poco indicativa. No se trata de dividir patrimonios, sino de crear una nueva entidad soberana con su ordenamiento jurídico.

Salvo boicot comercial y/o salida del espacio arancelario de la Unión Europea, no hay razones para suponer que existirá una reducción significativa en el comercio bilateral entre Catalunya y el resto de Espanya (incluso bajo estos dos supuestos, la reducción del comercio tendría que ser de una magnitud enorme para compensar un déficit fiscal anual del 8,5% del PIB). Los lazos comerciales, vinculaciones empresariales, relaciones y contactos profesionales no tienen por qué verse afectados.

Los casos descritos (telecomunicaciones o energía) son sectores regulados, o, como los llamamos, con una relación de sujeción especial con la administración (porque, en general, regulado está todo). Cómo afectaría la independencia dependerá de (1) lo abrupto que sea el cambio de regulación y (2) la calidad de la regulación. En cuanto al primer factor, una eventual independencia no traerá consigo la creación inmediata de un ordenamiento jurídico completamente distinto en cuanto a su regulación sustantiva, porque,l ni aunque quisieran, el parlamento y el gobierno de Catalunya no podrían legislar sobre todo, sino que el ordenamiento jurídico catalán se irá apartando progresivamente del español a medida que vaya legislando para adaptar las situaciones jurídicas ya existentes a la nueva realidad política, pero, obviamente, partiendo de la regulación ya existente. Por lo que se refiere al segundo elemento, por desgracia, nada nos permite suponer que las instituciones catalanas serán mejores reguladoras y supervisoras que hasta el momento lo están siendo las españolas (las resistencias a liberalizar el comercio minorista bson un mal precedente), pero lo cierto es que actualmente existe un gran potencial de mejora, a la vista de los indicadores internacionales, y los países pequeños suelen desenvolverse mejor en este aspecto. Si la voluntad mayoritaria de la población de Catalunya y de los partidos favorables al derecho de autodetermianción es mantenerse en el mercado comunitario, creo que es poco realista plantearse ni tan siquiera como hipótesis, nacionalizaciones de empresas privadas.

Vicenç dijo...

Si vamos a las personas, de acuerdo con el artículo 11.2 CE, la adquisición de otra nacionalidad no impide que un español de origen pueda mantener su ciudadanía española. Precisamente, cuando se se dice que la independencia perjudicaría a aquellas personas que se sienten españolas y catalanas a la vez, tiende a olvidarse que como mejor se garantiza esa identidad nacional dual es con la doble nacionalidad.

Los problemas señalados, derivados de mantener la ciudadanía española a quienes hubieran adquirido la catalana, sin ser menores, deben matizarse. Por un lado, es previsible que la participación bajará por la mayor dificultad de voto (voto por correo o en la embajada) y porque la utilidad individual del voto tenderá a desaparecer cuando las relaciones políticas se hayan normalizado. Por otro lado, existen mecanismos institucionales para mitigar el efecto del voto extranjero, como las circunscripciones electorales para no residentes.

Otro efecto personal de una eventual independencia es el derivado de las pensiones. Existirán problemas de coordinación entre los dos sistemas de Seguridad Social, y, obviamente, lo deseable sería alcanzar un acuerdo bilateral, pero aun en ausencia de éste, (1) quienes son beneficiarios de la Seguridad Social lo seguirán siendo, porque la adquisición de otra nacionalidad no es causa de denegación o extinción de las prestaciones, y (2) una Seguridad Social catalana no tendría mayores problemas de sostenibilidad que los que ya tiene la Seguridad Social española: la pirámide poblacional en Catalunya es ligeramente más joven, hay un poco menos de paro, y las bases de cotización son mayores.

JDInmigration dijo...

Recuperar un post de hace años y ver que nada ha cambiado...

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