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jueves, 31 de mayo de 2012

El robo de las Ray-Ban

Es un caso de escuela de transporte y seguro. Un transportista traslada un montón de gafas Ray-Ban a Italia. Cuando llega a su destino, las gafas no están. El cargador da el parte del siniestro a su compañía de seguros que le paga la indemnización y, a continuación, la compañía de seguros se dirige contra el transportista en ejercicio de la acción de subrogación del art. 43 LCS. El transportista cuenta que debieron de robarle en una zona de descanso (un Autogrill, claro, en Italia lo que hay en las autopistas son Autogrill) cuando él dormía en el vehículo. La clave del asunto está en si el conductor estaba durmiendo en el vehículo o no. Porque, en el primer caso, es más difícil condenarle a responder - sin límite - del daño ya que su conducta no podría calificarse como dolosa (no dolo directo ni de consecuencias necesarias, sino dolo eventual entendido como representación mental de un curso de los hechos - que le podían robar - y "aceptación" de tal curso de los hechos - "me da igual que me roben la mercancía"-). En efecto, la legislación de transporte prevé que el transportista responda limitadamente de la pérdida o avería sufridas por las mercancías salvo que su conducta sea dolosa, en cuyo caso responde ilimitadamente.
Los jueces de la AP de Madrid concluyen que la conducta del conductor no puede calificarse de dolosa, ni siquiera a título de dolo eventual. Aunque era inevitable que se pensara que el conductor podía haber participado en el robo, la Compañía aseguradora no se atrevió a tanto pero dijo que era imposible que no se hubiera despertado si, como afirmaba, estaba dormido en el vehículo cuando los cacos sacaron del camión los paléts con las gafas. El ponente dice, con cierta gracia:

la afirmación de que el conductor no se encontraba en el interior del vehículo solamente podría emitirse a partir de meras conjeturas sobre circunstancias que pueden variar hasta el infinito, pues si voluble y cambiante es la profundidad del sueño que alcanzan las personas en las más variopintas circunstancias, no menos rico y diverso es el grado de destreza con el que son capaces de manejarse unos y otros delincuentes para consumar con eficacia y con sigilo la apropiación de lo ajeno.
La compañía aseguradora alegó, además, que el conductor no dio ningún detalle a la policía - cuando denunció el robo - sobre cómo se había producido éste y que eso debía ir en su contra
La única forma de romper ese círculo sería, como propone la apelante, la de descargar sobre el transportista las consecuencias de su relativo mutismo, pero no nos parece una solución apropiada por dos razones: 1.- Por una parte, porque el hecho ya ha tenido consecuencias adversas para la demandada al no considerarse la concurrencia de causas de exoneración de su responsabilidad e imponérsele la obligación indemnizatoria, aunque cuantitativamente limitada, todo lo cual no puede considerarse ajeno a la existencia de un cierto reproche sobre su conducta profesional; 2.- Por otro lado, nos parece excesiva y no justificada la aplicación del criterio de disponibilidad probatoria a supuestos en los que, de ser verídica la versión de los hechos proporcionada por la demandada, esa disponibilidad sería sencillamente inexistente, y donde la indisponibilidad para el transportista de datos y pruebas del hecho se debe a factores -pulcritud en la perpetración del delito- que no solo escapan a su voluntad sino que tampoco puede afirmarse que obedezcan a actos conscientes de asunción pasiva del resultado indeseado.
Es la Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid de 23 de abril de 2012

1 comentario:

Javier dijo...

Jesús, este tema del robo a camiones y el tratamiento del robo como una de dos alternativas absolutamente contrarias en sentido y efectos, da mucho juego. Porque, por un lado, puede entenderse que el robo es una circunstancia que no pudo preverse y, por tanto, un hecho exonerados de responsabilidad. Pero, al mismo tiempo, puede considerarse una desatención que revele una extrema negligencia y, por tanto, que haga entrar en juego la pérdida de los beneficios propios del porteador, bien por la aplicación del convenio CMR o por la horrible norma equivalente de nuestra LCTTM. Hay una sentencia, creo que de Barcelona, de hace tiempo, que condena a la pérdida de la limitación a un camionero al que asaltaron de noche individuos armados y le secuestraron. Según el ponente, todo el mundo debe saber que dormir así a las afueras de Nápoles (nuevamente Italia) hace muy probable un suceso de ese tipo. Y, al mismo tiempo, sentencias que en circunstancias menos extremas han declarado que el robo es una circunstancia ajena a la esfera de control del porteador. Es un tema que, además, suele plantear interesantes cuestiones de prueba y su inversión, porque no son pocas las sentencias que consideran que habría dolo o esquivamente cuando el porteador no puede dar explicación de qué pasó con la mercancía (ya sabes, cercanía a la fuente de la prueba y cosas así).

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