El otro blog para cosas más serias

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viernes, 13 de octubre de 2017

El Derecho nos obliga a pensar nuestras decisiones y la tecnología nos hace tomarlas sin pensar siquiera que las estamos tomando

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foto: Google Home Mini

Esta excelente columna de Bershidsky narra los problemas que las máquinas que entienden nuestros mensajes hablados están causando. La máquina actúa “sola” y graba todos los sonidos que es capaz de recibir. La máquina reacciona sola a dichos sonidos, en el mejor de los casos diciendo que no entiende lo que le estamos diciendo. El resultado es que si nos dejamos la tele encendida, por ejemplo, la máquina “cree” que está interactuando con nosotros.

El Derecho, desde tiempo inmemorial, trata de ralentizar las decisiones arriesgadas. Muchas de las reglas sobre celebración de los contratos tienen ese objeto. Por ejemplo, la donación no es válida – no produce la transmisión de la propiedad – si no se entrega la cosa mueble que se haya donado. De manera que si yo prometo a mi sobrina que le haré un regalo de 10000 euros para su graduación en la universidad, el Derecho no me considera vinculado por tal promesa. La razón es fácil de explicar: la donación es un acto de liberalidad. El donante no recibe nada a cambio de lo que dona, por definición. En tales casos, el Derecho quiere estar seguro de que mi decisión aumenta mi bienestar y que no ha ocurrido, simplemente, que me puse demasiado contento bajo la influencia del alcohol al saber que a mi sobrina la habían admitido en una universidad prestigiosa. El Derecho nos ayuda, pues, a tomar decisiones racionales.

Igual ocurre con el préstamo (art. 311 C de c) que, por eso, es un contrato real. El prestamista entrega los fondos y, salvo pacto expreso, se sienta a esperar que el prestatario se los devuelva sin recibir nada más a cambio. La promesa de préstamo gratuito - sin intereses - no es vinculante, per se. Es un negocio en el que uno da algo y no recibe nada a cambio y el Derecho quiere estar seguro de que estamos seguros de lo que hacemos.

La tecnología ha hecho saltar por los aires estos mecanismos de “freno” que el Derecho, exigiendo requisitos de forma, transcurso de plazos,, realización de conductas ha ido estableciendo históricamente para reducir los sesgos humanos a actuar precipitadamente y a arrepentirse fácilmente de las decisiones. La tecnología reduce los costes de transacción al automatizar la celebración y ejecución de contratos (los “contratos inteligentes” van de eso y las blockchain también) pero genera costes de transacción en forma de transacciones que no deberían haberse realizado. En el caso, el riesgo para nuestra privacidad es enorme. En el caso de las apps que permiten hacer operaciones rápidamente y, lo que es peor, en cualquier momento del día, el riesgo para la solvencia de los individuos es aún mayor. Si hemos dicho muchas veces que el crédito al consumo debe reprimirse y reducirse por el “destrozo” social que causa en forma de sobreendeudamiento y reducción a la miseria de las personas con menos autocontrol de las que ocupan las clases medias y bajas en nuestra Sociedad, lo último que deberíamos hacer es reducir los costes a esas personas para endeudarse.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ciertamente, a raíz de haber asumido la defensa de algunos casos de pólizas "revolving" manifiestamente abusivas a la vista de la doctrina del TJUE y del TS que me han llegado, precisamente he alcanzado la conclusión de que una fórmula como la "multiplicadora" que sustenta dichas pólizas (de unos chiringuitos financieros de Luxemburgo) solo se puede explicar y abarcar por ordenadores programados para que nunca baje la deuda, se pague lo que se pague, y que no puede haber una persona física haciendo cálculos detrás. Pues "tiramos" de un aumento injustificado del tipo de interés de más de 10 puntos a partir de determinada fecha -naturalmente, no firmado por el consumidor-, añadimos la cláusula de anatocismo de repercusión mensual al tipo elevado al cubo, la cláusula de repercutir 30 euros por cada carta de ordenador y ordinaria, además de considerar este gasto como nuevo capital que genera nuevos intereses 7 veces superiores al legal del dinero y de acumulación y cálculo mensual, y no sigo, todo así. Los ordenadores hacen demasiado fácil el abuso (y veo un fallo estructural en el hecho de que unos países de la UE hagan su "agosto" en otros países de la UE, es algo que tiene que acabar por romper la Unión.)

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