El otro blog para cosas más serias

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jueves, 10 de mayo de 2018

“Estamos enloquecidos por la identidad”

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Lo que sigue es un resumen de esta entrada en Edge de Tooby sobre las desgracias que trae la mentalidad de coalición en ámbitos como la Ciencia en los que el objetivo es conocer la naturaleza y la sociedad humana tal como son, esto es, alcanzar la verdad.

Los instintos coalicionales (“a los míos con razón y sin ella”, “al amigo, hasta el culo, al enemigo, por el culo y al indiferente, la legislación vigente” Yo contra mi hermano. Mi hermano y yo contra mi primo; mi primo, mi hermano y yo contra el extraño”) nos han salvado de la extinción y han maximizado nuestra capacidad para cooperar con otros pero también lo han hecho de nuestra capacidad para competir, esto es, para entablar no sólo juegos de suma positiva, sino de juegos suma cero no ya con otros individuos sino con coaliciones rivales. Y, con el tiempo suficiente, – esto es especialmente interesante del texto de Tooby – la rivalidad individual acaba por carecer de relevancia. La única importante es la rivalidad entre grupos o coaliciones. Hasta tal punto que la supervivencia individual depende, cada vez en mayor medida, de pertenecer a una coalición determinada. El lobo solitario acaba muerto más pronto que tarde y no encuentra pareja disponible para reproducirse. La pena de destierro equivale a la pena capital. Tooby no parece considerar estos efectos beneficiosos de los instintos coalicionales cuando dice que

“la función principal que impulsó la evolución de las coaliciones es la amplificación del poder de sus miembros en los conflictos con los no miembros. Esta función explica una serie de fenómenos que de otro modo desconcertarían. Por ejemplo, ancestralmente, si no tenía coalición, estaba completamente a merced de los demás, por lo que el instinto de pertenecer a una coalición” (es tan fuerte)”.

Hay una serie de televisión de la época de The Wire titulada Oz en la que se narran las andanzas de los presos y funcionarios de una cárcel de máxima seguridad en los EE.UU. Cada preso nuevo ha de buscar protección en un grupo (los “arios”, los musulmanes, los negros, los sicilianos…). Los presos no tienen más remedio que someterse (se someten de buen grado porque, bueno, son humanos) a la humillación, autonegación, aceptación de ideas absurdas y conductas deleznables moralmente porque la pertenencia a una coalición es la única opción para mantenerse con vida. El conflicto surge porque la identificación con la coalición provoca, a su vez, que las posibilidades de salir de la cárcel – para los presos que no están condenados a cadena perpetua – disminuyan con cada conflicto entre las distintas coaliciones, lo que reduce aún más las posibilidades de expresión individual. Los presos con posibilidad de libertad condicional acumulan nuevas condenas como consecuencia de su pertenencia a una coalición que, por otro lado, es lo que les mantiene vivos.

Dice Tooby que la evolución nos ha programado para ser leales miembros de una coalición o grupo que se distingue de otros grupos en la Sociedad. Nos ha programado para tener conciencia de que somos no simplemente individuos sino miembros de una coalición, entendida ésta como “conjunto de individuos que comparten una identidad abstracta común” y, en consecuencia, se identifican como miembros del grupo e identifican a otros como no-miembros. Esta identidad nos lleva a “defender los intereses comunes y a compartir estados mentales”, como si fuéramos, en alguna medida, un solo individuo.

Ser así proporcionó a los humanos una enorme ventaja competitiva frente a otras especies, ya que la coalición es la base de la cooperación y ésta es la base de la obtención de las ventajas de las economías de escala y de la especialización y división del trabajo. Pero la enorme capacidad de los humanos para cooperar (reforzada por esa capacidad para identificarnos con el grupo) también nos dotó para competir con otras coaliciones de humanos por los recursos, sobre todo, por los recursos reproductivos (en un mundo poco poblado, la competencia por los recursos naturales no parece que fuera muy relevante). En el seno de un grupo de elefantes marinos, dice Tooby, los machos no alfa no se coaligan para destronar al macho alfa aunque “unidos podríamos”. En los humanos, las coaliciones fueron exitosas para proporcionar a sus miembros acceso diferencial a los recursos reproductivos (parejas) y, tras muchas generaciones, todos somos hijos de los que más acendrados tenían los instintos de coalición: “el poder pasó de los machos alfa solitarios a los machos no-alfa pero coordinados eficazmente” pero este cambio sólo se explica si se forman grupos o coaliciones rivales. La competencia por el acceso a las hembras dejó de ser cosa de individuos entre sí para ser una guerra entre coaliciones. Los miembros de la coalición vencedora excluían del acceso a la reproducción a los miembros de la coalición perdedora que devenían cadáveres o esclavos. Y todos somos descendientes de los miembros de la coalición vencedora, no del macho alfa.

¿Quién decide que uno es miembro de una coalición? Los miembros de la coalición. Por tanto,

Usted es miembro de una coalición solo si alguien (como usted) lo considera como tal y no lo es si nadie lo considera así”.

Esta necesidad de reconocimiento por los demás como miembro de la coalición lleva a que los extremistas acaben dominando las coaliciones. Llamo extremistas a los que llevan hasta el extremo los signos de identidad – de pertenencia – de la coalición, esto es, las creencias, fidelidades, formas de producción, de relación entre los miembros, de comunicación o de “señalizar” la pertenencia al grupo (vestimenta, tatuajes…). Si el grupo es suficientemente grande, se formaran coaliciones en su seno y la tendencia será a que cada coalición profundice en lo que les diferencia de las demás coaliciones. Y aquí dice Tooby algo interesante. Las creencias sobrenaturales y, en general, todas las conductas que no estén apoyadas en la racionalidad eliminan los límites a las posibilidades de diferenciación y de “construcción” de la identidad de la propia coalición. Una vez que crees en un ser sobrenatural ¿qué te impide creer cualquier cosa? (Tooby pone el ejemplo del misterio de la Trinidad – “De orden del señor Cura, se hace saber que Dios es uno y trino” –). Cualquier creencia cementa la coalición. El requisito no es que sea más o menos racional. El requisito es que sea distinta de la creencia de las coaliciones rivales. Cuando una creencia es “transversal” – Tooby pone el ejemplo de la inmoralidad de la esclavitud – deja de tener poder identificatorio y diferenciador por lo que deja de ser un objetivo que se pone en la arena competitiva entre coaliciones rivales.

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