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jueves, 9 de agosto de 2018

Los emigrantes a las ciudades en el tercer mundo tienen menor aversión al riesgo, son más inteligentes, están mejor formados y son más productivos que los que se quedan en el campo


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Familia Jolliot-Curie. Los tres recibieron algún premio Nobel


No es que los agricultores sean menos productivos que los que trabajan en la industria, es que los que emigran a las ciudades son más productivos que los que se quedan en el campo


Los emigrantes tienen considerablemente más formación educativa que los no migrantes en ambos Kenia y en Indonesia; tienen casi el doble de la tasa de educación secundaria que los no migrantes rurales. Además, también parecen estar seleccionados positivamente en dimensiones que son más difíciles de capturar en un conjunto de datos típico… los migrantes obtuvieron aproximadamente 0.2-0.3 unidades de desviación estándar más altas en las pruebas de capacidad cognitiva. Además, los datos muestran que los puntajes de las pruebas cognitivas predicen con fuerza la migración, incluso cuando se controla el logro educativo.

cuando comparamos las experiencias de un  mismo individuo en su época de trabajo en la agricultura y, después, en la industria, las diferencias de productividad caen entre 80% y 100%. Esto es cierto para las diferencias de productividad entre los sectores agrícolas y no agrícolas, así como entre las zonas rurales y urbanas. Además, observamos este patrón no solo para las diferencias de productividad, sino también para las diferencias en el consumo, que se asemeja más al bienestar y que nos permite incluir individuos sin empleo remunerado en nuestro análisis.

Luego comprueban si hay aumento de productividad cuando los individuos pasan del campo a la ciudad porque, al llegar a ésta, esos individuos aprendan cosas que les hagan más productivos tal como han sugerido para los trabajadores españoles De la Roca y Puga en este trabajo. Y concluyen que quizá sí para Kenia pero no para Indonesia (lo que no es incompatible con lo que han mostrado los otros autores porque es plausible que el trabajo en las ciudades del tercer mundo no sea más productivo que el trabajo en el campo y que no ocurra lo mismo en los países desarrollados)

verificamos si la migración urbana tiene efectos variados al observar por separado la migración a las cinco ciudades más grandes de cada país, y seguimos comparando a la misma persona a lo largo del tiempo. En Indonesia, no observamos muchos indicios de que haya un efecto positivo de las ciudades más grandes, pero en Kenia, las diferencias de productividad son más altas en Nairobi y Mombasa, aunque todavía son sustancialmente menores que las diferencias de productividad que se observan entre individuos.

¿Y qué pasa al cabo de cierto tiempo?

Trabajos recientes de Nakamura et al. (2017) encuentra que la migración mejora los resultados de empleo para la generación siguiente. Si bien nuestro estudio no puede decir si existen efectos de la migración intergeneracional en la productividad, sí observamos que los hijos de los migrantes tienen mayor capacidad cognitiva, incluso después de controlar la capacidad cognitiva de los padres, lo que sugiere que las áreas urbanas pueden tener efectos positivos en la cognición. desarrollo, por ejemplo debido a mejores escuelas, o más interacciones sociales

Moraleja para los políticos: primero, no hacer daño. Segundo, los experimentos, con gaseosa. Tercero: no porque saques a la gente del “rural” vas a aumentar la productividad de tu economía.

Un caso que debería servir de advertencia fue la migración forzosa de la Operación Vijiji en Tanzania en 1973, en la que un gobierno autoritario forzó a miles a emigrar trasladando poblaciones rurales a pueblos y ciudades más grandes con el fin de acelerar la modernización económica. La dislocación económica y social resultante se considera hoy en día como un desastre político y se abandonó al cabo de un año frente a la resistencia a gran escala

Esta historia encaja con los resultados encontrados por algunos estudios en Etiopía sobre el escaso atractivo de los trabajos industriales para la población de países muy pobres. Si los salarios en la industria de esos países reflejan la productividad de los trabajadores. Como cuenta Chris Blatt los resultados de un estudio en Etiopía sobre las factorías (sweatshops) que han aumentado en número en los últimos años en aquel país,

Para nuestra sorpresa, la mayoría de las personas que consiguieron un trabajo industrial pronto cambiaron de opinión. Una mayoría renuncia en los primeros meses. Terminaron haciendo lo que hicieron aquellos que no habían conseguido el trabajo: volver a la granja familiar, aceptar un trabajo de construcción o vender productos en el mercado.

Agricultural productivity and rural-urban wage gaps revisited: Lessons from panel data

Joan Hicks, Marieke Kleemans, Nicholas Li, Edward Miguel

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