El otro blog para cosas más serias

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sábado, 30 de enero de 2021

“Deberíamos hacer todos los esfuerzos posibles para agravar y no para atenuar las imperfecciones del sistema institucional”



Los lugares comunes de la política en Francia son máximas prácticas vastas y cortantes que se toman como premisas fundamentales para deducir de ellas las aplicaciones particulares y esto es lo que los franceses llaman ser lógicos y consecuentes.

Por ejemplo, para probar que tal o cual medida debe ser adoptada alegan constantemente que es la consecuencia del principio sobre el que está fundado el sistema de gobierno: del principio absolutista (legitimismo del monarca) o del (democrático) de la soberanía del pueblo. La respuesta es que si éstos son verdaderamente principios prácticos, deben reposar sobre fundamentos teóricos: la soberanía del pueblo, por ejemplo, suministraría un fundamento justo al Estado; porque un Estado así constituido tiende a producir efectos beneficiosos. Sin embargo, ninguna forma de Gobierno produce todas las ventajas posibles (es óptima), y todos presentan más o menos inconvenientes. Ahora bien, como no se puede combatirlos de ordinario con ayuda de los medios sacados de las causas mismas que los producen, normalmente será un argumento mucho más potente en favor de una disposición práctica mostrar que no dimana del principio general del Gobierno que mostrar que dimana de él. Bajo un Gobierno absolutista, la presunción es mucho mayor a favor de instituciones de origen popular y en una democracia, a favor de los resortes naturales para mantener a raya los impulsos de la voluntad popular.

La forma de argumentación que se toma tan comúnmente en Francia por filosofía política tiende a esta conclusión práctica: que deberíamos hacer todos nuestros esfuerzos para agravar y no para atenuar todas las imperfecciones características, cualesquiera que sean, inherentes al sistema de instituciones que preferimos o sobre las que estamos llamados a vivir

J. S. Mill, Sistema de lógica inductiva y deductiva (1843), trad. esp. 1917, p 952-953.

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