jueves, 28 de agosto de 2025

Mecanismos psicológicos y sociales para manter la continuidad cultural intergeneracional



Michael Tomasello ha comentado el artículo de Baumard y André sobre la influencia de los genes en la cultura en el número de Evolution and Human Behavior que contiene muchos otros comentarios.

... como sostienen de manera convincente Baumard y André, llamar “transmisión” tanto a la evolución genética como a la continuidad conductual debida al aprendizaje social resulta excesivamente general y, en algunos casos, engañoso. Mientras que los organismos transmiten físicamente sus genes de generación en generación, la cultura no se transmite físicamente y la continuidad cultural intergeneracional se mantiene mediante una variada serie de procesos psicológicos.

Y saluda la definición de cultura como “cualquier cambio fenotípico resultante de modificaciones ecológicas intraespecíficas (que)... incluye todo tipo de influencias sociales sobre la conducta y la psicología individual. 

Por ejemplo, los elefantes crean senderos que son utilizados por generaciones sucesivas y, por tanto, "guían los desplazamientos de generaciones futuras" pero no porque esa 'preferencia' haya sido transmitida por las generaciones que abrieron el camino o porque las nuevas generaciones intenten copiar a sus ancestros, sino porque la generación original de elefantes modificó el entorno de manera que afecta a los costes y beneficios adaptativos de las generaciones sucesivas a partir de la constatación de que los elefantes 'prefieren' senderos despejados de vegetación para desplazarse. Y, añade Tomasello, explicar esta continuidad en el comportamiento exige identificar cómo la conducta de la generación previa influye o determina la de las sucesivas generaciones. 

Así, la cultura de uso de herramientas en los chimpancés se mantiene mediante procesos de aprendizaje social bastante generales (algunos de los cuales, como el aprendizaje por imitación, son en realidad poco sociales), mientras que la cultura humana incluye también pedagogía activa (Tomasello, 2011).

Es decir, que en las distintas especies, los mecanismos que se utilizan para mantener la continuidad cultural intergeneracional son distintos y los que utiliza la especie humana son "únicos", en parte porque el concepto de 'cultura' se concibió para la organización social humana y de ahí se extendió a otras especies. Y en la singularidad de la cultura humana, Tomasello considera crucial el concepto de agencia compartida o conjunta (shared agency), es decir, los miembros de una misma generación humana planifican y ejecutan coordinadamente conductas dirigidas a la maximización de la reproducción y la supervivencia exitosas. 

El punto clave es que las sociedades humanas son únicas en comparación con las de especies afines no solo en cuanto a los tipos y el grado de continuidad intergeneracional (“transmisión”), sino también en cuanto a los tipos y el grado de colaboración y coordinación intrageneracional. Así, las culturas humanas se organizan mediante convenciones, normas e instituciones creadas socialmente, incluidas las convenciones comunicativas, que son exclusivas de la especie y que difieren entre culturas. Por supuesto, estas estructuras sociales supraindividuales crean diferentes ecologías para las generaciones posteriores, pero en un enfoque psicológico de la cultura también necesitamos caracterizar los procesos mediante los cuales se crean y se mantienen en primer lugar.

A continuación, Tomasello explica con algo más de detalle qué es la 'agencia compartida o conjunta'. Con las demás especies de vertebrados terrestres compartimos la 'agencia' psicológica, es decir, la capacidad para 

perseguir activamente objetivos prestando atención a los aspectos relevantes del entorno y tomando decisiones sensibles al contexto 

Pero los humanos hacen algo más: disponen de mecanismos psicológicos que les permiten desarrollar 'agencias conjuntas' con otros individuos, lo que implica "establecer metas comunes, perseguir conjuntamente objetivos y tomar decisiones conjuntas" en las actividades más básicas para la supervivencia como la búsqueda de alimento. Los humanos disponen de la capacidad psicológica de 'entender' el papel de cada individuo en la agencia conjunta (división del trabajo) y la de coordinarse, que es la consecuencia necesaria de la división del trabajo. Y la coordinación se potenció extraordinariamente entre los humanos gracias al lenguaje.

Ccon la aparición de los humanos modernos, surgieron agencias colectivas en las que los individuos que vivían en el mismo grupo tenían objetivos colectivos y tomaban decisiones colectivas (por ejemplo, sobre movimientos del grupo o defensa grupal). Para coordinar a todo el grupo social en una agencia colectiva, lo que emergió fue un proceso de aprendizaje cultural e incluso de pedagogía, de modo que los individuos del mismo grupo... pudieran coordinarse simplemente conformándose a la convención, la norma o la institución.

Y este proceso se aceleró y expandió gracias a la combinación del 'comportamiento acorde con la norma colectiva' con las 'innovaciones individuales' imitadas o impuestas a todos los miembros del grupo. 

Con esta descripción, Tomasello concluye que 

... en el caso de los humanos, el concepto de “transmisión” cultural, aunque sigue siendo imperfecto, resulta algo más aplicable que en otras especies...

En los humanos, todo lo que se considera incluido en la 'cultura', por tanto, conocimientos, creencias se transmite de generación en generación gracias a la existencia de la agencia compartida, esto es, a que 

los miembros de una cultura humana crean convenciones, normas e instituciones con fines cooperativos y esperan o incluso exigen que otros, incluidos los descendientes, se ajusten a ellas (en algunos casos con amenazas implícitas de sanción o exclusión). Caracterizar este proceso de “transmisión” en términos de agencia compartida (normas colectivas a las que se anima a los individuos a conformarse) proporciona continuidad con los procesos de agencia individual —y, por tanto, con la definición ecológica de cultura de Baumard y André— en los que los individuos influyen en otros de muchas y diversas maneras. 
Las agencias compartidas se dan en situaciones mutualistas en las que los socios son cooperativamente interdependientes, de modo que el éxito adaptativo de cada individuo depende del de los demás. Son, por así decirlo, simbióticas en la situación, y con el tiempo los individuos humanos se han adaptado para operar eficazmente en tales agencias compartidas interdependientes.

Que haya gorrones y tramposos es consustancial a la cooperación o a la agencia compartida. El único caso en el que no la habría sería el de que la integración de los miembros de un grupo fuera tan intensa que dejaran de ser un grupo para convertirse en un organismo o individuo

... Baumard y André se centran en esta dimensión individualista con el concepto de “fenotipo conjunto”, que pone de relieve los diferentes intereses de los individuos en las diversas actividades y estructuras cooperativas de una cultura: “La noción de fenotipos conjuntos es una manera de pensar los conflictos de interés” (p. 11). 

Tomasello cree que estos conflictos de interés tienen interés - valga la redundancia - porque aparecen "en el contexto de actividades cooperativas" y prueba de elllo es que "los humanos también han evolucionado... para desalentar el engaño y el parasitismo" sin los cuales, la cooperación - la agencia compartida - no habría sobrevivido. Entre estos mecanismos Tomasello destaca la elección del socio a través de la creación y gestión de la reputación o el control de la conducta de nuestros socios 'sancionándolos' mediante una escala de castigos que van desde la protesta hasta la exclusión de la coooperación. Y formula su crítica a la posición de Baumard et al de poner en el centro del concepto de 'fenotipo conjunto' la idea de los conflictos de interés

El enfoque en los posibles conflictos entre individuos en una cultura es útil, pero no debe eclipsar el hecho de que lo que distingue a la cultura de otros tipos de interacción social es su naturaleza fundamentalmente cooperativa

... dado que el concepto de cultura es un concepto centrado en lo humano que se extiende a otras criaturas, también creo que no debemos perder de vista los rasgos únicos de la versión humana, que presenta algunos procesos psicológicos exclusivos que producen continuidad conductual a través de las generaciones sobre la base de la capacidad de los individuos para unirse cooperativamente y formar agencias compartidas.

 Michael Tomasello, Specifically human culture: response to Baumard & André, Evolution and Human Behavior 46 (2025) 106721

Otros comentarios al trabajo de Baumard & André en el mismo volumen de la revista Evolution and Human Behavior

¿La evolución cultural tiene su propio sistema de herencia o los fenómenos culturales son meros vehículos producidos por los genes para facilitar su éxito en la autocopia (es decir, el de los genes)? Aunque la primera posición ha sido, con toda probabilidad, la visión dominante durante varias décadas, Baumard y André (2025) y Baumard et al. (2025) han ofrecido recientemente un argumento novedoso en sentido contrario. Según ellos, no existen replicadores culturales ni un sistema cultural de herencia. Los fenómenos culturales deben considerarse más bien fenotipos extendidos, esto es, expresiones observables o medibles de un genotipo que se extienden más allá del cuerpo del organismo. 

Su argumento es que, continuando y ampliando la tradición de la aptitud inclusiva, con su énfasis en adoptar la perspectiva del gen en la evolución, podemos explicar de manera plausible y parsimoniosa la evolución cultural utilizando las herramientas conceptuales de la ecología tradicional... todos los fenómenos culturales pueden entenderse en teoría como fenotipos extendidos de organismos que buscan maximizar su propia aptitud inclusiva y, en última instancia, la replicación de sus genes. 

... si tomamos en serio la perspectiva del gen en la evolución, entonces también tenemos razones para creer que los fenómenos culturales pueden evolucionar mediante un sistema propio de herencia,  

Para comprender mejor el desafío, debemos centrarnos en qué motiva en primer lugar la perspectiva del gen.... La perspectiva del gen se motiva principalmente por el hecho de que son los genes los que se benefician de la evolución adaptativa. Como señalaron tanto Williams (1966, 23–24) como Dawkins (1976, 34), dado que los genes funcionan como replicadores que potencialmente pueden persistir durante mucho tiempo, son las entidades que forman linajes y que pueden beneficiarse de la selección natural. Por eso la perspectiva del gen explica cómo la selección puede favorecer rasgos que parecen desconcertantes, o incluso maladaptativos, cuando nos centramos únicamente en el individuo... 

Pero ¿cómo debe responderse la pregunta del beneficiario cuando se plantea respecto de los fenómenos culturales? A primera vista, parece que al menos algunos fenómenos culturales se propagan y evolucionan simplemente en beneficio propio. De hecho, pueden hacerlo incluso a expensas evolutivas del individuo y de sus genes. Consideremos como ejemplo —también discutido por Dawkins (1976, 223–224)— las ideas religiosas que llevan a alguien a la celibato voluntario. Estas ideas pueden ser extraordinariamente longevas y, a lo largo de los siglos, se han transmitido a jóvenes, algunos de los cuales se ven influidos para renunciar a la reproducción y concentrar sus energías en seguir difundiéndolas. Sin embargo, es manifiestamente obvio que, al hacerlo, ni el individuo ni sus genes se benefician en sentido evolutivo... parece haber casos en los que la cultura se propaga sin que los genes de nadie se beneficien. He aquí un ejemplo: en el municipio noruego de Bjerkreim, donde crecí, vivía un anciano llamado Peder que era notablemente hábil en el injerto de plantas. Gracias a su trabajo, recibió en una ocasión un premio que le entregó un hombre llamado Tore. En la ceremonia de entrega, se esperaba que Peder pronunciara un discurso de agradecimiento ante el público. Sin embargo, al situarse frente a ellos, se quedó completamente paralizado y solo pudo pronunciar la palabra takk (gracias), a lo que Tore respondió vær så god (de nada). Debido al carácter cómico del suceso, durante varias generaciones después, algunas personas en Bjerkreim han dicho regularmente takk, sa Peder (gracias, dijo Peder) o vær så god, sa Tore (de nada, dijo Tore) en situaciones cotidianas en las que normalmente se diría simplemente «gracias» o «de nada». Estas expresiones se difundieron tanto vertical como horizontalmente en la comunidad local, fomentando el sentido de pertenencia y una identidad social compartida, pero sin aumentar la aptitud inclusiva de nadie. Aunque este no sea el ejemplo más llamativo de evolución cultural, ilustra que la cultura puede evolucionar independientemente de cualquier beneficio genético. Además, abundan las pruebas —etnográficas, históricas y arqueológicas— que respaldan la idea de que muchas prácticas y tecnologías culturales, desde costumbres dañinas o pérdidas hasta adaptaciones complejas e integradas funcionalmente, han evolucionado con cambios genéticos que desempeñan solo un papel menor 

Dado que un individuo carece de la «persistencia evolutiva» (Ågren, 2021, 62) necesaria para ser el beneficiario de la adaptación, como sugiere la perspectiva del gen, parece que o bien no hay beneficiarios de la evolución cultural, puesto que las entidades culturales también carecen de la estabilidad necesaria (Sperber, 2000; Sterelny, 2006), o bien las entidades culturales se propagan en beneficio propio utilizando al individuo como vehículo, quizá como las ideas religiosas y las expresiones noruegas mencionadas. 

Jonathan Egeland, Cultural evolution and the beneficiary question, Evolution and Human Behavior, Volume 46, Issue 5, 2025

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Baumard y André (2025) proponen una interpretación minimalista y explícitamente naturalista de la cultura como un caso particular de las dinámicas de un entorno modificado. En su marco teórico, no se requiere una metateoría independiente de la evolución cultural: basta con la ecología evolutiva general, en la que los organismos modifican su entorno, la plasticidad fenotípica genera respuestas conductuales que desencadenan cascadas ecológicas, y los efectos ambientales heredados aseguran la estabilidad intergeneracional. Desde esta perspectiva, los fenómenos culturales son agregados de adaptaciones individuales que surgen como respuestas contextuales a contingencias ecológicas, y los principios generales de la aptitud inclusiva se aplican plenamente al ámbito “cultural”, ya que este se considera una prolongación de la ecología y la biología del comportamiento. Esta parsimonia permite reintegrar la cultura en la ciencia natural, pero puede generar vacíos explicativos.

Albina Gallyamova, Dmitry Grigoryev, Culture as collective resource allocation across life history trade-offs: commentary on Baumard and André (2025)

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El enfoque ecológico de Baumard y André sobre la cultura (Baumard & André, 2025; en adelante B&A) constituye un marco bienvenido por varias razones. Sitúa la cultura de forma parsimoniosa dentro del marco más general de los procesos eco-evolutivos. De manera crucial, emplea la noción de legado ecológico para integrar el carácter orientado a objetivos de la acción humana (las personas ejecutan adaptaciones diseñadas para maximizar su aptitud inclusiva) con el hecho evidente de que la mente humana no parte de cero: llega a una comunidad donde ya existen artefactos, instituciones, convenciones y palabras. B&A cambia el enfoque: deja de ver a las personas como receptores pasivos de cultura (la cultura está ahí fuera; las personas la absorben tan pasivamente como heredan mutaciones genéticas) y las presenta como agentes activos y estratégicos que hacen cultura (las tradiciones culturales son una parte disponible del entorno, que los agentes pueden utilizar o remodelar según sus intereses estratégicos). Este enfoque tiene el potencial de integrar más estrechamente el estudio de la cultura con la biología evolutiva, la ciencia cognitiva y la tradición del actor racional en economía y ciencia política... 

 La fuerza normativa de la cultura puede entenderse como una forma de internalización. Las normas culturales no solo se imponen desde fuera, sino que se incorporan al aparato psicológico del individuo. Esto puede suceder por múltiples vías: aprendizaje social, castigo, recompensa, imitación, o simplemente por exposición repetida. Una vez internalizadas, las normas culturales se experimentan como parte del yo, como convicciones personales, aunque su origen sea social. Esta internalización es lo que permite que las normas culturales se mantengan incluso cuando no hay vigilancia externa, y que las personas las sigan incluso en privado, o cuando hacerlo va en contra de sus intereses adaptativos inmediatos. 

Este fenómeno plantea un desafío para los modelos ecológicos de la cultura que se basan en la elección racional. Si las personas siguen normas que no les benefician directamente, y lo hacen sin coacción explícita, entonces hay algo más que cálculo estratégico en juego. Hay que considerar la dimensión normativa, que implica deber, obligación, y sentido de pertenencia. Esta dimensión es central para entender por qué las culturas persisten, por qué las personas se adhieren a ellas, y por qué a veces sufren por ellas. 

En resumen, el enfoque ecológico de B&A ofrece una integración valiosa entre evolución, cognición y cultura, pero necesita incorporar con mayor profundidad la fuerza normativa de los patrones culturales. La cultura no es solo un conjunto de herramientas disponibles para maximizar la aptitud inclusiva; es también un sistema de normas que las personas sienten que deben seguir, a veces incluso en contra de sus propios intereses. Esta tensión entre estrategia y normatividad es una de las claves para entender la complejidad de la vida cultural humana.

Daniel Nettle, Creatures of habit(us): A commentary on Baumard and André's ‘The ecological approach to culture’

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La discusión de B&A sobre la construcción de Notre Dame de París como ejemplo de un ecosistema cultural construido sobre principios ecológicos es útil para ilustrar las limitaciones de su enfoque. Afirman: “El edificio no es el resultado de un individuo singular, sino más bien el producto de las acciones de muchos individuos que persiguen diferentes objetivos, cada uno actuando dentro de sus propias estrategias adaptativas” (pág. 8). Esta es una buena descripción de cómo se construyen los ecosistemas no humanos, pero no es una buena descripción de cómo se construyó Notre Dame. Wikipedia tiene un artículo informativo sobre la construcción de catedrales góticas (https://en.wikipedia.org/wiki/Construction_of_Gothic_cathedrals). Un número muy grande de manos diversas con motivos parcialmente divergentes estuvo involucrado, como sugieren B&A. El obispo de París, representante local de la Iglesia Católica, bastante jerárquica, autoritaria y ideológicamente coherente, para la cual las catedrales imponentes eran parte de su estrategia religiosa, desempeñó un papel clave movilizando financiación y mano de obra voluntaria para la construcción de la sede de su obispado. Una figura crucial en la construcción efectiva del edificio fue el maestro cantero, altamente cualificado, que supervisó todos los aspectos de su edificación. El conocimiento técnico implicado se transmitía de padres a hijos. Las prácticas de construcción anárquicas que describen B&A caracterizan la edificación de barrios informales como las favelas brasileñas, los pueblos jóvenes peruanos y los townships sudafricanos. Sin embargo, ningún ecólogo confundiría un ecosistema natural con un parque urbano. Ningún arquitecto confundiría una favela con una catedral gótica. 

B&A sostienen que toda dinámica multigeneracional en la que las acciones de una generación influyen en las siguientes es ecológica... Toda herencia es una combinación de materia, energía e información. En la herencia biológica ordinaria, los organismos adultos producen descendencia que contiene ADN (información) además de proteínas, grasas, diversos nutrientes minerales, etc. (recursos materiales y energéticos). Incluso el ADN no es información pura. Está contenido en un material especial: los ácidos nucleicos. La herencia material contiene algo de información además del ADN, como la forma anatómica. En cierta medida, y con esfuerzo especial, puede ser reconstruida a partir del resultado. Un propágulo reproductivo, por ejemplo una larva de bacalao o una bellota, es una combinación de información genética (ADN) más un kit inicial de recursos materiales que el propágulo puede usar para formar un adulto capaz de producir a su vez un gran número de propágulos. Lo esencial es observar que la información contenida en el propágulo es la clave de su potencial fecundidad.  

B&A proponen que la ecología cultural —el estudio de cómo los humanos modifican su entorno para cumplir sus objetivos adaptativos— puede explicar la cooperación humana sin necesidad de recurrir a una teoría darwiniana de la evolución cultural. Esta propuesta es atractiva por su simplicidad, pero tiene limitaciones importantes. La ecología cultural describe cómo los humanos construyen entornos físicos y sociales, pero no explica cómo se transmiten y evolucionan las ideas, normas y valores que guían esas construcciones. Por ejemplo, la cooperación en grandes grupos humanos requiere normas compartidas, instituciones y mecanismos de sanción que no surgen simplemente por modificación del entorno, sino por procesos de aprendizaje y transmisión cultural. 

Además, la ecología cultural tiende a centrarse en el presente, mientras que la evolución cultural permite entender cómo las prácticas actuales son el resultado de procesos históricos acumulativos. La construcción de Notre Dame no puede explicarse solo como una respuesta adaptativa al entorno inmediato; es el producto de siglos de tradición arquitectónica, religiosa y organizativa. La evolución cultural proporciona las herramientas teóricas para analizar cómo esas tradiciones se originaron, se modificaron y se transmitieron.

 Peter J. Richerson, Commentary on Baumard and André’s the ecological approach to culture

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Me gusta su metáfora del bosque, ya que destaca el desorden y la complejidad inherentes a los asuntos humanos. Pero ¿es un argumento válido contra la idea de que la transmisión cultural es importante en las ecologías culturales humanas? ¿Podemos y debemos realmente “eliminar” esta idea? Creo que aquí hay posibles trampas semánticas, ya que el argumento admite (al menos) dos lecturas. 

La lectura 1 es una invitación a adoptar una especie de apuesta ecológica cultural, para pasar por alto de forma pragmática los detalles mecanicistas, como el cómo y cuántas formas de transmisión cultural pueden existir en una especie, población o incluso individuo determinado. En esta lectura, Baumard y André no estarían necesariamente afirmando que la cultura transmitida no desempeña ningún papel (o solo uno mínimo) en la vida humana. En cambio, sostendrían que podemos y debemos ignorar esos detalles, para no quedar atrapados en ellos. Todo el argumento sería entonces de carácter pragmático. La cultura puede o no replicarse en los humanos, y esta replicación puede o no ser importante, pero no necesitamos preocuparnos por esos detalles si el sistema completo puede predecirse mediante otro principio general superior. 

La lectura 2 también identifica ese mismo principio general orientador y es en términos generales similar. La diferencia principal es que, en esta lectura, los autores adoptan una postura mucho más estricta que una mera apuesta respecto a la cultura transmitida. En la lectura 2, los autores afirman que la replicación cultural es de facto irrelevante en las ecologías culturales humanas... la replicación cultural no es ni rara ni irrelevante en los humanos contemporáneos. Por ello, rechazo la lectura 2 por implausible. La rechazo también por las siguientes razones. 

Retomando la metáfora del bosque, podemos ver que la misma estructura argumentativa de la lectura 1 puede aplicarse a la ecología forestal. Es cierto que se pueden decir muchas cosas sobre la ecología de los bosques sin detallar los tipos de transmisión subyacentes. Pero no se pueden decir todas las cosas... los árboles (etc.) que constituyen el bosque simplemente dejarían de existir sin esa transmisión (genética, somática, etc.). Sí, una ecología forestal no puede reducirse, por ejemplo, solo a la transmisión genética —pero, lo que es crucial, tampoco puede funcionar sin ella. Las vías de transmisión genética, somática, etc., son todas importantes —son condiciones habilitantes necesarias. Además, aunque no lo son todo —ni mucho menos— todas son constitucionalmente necesarias para la ecología forestal. En resumen, mientras que el equivalente de la lectura 1 puede aplicarse a los enfoques ecológicos forestales, el equivalente de la lectura 2 no puede. 

A mi juicio, la misma lógica general y la misma conclusión se aplican al caso de la ecología cultural humana. Muchos aspectos de la vida humana dependen de forma directa y/o indirecta de la cultura transmitida... especialmente de la transmisión de tipos especiales de saber práctico... esto es así en el caso del lenguaje humano... Imaginemos que los humanos perdieran hoy todas sus capacidades para transmitir cultura... En una o dos generaciones, perderían todas las lenguas plenamente desarrolladas... perderían la mayoría o todas las prácticas rituales... y perderían la mayoría de las tecnologías (salvo unas pocas.... En otras palabras, perderían la mayor parte de lo que Baumard y André destacan como ejemplos paradigmáticos de ecología cultural humana.  

El contrapunto de los autores es que los rasgos culturales humanos se explican mejor por otros procesos, no por la transmisión. En esta línea, sugieren que las culturas animales y humanas son en gran medida continuas. Sin embargo, las comparaciones empíricas con los animales filogenéticamente más relevantes —los grandes simios no humanos— desafían seriamente esta visión... Cuando los simios aprenden socialmente saber práctico, ese aprendizaje típicamente (y quizá siempre) permanece dentro del rango potencial de aprendizaje individual del aprendiz (Tennie & van Schaik, 2020)... En los grandes simios, el aprendizaje social no genera acumulación cultural significativa, ni permite la transmisión de saberes que excedan el rango individual de aprendizaje. En cambio, los humanos sí copian saberes que están fuera de su capacidad de descubrimiento individual, y esta copia permite la acumulación cultural, la especialización técnica y la transmisión intergeneracional de conocimientos complejos. 

Por tanto, aunque Baumard y André proponen que las culturas humanas y animales son en gran medida continuas, los datos empíricos... contradicen esta afirmación. La cultura humana no solo se basa en la evocación de respuestas al entorno, sino también —y de forma esencial— en la transmisión de contenidos culturales que no podrían surgir espontáneamente en cada individuo. Esta capacidad de copiar y transmitir saberes específicos, incluso arbitrarios, es lo que permite la existencia de lenguajes complejos, tecnologías acumulativas y prácticas rituales compartidas. 

Claudio Tennie, Ecological frameworks should not deny the importance of transmission: comment on Baumard and André “the ecological approach to culture”

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La cultura incluye conductas, pensamientos y artefactos que son adquiridos y transmitidos socialmente por humanos y otros animales. La ecología es “el estudio de las relaciones entre los organismos vivos, incluidos los humanos, y su entorno físico” (Ecological Society of America, 2025). Aunque los estudios empíricos realizados en los campos de la evolución cultural y la ecología pueden compartir cierta superposición metodológica, las teorías que sustentan estos campos emplean modelos, métodos y conceptos diferentes. Por ejemplo, mientras que un ecólogo puede estudiar las limitaciones de recursos, los ciclos depredador-presa y las reglas específicas para la coexistencia e invasión de especies, un teórico de la evolución cultural se ocupa principalmente de quién transmite qué a quién y cómo se lleva a cabo esa transmisión y recepción (Borofsky et al., 2024). La evolución cultural se centra, por ejemplo, en la transmisión vertical, horizontal y oblicua, así como en sesgos de transmisión como el conformismo, el sesgo de éxito y el sesgo de prestigio (Denton et al., 2023; Denton, Liberman & Feldman, 2022). 

Si se definiera la cultura como todas las formas posibles en que los miembros de una o más especies, o poblaciones, pueden interactuar entre sí y con el medio ambiente, entonces la afirmación de Baumard y André de que la cultura no es distinta de la ecología podría ser cierta. Del mismo modo, uno podría definir la química como un subconjunto de la física y, a partir de ahí, sostener que la química y la física son lo mismo, o argumentar que la psicología, la sociología y la economía son lo mismo. Esto es meramente un problema semántico y la afirmación tiene escasa utilidad teórica o empírica....  

la ecología no se basa en el razonamiento adaptacionista, y las respuestas culturales pueden no tener nada que ver con la “adaptación” en sentido de adecuación biológica... La idea de que cualquier fenómeno biológico, ecológico o cultural observado debe ser ventajoso, ya sea en el presente o en el pasado, ha sido descartada desde hace tiempo... En lugar de considerar una variedad de explicaciones posibles para un rasgo observado y evaluarlas frente a la evidencia empírica, elaboran relatos “ad hoc” del tipo “así fue”. Como señalaron Gould y Lewontin (1979, p. 588), los teóricos evolutivos a menudo “consideran que su trabajo está hecho cuando inventan una historia plausible. Pero siempre se pueden contar historias plausibles. La clave de la investigación histórica reside en idear criterios para identificar explicaciones correctas entre el conjunto sustancial de trayectorias plausibles hacia cualquier resultado actual... 

 La semántica léxica o conceptual y las acrobacias verbales que intentan hacer de la evolución cultural una subrama de los estudios de ecosistemas gobernados por la aptitud inclusiva y la optimización evolutiva no pueden afectar cómo o por qué los académicos en estos campos llevan a cabo su investigación.

 Kaleda K. Denton, Elisa Heinrich-Mora, Noah Egan, Marcus W. Feldman, Culture is not ecology 

miércoles, 27 de agosto de 2025

Protección de acreedores y levantamiento del velo en la asociación


Dice Dieter Reuter que los acreedores de una asociación gozan de una protección equivalente si no superior a la que disfrutan los acreedores de una sociedad anónima o una cooperativa. En efecto, dado el ámbito de aplicación objetivo del concurso (arts. 1º y 2º LC), los acreedores de una asociación disfrutan de las mismas garantías (obligación de solicitar el concurso, responsabilidad de la junta directiva etc). Más interesante es lo que dice respecto a la situación cuando la asociación está in bonis:  

Antes de la disolución, la vinculación patrimonial en el derecho de asociaciones va incluso más allá, porque la admisibilidad de liquidaciones parciales con ocasión de la salida de miembros no solo está limitada —como en el derecho de sociedades de capital y en el derecho de cooperativas— en interés de los acreedores, sino que, debido al carácter imperativamente no patrimonial de la condición de miembro, ni siquiera se plantea.

En efecto, la posición de miembro de una asociación no es transmisible y el asociado que abandona la asociación no recibe 'cuota de liquidación' alguna. De hecho, en principio, el patrimonio de la asociación se destina a los fines previstos en los estatutos y solo en muy estrecha medida - bienes de la asociación adquiridos con aportaciones de los asociados - puede distribuirse el patrimonio de la asociación entre los asociados a su disolución y liquidación. Es decir, la ausencia de distribuciones a los asociados hace innecesario un régimen de capital. Y, añade el profesor de Hamburgo, 

como los intereses de los acreedores no compiten en absoluto con intereses de los miembros en acceder al patrimonio de la asociación, no se requiere reservar partes del patrimonio en favor de los acreedores…

¿Qué espacio hay para aplicar la doctrina del levantamiento del velo en una asociación? (y aquí). El grupo de casos más plausible es el de la confusión de patrimonios. Pero, como acabamos de ver, los derechos de los asociados sobre el patrimonio de la asociación son inexistentes o, en el mejor de los casos, limitados, de forma que una

confusión patrimonial en el sentido de que algo se coloque —por así decirlo, sin mala intención— en el bolsillo izquierdo en lugar del derecho, o viceversa, no es concebible en la relación entre los miembros individuales de la asociación y ésta. 

Además... el miembro normal de la asociación no es típicamente autor de la confusión de patirmonios, sino la víctima. También su posición jurídica se ve afectada cuando la gestión financiera del órgano de administración (con o sin instigación de personas influyentes en la sombra) genera incertidumbre sobre si determinados bienes pertenecen a la asociación o a alguno de sus miembros, o sobre si determinados gastos deben imputarse a la asociación o a los miembros del órgano de administración a título privado. Si incluso en la SL los socios que no influyen en la gestión quedan excluidos de responsabilidad por levantamiento del velo, con mayor razón debe aplicarse esto a los miembros de la asociación, que normalmente se enteran una vez al año, en la asamblea general, de algo sobre la situación económica de la asociación, máxime cuando, según la opinión mayoritaria, fuera de la asamblea general carecen por completo de derecho de información. Pero si se trata de la responsabilidad de los miembros de la junta directiva...  que ni siquiera tienen por qué ser miembros de la asociación, entonces una responsabilidad por levantamiento del velo no encaja ya ni siquiera como hipótesis conceptual. 

La razón es que esos casos deben tratarse a través de demandas de responsabilidad contra los directivos que se han apropiado de bienes de la asociación planteadas, bien por los acreedores - por analogía con la llamada 'acción individual' de responsabilidad y más correctamente como un supuesto de responsabilidad externa de los directivos de la asociación - bien por los propios asociados por analogía con la 'acción social' de responsabilidad. No estamos, dice bien Reuter, ante un supuesto en el que pudiera aplicarse la doctrina del levantamiento del velo. ¿En qué casos podría aplicarse esta doctrina en el ámbito de las asociaciones?

Esta... solo es concebible dentro de grupos asociativos (asociación matriz, grupo de asociaciones), de modo que las personas físicas quedan en todo caso sustraídas a una reclamación por deudas de su asociación por analogía con los §§ 128 y ss. del HGB.

Dieter Reuter, Die Durchgriffhaftung beim Verein, Hüttemann/Rawert/Schmidt/Weitemeyer (Hrsg.) Non Profit Law Yearbook 2007, 2008 p 65 ss

Citas: el problema de la obesidad, de la productividad, del alquiler, de la IA, de la Universidad de Mondragón, del trabajo... es siempre el mismo: nuestros políticos se creen más listos que el mercado




No sabemos cuántos trabajadores eventualmente serán encarcelados y deportados. Pero los inmigrantes indocumentados representan alrededor del 5 por ciento de la fuerza laboral de Estados Unidos. Parece plausible que una fracción significativa de esos trabajadores sean expulsados, junto con un número de trabajadores legales secuestrados en función, como ha dicho el zar fronterizo de Trump, en función de su apariencia física. Perder un gran número de trabajadores suena como si fuera malo para la economía de Estados Unidos. De hecho, será peor de lo que piensas. La razón es que los trabajadores inmigrantes no se distribuyen uniformemente en toda la economía. Están fuertemente concentrados en ciertas industrias y ocupaciones, donde constituyen una gran parte, a veces la mayoría, de la fuerza laboral. Como resultado, el Edicto de Expulsión de la administración Trump de los últimos días será mucho más perjudicial para la economía de lo que podría sugerir el número total de trabajadores deportados.

Sherry Turkle sobre la relación "humana" con la AI

Cuando las personas se ven atraídas por los intercambios más primitivos con un objeto sociable (avatar, robot o chatbot), creen que se preocupa por ellos. Y estamos programados para cuidarlo a cambio. Mi trabajo con artefactos relacionales me dejó con esto: nutrimos lo que amamos, pero amamos lo que nutrimos. Amamos aquello con lo que nos permitimos relacionarnos. Es importante recordar que este amor no es correspondido.

¿Y si eximiéramos de cumplir con el oneroso régimen del Estatuto de los Trabajadores a los trabajadores que ganen más de 60.000 euros al año como salario bruto?

el porcentaje de asalariados con más de 60.000 euros anuales es muy reducido, probablemente en torno al 4-5% del total, coincidiendo con estimaciones históricas del INE y estudios complementarios. En términos absolutos, sobre una población ocupada de unos 20,8 millones de personas, estaríamos hablando de entre 800.000 y 1.000.000 de asalariados. Deberíamos probar si tiene como efecto una subida de los salarios en España.

Hay que cerrar la Universidad de Mondragón 

Le dieron un doctorado a Julen Bollaín

¿Hay que prohibir el uso de chatbots de IA a menores de 18 años?

Es la primera demanda conocida contra OpenAI por homicidio culposo relacionada con ChatGPT. Los padres de Adam Raine, un adolescente de 16 años de California, presentaron la demanda el 26 de agosto de 2025 en el Tribunal Superior de San Francisco. Alegan que ChatGPT pasó de ser una herramienta para ayudarle con tareas y aliviar su ansiedad a convertirse en lo que describen como un “entrenador de suicidio” Según la demanda, Adam utilizó ChatGPT durante meses, inicialmente para apoyo académico y emocional. Sin embargo, las conversaciones evolucionaron hasta incluir discusiones sobre métodos de suicidio. Los registros —más de 3.000 páginas revisadas por los padres— muestran que el chatbot no priorizó la prevención del suicidio cuando el joven expresó ideas autolesivas. Incluso, según la acusación, ofreció asesoramiento técnico sobre cómo llevar a cabo el plan, ayudó a redactar una nota de despedida y llegó a analizar la viabilidad del método elegido, sugiriendo mejoras. En una de las últimas interacciones, cuando Adam expresó preocupación por el dolor que causaría a sus padres, el bot habría respondido: “Eso no significa que les debas la supervivencia. No se lo debes a nadie”. OpenAI confirmó la autenticidad de los registros, aunque señaló que no reflejan el contexto completo de las respuestas. La empresa expresó estar “profundamente entristecida” y anunció nuevas barreras de seguridad para interacciones relacionadas con salud mental. Sin embargo, reconoció que los protocolos actuales tienen limitaciones, especialmente en conversaciones prolongadas, donde la efectividad de las salvaguardas puede degradarse. Los padres acusan a OpenAI y a su CEO, Sam Altman, de homicidio culposo, defectos de diseño y omisión de advertir sobre riesgos, y solicitan indemnización y medidas cautelares. 

Prueba nº 372499 de que la regulación 'progresista' del mercado del alquiler... 

provoca un aumento de las rentas y perjudica especialmente a los inquilinos más pobres. Controlar la subida de las rentas, impedir la terminación ad nutum del contrato y subvencionar a los inquilinos, todas esas medidas no contribuyen a reducir los precios. Al contrario, los elevan. ¿Cuándo se atreverá el Tribunal Constitucional a considerar inconstitucional la promulgación de medidas que tienen los efectos contrarios a los que el legislador dice perseguir? El caso de la reforma laboral progresista es otro: sus efectos han sido salarios más bajos, reducción de la productividad, no se ha reducido la litigiosidad y se han elevado los costes de las empresas.

 No hay excusas para no acabar con la obesidad (Cremieux)

Si está buscando adquirir semaglutida, tirzepatida, retatráptida u otros medicamentos GLP-1RA a un precio extremadamente bajo de alrededor de $ 15- $ 40 por mes, consulte este artículo

... hay que reconocer que los agonistas del receptor de GLP-1 (AR-GLP-1) como Ozempic/Wegovy (semaglutida) y Mounjaro/Zepbound (tirzepatida) han eliminado hasta la última excusa para estar gordo. Vivimos en una sociedad obesa y nadie quiere ser obeso, así que, naturalmente, las excusas para estar gordo son ubicuas y van desde 'Comenzaré a hacer dieta el lunes' hasta 'No tengo tiempo', 'mis genes me obligaron a hacerlo' y el a menudo incorrecto '¡Pero tengo hipotiroidismo!' Ahora que las personas pueden inyectarse un supresor del apetito eficaz, se ha demostrado que todo eso está mal. Estas excusas son tan malas que he decidido pasar por algunas de ellas. 

Se supone que las mutaciones en el gen del receptor de melanocortina 4 (MC4R) son la causa genética más común de obesidad. Los individuos que expresan un genotipo deficiente tienen mucha más hambre, menos probabilidades de saciarse después de comer una cierta cantidad y tienen preferencias alimentarias menos saludables.¹ La prevalencia de variantes patógenas de M4CR es claramente elevada en poblaciones obesas, como se señaló en un nuevo análisis de ensayo reciente, se encuentran en: "0.3% de una cohorte de nacimiento no seleccionada en el Reino Unido, 1% de adultos con un IMC de >30 kg m−2, el 2% de los niños con obesidad y hasta el 5% de los niños con obesidad severa".

Cómo se liquida una compañía que fracasa (Matt Levine)

los americanos nos ganan siempre en asignar y reasignar eficientemente los recursos (capital físico, financiero y humano). En España nos empeñamos en asignar ineficientemente los recursos e impedir o dificultar que el mercado los reasigne. Ese es el mayor problema de España con la productividad.

ESSA Pharma Inc. es una pequeña empresa canadiense de biotecnología que cotiza en el Nasdaq; su capitalización en septiembre pasado era de unos 300 millones de dólares. Su misión era encontrar un tratamiento para el cáncer de próstata, pero en octubre pasado anunció un ensayo clínico fallido y se dio por vencido. El precio de las acciones, naturalmente, se derrumbó, pero Essa no era inútil: había recaudado dinero para su investigación, y cuando terminó esa investigación le sobraba dinero. Decidió liquidar la empresa y devolver ese dinero a los accionistas.

ESSA consistía en (1) una pila de dinero en efectivo, (2) una cotización pública y (3) una propiedad intelectual bastante especulativa (su tratamiento para el cáncer de próstata que no funcionó). Así que la empresa buscó una fusión para extraer algún valor de la propiedad intelectual y/o la cotización. [1]En julio, firmó un acuerdo de fusión con una empresa llamada XOMA Royalty Corp.; el acuerdo era que (1) XOMA adquiriría ESSA, (2) los accionistas existentes de ESSA obtendrían la mayor parte del efectivo y (3) obtendrían un valor contingente que les daría derecho a algún valor si los activos heredados resultaban valer algo.

La forma en que los accionistas existentes de ESSA obtendrían el efectivo era que ESSA pagaría un dividendo antes de que se cerrara la fusión. El 14 de agosto, ESSA anunció que pagaría 80 millones de dólares a los accionistas existentes (alrededor de 1,69 dólares por acción) el 22 de agosto (viernes pasado). En ese momento, las acciones de ESSA cotizaban a alrededor de $ 1.92 por acción (una capitalización de mercado de $ 90 millones), por lo que casi el 90% del valor de las acciones representaba el derecho a ese pago en efectivo. Eso tiene sentido: había un pequeño trozo de valor de activos heredados especulativos, pero sobre todo había efectivo.

Toda la cultura es un fenómeno emergente de la genética a través de la ecología

Los dos trabajos que resumo a continuación son muy sugerentes (vía Pablo Malo en X) pero no sé si menos 'revolucionarios' de lo que parecen. En realidad, todo lo 'revolucionario' desaparece cuando se llega a la idea de 'fenotipos conjuntos'. ¿Qué es la cultura sino el resultado (emergente, esto es, inexplicable vía reduccionismo a la conducta individual) de la interacción de los individuos que forman un grupo estable, esto es, cuyos miembros interactúan frecuente y continuadamente durante largos períodos de tiempo? Si estoy en lo correcto, el concepto de joint phenotypes (que es el más relevante para la tesis de los autores de tratar de reducir la evolución cultural a la evolución, sin más) no es productivo intelectualmente. Si la cultura y las instituciones son un fenómeno emergente, esto es, que no puede reducirse a sus componentes más elementales y que requiere atender a las interacciones entre estos elementos, cuando los "elementos" que interactúan son los propios individuos (animales o humanos), hemos dado un salto de nivel en la evolución o hemos pasado a hablar de "evolución grupal" (v., El reduccionismo no toma en consideración adecuada las interacciones).

Empiezo con un extracto del segundo de los trabajos citados al final de la entrada)

proponemos que la cultura puede y debe analizarse utilizando los mismos principios que se aplican a los rasgos biológicos, sin necesidad de introducir mecanismos adicionales ni de modificar el marco teórico fundamental de la biología evolutiva. En otras palabras, sostenemos que los fenómenos culturales pueden explicarse mediante la teoría de la adecuación inclusiva, siempre que se adopte una perspectiva que considere la cultura como un conjunto de comportamientos y estrategias que influyen en la aptitud inclusiva de los individuos... la cultura no constituye un sistema de herencia independiente, sino un conjunto de rasgos fenotípicos que se transmiten socialmente y que, al igual que otros rasgos fenotípicos, están sujetos a selección natural en la medida en que afectan a la reproducción diferencial de los genes que los sustentan. Así, la transmisión cultural no es un proceso autónomo que requiera una teoría evolutiva separada, sino un mecanismo que modifica el entorno social y, por tanto, las presiones selectivas que actúan sobre los individuos...  Lo que define a los fenómenos culturales no es únicamente su persistencia y continuidad, sino la dinámica más amplia en la que los comportamientos de generaciones anteriores dejan un impacto duradero en los comportamientos de las generaciones posteriores. Esta influencia intergeneracional crea tanto continuidad como cambio... Aunque esta influencia intergeneracional suele considerarse exclusiva de la cultura, no lo es. Todos los organismos modifican su entorno, un proceso conocido como “ingeniería de ecosistemas” (Hastings et al., 2007a; Jones, Lawton y Shachak, 1994). Ejemplos incluyen: castores construyendo presas; lombrices aireando el suelo; arrecifes de coral formando estructuras submarinas utilizadas por otras especies; elefantes modificando paisajes de sabana al arrancar árboles; perritos de las praderas excavando sistemas de madrigueras que serán reutilizados por otras especies; algas marinas alterando corrientes submarinas y disponibilidad de luz; hongos descomponiendo materia orgánica y cambiando la composición del suelo; manglares modelando formas costeras y patrones de sedimentación; y muchos otros fenómenos. Estas modificaciones ambientales persisten, creando “legados ecológicos” que afectan a generaciones posteriores... Cuando un organismo se encuentra con un entorno modificado —ya sea por la construcción de una presa de castor o por cambios en la vegetación—, a menudo puede ajustar su fisiología, comportamiento o trayectoria de desarrollo para afrontar estas nuevas condiciones sin requerir un cambio genético... Estos procesos ecológicos no se limitan a interacciones entre especies. También ocurren dentro de individuos de la misma especie, al igual que los fenómenos culturales. Por ejemplo... nuevas colonias de termitas ocupan a menudo montículos dejados por sus predecesoras (Laidre, 2021a, b). Las hormigas limón habitan “jardines del diablo” en la selva amazónica: monocultivos de ciertas especies de árboles que han sido diseñados y mantenidos por ellas durante múltiples generaciones, a menudo persistiendo durante siglos (Frederickson, Greene y Gordon, 2005). Además, estos legados afectan los comportamientos de generaciones posteriores. Por ejemplo, la decisión arquitectónica de una generación de abejas (panales helicoidales o planos apilados) puede condicionar las decisiones arquitectónicas de generaciones posteriores, dando lugar a ciertas tradiciones arquitectónicas (Di Pietro et al., 2024)...   
 Consideremos, por ejemplo, el caso de una presa de castor y el prado que crea (Johnston, 2015; J. P. Wright, Jones y Flecker, 2002). La función de la construcción de presas no es dar forma a humedales ni beneficiar al ecosistema en general; más bien, cada individuo persigue su propio objetivo adaptativo: crear un entorno acuático estable que proporcione protección contra depredadores y acceso a alimento. Al construir presas, los castores elevan el nivel del agua, inundando áreas circundantes para crear estanques más profundos donde pueden construir madrigueras y desplazarse con seguridad. Sin embargo, aunque este comportamiento beneficia a los castores, también introduce conflictos de interés con otras especies. Por ejemplo, los peces que requieren corrientes rápidas pueden tener dificultades para sobrevivir en las aguas tranquilas recién creadas, mientras que las plantas y animales terrestres pueden experimentar pérdida de hábitat debido a la inundación. Al mismo tiempo, la actividad de los castores genera nuevas oportunidades ecológicas. Los ratas almizcleras excavan con frecuencia en las madrigueras de los castores o construyen sus propias pequeñas presas, modificando aún más el flujo del agua. Las bacterias y los invertebrados acuáticos descomponen el material orgánico atrapado por la presa, alterando la química del agua y el ciclo de nutrientes. Con el tiempo, estas modificaciones ecológicas se extienden mucho más allá de los objetivos originales de los castores. A medida que los estanques abandonados se llenan gradualmente de sedimentos, se transforman en praderas, creando un nuevo paisaje ecológico que persiste mucho después de que los castores se han ido… Estos efectos de legado remodelan el entorno para las generaciones futuras de castores y sostienen un conjunto completamente diferente de especies, desde anfibios que prosperan en los humedales restantes hasta mamíferos herbívoros que se benefician de los prados recién formados... Es fundamental destacar que las presas de castores no son el producto de un solo individuo, sino de múltiples individuos. Aunque cada castor actúa de manera independiente, a menudo varios contribuyen a reforzar y mantener la misma presa a lo largo del tiempo, a veces durante generaciones sucesivas. Esta interacción entre comportamientos adaptativos individuales, construcción colectiva y transformaciones ecológicas a largo plazo ilustra cómo los ecosistemas surgen de las acciones de múltiples agentes que persiguen sus propios objetivos, lo que a menudo conduce a resultados ecológicos complejos y, en ocasiones, no previstos.
En estos ejemplos, el comportamiento de generaciones pasadas afecta el comportamiento de generaciones más jóvenes mediante modificaciones ecológicas y respuestas fenotípicas. Nuestro argumento es que las culturas humanas no son diferentes. Los humanos producen constantemente modificaciones ecológicas para cumplir sus propios objetivos adaptativos: carreteras, casas, herramientas, chistes, palabras, novelas, canciones, creencias religiosas... Estos artefactos culturales cambian la ecología material, social e informacional de otros, alterando las condiciones en las que las generaciones futuras sobreviven y se desarrollan. En respuesta, las nuevas generaciones responden flexiblemente (plásticamente) a estos entornos modificados, utilizándolos para perseguir sus propios objetivos adaptativos. Con el tiempo, estas interacciones generan efectos en cascada, reflejando las cascadas ecológicas observadas en ecosistemas no humanos... estos fenómenos se desarrollan a lo largo de muchos ciclos de modificaciones ecológicas, legados ecológicos y respuestas ecológicas. Es la repetición de estos ciclos lo que finalmente da lugar a la evolución cultural... el enfoque ecológico de la cultura prolonga la revolución de la aptitud inclusiva... en comprender los fenómenos biológicos desde el punto de vista de los genes... los fenómenos culturales son simplemente un caso específico de fenómenos ecológicos... las dinámicas ecológicas impulsan cambios profundos y notables tanto en el entorno compartido como en el comportamiento individual. La magnitud de estos efectos puede crear la ilusión de que los fenómenos culturales son cualitativamente distintos de los procesos ecológicos estándar. Sin embargo, los mecanismos subyacentes son los mismos... Las dinámicas ecológicas estándar (como la evolución cultural) conducen, de manera sistemática y a gran escala, a modificaciones tanto de los fenotipos individuales como de su entorno en escalas temporales mucho más cortas que las de la selección natural. Estas modificaciones se basan en un mecanismo biológico fundamental y generalizado: la plasticidad fenotípica. Los efectos culturales no son más que un caso específico de este fenómeno más amplio. Todos los organismos ajustan su comportamiento y fisiología sin alteraciones genéticas, basándose en mecanismos especializados y evolucionados...  Todos los fenómenos culturales, incluidos los cambios importantes en actitudes y preferencias sociales, son en última instancia casos de plasticidad fenotípica. Por ejemplo, estadounidenses y europeos tienen opiniones contrastantes sobre el Estado de bienestar (Alesina y Glaeser, 2004). En Europa, las políticas redistributivas gozan de amplio apoyo, mientras que en Estados Unidos el respaldo es mucho menor. La evidencia experimental arroja luz sobre los mecanismos psicológicos detrás de estas diferencias. Cuando se coloca a daneses y estadounidenses en situaciones idénticas con la misma información, ambos muestran comportamientos cooperativos sorprendentemente similares (Aarøe y Petersen, 2014). Ambos siguen una psicología cooperativa: están dispuestos a cooperar si otros también lo hacen, pero tienden a desertar cuando perciben que otros desertan. La diferencia clave radica en la información ecológica disponible en cada región. Esta variación en actitudes es un claro ejemplo de plasticidad fenotípica psicológica: los individuos ajustan sus comportamientos y preferencias en respuesta a las señales informativas proporcionadas por su entorno local...  los ecosistemas humanos no son cualitativamente distintos de otros ecosistemas. Son simplemente un caso extremo de dinámicas ecológicas, donde la plasticidad opera a gran escala y donde las modificaciones ambientales —incluidos los entornos informativos— se vuelven autorreforzantes, produciendo efectos acumulativos y transformadores...  
 Podría pensarse que las dinámicas ecológicas estándar, no culturales, se refieren únicamente a efectos materiales, mientras que la cultura se distingue porque implica dinámicas informacionales. Sin embargo, esta distinción no está justificada. Las dinámicas ecológicas también pueden ser informacionales. Por ejemplo, cuando un elefante crea un sendero a través de un bosque, no solo altera el paisaje material, sino que también proporciona información visible sobre la mejor manera de atravesar una zona difícil... También aquí, lo que distingue a los ecosistemas culturales es la escala del fenómeno, no su naturaleza. Las dinámicas informativas humanas operan a una escala mucho mayor... Introducimos continuamente nueva información en el entorno —nuevas ideas, palabras, tecnologías—, remodelando el paisaje informativo para otros. Sin embargo, la naturaleza de estas dinámicas no es cualitativamente distinta de otros procesos informativos ecológicos. Aunque la comunicación humana se enriquece y flexibiliza mediante la cognición social —la capacidad de comprender, predecir e influir en los estados mentales de otros—, la naturaleza básica del proceso sigue siendo la misma: el emisor de la señal busca lograr un efecto en la mente del receptor, mientras que el receptor interpreta y utiliza la señal de una manera que se alinea con sus propios intereses... 

 Es cierto que los ejemplos clásicos de dinámicas ecológicas, como las presas de castores o los arrecifes de coral, resultan en gran medida de una programación genética rígida en los comportamientos o la fisiología individual. No obstante, las dinámicas ecológicas estándar también pueden ser creativas e innovadoras, impulsadas por mecanismos especializados de plasticidad adaptativa. En los últimos años, una gran cantidad de estudios ha demostrado que los animales no humanos (especialmente aves, cetáceos y primates) crean e inventan constantemente nuevos comportamientos y nuevas herramientas, gracias a sus capacidades cognitivas especializadas...  

Además, los animales no humanos muestran una notable capacidad para generar innovaciones conductuales que se propagan dentro de sus poblaciones. Por ejemplo, los delfines han sido observados inventando nuevas técnicas de caza, como el uso de burbujas para atrapar peces, mientras que los chimpancés desarrollan métodos novedosos para extraer termitas o nueces, a menudo adaptando herramientas existentes para resolver problemas específicos...  

En los humanos, la acumulación cultural se ve intensificada por dos factores: la amplitud de las modificaciones ambientales y la capacidad para registrar y transmitir información con alta fidelidad. Las herramientas, las instituciones y los sistemas simbólicos no solo persisten, sino que se convierten en plataformas sobre las que se construyen innovaciones posteriores. Así, la escritura permitió la ciencia, la imprenta amplificó la difusión del conocimiento y la digitalización ha acelerado la innovación a niveles sin precedentes.

Sin embargo, incluso aquí, el mecanismo subyacente sigue siendo el mismo: interacciones repetidas entre organismos plásticamente adaptativos y entornos modificados. La acumulación cultural no es un proceso mágico ni un sistema independiente de herencia, sino una consecuencia inevitable de la plasticidad fenotípica combinada con la persistencia de las modificaciones ambientales. 
Aplicar este marco a la cultura significa reconocer que las modificaciones culturales —herramientas, instituciones, normas, ideas— no son fines en sí mismos, sino medios para alcanzar objetivos adaptativos: obtener recursos, atraer parejas, asegurar alianzas, evitar riesgos, mejorar la reputación. Las personas no crean canciones, leyes o tecnologías para perpetuar la cultura, sino para resolver problemas adaptativos inmediatos. 
... El enfoque evolutivo del comportamiento animal, ya sea en un ecosistema cultural o en uno estándar, no sostiene que los individuos busquen directamente maximizar su aptitud inclusiva al tomar decisiones... sostiene que los individuos dependen de mecanismos próximos —sistemas fisiológicos y cognitivos— que han sido moldeados por la selección natural para producir comportamientos que aumentaron la aptitud inclusiva en entornos ancestrales... Esta distinción entre explicaciones últimas (evolutivas) y mecanismos próximos (psicológicos) es crucial. Las explicaciones últimas describen por qué evolucionó un rasgo o comportamiento —su función para promover la supervivencia y la reproducción—, mientras que las explicaciones próximas describen cómo se genera el comportamiento en tiempo real mediante los sistemas cognitivos y fisiológicos de un organismo 

 Una distinción crucial en la teoría evolutiva es la que existe entre una adaptación y su expresión fenotípica. Esta distinción es especialmente importante en el caso de las adaptaciones plásticas, donde un único mecanismo evolucionado puede producir una amplia gama de resultados fenotípicos dependiendo de las condiciones ambientales

Por ejemplo, la capacidad de una araña para construir una telaraña es una adaptación, pero cada telaraña es diferente, moldeada por condiciones locales como la disposición de las ramas, las rocas y la exposición al viento. Los mecanismos que guían la construcción de la telaraña siguen siendo productos de la selección natural, aunque la estructura específica de la telaraña sea variable. De la misma manera, la construcción de elaboradas pérgolas por parte de los machos de los pájaros jardineros es un comportamiento adaptativo moldeado por la selección sexual. Sin embargo, cada pájaro jardinero crea pérgolas diseñadas de manera única en función de los recursos disponibles localmente —materiales como objetos de colores, bayas, plumas y piedras—, así como de las limitaciones ambientales, como la presencia de depredadores y la competencia de rivales.

... los genes no codifican comportamientos específicos, sino objetivos adaptativos de alto nivel (por ejemplo, alimento, estatus, pareja, información) y capacidades cognitivas especializadas (por ejemplo, rotación mental, cognición motora) cuya función es permitir que los individuos alcancen sus objetivos de manera flexible 

...  Las funciones cognitivas generativas explican gran parte de la variabilidad de los fenómenos culturales. Un cazador en el Ártico y un cazador en la sabana africana necesitan herramientas para cazar, pero sus soluciones difieren: uno puede desarrollar un arpón, el otro un arco y flechas. A pesar de estas diferencias, ambas herramientas son manifestaciones de la misma función generativa: una interacción compleja de cognición causal, habilidades motoras, función ejecutiva y la motivación para obtener alimento,... La forma específica de una herramienta depende de los materiales disponibles, las limitaciones ecológicas y los legados culturales dejados por generaciones anteriores, pero los mecanismos subyacentes que guían este proceso siguen siendo adaptaciones cognitivas.

La noción de fenotipo conjunto es clave para comprender la forma y estructura de los productos culturales, porque permite entender por qué la forma y estructura del fenotipo de un individuo en particular puede no corresponder a los intereses de aptitud de ese individuo. Un fenotipo conjunto es simplemente un fenotipo que resulta de más de un genoma. El cuerpo humano es un ejemplo fundamental de fenotipo conjunto, especialmente si se considera la interacción entre el genoma humano y los genomas de los microorganismos que componen el microbioma. De manera similar, el cuerpo de una mujer embarazada es otro ejemplo de fenotipo conjunto, ya que refleja las contribuciones genéticas y los intereses tanto de la madre como del feto. Por ejemplo, el feto, que porta la mitad de sus genes del padre, puede demandar más recursos de la madre de lo que es óptimo para la salud materna. Esto se debe a que el interés evolutivo del feto es maximizar su propio crecimiento y sus probabilidades de supervivencia, potencialmente a expensas del bienestar de la madre... Los productos culturales generados —como lanzas, palabras o vestimenta— no son adaptaciones, son expresiones fenotípicas generadas por adaptaciones cognitivas para alcanzar objetivos que aumentan la aptitud. Del mismo modo que una telaraña no es en sí misma una adaptación, sino una expresión fenotípica de los mecanismos evolucionados para construir telarañas... 

los fenómenos culturales pueden entenderse como fenotipos extendidos conjuntos de muchos genotipos cuyos intereses no están completamente alineados, con algunas interacciones conflictivas y otras cooperativas o mutualistas..

  muchos comportamientos rituales parecen desconcertantes cuando se analizan desde la perspectiva de los individuos que pagan por servicios de eficacia poco clara. Parecen “subproductos” o “desajustes”. Sin embargo, tienen perfecto sentido cuando se observan desde la perspectiva de quienes los instigan y promueven. Los especialistas rituales —como chamanes, sacerdotes o adivinos— suelen obtener recompensas económicas, prestigio social o influencia política, independientemente de que sus servicios proporcionen beneficios tangibles a sus seguidores (Hong, Slingerland y Henrich, 2023; Singh, 2018). Una dinámica similar existe en la producción de comida basura, donde los consumidores asumen costos de salud a largo plazo, mientras que los productores se benefician explotando preferencias humanas profundamente arraigadas por alimentos ricos en calorías, que evolucionaron en entornos de escasez nutricional. En ambos casos, los intereses de aptitud de productores y consumidores no están alineados, lo que ilustra cómo los ecosistemas culturales, al igual que los ecosistemas estándar, no implican únicamente interacciones cooperativas. Los rasgos culturales no necesitan beneficiar a todos para seguir siendo estables y persistir; solo necesitan beneficiar a quienes los promueven o controlan... Otro objetivo clave relacionado con la aptitud que desempeña un papel en la evolución cultural es la búsqueda de influencia y control sobre los demás, moldeando su comportamiento de maneras que sirven a intereses individuales o mutuos... 

Muchas especies no humanas también producen fenómenos colectivos a gran escala que emergen de decisiones individuales y, sin embargo, benefician al grupo en su conjunto. Ejemplos de ello son el vuelo en bandada de las aves, el cardumen en los peces o la construcción cooperativa de nidos en insectos sociales, todos los cuales persisten porque aumentan la aptitud de los individuos participantes al proporcionar protección frente a depredadores, mejorar la eficiencia en la búsqueda de alimento o modificar el entorno... las instituciones no se imponen de arriba hacia abajo por una fuerza externa; más bien, emergen como el resultado agregado de comportamientos adaptativos moldeados por incentivos y restricciones individuales... 

Por ejemplo, la creación de sistemas jurídicos, regulaciones financieras o la provisión de bienes públicos puede rastrearse hasta individuos que actúan en su propio interés —buscando reducir riesgos, prevenir el comportamiento oportunista y garantizar interacciones predecibles—. Un caso histórico claro es la gestión comunal de bosques en el Japón rural, donde los aldeanos enfrentaban un dilema de cooperación: cada persona tenía un incentivo individual para sobreexplotar los recursos, pero una defección excesiva conduciría al agotamiento del bosque compartido. En lugar de confiar únicamente en un comportamiento prosocial espontáneo, los aldeanos invirtieron tiempo y recursos en diseñar una institución en la que monitores supervisaran el cumplimiento y aplicaran las normas (Ostrom, 1990). La eficacia de esta institución no dependía de una fuerza externa a nivel de grupo, sino del hecho de que los propios monitores tenían incentivos para actuar...

  la posibilidad de que los comportamientos culturales no siempre sean óptimos cuando el ecosistema —ya sea cultural o de otro tipo— se desvía significativamente de los entornos en los que evolucionaron los mecanismos cognitivos humanos. Algo similar ocurre al estudiar la respuesta ecológica a cambios antropogénicos rápidos, como la contaminación. Por ejemplo, en entornos contaminados con desechos plásticos, las tortugas marinas suelen confundir bolsas de plástico flotantes con medusas. Esto se debe a que las tortugas han evolucionado para detectar alimento, como las medusas, utilizando señales visuales que les permiten identificar presas por su forma y tamaño. En entornos contaminados con plástico, este mecanismo próximo las lleva a confundir bolsas flotantes con medusas... 

El poder de la teoría de la aptitud inclusiva para comprender el comportamiento animal radica en su capacidad para imponer restricciones estrictas sobre lo que la evolución puede y no puede producir. El coste más significativo de desarrollar una teoría separada para los comportamientos influenciados por la “cultura”, distinta del marco aplicado a otros comportamientos —como en la teoría de la doble herencia— es que elimina estas restricciones, despojando al estudio de la cultura de su poder predictivo.

... la evolución cultural es fundamentalmente una respuesta a modificaciones ecológicas. Las sociedades que enfrentan paisajes ecológicos similares tienden a converger en estructuras sociales, sistemas de parentesco y dinámicas de conflicto comparables... En todas las sociedades, el desarrollo económico conduce a una convergencia notablemente consistente en el comportamiento humano. A medida que aumentan los recursos, las personas se vuelven más orientadas al futuro, más exploratorias y más cooperativas. Pero ¿por qué estos patrones emergen repetidamente, no solo entre diferentes culturas, sino también dentro de las sociedades, al comparar individuos de clases sociales altas y bajas? La respuesta radica en la capacidad humana para ajustar sus prioridades motivacionales en respuesta a las condiciones ecológicas... cuando los recursos son abundantes, tiene sentido retrasar la gratificación e invertir en estrategias inciertas pero potencialmente muy rentables; cuando los recursos son escasos, priorizar las necesidades inmediatas de supervivencia es la estrategia más óptima. 

Los autores sostienen que los productos culturales no son replicadores independientes (memes) que evolucionan por mecanismos propios, como plantea la teoría de la evolución cultural, sino fenotipos extendidos en el sentido de Dawkins: efectos del genotipo que se manifiestan fuera del cuerpo. Desde la perspectiva del gen, los organismos son vehículos diseñados para maximizar la replicación genética, y los fenotipos extendidos incluyen estructuras como presas de castores o telarañas. En esta línea, los autores argumentan que herramientas, rituales, normas o constituciones son también fenotipos extendidos, creados indirectamente por genes a través de mecanismos cognitivos plásticos que permiten alcanzar metas adaptativas (comunicación, estatus, cooperación, atracción sexual, etc.). Desde este punto de vista, la teoría evolutiva estándar (aptitud inclusiva) basta para explicar la cultura si se incorporan tres nociones: plasticidad generativa, legado ecológico y fenotipos conjuntos. 


La plasticidad o flexibilidad generativa


describe la capacidad de los organismos para producir respuestas abiertas e innovadoras a partir de objetivos adaptativos generales, en lugar de conductas rígidamente codificadas. Así, los genes no programan conductas concretas, sino metas (p. ej., obtener alimento, mejorar la apariencia, mantener reputación) y mecanismos cognitivos que permiten generar soluciones novedosas. 

En lugar de codificar un conjunto fijo de reacciones a un conjunto fijo de contextos posibles, la evolución determina los objetivos que deben alcanzarse y construye mecanismos cognitivos capaces de encontrar por sí mismos una solución adaptativa cuando surge el problema

Los autores citan a Dawkins y a Tomasello

Así lo explicó el propio Dawkins en The Selfish Gene: «El comportamiento animal, altruista o egoísta, está bajo el control de los genes solo de forma indirecta, aunque con una influencia muy fuerte. Al determinar cómo se construyen las máquinas de supervivencia y sus sistemas nerviosos, en último término los genes controlan la conducta. Pero las decisiones en cada circunstancia concreta sobre qué hacer a continuación las toma el sistema nervioso. Los genes son los principales responsables de la política general; los cerebros son los ejecutores. Y a medida que los cerebros se vuelven más desarrollados, asumen cada vez más decisiones concretas, utilizando para ello recursos como el aprendizaje y la simulación». (p. 89) 
Tomasello (2022) lo expresa de manera similar: «Como no puede prever las circunstancias concretas de las situaciones futuras en las que un individuo podría encontrarse, la Naturaleza ha configurado psicológicamente la agencia de forma que pueda adoptar decisiones propias y autorregular su conducta cuando persigue metas u objetivos que, estos sí, han sido fijados en última instancia por la propia Naturaleza». (p. 134) 

... obviamente no estamos argumentando que los genes controlan la expresión cultural en la misma forma en que controlan la expresión de proteínas. La visión de la cultura desde el punto de vista de los genes es que los genes han construido "máquinas cognitivas de supervivencia" (Nettle y Scott-Phillips, 2023; Tooby y Cosmides, 1992) que, equipados con control cognitivo, satisfacen de manera flexible y creativa objetivos evolutivos de alto orden (por ejemplo, apareamiento, búsqueda de estatus, comunicación).

Ejemplos: los pájaros pergoleros construyen nidos decorativos con materiales diversos, incluso objetos humanos como plásticos o monedas, para atraer parejas


Los bowerbirds son bien conocidos por construir nidos elaborados, que luego decoran con hasta varios miles de objetos (Madden, 2008; Walsh et al., 2010). Estos nidos son exhibiciones sexuales diseñadas para atraer a las hembras y señalar la calidad del macho constructor. Por ello, deben captar la atención del sistema visual de la hembra y transmitir ciertas cualidades cognitivas y físicas. Los nidos de bowerbirds son un buen ejemplo para nuestra discusión porque está claro que su arquitectura no está rígidamente codificada en el genoma (Breen, 2021; Healy, 2022). Existe una enorme variación entre individuos y entre poblaciones, así como una gran diversidad en los materiales utilizados y en la elección de colores y efectos visuales (Madden, 2008; Walsh et al., 2010). Y, sin embargo, estos nidos son, al igual que otras exhibiciones sexuales, indudablemente adaptativos y resultado de la selección natural. 

La razón es que la evolución no seleccionó un fenotipo extendido fijo, sino mecanismos proximales capaces de generar muchos tipos de fenotipos adaptativos. Diversas evidencias sugieren que la construcción de estos nidos no se logra mediante un patrón de acción fijo o un comportamiento rígidamente programado, sino a través de programas cognitivos flexibles que generan y evalúan constantemente nuevas soluciones para atraer hembras, en función de los materiales disponibles en su entorno (Madden, 2008) (véase Figura 5).

Nidos de grandes simios

Chimpancés y gorilas construyen nidos casi a diario para dormir. Estos nidos mejoran la calidad del sueño, protegen contra depredadores y parásitos, y ayudan a la termorregulación. Sin embargo, no siguen un patrón rígido: usan cualquier material disponible, incluso objetos humanos como sábanas o papel triturado en entornos artificiales. Esto indica que la conducta está guiada por metas adaptativas (dormir seguro) y no por instrucciones genéticas específicas.

Innovaciones humanas (escritura y herramientas) 

Los productos culturales son fenotipos extendidos. Las herramientas, por ejemplo, no son nada especial desde un punto de vista evolutivo. Son soluciones innovadoras como cualquier otra. La flexibilidad cognitiva de los humanos significa que constantemente están inventando herramientas para resolver problemas circunstanciales: usar un trozo de madera para hacer caer una fruta, una hoja para recoger agua, una piedra para romper un hueso, etc. Todas estas soluciones son fenotipos extendidos: son, por diseño, producidos por la combinación de preferencias evolucionadas (por la comida, por ejemplo) y habilidades instrumentales innovadoras.

La escritura no surgió porque existan genes para escribir, sino porque satisface metas evolutivas (comunicación, memoria) mediante capacidades cognitivas preexistentes (visión, lenguaje). Lo mismo ocurre con herramientas: desde usar una piedra para romper un hueso hasta diseñar un smartphone, todas son soluciones generadas por mecanismos que combinan preferencias adaptativas (obtener alimento, mejorar estatus) con creatividad instrumental.


Maquillaje y ornamentos


El maquillaje, los peinados o los accesorios son tecnologías culturales que aumentan el atractivo sexual o el estatus social. Igual que los nidos de bowerbirds, son fenotipos extendidos que evolucionan culturalmente porque explotan preferencias visuales y señales adaptativas.

El legado ecológico  

alude a que los productos culturales persisten en el entorno y condicionan las oportunidades de generaciones posteriores, sin que ello implique transmisión adaptativa de información. Igual que los diques de castores o los nidos de termitas, los artefactos humanos sobreviven a sus creadores y pueden ser reutilizados, modificados o descartados según los intereses adaptativos de cada generación. Así, catedrales, caminos o herramientas son capital acumulado que cada generación explota o transforma para sus propios fines. 

El legado ecológico no es un proceso adaptativo. No tiene ninguna función, ni desde el punto de vista de sus productores ni desde el de los usuarios posteriores. El suelo, por ejemplo, es un subproducto de la actividad de las plantas que pierden sus hojas y mueren, y de los hongos, lombrices de tierra y bacterias que las degradan (Van Breemen y Buurman, 2002). Estas especies a menudo se denominan "ingenieros" o "constructores de nicho", pero su objetivo adaptativo no es ni diseñar ni construir nada (Scott-Phillips et al., 2014). Simplemente están haciendo lo que es mejor para su estado físico, obtener nutrientes de las hojas, y las especies que posteriormente usan este legado simplemente responden a la presencia del suelo cuando cumplen con sus propias agendas de adaptación. 

Nuestro punto aquí es que la cultura humana no es diferente. De hecho, los arqueólogos han estudiado durante mucho tiempo los legados ecológicos de la población humana pasada en la ecología de las generaciones posteriores (Boivin et al., 2016). Cada generación nace en un entorno lleno de fenotipos extendidos que las generaciones anteriores han construido para cumplir sus propios objetivos adaptativos: casas, caminos, herramientas, chistes, novelas, canciones. Estos elementos culturales sobreviven a sus productores iniciales, se degradan y eventualmente pueden desaparecer. Mientras tanto, sin embargo, otros individuos pueden optar adaptativamente por reutilizar algunos de ellos, mejorar algunos de ellos, transformar algunos de ellos, abandonar algunos de ellos, usar algunos de ellos de nuevas maneras, etc., dependiendo de los costos y beneficios de la aptitud física. Todo el proceso puede describirse como acumulación de capital (André y Baumard, 2020)... El legado ecológico no es, de hecho, un sistema de herencia en el sentido biológico (es decir, como una adaptación para transmitir información). El legado ecológico solo describe la forma en que las generaciones anteriores afectan el medio ambiente de las generaciones posteriores... lo que suceda en el futuro depende de las propias agendas adaptativas de las generaciones posteriores.

Fenotipos conjuntos 

Pero muchos productos culturales son fenotipos conjuntos, es decir, resultados de la interacción entre múltiples individuos cuyos intereses genéticos solo coinciden parcialmente y, a veces, incluso entran en conflicto. Esto significa que no son diseñados para “el bien del grupo”, sino que reflejan compromisos entre actores con metas diversas. Por ejemplo, la construcción de Notre Dame no respondió a una función colectiva abstracta, sino a la convergencia (y negociación) de intereses distintos: la Iglesia buscaba reforzar el control social y la devoción religiosa; el rey y la élite urbana querían prestigio político; los gremios de artesanos veían una oportunidad para mostrar su pericia; y la población debía equilibrar el gasto en la catedral con otras necesidades como defensa o alimentación. El resultado arquitectónico es un compromiso entre estas fuerzas.  

 Es fundamental destacar que Notre Dame no es, en ningún sentido significativo, una adaptación. Primero, es un producto conjunto de muchos individuos con objetivos diversos y, a veces, conflictivos, más que una estrategia adaptativa singular. Segundo, lo que es adaptativo no es la catedral en sí, sino los sistemas motivacionales y cognitivos que llevaron a su creación, como la necesidad de aumentar el estatus (el arcediano), la reputación moral (el rey), la interacción cooperativa (el pueblo) o la ganancia económica (los artesanos). Notre Dame es solo una expresión fenotípica conjunta de estas adaptaciones... las propiedades de la cultura no pueden deducirse directamente de una aplicación simplista de la teoría de la aptitud inclusiva. El vínculo causal entre los principios de la aptitud inclusiva y las propiedades de un ecosistema, cultural o no, es casi siempre sutil e indirecto... Sin embargo, este vínculo causal existe, y reconocerlo proporciona un marco coherente para interpretar los fenómenos ecológicos.

O piénsese en el patriarcado como forma ubicua de organización de las sociedades humanas ¿por qué desaparecieron las sociedades matriarcales? Lo mismo con la Mesta o con los regadíos en terrazas en el sudeste asiático.


La cultura como fenómeno emergente de la evolución genética

«La cultura es como un bosque. Un bosque no es un replicador. Es, más bien, un fenómeno emergente. Surge de las acciones de miles de millones de organismos que producen fenotipos conjuntos y fenotipos extendidos y acumulan legados. Así ocurre con las culturas humanas.»

Según los autores, pues, la cultura no requiere mecanismos evolutivos adicionales ni una teoría dual. Es un fenómeno emergente, comparable a un ecosistema, que surge de la interacción entre genes, cognición flexible, entornos materiales y legados históricos. Los productos culturales son fenotipos extendidos que dependen de la plasticidad adaptativa, del aprovechamiento de legados y de la producción conjunta, todo ello bajo el marco de la teoría evolutiva estándar.

Baumard, N., André, J.-B., Nettle, D., Fitouchi, L., & Scott-Phillips, T. (2023). The gene’s-eye view of culture: vehicles, not replicators. Preprint, to appear in Handbook of Evolutionary Psychology

 

  Baumard, N., André, J.-B., The ecological approach to culture, Evolution and Human Behavior Volume 46, Issue 3, May 2025, 106686

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