El otro blog para cosas más serias

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domingo, 4 de noviembre de 2018

Adam Smith y el intercambio

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El libro de Jesse Norman sobre Adam Smith es, como dice Milanovic un placer de lectura. Jesse Norman es un doctor en Económicas que se dedica a la política (es diputado por el partido conservador británico y ha escrito previamente una biografía de Burke amén de otros libros). La parte biográfica es sencilla y entretenida, enmarcada en los acontecimientos históricos que sacudieron Escocia durante la vida del “padre de la Economía”. En esta primera entrada que dedicaremos al libro reproduciremos, simplemente, algunos párrafos de Jesse Norman y algunos de Adam Smith que reflejan la idea del primero de que el objetivo de éste de construir una “Ciencia del ser humano” (a Science of Man) se organizaba en torno a unas cuantas “reglas generales” (por oposición a leyes universales que es lo propio de las Ciencias duras – en otra ocasión nos detendremos en esta distinción entre “reglas generales” y “leyes universales” que nos parece, a primera vista, de gran interés –). Y lo que daba unidad a estas reglas generales es la idea del intercambio (o interacción): el ser humano es fundamentalmente social y, por tanto, la explicación de la vida social sólo puede hacerse a partir de los intercambios o, más generalmente, las interacciones entre los individuos. Dice Norman que el “sistema” de Adam Smith, expuesto en los dos libros (La teoría de los sentimientos morales y La Riqueza de las Naciones) es unitario

“y está construido en la idea única del intercambio mutuo continuo y evolutivo: el intercambio comunicativo en el lenguaje; el intercambio de aprecio o estima en la psicología social y moral y el intercambio de mercado en la Economía Política”

En la Teoría de los sentimientos morales, la centralidad del intercambio social esta reflejado en este paso que recoge el autor

"Juzgarnos a nosotros mismos como juzgamos a los demás... constituye el máximo esfuerzo de sinceridad e imparcialidad. Para hacerlo, debemos mirarnos a nosotros mismos con los mismos ojos con los que miramos a los demás: no debemos imaginarnos a nosotros mismos como actores, sino como espectadores de nuestro propio carácter y conducta.... En resumen, debemos entrar, ya sea en lo que es, o en lo que debería ser, o en lo que, si se conocieran todas las circunstancias de nuestra conducta, nos imaginamos que serían los sentimientos de los demás, antes de que podamos aplaudirla o condenarla”

"si fuera posible que una criatura humana creciera hasta hacerse adulto en algún lugar solitario, sin ninguna comunicación con su propia especie, no podría pensar en mayor medida en su propio carácter, en la corrección o demérito de sus propios sentimientos y conducta, en la belleza o deformidad de su propia mente, que en la belleza o deformidad de su propio rostro".

"Pero mirarnos a nosotros mismos con los mismos ojos con los que miramos a los demás hace también posible que podamos ser vistos por ellos, y que podamos verlos mirándonos a nosotros, y que ellos puedan vernos mirándose a sí mismos, y así sucesivamente. Y, además, que pueden ver nuestras acciones, y vernos actuando como agentes, y viceversa. Es una forma en la que los humanos pueden formar la autoconciencia colectiva que equivale al conocimiento común".

Jesse Norman explica

La vista es inmediata y en consecuencia, mutua en su funcionamiento; al igual que con el intercambio lingüístico, para Smith es una manera fundamental en la que los seres humanos se elevan por sí mismos de una conciencia cruda de los demás a la sociabilidad, a la autoconciencia moral y, por lo tanto, a la comprensión de las obligaciones debidas a los demás y de las debidas por los demás. Además, el análisis de Smith va más allá de una simple relación bidireccional entre un actor moral y una acción. Añade un tercer elemento: cómo se vería la acción en su contexto, si se conocieran todos los hechos, por terceros, por los demás. Esta relación triádica aporta un elemento de futuridad; y así la posibilidad de evolución, a su teoría moral… vernos a través de los ojos de los demás.... permite la posibilidad de un juicio impersonal... es el espectador imparcial que corrige las debilidades humanas y nos permite establecer normas o estándares de comportamiento superiores a la mera sabiduría convencional…

En particular, Smith se esfuerza por distinguir entre <el deseo de adquirir honor y estima, haciéndose merecedor de tales sentimientos>> y <<el frívolo deseo de alabanza>> <<Hay una afinidad entre la vanidad y el amor por la verdadera gloria, ya que ambas pasiones apuntan a adquirir estima y aprobación. Pero son diferentes en esto, que una es una pasión justa, razonable y equitativa, mientras que la otra es injusta, absurda y ridícula>> Gracias a la simpatía y al espectador imparcial, los seres humanos tienen la capacidad de introspección moral autoconsciente; conocen la diferencia entre la ambición honesta y el anhelo de aprobación inmerecida, y eso se muestra en los juicios morales que realizan sobre sí mismos y sobre los demás".

La teoría de Smith es, por lo tanto, genuinamente evolutiva, pero opera a través de procesos de selección social (en realidad, hoy diríamos, cultural) más que de selección natural.

"El hombre desea naturalmente, no sólo ser amado, sino también ser amable; o ser lo que es el objeto natural y propio del amor. Teme naturalmente, no sólo ser odiado, sino también ser odioso; o ser lo que es el objeto natural y propio del odio. Desea, no sólo alabanza, sino ser loable; o ser aquello que, aunque no sea alabado por nadie, es, sin embargo, el objeto natural y propio de la alabanza".

Dice Jesse Norman que este último párrafo – de la Teoría de los sentimientos morales – no convierte en circular el argumento de Adam Smith porque

la mejor prueba de lo que es digno de ser amado es que la gente, generalmente, así lo considera… La opinión de Smith parece ser que captamos lo que es loable al comparar nuestra comprensión introspectiva de nuestras propias acciones con la alabanza o no de otros por ellas. Una vez que lo hemos captado, no necesitamos de la alabanza ajena para seguir pensando de esa forma o dejar ser merecedor de alabanza.

De lo que surgen – propiedades emergentes – un orden social espontáneo basado en los intercambios. Jesse Norman cita a Knud Hakonssen 

"Es básicamente este intercambio continuo lo que subyace en toda la cultura humana. Probablemente subyace en el lenguaje; a través de la vanidad es el fundamento de todas las distinciones de rango; en la forma de trueque está detrás de cualquier economía; y a través del mecanismo de simpatía da lugar a la moralidad humana". pero en palabras de Smith, <esta... armonía no se puede obtener a menos que haya una libre comunicación de sentimientos y opiniones>> Los beneficios del orden espontáneo dependen por tanto de la libertad del individuo…

En tales intercambios no sólo están involucrados los comerciantes. Incluso en la “sociedad comercial” – preindustrial – de Adam Smith, los intercambios abarcan a todos los miembros de la sociedad porque todos ellos necesitan intercambiar, esto es, acudir al mercado para satisfacer sus necesidades porque, como dice Smith, son incapaces de cubrir, con su propio trabajo, ni siquiera una parte significativa de sus necesidades. La interdependencia y las actitudes morales (la simpatía y la capacidad de introspección y de ponernos en lugar de los demás) permiten, junto “a la presión insistente de los deseos por intercambiar y por mejorar nuestra condición” el paso de la subsistencia a la opulencia. Lo que enlaza con el carácter tendencialmente totalitario de los mercados (“la división del trabajo está limitada por la extensión del mercado”). Toda la producción – especializadamente realizada – lo es para el mercado, “no tiene sentido producir bienes o servicios que no pueden ser vendidos” y la velocidad a la que se genera mayor especialización y mayor división del trabajo – y se acelera el crecimiento económico – depende, pues, del tamaño del mercado.

"La propuesta de cualquier nueva ley o reglamento de comercio que surja de este orden debe ser siempre escuchada con gran precaución....". Viene de un orden de hombres.... que generalmente tienen un interés en engañar e incluso oprimir al público".

Y acerca del tipo de Sociedad resultante y la desigualdad que genera la libertad, Adam Smith adelanta el concepto de “pobreza relativa”

"Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables. No es sino una exigencia de justicia, además, que aquellos que alimentan, visten y alojan todo el cuerpo de la sociedad, reciban una parte tal de los productos de su propio trabajo que les permita estar tolerablemente bien alimentados, vestidos y alojados.... Por <<lo necesario>> entiendo no sólo las cosas que la naturaleza,  han hecho necesarias sino las que exigen las reglas de la decencia para la clase social más baja"

El papel del egoísmo en los intercambios económicos

Sí, Smith cree que se necesita poco más que interés propio, o más bien amor propio, entre los seres humanos para explicar los efectos benéficos del buen funcionamiento de los mercados. Pero no hay evidencia de que él creyera que los valores morales dejen de aplicarse en absoluto en el orden comercial más amplio descrito por La Riqueza de las Naciones, y estaría en contradicción con el libro anterior si lo hiciera. También contradiría su teoría general, que es precisamente que los mercados operan dentro de un contexto de normas y confianza que a su vez asegura los mecanismos jurídicos de justicia y de aplicación de la ley. La razón por la que los humanos y no los perros pueden intercambiar una cosa por otra, es porque tales intercambios presuponen un contexto compartido de justicia, y la capacidad humana para determinar qué ofrecer como intercambio y a cambio de qué, y qué aceptaría la otra parte. Huelga decir que las normas morales relevantes pueden cambiar, y psicológicamente se atenuarán y serán menos apremiantes en contextos de intercambio impersonales; Smith no es un cosmopolita en el campo de la ética. Pero Smith no creía que el mundo comercial fuera ipso facto amoral.

Para otra entrada dejamos el examen de la concepción de la Justicia que tenía Adam Smith (que, en su metodología newtoniana pasaba también por partir de unos principios – pocos y seguros – y contrastarlos con los fenómenos reales y circunstanciados para comprobar su robustez hasta elaborar “reglas generales” (aunque no, leyes universales). Smith discute el problema de la justicia como una virtud negativa que nos prohíbe dañar al prójimo “neminem laedere”. Esta justicia es condición de la subsistencia de la Sociedad: "Ninguna sociedad puede subsistir entre aquellos que están en todo momento dispuestos a hacerse daño y herirse unos a otros". Sorprendente – aunque sólo aparentemente -  en alguien que veía en la competencia en los mercados donde se producen los intercambios, unida a la persecución individual del propio interés la explicación del paso de la miseria a la opulencia social.

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