El otro blog para cosas más serias

El otro blog para cosas más serias
El otro blog para cosas más serias

domingo, 2 de junio de 2019

La madre de todos los fallos del mercado: la propiedad de las tierras


A. Ordóñez, Arquitectura, Calle de Jerez 

If you wish for industrialisation, prepare to develop agriculture

Michael Lipton 

Casi cualquier cosa - quizá todo - que crezca-  puede beneficiarse de una mayor atención humana"

El problema con la agricultura en los estados preindustriales con poblaciones crecientes… es que cuando se deja actuar a las fuerzas del mercado, los rendimientos agrícolas tienden a estancarse o incluso a disminuir. Esto sucede porque la demanda de tierra aumenta más rápido que la oferta, lo que permite a los propietarios percibir rentas crecientes por su arrendamiento. Los terratenientes actúan a la vez como prestamistas de dinero por el que perciben altos tipos de interés. Los aparceros, que se enfrentan a rentas elevadas y se endeudan a tipos muy elevados, tiene una posesión precaria de las tierras que explotan y no realizan las inversiones -por ejemplo, en la mejora del riego o en la compra de fertilizantes- que podrían aumentar el rendimiento de la tierra que cultivan. Los terratenientes sí podrían hacer esas inversiones que aumentan rendimientos, pero ganan dinero más fácilmente demandando rentas más elevadas y prestando dinero a usura que, además, les permite aumentar el volumen de sus tierras en propiedad porque se quedan con ellas cuando los pequeños propietarios endeudados no pueden pagar sus deudas y los prestamistas ejecutan la garantía sobre sus parcelas. Se produce una situación en la que "el mercado" no consigue maximizar la producción. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, este escenario estaba presente -en diversos grados- en todo el este de Asia, desde Japón hasta China e Indonesia. 
Por tanto, en condiciones de una población en crecimiento, baja seguridad de la posesión por parte de los aparceros y sin restricciones en el cobro de intereses, el mercado de tierras resultante se caracteriza por un incremento en la concentración de la propiedad que impide la mejora de la productividad agrícola porque la usura resulta una fuente de ingresos más fácil para los terratenientes. Este problema ha afectado a la agricultura de los países pobres de todo el mundo. Lo que es diferente en algunos estados de Asia Oriental es que después de la Segunda Guerra Mundial hicieron cambios radicales en la distribución de la tierra y reestructuraron el mercado de tierras agrícolas. Se produjo una modificación en el campo que hizo que las fuerzas del mercado tendieran a maximizara la producción. No ha habido en ninguna otra ocasión una reforma política de magnitud y efectos equivalentes en el mundo... La cuestión de la eficiencia depende de cuál sea el parámetro que se pretenda maximizar. Las grandes explotaciones agrícolas pueden producir el rendimiento máximo del capital invertido en ellas. Pero esa no es la eficiencia agrícola que es la adecuada para un país en vías de desarrollo. En los estadíos tempranos, un país pobre con un exceso de mano de obra obtendrá mejores resultados si maximiza la producción agrícola hasta que el rendimiento de incorporar más mano de obra caiga a cero... se trata de usar toda la mano de obra disponible incluso si la rentabilidad por persona y hora trabajada parece horriblemente baja sobre el papel, simplemente, porque no tienes un mejor uso que dar a esa mano de obra en actividades alternativas a la agricultura. Se trata de aplicar a la agricultura técnicas de jardinería que, como todo el mundo sabe, maximizan la producción pero son muy intensivas en mano de obra... (por el contrario)... la agricultura de plantación antepone los beneficios por hectárea para un pequeño número de terceros inversores a la capacidad de producción por hectárea y a la autosuficiencia alimentaria... las economías de escala que existen en la agricultura en el sureste de Asia se encuentra en el procesado y la distribución, no en el cultivo, lo que significa que las explotaciones familiares son tan viables en el sur como en el nordeste de Asia" 
Al dar a las familias rurales la misma cantidad de tierra para cultivar, los Estados crearon condiciones de competencia casi perfecta, como la de un laboratorio. Este era el tipo de competencia que presumía la existencia de un gran número de competidores, ausencia de barreras de entrada e información gratuita sobre la que tanto fantasean los economistas matemáticos... por una vez en la historia, no había terratenientes nacidos con una cuchara de plata en su boca ni - casi - campesinos sin capital. A todos se les dio la oportunidad de competir... Como ha demostrado Deininger... la desigualdad en la propiedad de la tierra genera crecimiento económico bajo a largo plazo y ese crecimiento económico bajo reduce los ingresos de los pobres pero no de los ricos 

Lean ahora esta entrada sobre el magnífico libro de Bas Van Bavel. La concentración de la riqueza en manos de unos pocos (los comerciantes que dedican sus excedentes a prestar a los campesinos con tierras y acaban convirtiéndose en grandes terratenientes) genera un aumento de la desiguladad y la reducción del crecimiento económico. 

Studwell añade que las explotaciones de pequeño tamaño intensivas en mano de obra no maximizan la producción si no existe una política estatal que les permita cooperar y obtener los beneficios de las economías de escala. Estas políticas incluyen desde el acceso al crédito a las infraestructuras (de regadío, maquinaria agrícola cuando es eficiente usarla...). Estas políticas se articulan, muy a menudo, eficientemente a través de cooperativas y otras sociedades mutualistas. 

La reforma Meiji en Japón consistió en convertir en diputados a los señores feudales que ostentaban el título sobre todo el terreno agrícola - los agricultores eran, en la práctica, siervos de la gleba - y repartir títulos de propiedad sobre explotaciones de pequeño tamaños a ciento nueve millones de agricultores en tres años lo que creó un mercado de tierras. Los impuestos se cobraban en dinero, no como una parte de la producción (que es el sistema de aparcería) y aparecieron mercados para la producción agrícola. De esa forma, los agricultores tenían incentivos para maximizar la producción (porque la mayor producción se la quedaban) y el Estado recaudó mucho más en impuestos (dice Studwell que hasta 4/5 de los ingresos de los agricultores. La producción de arroz se duplicó - aumentó por encima del crecimiento de la población - y la agricultura comenzó a proporcionar al país divisas extranjeras a través de su principal producto de exportación: la seda que se producía gracias a los árboles de morera plantados en los bordes de las tierras agrícolas. a lo que se acompañó de extensión de las mejores técnicas por todo el país. "Antes de esto, ningún país en el mundo había empezado su período de industrialización con una proporción tan apabullante de población rural": el 75 % frente a cifras muy inferiores de Inglaterra u Holanda al inicio de la Revolución Industrial. Veinte años después, Japón derrotaba a China y a Rusia y exportaba sus productos a todo el mundo "Nada de esto habría sucedido sin los alimentos, los impuestos y las divisas proporcionadas por la agricultura". Pero el ciclo de concentración de la propiedad de la tierra, préstamos y desigualdad se reprodujo entre las dos guerras mundiales y, en los años 30 del siglo XX casi la mitad de la tierra cultivable estaba arrendada. En 1946, tras la derrota japonesa en la guerra, tuvo lugar una segunda reforma agraria promovida por Mac Arthur y su asesor para temas agrícolas Wolf Ladejinsky impuesta al gobierno japonés y ejecutada pacíficamente: "el propio hecho de que la reforma fuera impuesta desde fuera fue un factor muy poderoso en que se desarrollara pacíficamente" porque los campesinos podían decir a los terratenientes que no eran ellos - o la amenaza de una revolución - los que estaban expropiando. Era la ley impuesta por los norteamericanos la que les "obligaba" a hacerlo. Para evitar la vuelta a la generalización de la aparcería, se limitó la reventa de tierras y en pocos años el nivel de vida de las poblaciones rurales recuperó los niveles previos a la guerra pero no así los de los de las ciudades. Uno de los rasgos fundamentales de una reforma agraria exitosa - dice Studwell - es la de no dejar que terratenientes y aparceros negocien directamente entre sí su aplicación en cada una de los latifundios. Las transferencias de tierras deben decidirse por comités con la participación de los primeros pero el control de los segundos.

En Filipinas, donde sucesivas reformas agrarias han fracasado e impedido el crecimiento de la productividad agrícola, Studwell nos narra la historia de Danding. En lo que interesa, éste corrupto político de la era Marcos que es ahora presidente de San Miguel, logró evitar que se aplicara a sus tierras la reforma agraria constituyendo una sociedad anónima en la que dio un 35 % de las acciones a los campesinos lo que, en la práctica significaba un "dividendo mínimo garantizado" equivalente al salario de un trabajador agrícola a cambio de su trabajo más el 35 % de los beneficios de la hacienda. Naturalmente, sin un control de los trabajadores sobre cómo se determinaban los beneficios y pudiendo Danding cargar toda clase de gastos personales a la vez que retiene completamente el control sobre la gestión, la situación es idéntica o peor a la previa a la aplicación de la reforma agraria. Y en el caso de la Hacienda Esperanza, perteneciente a la familia de otro socio de Marcos, Roberto Benedicto, el asesinato de varios campesinos por éste forzó al gobierno a dar títulos de propiedad a los campesinos pero éstos, incapaces de financiar la explotación de sus tierras, se las retornaron a la familia Benedicto por un precio ridículo y volvieron a ser jornaleros sin tierra. El fallo en el caso de Filipinas está en el dominio del Estado por los terratenientes ("17 familias controlan todavía hoy el 78 % de todas las fincas dedicadas a la caña de azúcar en Negros Occidental"). No sólo el volumen de tierras transferidas ha sido muy reducido sino que el Estado ha sido incapaz de apoyar a los nuevos propietarios proporcionándoles el crédito, las infraestructuras y el apoyo a la comercialización de los productos que constituyen la otra parte de cualquier reforma agraria exitosa. La consecuencia es una agricultura ineficiente y que "el viajero reciba constantes pruebas de que, en Extremo Oriente, la pobreza rural mas abyecta se concentra en las zonas de mayor riqueza natural".

Una vez que un país se industrializa y la mano de obra en el campo deviene escasa, el objetivo debe ser maximizar los ingresos del agricultor, lo que implica reducir la mano de obra necesaria para obtener la producción. Así, en "los Estados Unidos, los agricultores explotan fincas cada vez más grandes (de 50 hectáreas en promedio a finales del siglo XIX a 200 hectáreas en la actualidad) con más y más grandes máquinas, aceptando una menor producción por hectárea a cambio de obtener más ingresos por agricultor". El error - cometido por Japón, Corea y Taiwan - es el de no permitir la concentración parcelaria para hacer fincas más grandes y llenar de subsidios a los agricultores en lugar de obligarlos a especializarse en productos que pudieran exportar. Hasta el punto de que en Japón, en los años 70 del siglo XX, los ingresos de las familias campesinas eran más elevados que los de las familias urbanas en promedio y las subvenciones públicas representan la mitad de los ingresos de los agricultores comparados con el 20 % que representan en Europa.

El reparto equitativo de la tierra tuvo un efecto virtuoso añadido: incrementar la movilidad social al dar a una gran parte de los ciudadanos una oportunidad de tener éxito económico lo que se tradujo en el ascenso social y político de los hijos de los agricultores en países como Taiwan o Corea del Sur y a la perdurabilidad de las "castas" familiares en países como Filipinas. 

Joe Studwell, How Asia works2013

No hay comentarios:

Archivo del blog