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miércoles, 26 de junio de 2019

Las cooperativas de crédito en el siglo XIX




Aunque la traducción deja bastante que desear y no se han corregido debidamente las erratas, aquí van algunos párrafos de un trabajo de Guinnane sobre el movimiento cooperativo alemán a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Estos temas son muy interesantes para cualquiera que se preocupe por el estudio de las organizaciones inventadas por los humanos para intensificar la cooperación entre ellos. Y lo son porque la constitución de sociedades de todo tipo – o de fundaciones – constituye la alternativa principal a los intercambios en un mercado para articular la cooperación y la división del trabajo entre los miembros de una Sociedad. Estas ideas las he expresado muchas veces en el blog y, en algunas ocasiones, en relación particular con las entidades de crédito. Los bancos del siglo XIX eran, sobre todo, organizaciones con forma de sociedades cooperativas, no sociedades anónimas. Los que tenían ahorros o los que necesitaban crédito se asociaban para (auto)proporcionárselo.

Cuando se trataba de ahorrar, la figura organizativa era la caja de ahorros en la que los ahorradores no participaban en el gobierno de la organización aunque eran beneficiarios de ésta, lo cual es normal por la época en la que surgieron – despotismo ilustrado – y la pobreza de los destinatarios de este tipo de organizaciones.

Los bancos de crédito, por el contrario, eran asociaciones de comerciantes o agricultores donde los miembros se reservaban, normalmente, los puestos de gobierno. Hay dos cosas fascinantes en lo que cuenta Guinnane. La primera es cómo se organizaban las cooperativas para asegurarse de que su negocio era sostenible. En el caso de los bancos de crédito, si los prestatarios “mandan”, el banco se arruinaría rápidamente porque los prestatarios tendrían incentivos para que el banco diera crédito “alegremente” a costa de los depositantes, de modo que éstos no guardarían su dinero en tales bancos. De manera que la organización interna debería tener en cuenta este riesgo y establecer un sistema de gobierno que asegurara la protección de los depositantes. La segunda es que entre depositantes y prestatarios debería existir un tercer grupo de interesados que diera seguridad a ambos de que no serían explotados por el otro grupo. Y estos eran, como cuenta Guinnane, los comerciantes cuyos clientes necesitaban crédito para pagarle a ellos. Si estos comerciantes tenían depósitos en estos bancos cooperativos, tendrían incentivos adecuados para monitorizar la conducta de los prestatarios que hubieran recibido un préstamo para pagarles a ellos.

También es de destacar cómo se crearon cooperativas de segundo grado e instituciones centrales que prestaban servicio a todas las cooperativas de base lo que permite a instituciones de pequeño tamaño obtener las ventajas de las economías de escala manteniendo, sin embargo, la autonomía en la gestión en los aspectos en los que hay diseconomías de escala (como en el franchising). Las economías/diseconomías de escala explica igualmente la ausencia de instituciones centrales cuando la cooperativa es de agricultores, por ejemplo. También es llamativo que instituciones menos sofisticadas dieran préstamos sobre garantías prendarias y no préstamos con garantía hipotecaria. Esto puede deberse a que los préstamos hipotecarios son más complejos de gestionar o, simplemente, a que los prestatarios de estas instituciones no eran propietarios de inmuebles que pudieran hipotecar.
Por último, sorprende que el fondo de reserva no fuera repartible ni siquiera en caso de liquidación. Es la regulación legal aún hoy para las entidades sin ánimo de lucro y también para la Mutua Madrileña, lo que permite a sus administradores utilizar a su discreción más de cuatro mil millones de euros que deberían destinarse, lógicamente, a reducir la prima que pagan por la póliza de seguro sus mutualistas
El movimiento cooperativo en Alemania creció rápidamente a lo largo del siglo XX. En 1914 contaba con más de 35.000 cooperativas, y un total de 6,4 millones de asociados. Normalmente, sólo un miembro de cada hogar pertenecía a una cooperativa, por lo que estas cifras implican que cerca de 25 millones de alemanes (más de un tercio de la población total) tuvieron alguna relación con el movimiento cooperativo. Cerca de 15.000 de dichas cooperativas estaban orientadas al crédito. 
Las cooperativas gozaban de libertad para establecer su política de funcionamiento y las normas de comportamiento y captación de sus miembros. A raíz de la Ley Prusiana de 1867…, las cooperativas podrían inscribirse en una sección especial del Registro de Comercio… La publicidad registral las dotó de personalidad jurídica, mejorando su capacidad de contratación con terceros. La Ley de Cooperativas de 1889… introdujo (la limitación de la)… responsabilidad frente a terceros a la cantidad aportada al capital social (principio de responsabilidad limitada). 
Y en 1895, el gobierno prusiano creó un Banco Cooperativo Central del Estado, cuyo objetivo era proporcionar fondos al movimiento cooperativo, pero también granjearse su apoyo. La interpretación del papel de dicho banco fue controvertido. Algunos estudios enfatizan que las cooperativas dependían de las dádivas del Estado, pero esta afirmación refleja una interpretación errónea de lo que el banco supuso. En realidad, fueron las cooperativas quienes actuaron como prestamistas netas del Banco de Prusia durante la mayor parte de su etapa de funcionamiento 
Las cooperativas de crédito formaban parte de un entramado mayor: las cooperativas o instituciones de cooperación en Alemania. En las zonas rurales 
las cooperativas eran bodegas, lecherías, empresas de almacenamiento y venta, etc.; en las zonas urbanas abundaban las cooperativas dedicadas a ultramarinos, talleres artesanos, empresas proveedoras de insumos o dedicadas a la comercialización. 
Las cooperativas de crédito… podían realizar operaciones comerciales entre sí; es decir, una cooperativa de crédito podía prestar a una cooperativa dedicada a la explotación de lácteos, ya fuera directamente o a través de una cooperativa “central”,…. 
Considerando el número de afiliados o el total de instituciones, las cooperativas de crédito constituyeron una parte sustantiva del movimiento cooperativo alemán, si bien otras modalidades del movimiento cooperativo las superaron.

El gobierno de las cooperativas


En las cooperativas locales, los miembros elegían a los comités de gobierno o gestión (Vorstand) y a los responsables de la supervisión (Aufsichtsrat)…. Las cooperativas Schulze-Delitzsch desalentaban la entrada de socios pobres a través de altas cuotas de entrada, y la obligatoriedad de poseer un elevado número de participaciones. Las cooperativas rurales, por lo general, tenían un solo empleado, a tiempo parcial, que era el encargado de la tenencia de libros y la tesorería, mientras que las cooperativas urbanas más grandes empleaban personal cualificado a tiempo completo. En la mayoría de las instituciones rurales ni tan siquiera había un espacio físico para las oficinas; y en general era mucho menores que sus homónimas urbanas. Es más, el grupo Raiffeisen alentaba que las cooperativas de crédito sólo tuvieran competencias en una sola parroquia rural, limitando así su tamaño.

El balance


Las cooperativas de crédito se veían a sí mismas como pequeños bancos, de ahí que la composición de su balance se asemejara a éstos. Su pasivo estaba formado por el capital, los depósitos, y a veces préstamos recibidos de otras instituciones… Las cooperativas rurales… no repartían dividendos entre sus socios, hasta el punto de que en el modelo Raiffeisen el fondo de reserva era irrepartible – es decir, si la cooperativa iniciaba el proceso de liquidación de sus negocios, proporcionaría sus reservas a alguna obra de caridad local. La idea subyacente era eliminar cualquier incentivo de los socios a liquidar la cooperativa para obtener un beneficio. 
Las cooperativas urbanas, por el contrario, solían pagar atractivos dividendos sobre las participaciones; no por casualidad los tipos de interés de sus préstamos también eran superiores. En ambos casos, la categoría de pasivos más importante era los depósitos en efectivo. Cualquier persona, con independencia de que fuera miembro o no de la cooperativa, podía abrir un depósito en una cooperativa… los banqueros… argumentaban que las cooperativas ejercían una competencia desleal captando depósitos domésticos. Cabe señalar que las cajas de ahorros, en algunas circunstancias, ejercieron este mismo tipo de competencia con las cooperativas, y viceversa…. 
Los activos de las cooperativas de crédito consistían básicamente en los préstamos que concedían, seguidos de la inversión en bonos del Estados, y los depósitos que tenían en otras instituciones financieras... 
Los depósitos en las cooperativas… no eran a la vista, esto es, pagaderos a demanda del depositante…. por lo general un depositante tenía que esperar al menos tres meses después de haber solicitado la retirada de su dinero. Algunas instituciones ofrecían mayores tasas de interés si el cliente aceptaba una política de preaviso menos flexible, por ejemplo de seis meses. Esta característica de los depósitos ayudó a que las cooperativas fueran menos vulnerables a los “pánicos”, fuente principal de descapitalizaron de los bancos contemporáneos
La decisión más usual de hacerse socio de una cooperativa surgía de la necesidad de solicitar un crédito… En algunos casos, la cooperativa concedía el préstamo a su nuevo socio el propio día de su adscripción a la cooperativa como miembro, siendo ésta su actuación de mayor impacto en la cooperativa. Las cooperativas podían rechazar una solicitud de préstamo, y así sucedía. En los archivos manuscritos que he examinado las negativas más frecuentes son dudas sobre la conveniencia del proyecto, o un bajo nivel de solvencia del solicitante. En muchos casos, el candidato rechazado podía volver a presentar su petición, una vez corregida la causa de la denegación de la solicitud original. Muchos miembros tardaban años en solicitar un préstamo, o no lo solicitaron nunca. Este comportamiento desvela que la cooperativa podía desempeñar una importante externalidad: podía ser que un comerciante no necesitara para sí el crédito de la cooperativa, pero que fuera en su propio interés que sus clientes dispusieran de dicha fuente de crédito a bajo coste

La cuenta de crédito


Un segundo producto, el más popular entre las pequeñas empresas, era una cuenta corriente por la que el titular pagaba intereses cuando el saldo era negativo (saldo deudor) y los recibía cuando el saldo era positivo (saldo acreedor). En lugar de desembolsar una cantidad específica para el titular de la cuenta, la cooperativa solía establecer un umbral de préstamo neto máximo para cada socio.
En las cooperativas urbanas, eran frecuentes los préstamos a través del descuento de una letra de cambio. A menudo, los artesanos solían cobrar por su producto con una letra de cambio; y la mantenían en su poder hasta su vencimiento, o podían llevarla a un banco para descontarla por efectivo. Este tipo de préstamos, realizado sobre una letra de cambio como garantía, era otra operación típica en los bancos comerciales de la época
Los préstamos de mayor volumen y duración a menudo tenían alguna propiedad inmueble como garantía. Las cooperativas rurales hicieron algunos préstamos hipotecarios, pero la mayor parte estaban soportados por una prenda mueble (herramientas, bienes de equipo, utillaje, etc.). Incluso en algunas cooperativas éstas podrían realizar un inventario de las posesiones del solicitante del crédito para hacer uso de él en el supuesto de no devolviera el capital solicitado. No obstante, la garantía más común era la personal, en el sentido de que el prestatario se comprometía a pagar el préstamo, y uno o más avalistas garantizaban el acuerdo.

Timothy W. Guinnane, Las primeras cooperativas de crédito alemanas y las actuales organizaciones de microfinanzas: Semejanzas y diferencias, 2012



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