miércoles, 29 de abril de 2026

La conjura contra España (CXLIII): el efecto Curley y la estrategia del PSOE: o por qué es cada día más importante que los españoles votemos popperianamente

 


foto: Wikipedia

Edward L. Glaeser y Andrei Shleifer, escribieron en 2002 un paper titulado The Curley Effect. Curley fue cuatro veces alcalde de Boston en la primera mitad del siglo XX y lo logró combinando políticas redistributivas ineficientes y una retórica abiertamente hostil hacia los sectores acomodados y anglosajones de la ciudad con el objetivo explícito de inducirles a irse de Boston. Al reducir deliberadamente el peso electoral de sus adversarios y reforzar la posición relativa de su base —los irlandeses pobres—, Curley consiguió mantenerse en el poder durante décadas, aun al coste de empobrecer la ciudad y frenar su desarrollo. 

Los autores denominan “efecto Curley” a la utilización consciente de políticas económicamente destructivas por parte de gobernantes que buscan moldear la composición del electorado para incrementar sus probabilidades de reelección

Cambien irlandeses por inmigrantes pobres y españoles desesperanzados con la idea de "mejorar su condición" (vivir mejor que sus padres) y tendrán la aplicación del efecto Curley a España con el resultado de que, como vengo diciendo en este blog desde hace algún tiempo, nos convertiremos en el país más pobre de Europa en 2030 o el país más rico de Latinoamérica

Los españoles son muy pesimistas respecto del futuro de España y consideran 

"que España ha empeorado. La mayoría ve un país más inseguro, menos próspero y más desigual que hace una década"

La desconfianza hacia la democracia ha aumentado:  

un 65% dice que la democracia española no le representa.

Pero, observen,  

el 34% cree que España camina en la dirección adecuada, la mayoría de ellos de izquierdas.

de manera que Sánchez sólo necesita aumentar en unos pocos puntos este último porcentaje, dividir a la oposición y asegurarse, como repetiré al final de esta entrada, de que los españoles votan ideológica o identitariamente, no popperianamente.

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En el efecto Curley, el político incumbente comprende que algunas políticas socialmente costosas (un precio que se asume) que provocan reacciones de salida —emigración geográfica o bloqueo de la movilidad social— que reducen el peso político de sus oponentes.

Lo decisivo es que la redistribución que practica el incumbente afecta a la composición futura del electorado: en unos casos, 

  • incentivando la salida física del grupo gravado; en otros,
  •  desincentivando la inversión en capital humano necesaria para ascender a una clase social distinta. 
En ambos supuestos, el efecto agregado es una reducción de la proporción relativa de votantes proclives a la oposición.

Lo de la salida física es fácil de entender. Es lo que está pasando en California en relación con Texas. 

Lo del desincentivo para invertir en capital humano para ascender es más complejo. Lo que dicen Glaeser y Schleifer no es que la "paguita" o la asistencia social desincentive buscar trabajo. Es algo mucho más interesante: no tienes incentivos para invertir en capital humano que te permita pasar de una clase social a otra (por ejemplo, de trabajador a directivo, profesional o empresario) a un coste real en tiempo, esfuerzo, educación, riesgo, a veces endeudamiento si, "pasar a la nueva clase social" no supone una diferencia significativa de ingresos netos porque los beneficios adicionales te los expropia el gobierno vía impuestos o cotizaciones.

Otro ejemplo es el de Robert Mugabe en Zimbabue, cuyas políticas de acoso y expropiación contra los granjeros blancos tras episodios de contestación política llevaron a su emigración masiva, con consecuencias devastadoras para la economía, pero reforzando el control político del régimen. En los tres casos, las políticas no se orientan a maximizar el bienestar general ni siquiera el del grupo favorecido, sino a alterar el equilibrio político en beneficio del gobernante. 

Finalmente, el artículo examina el caso del Partido Laborista británico antes de la era Thatcher como un ejemplo más sutil del mismo fenómeno, en el que políticas fiscales, educativas y de nacionalización contribuyeron a frenar la “aburguesamiento” de la clase trabajadora y a mantener una base electoral fiel, al tiempo que la economía británica perdía dinamismo relativo frente a otros países europeos.

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Observen que Sánchez está haciendo las dos cosas requeridas por el modelo: 

  • está incentivando la salida de España de los ricos y de los más exitosos con lo que la proporción relativa de sus potenciales votantes - inmigrantes - aumenta (no tengo que recordarles lo de hacer españoles a dos millones de nietos de un español o española ni la regularización masiva que se nos echa encima) pero sobre todo, 
  • está comprimiendo la escala salarial y de ingresos de manera que los jóvenes no tienen incentivos para invertir en su capital humano. 
Sólo los emprendedores pueden esperar un nivel de ingresos mucho más elevado pero su número y su movilidad geográfica los hacen irrelevantes electoralmente. 

Las empresas españolas, incluso las más exitosas no pagan sueldos comparables a los que pagan las empresas exitosas de EE.UU., de modo que los incentivos para el exit o para minimizar los esfuerzos de formación se exacerban (para que se hagan una idea, un empleado de nivel directivo gana en JP Morgan tres veces más que en el BBVA)

Para asegurarme de que las políticas de Sánchez y el PSOE encajan en el efecto Curley le he preguntado a Copilot lo siguiente: 

El gobierno del país X (si menciono a algún político vivo, Microsoft bloquea la respuesta de Copilot; es como el sexo) desarrolla políticas de regularización masiva de inmigrantes (que, con alta probabilidad votarán por el gobierno que les ha regularizado conforme vayan obteniendo la nacionalidad en el caso de las elecciones generales), de elevación de los impuestos (no deflación) y de las cotizaciones sociales además de aumentar las pensiones de conformidad con la inflación a pesar de que eso genera un déficit de varios puntos del PIB. Al mismo tiempo sube extraordinariamente el SMI lo que comprime la escala salarial. Practica una política de "represión salarial" desincentivando vía impuestos los aumentos de los mejores salarios lo que asegura que los salarios netos se estanquen durante décadas. ¿Unas políticas semejantes encajarían en el modelo que utilizan Glaeser y Schleifer y que denominan efecto Curley?

Y la respuesta ha sido 

 Sí, un conjunto de políticas como el que describes puede encajar de manera coherente con el mecanismo del “efecto Curley”  El encaje se vuelve especialmente plausible porque tu paquete combina tres mecanismos que, en el lenguaje del paper, empujan en la misma dirección: (i) aumentar el peso relativo del bloque favorable, (ii) reducir el peso relativo del bloque adverso mediante “exit” o desincentivos, y (iii) hacerlo mediante políticas que pueden tener coste económico neto, incluso para la base a medio plazo. 

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¿Cómo se combate el efecto Curley? 

Votando popperianamente, no ideológicamente, no identitariamente. Al votar, el elector ha de examinar en su fuero interno, de buena fe, si el gobierno lo ha hecho "bien" o si lo ha hecho "mal" y si cree lo primero, debe volver a votar por el gobierno. Si cree lo segundo, debe votar por la oposición. No debe votar por los "suyos" sean estos los que comparten sus ideas o preferencias o los que comparten su identidad. 

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