viernes, 30 de septiembre de 2022

Servir a las pasiones del populacho o a sus intereses



"El principio republicano", escribió Hamilton en The Federalist Papers, "no requiere (de los políticos) una complacencia incondicional a cada brisa repentina de pasión, o a cada impulso transitorio que el pueblo pueda recibir de aquellos que halagan sus prejuicios para traicionar sus intereses. " Por el contrario, Hamilton argumentó que cuando "los intereses del pueblo entran en contradicción con sus inclinaciones, es el deber de las personas que han designado para ser los guardianes de esos intereses, resistir el engaño temporal… Una conducta de este tipo es la que salva al pueblo de las fatales consecuencias de sus propios errores, y procura... su gratitud a los hombres que tuvieron el coraje y la magnanimidad suficientes para servirles a riesgo de contrariarles… Sin embargo, si tales representantes magnánimos contrarían en exceso a sus votantes, perderán las elecciones en favor de quienes favorezcan esos "delirios temporales", y rindan "servil pleitesía al pueblo; empezarán siendo demagogos y acabarán convertidos en tiranos"

Lo que define a un demagogo – ahora a un populista – es que su gobierno se dirige a satisfacer las pasiones de sus votantes antes que sus intereses a largo plazo, de manera que “se promueven políticas cortoplacistas ocultando los costes de éstas en el largo plazo”. Por ejemplo, subiendo las pensiones a sabiendas de que será necesario recortarlas en un futuro más o menos lejano.

Pero hay diferencias entre un demagogo y un populista:

Los demagogos son políticos que apelan al pueblo únicamente para ganar el poder y conservarlo. El término populista se utiliza a menudo indistintamente con el de demagogo, pero contiene aspectos que no modelamos. Por ejemplo, según Müller (2017), los populistas afirman representar al verdadero pueblo contra una élite que controla los resortes del Estado a expensas del verdadero pueblo. Como resultado, los populistas creen que es legítimo alejarse de la democracia pluralista, porque ellos, y solo ellos, son los representantes legítimos del pueblo. Por el contrario, en nuestro modelo, la regla de la mayoría se mantiene siempre.

Los autores examinan qué resultados cabe esperar cuando, en la competencia política de un país, entran a participar demagogos/populistas que se enfrentan a “partidos pragmáticos y benevolentes socialmente”. Y su conclusión es que el votante mediano es miope, de manera que la ‘entrada’ en la arena política de un partido demagógico hace imposible para los partidos pragmáticos ganar elecciones con políticas dirigidas a mejorar el bienestar social a largo plazo.

Los demagogos de nuestro modelo maximizan sus posibilidades electorales defendiendo políticas a corto plazo que atraen a los votantes miopes. A continuación, caracterizamos la consecuencia a largo plazo de la competencia electoral entre dichos demagogos y los partidos pragmáticos, benévolos y con visión de futuro, cuyo objetivo es maximizar el bienestar de los votantes.

Su conclusión, expresada en los términos más informales posibles es que la entrada de un partido populista – demagogo en política es tanto más perjudicial para un país cuanto más pobre sea. La posibilidad de que el partido pragmático pierda las elecciones frente al demagogo lleva a los partidos pragmáticos a elegir políticas demagógicas, esto es, orientada a aumentar el gasto a corto plazo ocultando los costes a largo plazo: el consumo actual se logra a costa de reducir el stock de capital (si se incrementa el consumo actual, ha de hacerse a expensas de reducir el consumo futuro aunque los autores explican que esta pérdida de consumo futuro puede ocultarse porque los Estados pueden endeudarse a larguísimo plazo sin que el impacto de este endeudamiento sobre los niveles de consumo se aprecie).

En países ricos, el partido pragmático puede ‘arriesgar más’ y asumir políticas demagógicas sin dañar terriblemente las perspectivas de crecimiento del país. Cuanto más pobre el país, en definitiva, más probabilidades de que el partido pragmático imite las políticas del demagogo. Esto es porque en los países ricos la parte de la población que conecta buenas políticas y gobiernos competentes con su bienestar es mayor que en países pobres. Pero en los países pobres, el ciclo descendente hacia el colapso económico por la reducción del stock de capital es mucho más probable

Este ciclo descendente no es una trampa de pobreza en la que la gente es demasiado pobre para invertir, perpetuando así la miseria económica. Más bien, independientemente de la productividad intrínseca de la economía, la espiral de la muerte está impulsada por la mayor presión electoral de los demagogos cuando el stock de capital es bajo… un demagogo maximiza sus posibilidades de ganar unas elecciones maximizando el gasto, reduciendo el capital futuro… al reducir el capital futuro, se amplifican la diferencia entre la política del demagogo (consumir y no invertir en el futuro) y cualquier política en sentido contrario. Así, al dañar el stock de capital y destruir el capital social asociado a las instituciones y a los derechos económicos de los particulares, un demagogo aumenta el atractivo relativo futuro de sus políticas para los votantes actuales... Las espirales de muerte tienden a ser menos probables cuando el partido benévolo selecciona candidatos de alta valencia con mayor probabilidad, la productividad económica es mayor y las restricciones institucionales al desahorro de un demagogo son más estrictas.

... Nuestros resultados ponen de manifiesto las estrechas relaciones entre democracia y desarrollo. Las democracias de las economías en vías de desarrollo con menos stock de capital son más susceptibles de sufrir colapsos económicos, ya que se necesitan menos shocks para que el stock de capital caiga por debajo del punto en el que los colapsos son inevitables. Del mismo modo, las democracias jóvenes tienden a tener menos capital social en forma de confianza en las instituciones, lo que las hace más susceptibles a los choques negativos en forma de demagogia. La menor productividad, las menores restricciones institucionales a las políticas demagógicas y la ineficacia de los partidos, que a menudo no seleccionan candidatos de alta valencia, agravan el problema. Nuestros resultados también señalan el valor de los buenos líderes en las democracias jóvenes, que pueden construir un colchón de capital suficiente para que un país pueda soportar el choque negativo de un demagogo futuro, quizás raro pero inevitable.

Al igual que en Guiso et al. (2018), suponemos que los demagogos pueden ocultar a los votantes las consecuencias a largo plazo de las políticas económicas. En consonancia con sus conclusiones, mostramos que durante los tiempos difíciles aumenta la necesidad de imitar las políticas populistas para atraer a los votantes, lo que hace que los partidos establecidos se vuelvan más populistas. Guiso et al. (2018) también encuentran pruebas a nivel individual de que los votantes que están peor según su medida compuesta de bienestar económico son más propensos a apoyar a los partidos populistas.

Los autores citan otro trabajo Levy, Gilat, Ronny Razin, and Alwyn Young. 2022. "Misspecified Politics and the Recurrence of Populism." American Economic Review, 112 (3): 928-62) en el que se formula un modelo de los efectos que tiene la entrada en la competición electoral de un partido populista que tiene una visión simplista de los problemas sociales,de sus causas y de la forma de resolverlos, esto es, “un sesgo creado por una interpretación errónea de los resultados sociales” que se observan. La intuición detrás del modelo la explican los autores de este segundo trabajo como sigue:

Cuando sólo un grupo está en el poder indefinidamente (el pragmático), en el límite ambos grupos (el pragmático y el populista) no se ven "sorprendidos" por los resultados sociales de las políticas aplicadas. Las creencias de ambos grupos les permitirán explicar por qué y cómo se producen esos resultados. Sin embargo, como las creencias de uno y otro son diferentes porque tienen diferentes modelos subjetivos para explicar los resultados… el grupo populista cree firmemente que si se aplicaran políticas diferentes – las suyas – se mejoraría, todavía más, el resultado actual. Entienden cómo producir el resultado actual, pero creen que pueden hacer más cambiando a su vector de políticas preferido (que depende de sus creencias sobre los parámetros)… eso les hace ser más activos políticamente, más comprometidos políticamente y forzar un cambio de gobierno.

La cosa se agrava si los populistas creen que las políticas implementadas por el partido pragmático no son las que producen los resultados observados y deseables sino que son políticas inútiles que solo generan despilfarro (ej., en la lucha contra el delito, gastar en políticas de reducción de la pobreza vs. aumentar las penas y la policía). En este modelo, es fundamental convencer a los votantes que las políticas populistas no funcionan lo que hace más urgente influir sobre el discurso público y ridiculizar a los que sostienen políticas delirantes (como las de Podemos en materia de violencia doméstica, regulación de la conducta sexual, igualdad de sexos, alquileres, protección de los consumidores etc).

Bernhardt, Dan, Stefan Krasa, and Mehdi Shadmehr. 2022. "Demagogues and the Economic Fragility of Democracies." American Economic Review, 112 (10): 3331-66.

martes, 27 de septiembre de 2022

Instituciones, educación y políticas económicas como explicaciones del crecimiento económico



En general, las instituciones proporcionan una explicación endógena y, en todo caso, incompleta de la Gran Aceleración y la Gran Divergencia

….los enfoques que comparan unos países con otros en el estudio del desarrollo dejan sin explicar muchas diferencias y varianza en el desarrollo de una región y otra de un mismo país y rara vez ofrecen pruebas de relaciones causales. Algunos estudiosos han recurrido a enfoques empíricos más "micro" que aprovechan los experimentos naturales, a menudo a costa de estudiar solo un país o continente. En el caso de África, Michalopoulos y Papaioannou (2014) comparan grupos étnicos que quedaron en parte a un lado y en parte al otro de una frontera fijada por las potencias coloniales. Suponiendo que el grupo étnico es semejante a un lado y otro de la frontera, resulta que los efectos de las instituciones políticas nacionales sobre el desarrollo económico es sorprendentemente pequeño. Esto sugiere que las instituciones pueden importar poco en contextos de escasa capacidad estatal…

Del mismo modo, varios estudios de Melissa Dell y sus coautores cuestionan la suposición de que la desigualdad y las actividades extractivas son intrínsecamente negativas para el desarrollo económico. Por ejemplo, Dell (2010) estudia las diferencias a largo plazo en los resultados de desarrollo entre las zonas afectadas de forma diferente por las políticas coloniales de trabajo forzoso en Perú, y encuentra que el trabajo esclavo erosionó el desarrollo económico al impedir el establecimiento de grandes plantaciones (haciendas), que a su vez permitían la creación de bienes públicos locales que mejoran el desarrollo. Del mismo modo, Dell y Olken (2019) encuentran que las actividades coloniales de extracción y refinado de caña de azúcar en Indonesia condujeron a un mayor desarrollo económico a largo plazo.

El desarrollo de las ideas y el acceso a ellas: Capital humano e innovación tecnológica

La Gran Aceleración (Revolución Industrial) y Divergencia (respecto de China) es, en el fondo, una historia de progreso tecnológico. La Revolución Industrial condujo a un aumento sostenido de la productividad y, en consecuencia, de la riqueza que permitió a los países occidentales superar la trampa maltusiana. Las diferencias actuales de ingresos no pueden explicarse adecuadamente por las diferencias en el acceso relativo a los insumos de capital productivo, sino por la productividad relativa en el uso de esos insumos. Por ello, algunos estudiosos se centran en la innovación tecnológica y en su principal facilitador, el capital humano, como causas fundamentales de la posterior divergencia política y económica entre los países occidentales y no occidentales.

Un conjunto reciente de publicaciones cuantitativas apoya la opinión de que el capital humano, y la innovación asociada a él, pueden explicar el crecimiento económico moderno... la capacidad de adaptar tecnologías de alta productividad en la agricultura y la transición hacia actividades manufactureras

El capital humano, más que las instituciones o las dotaciones de factores geográficos, también puede ser fundamental para entender por qué algunas colonias fueron ricas y otras pobres. Las tasas de mortalidad de los colonos pueden haber conducido al subdesarrollo colonial, no por inducir instituciones extractivas que permitieran una ejecución sin restricciones, sino por limitar la difusión del capital humano incorporado en los propios colonos a las colonias...

…. En la literatura de economía política se ha hecho especial hincapié en las instituciones como el factor más importante, por lo que conviene señalar que las instituciones son elegidas por las élites y pueden cambiar rápidamente. Esto significa que a menudo pueden ser endógenas a la educación, las características tecnológicas, la geografía, la composición étnica y la demografía de una sociedad, entre otras variables de evolución lenta (excepcionalmente, las revoluciones repentinas o los choques inducidos por la guerra o la colonización pueden provocar a veces un cambio institucional rápido y exógeno).

Así pues, las instituciones pueden ser epifenómicas en la medida en que son el resultado de estos factores. Además, las recientes pruebas microeconómicas comentadas anteriormente han tendido a erosionar una serie de principios básicos del paradigma institucional, al tiempo que han establecido una conexión causal fuerte e independiente entre las inversiones históricas en educación y los niveles de vida actuales en Europa (Cantoni y Yuchtman, 2014), América del Sur (Valencia Caicedo, 2019), África (Wantchekon, Klašna y Novta, 2015; Ricart-Huguet, 2021) y otros lugares. Al fin y al cabo, el capital humano y la innovación suelen sustentar las opciones institucionales y pueden tener un efecto independiente y directo en el desarrollo económico.

Concluimos con una tercera conclusión: Las explicaciones que integran la dotación de factores, el capital humano y las instituciones para explicar el crecimiento -aunque ambiciosas- pueden ser las más prometedoras (Koyama y Rubin, 2022). No cabe duda de que las dotaciones de factores, las instituciones y el capital humano son determinantes del crecimiento, y el examen de sus interacciones parece prometedor para entender las persistentes disparidades entre los países de alto crecimiento y los de bajo crecimiento

¿Por qué los Estados ponen en marcha políticas que favorecen el desarrollo económico en lugar de políticas que les permitan maximizar la extracción de riqueza de sus súbditos? El papel de la emulación de los demás y de las amenazas externas

El atraso crea expectativas en la población de lograr los niveles de desarrollo económico alcanzados en otros lugares, y esta tensión conduce a la acción política y a la innovación institucional. Esta idea está relacionada con el principio de "legitimidad basada en el crecimiento" de los regímenes autocráticos, aunque parcialmente meritocráticos, de Asia Oriental, incluido el de China…

Otro motivo (es)… la presencia de amenazas externas e incluso existenciales para la seguridad nacional (como)… Corea del Sur y Taiwán, amenazados por Corea del Norte y China respectivamente… Singapur… por Malasia e Indonesia…. En Finlandia, las demandas soviéticas de reparaciones de guerra a mediados de los años 40 indujeron al gobierno a emprender esfuerzos temporales de industrialización que favorecieron inadvertidamente la transformación estructural de la economía finlandesa. El rápido ritmo de crecimiento económico de Israel… puede atribuirse a los esfuerzos de desarrollo dirigidos por el Estado en respuesta a las amenazas externas…

Estos dos factores faltaron en gran medida en los esfuerzos de desarrollo llevados a cabo en América Latina y África

Morales-Arilla, Jose and Ricart-Huguet, Joan and Wantchekon, Leonard, Economic Development in Historical Political Economy, 2022

lunes, 26 de septiembre de 2022

Más allá de la herencia y el ambiente: por qué no hay dos individuos iguales

 


No hay dos individuos exactamente iguales. Más que una simple perogrullada, esta observación refleja la naturaleza fundamentalmente estocástica de los sistemas biológicos. El término "estocástico" describe características que no pueden predecirse a priori a partir de variables fácilmente medibles. … los efectos estocásticos se clasifican como ambientales porque no se transmiten a la descendencia y cualquier causa no heredable es, por definición, ambiental. Pero los efectos no heredables pueden subdividirse en los que pueden predecirse a partir de variables medibles y los que no. Estos últimos efectos son estocásticos.

La existencia de efectos estocásticos imprevisibles en los fenotipos biológicos es una consecuencia indefectible de las leyes físicas deterministas. El gran número de interacciones intermoleculares no lineales que tienen lugar en la función celular, junto con la inestabilidad termodinámica, hacen imposible que la cadena de acontecimientos causales que impulsan el desarrollo y la función del organismo proceda de forma completamente idéntica en todos los organismos. En la práctica, los resultados de los sucesos estocásticos son extremadamente comunes y factibles de medir a nivel del organismo, aunque su procedencia a nivel molecular esté oculta.

Las consecuencias de la estocasticidad para un organismo son enormes y abarcan niveles de organización biológica, desde la expresión de genes en células individuales hasta complejos patrones de comportamiento. Hay historias sorprendentes de gemelos monocigóticos (coloquialmente "idénticos"), separados al nacer, que comparten rasgos de comportamiento y rarezas notablemente específicos en la edad adulta, a pesar de haber sido criados en entornos diferentes. Estos individuos no comparten más que su genotipo y su entorno en el útero. Para muchos, la coexistencia de fenotipos conductuales tan complejos e improbables constituye un caso prima facie de determinismo genético: los rasgos se predicen totalmente a partir del genotipo. Pero, a pesar de las sorprendentes idiosincrasias arraigadas en la genética, hay siempre muchos otros rasgos que diferencian a los gemelos idénticos, aunque se hayan criado en el mismo entorno. Esto es evidente si se observan las discrepancias entre gemelos en cuanto a rasgos de personalidad o enfermedades padecidas. En estos casos, tanto el genotipo como el entorno son comunes en lo esencial; por lo tanto, estas diferencias han de explicarse como resultado de influencias estocásticas…. En la práctica, esto significa que incluso con una comprensión completa de las bases de un rasgo y un catálogo exhaustivo de todos los factores ambientales con los que se ha encontrado un individuo, sus comportamientos seguirán estando fuera de toda predicción fiable.

En un estudio ya clásico (Gärtner, 1990), 30 años de experimentos de endogamia en ratones y ratas de laboratorio criados juntos eliminaron sólo el 20-30% de la varianza observada en una serie de fenotipos. El 70-80% restante se denominó "varianza inasequible". Como también han demostrado varios estudios en otros organismos… (así) en el… cangrejo jaspeado partenogenético. En esta especie, todos los individuos son hembras y todos los hermanos son clonales (este modo de reproducción se denomina teilogía apomíctica). Sin embargo, a pesar de ser genéticamente idénticos, los hermanos del cangrejo jaspeado criados en el mismo entorno muestran una gran variación en sus comportamientos sociales, reproductivos y locomotores. Los hermanos genéticamente idénticos desarrollan diferentes posiciones de descanso preferidas, muestran diversos grados de gregarismo y establecen jerarquías sociales pronunciadas y persistentes con individuos dominantes y subordinados. Esto subraya el impacto de la estocasticidad en la producción de diferencias de comportamiento ecológicamente relevantes dentro de una población. Células genéticamente idénticas en el mismo entorno siguen mostrando un alto grado de variabilidad en la expresión de genes y otros fenotipos celulares.

La modelización matemática pone de manifiesto una serie de circunstancias en las que los procesos físicos producen estocasticidad. (Así, por ejemplo)… cuando el número de componentes discretos implicados en un proceso molecular es pequeño, las fluctuaciones serán relativamente grandes (Figura 2). Por ejemplo, puede haber sólo unas pocas copias de un factor de transcripción presentes en el núcleo. En el sitio del promotor de un gen determinado, estas proteínas se unirán e iniciarán la transcripción sólo ocasionalmente y a un ritmo impredecible. El resultado es una variabilidad en la cantidad de ARN mensajero presente en la célula a lo largo del tiempo.

(Otro ejemplo)… El gen de guía de axones DSCAM tiene más de 38 mil variantes de empalme en la mosca Drosophila. Cada neurona expresa un subconjunto estocástico de estas variantes que es distinto de los subconjuntos de sus vecinas, y esto proporciona una base por la que sus conexiones con otras neuronas serán diferentes... Por lo tanto, no es de extrañar que hasta una cuarta parte de todos los genes se expresen de forma diferente entre moscas de la fruta genéticamente idénticas criadas en condiciones de laboratorio idénticas.

¿Por qué ha persistido esta variabilidad estocástica en el proceso evolutivo de las especies? La variabilidad individual favorece la supervivencia de la especie

… la individualidad estocástica(es)… una característica adaptativa que proporciona un beneficio evolutivo en comparación con una menor variabilidad. Esta posibilidad se ve apoyada, aunque circunstancialmente, por la observación de que el papel endógeno de algunos genes (o elementos de circuitos neuronales) parece ser el de promover la estocasticidad. Cuando estos genes (o elementos del circuito neural) mutan (o se silencian transgénicamente) la variabilidad del comportamiento disminuye. La evolución parece no haber depurado estos mecanismos que aumentan la individualidad estocástica.

La variación no genética puede facilitar la selección natural al complementar la variación genética... La "apuesta diversificada" es una estrategia evolutiva en la que un único genotipo produce una distribución de fenotipos en la descendencia para aumentar la probabilidad de que al menos algunos individuos estén bien adaptados a las presiones de selección de entornos impredecibles.

Las moscas que buscan más la sombra y soportan mejor el frío que otras que soportan mejor el calor: cubrir más cambios impredecibles en el entorno

Las moscas de la fruta individuales muestran un comportamiento idiosincrásico de preferencia térmica y lumínica (ilustrado por el montón de moscas de Gauss), con algunas moscas que prefieren el calor o el frío, la luz o la sombra. Las moscas que buscan la sombra tendrán una ventaja en el verano o en las olas de calor. Una amplia distribución de comportamientos puede aumentar la posibilidad de que algunos individuos se adapten bien a las fluctuaciones ambientales imprevisibles.

si llega una ola de calor, las moscas con menor preferencia por la sombra perecerán pero las que presentan una mayor preferencia por la sombra pueden sobrevivir. Y al revés. Además, la especie puede extender su presencia a lo largo de todo el año (a comienzos de la primavera y a finales del otoño porque hay individuos que sobrevivirán y se reproducirán con temperaturas más bajas). Frente a la estrategia de “cobertura de apuestas” que proporciona la variabilidad causada por fenómenos estocásticos está la estrategia consistente en aumentar la plasticidad fenotípica.

En esta estrategia, un organismo puede ajustar de forma determinista su fenotipo en respuesta al entorno. La plasticidad fenotípica es un marco lo suficientemente flexible como para poder abarcar, en principio, las soluciones óptimas del entorno al fenotipo; para cualquier entorno que se presente, un organismo totalmente plástico podría, en teoría, transformarse en el fenotipo perfecto.

No es probable que la Evolución haya utilizado esta estrategia. Es demasiado costosa o compleja como para evolucionar de forma fiable. Y los autores comparan la estrategia con la de un inversor en bolsa

… la estrategia de inversión financiera perfecta consistiría en examinar las variables del mercado y dirigir todos los fondos a cualquier instrumento financiero que ofrezca el mayor rendimiento en ese momento. Pero en realidad, predecir las tendencias futuras no es posible, y las comisiones y costes de transacción penalizan la rotación rápida de las inversiones. En cambio, una cartera diversificada de composición estable puede tener éxito en la mayoría de las circunstancias. Así pues, la cobertura de riesgos es una solución a las fluctuaciones ambientales que la evolución puede producir fácilmente… y la evolución favorecerá cierto nivel de individualidad estocástica.

Pero la evolución sólo puede ajustar la estocasticidad si, además de ofrecer una ventaja selectiva, varía entre los genotipos y es heredable. Ambas condiciones adicionales parecen ser ciertas. Entre las diferentes líneas isogénicas de Drosophila, la magnitud de la variabilidad del comportamiento (individualidad estocástica) en la lateralidad locomotora, la tendencia de los individuos a girar a la izquierda o a la derecha durante la exploración espontánea, varía. Algunas líneas tienen una baja variabilidad, con individuos que muestran pequeñas (pero significativas) diferencias en la tendencia locomotora. Otras líneas tienen una alta variabilidad, con individuos que muestran grandes diferencias en la tendencia locomotora. Estos son rasgos heredables de sus respectivas líneas: el cruce de dos líneas de baja variabilidad produce híbridos de baja variabilidad, y el cruce de dos líneas de alta variabilidad produce híbridos de alta variabilidad.

Kyle Honegger and Benjamin de Bivort, Stochasticity, individuality and behavior, Current Biology 28, R1–R16, January 8, 2018

Citas: pandemia y escuela, Berlin, utilidad esperada, contacto visual



La pandemia y los costes de agencia de los maestros de la escuela pública

El cierre de las escuelas durante la pandemia fue un desastre por comodidad. Y aunque nunca se escuchará un discurso político de "la comodidad por encima de todo", los hechos hablan más que las palabras. En febrero de 2021, cerca del 90% de las escuelas privadas que atendían a alumnos de primaria o secundaria ofrecían clases presenciales. ¿Por qué? Presumiblemente porque sabían que los padres apreciaban la comodidad de la educación en persona. Menos de la mitad de las escuelas públicas correspondientes, financiadas con impuestos y no con clientes de pago, estaban totalmente abiertas para entonces. Muchos grandes distritos permanecieron cerrados o en modo híbrido durante más de un año. Aunque los costes pedagógicos del cierre siguen siendo especulativos, los costes de la comodidad están fuera de toda duda.

Bryan Caplan


La poesía como la profesión que consiste en crear objetos públicos formados por palabras en líneas

Los seguidores más dotados de Annensky, Nikolay Gumilev, Anna Akhmatova y Mandelshtam, fundaron el Gremio de Poetas, cuyo título mismo transmite su concepción de la poesía no como una forma de vida y una fuente de revelación, sino como un oficio, el arte de colocar las palabras en líneas, la creación de objetos públicos independientes de la vida privada de sus creadores... Entre ellos, Mandelshtam fue reconocido pronto como un líder y un modelo. Su poesía, aunque su alcance era deliberadamente limitado, poseía una pureza y una perfección de forma que nunca más se alcanzó en Rusia.

Isaiah Berlin


Valor esperado y utilidad esperada

Los académicos y filósofos han asumido generalmente que, cuando eligen o deciden, las personas tratan de maximizar el dinero o el amor u otra cosa. Por ejemplo, Pascal planteó la hipótesis de que, a largo plazo, nos esforzamos por maximizar la acumulación de estos bienes. Esto es lo que se denomina valor esperado. Desgraciadamente, la observación de que, a menudo, los individuos sacrifican un mayor valor esperado para evitar un ‘siniestro’ refutó en gran medida esta conjetura en el siglo XVIII. Esto llevó a los matemáticos a plantear la hipótesis de que la elección humana, en toda su complejidad, pretende maximizar una noción más subjetiva de acumulación, denominada utilidad esperada: si un ser humano prefiere sentirse amado a tener coches, y tener coches a los sándwiches de pastrami, entonces no puede preferir también los sándwiches de pastrami al amor. Si lo hace, se puede demostrar que sus decisiones no pueden lograr la consecución de objetivo alguno  porque no se puede utilizar ninguna función de maximización (o de utilidad) estable para describir (o justificar) una decisión intransitiva. Esta visión crítica llevó a los economistas a perfeccionar las definiciones de los rasgos conductuales de la toma de decisiones orientada a objetivos, centrándose en la noción de que las decisiones sólo pueden tener sentido si maximizan una función de utilidad subjetiva, un patrón al que ahora los economistas se refieren técnicamente como elección racional

Paul W. Glimcher, Efficiently irrational: deciphering the riddle of human choice


Parece que hay dos tipos de felicidad: la que se anula por la previsibilidad y la que no

La felicidad que se anula por la previsibilidad suena como nuestro viejo amigo la cinta hedónica: si tu vida mejora, eso no mejora tu felicidad a largo plazo, porque simplemente te ajustas. Debe ser verdad: si los siervos medievales tenían un nivel de felicidad normal, la moderna clase media, en comparación, debería disfrutar de un nivel de felicidad muy superior y no parece que sea así. Pero tampoco parece que ajustemos nuestra sensación de felicidad al nivel de bienestar que disfrutamos. Si así fuera, no habría ninguna ventaja en ser rico/sano/popular frente a ser pobre/enfermo/rechazado. Y los estudios suelen constatar que los ricos tienden a ser más felices que los pobres.

Scott Alexander


El contacto visual con otro individuo nos anticipa el aprendizaje de algo útil

existe una expectativa muy arraigada de aprender algo útil siguiendo la dirección de la mirada de los demás. Los niños empiezan a seguir la mirada de otros individuos como muy tarde a los 6 meses (se ha detectado que lo hacen incluso bebés de dos meses y medio). Y si los ojos de otro individuo se dirigen al bebé, éste será capaz de adquirir información sobre las emociones del otro a partir de sus expresiones faciales y su postura; y será capaz de seguir la dirección de su mirada y de anticipar sus movimientos. Además, es probable que el otro inicie ciertas acciones dirigidas a uno. Por tanto, no debe sorprender que el contacto visual provoque una reacción relativamente fuerte, como demuestran, por ejemplo, la respuesta galvánica de la piel, la actividad del electroencefalograma

Leon de Bruin/John Michael, Prediction Error Minimization as a Framework for Social Cognition Research, 2019

sábado, 24 de septiembre de 2022

La datio ob turpem causam en el art. 1306 II CC


Tampoco la idea de compensación de culpas justifica la exclusión de la condictio en caso de contravención de una prohibición legal o de las buenas costumbres por ambas partes. Si los dos han procedido culpablemente no se justifica por ello que el accipiens se enriquezca a costa del que dispuso. El precepto es razonable en su nucleo… es decisivo el principio según el cual para el ejercicio de un derecho no se puede invocar la propia conducta inmoral: nemo turpitudinem suam allegans auditur…

Tampoco son problemáticos los casos de la datio ob causam cuando la causa es una causa torpe, por ejemplo, la atribución a cambio de un servicio sexual o la realizada a cambio de que se cometa un delito… La restitución tendría que apoyarse, en el caso de la datio ob turpem causa, en que el fin inmoral no se alcanzó y en que, por tanto, la atribución no está justificada. Debería ser obvio que el que realizó la atribución no debe ser oído con una alegación semejante, es decir, que en estos casos no existe una pretensión (turpitudinem suam allegans). Además, existe el argumento, siempre invocado, de que el accipiens de una datio ob turpem causam no debe ser impelido a realizar el fin inmoral para evitar estar sometido a la condictio (a la posibilidad de tener que restituir lo recibido)

… Tampoco es problemático que la parte contratante que haya actuad torpemente no puede deshacer el contrato cumplido por ambos contratantes, exigiendo la restitución de su prestación… por ser el negocio causal nulo por contravenir las buenas costumbres. Es cierto que la causa jurídica en virtud de la cual se ha realizado la prestación es censurada por el ordenamiento, es decir, no se reconoce como justificación de la atribución. Pero el ordenamiento permitiría que se abusara de él si admitiera que el que actuó torpemente invocara esto en su provecho. Si un contrato bilateral es nulo por contrario a la moral o las buenas costumbres (por ejemplo, el contrato de compraventa usurario), el que actúa torpemente (el usurero) no tiene ninguna pretensión de restitución. La otra parte contratante (el explotado por la usura) puede, en empero, en principio, exigir la restitución de la prestación por él realizada sólo contra devolución de la que él recibió

De la datio ob turpem causam como atribución que el accipiens (el que recibe algo) ingresa en su patrimonio deben distinguirse los casos en los que el accipiens obtiene algo para cumplir un encargo de quien hace la atribución, de modo que la atribución para el accipiens sólo es transitoria. En tanto que el accipiens no haya realizado el negocio, el que hace la atribución puede revocar su mandato. Si exige la restitución de la atribución en virtud de la revocación del mandato, con la pretensión de restitución no invoca su propia torpeza. Admitir la revocación de un mandato inmoral debería considerarse conforme a derecho. Sería mera jurisprudencia de conceptos, que no captaría el problema jurídico, una argumentación de este tenor: el mandato es nulo por ser contrario a las buenas costumbres, por eso no puede ser revocado y, por consiguiente, el mandante sólo puede ejercitar una condictio (para recuperar lo que entregó para ejecutar el encargo) que, sin embargo, es contraria a la ley. Con razón, el Tribunal Supremo alemán admitió la pretensión de restitución de una suma de dinero en un caso en que alguien entregó a otro una cantidad de dinero para que éste consiguiera divisas en contra de la ley vigente en aquel momento.

Sin duda, si el mandatario hubiera ejecutado el negocio con los medios puestos a su disposición por el mandante, éste no podría entonces exigir la entrega de lo obtenido ilegalmente gracias al cumplimiento del mandato porque así conseguiría su objetivo contrario a la ley. Si se puede anular el negocio celebrado por el mandatario, entonces debe considerarse que el mandatario está obligado a anularlo cuando el mandante se lo exija. Esta obligación deriva del mandato, aun cuando éste sea nulo por contrario a las buenas costumbres o a la Ley…. Sin duda es nulo el mandato en la medida en que de él no nace la obligación del mandatario de ejecutar el mandato. Pero si no se entiende el concepto de nulidad en un sentido propio de las ciencias de la naturaleza, es adecuado que en la ejecución del mandato… rijan básicamente las normas del mandato.

La exclusión de la pretensión de restitución… debe limitarse a los casos en los que el accipiens ingresa la atribución en su propio patrimonio. Si se fuera más allá… se estaría provocando que el accipiens ingresara una atribución en su patrimonio por efecto de la exclusión de la pretensión de restitución… e ingresaría la atribución en su propio patrimonio en contra del pacto. Extraer esta conclusión del art. (1306 II CC) sería absurdo… Con razón declaró el TS alemán: ‘Según concepciones jurídicas reconocidas… sólo están comprendidas en (el art. 1306 II CC) aquellas prestaciones que daban ingresar definitivamente en el patrimonio del accipiens. A las prestaciones que sólo hayan de efectuarse por razón de garantía y se disponga que deben ser restituidas si se frustra el fin de garantía, no es aplicable este presupuesto’. Lo mismo – reconocer una pretensión de restitución - debe resultar en los casos de mandato; en todos los casos de atribuciones fiduciarias (y en los casos de simulación absoluta), incluso en el supuesto de contravención de las buenas costumbres”

Werner Flume, El negocio jurídico, trad. esp., Madrid 1998, pp 465-468

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Más sobre el cerebro como sistema de inferencias probabilísticas


 

El objetivo principal de este sistema es minimizar el "error de predicción", es decir, la discrepancia entre el insumo previsto y el real. Si el error de predicción es pequeño, puede que no sea necesario revisar el modelo que da lugar a la predicción. Si, por el contrario, el error de predicción es grande, es probable que el modelo no capte las causas de los insumos y, por tanto, deba ser revisado. En este sentido, el cerebro no codifica todos los insumos, sólo los inesperados. El comportamiento de las neuronas dopaminérgicas del cuerpo estriado es un buen ejemplo en el ámbito del procesamiento de recompensas: su ritmo de activación se corresponde con los cambios en el valor de una recompensa próxima que sean inesperados (por ejemplo, porque se aumente o se disminuya la cantidad de zumo de frutas que se administra al animal tras el sonido de una campanilla) y no con la cuantía de la recompensa en sí.

La teoría de la minimización de errores de predicción postula que los modelos generados por el cerebro no sólo se evalúan en función de lo bien que se ajustan a la realidad, es decir, lo bien que predicen la información en cuestión, sino también en función de su probabilidad inicial, es decir, la "probabilidad previa" de que tal fuera la información (Bayes). Cuando el cerebro interpreta la nueva información o insumo, no empieza de cero, sino que actualiza el modelo en relación con la probabilidad previa más elevada para acomodar la nueva información.

Además, la teoría de la minimización de errores de predicción implica que estos modelos están organizados jerárquicamente. En el nivel más bajo de la jerarquía, las neuronas codifican características como superficies, bordes y colores. Estas características de bajo nivel se agrupan en un nivel jerárquico superior en forma de objetos, y en un nivel jerárquico aún más alto, estos objetos se agrupan en forma de escenas más grandes que incluyen múltiples objetos.

Por ejemplo, cuando se ve una taza de té roja, las neuronas del sistema visual que codifican los bordes reaccionan y representan los bordes en un lugar determinado del campo visual. Además, habrá una reacción por parte de las neuronas que codifican las superficies, y otra por parte de las neuronas que codifican el enrojecimiento, que representarán una superficie y el color rojo en una zona concreta del campo visual. De un milisegundo a otro, no habrá muchos cambios en estas informaciones, y las neuronas del nivel jerárquico más bajo (que representan los bordes, las superficies y los colores) pueden, por defecto, no predecir ningún cambio en los insumos. Sin embargo, si se mueve la taza, los insumos, informaciones o señales cambiarán. Y lo que es más importante, cambiarán de forma coherente, dado que todas las características son de la misma taza: si uno de los bordes se desplaza un poco hacia la izquierda, también lo harán los demás bordes y la superficie roja. Para aprovechar estas regularidades al anticipar las informaciones, el cerebro, en un nivel jerárquico superior al de la representación de características de bajo nivel como superficies, bordes y colores, representa la taza como un objeto. Además, para anticiparse a los cambios en escalas de tiempo más largas, los modelos de nivel jerárquico superior integran el objeto en escenas más amplias, como por ejemplo, una reunión social para tomar el té, y generan así predicciones relativas a los objetos y a las escenas en general de forma dependiente del contexto (en lugar de características de bajo nivel como los bordes, las superficies y los colores). Así, al integrar la taza en un modelo de una reunión para tomar el té, será posible predecir aproximadamente de qué manera se moverá la taza, por quién y hacia dónde. Por otro lado, dado que también perdemos detalle y precisión a medida que ascendemos en la jerarquía, los niveles jerárquicos inferiores siguen siendo necesarios para hacer predicciones específicas.

Por último, la teoría de la minimización de errores de predicción propone que el cerebro tiene dos opciones para reducir el error de predicción. La primera opción es revisar su modelo del mundo hasta que el error de predicción disminuya satisfactoriamente ("inferencia perceptiva"). La segunda opción es cambiar el mundo para que coincida con el modelo ("inferencia activa"). Si, por ejemplo, uno espera ver su taza de té encima del escritorio ante el que está sentado, pero resulta que no está allí, podría simplemente concluir que se ha equivocado (es decir, cambiar el modelo). pero podría también mover la cabeza o el cuerpo hasta ver la taza, por ejemplo, situada detrás del ordenador o tapada por una pila de libros. En este caso, uno ha cambiado el mundo en el sentido de cambiar la posición de su cuerpo en el mundo. Más radicalmente, uno podría ir a buscar la taza de té y ponerla exactamente en la parte del escritorio donde uno esperaba que estuviera. De nuevo, esto equivaldría a cambiar el mundo para que coincida con el modelo que uno tiene de él

Leon de Bruin/John Michael Prediction Error Minimization as a Framework for Social Cognition Research, 2018

martes, 20 de septiembre de 2022

“Todo lo que hace el cerebro es minimizar el error de predicción”


 

Según la teoría de minimización de errores de predicción, el cerebro busca continuamente minimizar su error de predicción: minimizar la diferencia entre sus predicciones sobre qué insumo le proporcionarán los sentidos (vista, oído etc) y el insumo que, efectivamente, le proporcionan. Es una idea extremadamente simple, pero de ella surge una concepción sorprendentemente ingeniosa de cómo funciona un cerebro.

En nuestro cerebro albergamos un modelo que genera expectativas que anticipan qué insumo sensorial se producirá efectivamente (veremos una hoja de un árbol que cae a nuestro lado cuando paseamos por un bosque en otoño)… Los parámetros de las predicciones del modelo se actualizarán a la luz de cualquier error de predicción en la inferencia bayesiana aproximada: el error de predicción se pondera por lo que ya sabemos (la precisión previa), por lo que estamos aprendiendo del insumo (la precisión de la probabilidad ¿ha caído la hoja tal como esperábamos?). Lo que percibimos viene pues determinado por las predicciones que mejor funcionan efectivamente.

Está claro que si las predicciones no se basan en expectativas a largo plazo, será difícil predecir muy bien el insumo sensorial (la trayectoria de la hoja será difícil de anticipar si está anocheciendo, y la precisión de la entrada sensorial puede ser baja). Esto se deduce de la simple observación de que vivimos en un mundo en el que las causas interactúan… . Este tipo de conexión de las expectativas basadas en regularidades causales a diferentes escalas de tiempo garantiza que la inferencia perceptiva, a través de la minimización del error de predicción, pueda captar toda la riqueza integrada de la percepción. Esto es posible gracias a la incorporación de una perspectiva a largo plazo en la minimización del error de predicción. Así, obtenemos una perspectiva de aprendizaje (y de memoria) porque la construcción de un modelo jerárquico requiere entonces la extracción de regularidades causales a lo largo de varias escalas de tiempo y su utilización para predecir mejor.

Por poner un ejemplo a largo plazo: aunque haya sabido anticipar determinadas lluvias en determinadas estaciones del año, es posible que tenga que ajustar la predicción en función de que, en esas fechas, se haya producido el cambio del fenómeno de "La niña" a "El niño", de forma que no se puede deducir del hecho de que haya caído un poco de lluvia, que podamos estar seguros de que estamos teniendo un buen otoño.) Esto es importante porque, para que los parámetros del modelo se actualicen de forma óptima a la luz del error de predicción, es necesario que haya una estimación de la precisión de ese error de predicción (no sirve de nada cambiar la hipótesis a la luz de una medición imprecisa). Para ello es necesario crear expectativas sobre la precisión (cuán precisos) de los errores de predicción, es decir, expectativas sobre en qué contextos los errores de predicción tienden a ser fiables. Esto no es más que una minimización del error de predicción, pero de un orden estadístico superior (por ejemplo, podemos sorprendernos de la precisión del error de predicción)

Lo más interesante es que esto nos permite explicar la atenciónla atención consiste en asignar recursos a las señales que valen la pena, y las expectativas de precisión pueden guiar los esfuerzos de error de predicción hacia las señales que valen la pena o son precisas. Por supuesto, hay mucho más que decir sobre esta idea, pero es enormemente atractiva porque sitúa la atención en el nivel básico y como algo separado de la percepción, aunque intrínsecamente relacionado con ella.

De esta forma, los tres conceptos: percepción, predicción y atención pueden conectarse a la teoría de minimización de errores de predicción. A estos, se puede añadir ahora la comprensión, que implica tener un modelo razonable para dar sentido a un entorno, aunque siga habiendo incertidumbre sobre los estados del entorno. Lo contrario de la comprensión es la confusión, que consiste en no saber a qué modelo recurrir razonablemente… la selección del modelo trata de minimizar la incertidumbre

… Si alguien ve un dado que muestra algún número de puntos, se producirá una confusión si se piensa en ese insumo en el marco de un modelo de lanzamiento de moneda. Está claro que la minimización del error de predicción se ve favorecida por la selección de buenos modelos, ya que un modelo erróneo no servirá para anticipar el siguiente insumo.

Un buen modelo también captura un determinado insumo minimizando la complejidad, es decir, sin demasiados parámetros innecesarios. Si el modelo está sobreajustado, no podrá predecir cuál será la siguiente serie de datos. El sobreajuste puede proporcionar una minimización decente del error de predicción momentánea o a corto plazo, pero está destinado a fracasar a largo plazo. De ahí que debamos esperar que un cerebro que minimiza errores de predicción tenga como objetivos seleccionar modelos y reducir la complejidad, es decir, tenga como objetivo la comprensión.

Lo último que hay que añadir es la acción. En este caso, la historia es un poco más complicada, aunque la idea básica es sencilla. Si una hipótesis tiene predicciones que no se sostienen, entonces la hipótesis ha de cambiarse para ajustarse al insumo o el insumo ha de cambiarse para ajustarse a la hipótesis. Hasta ahora he hablado de lo primero, pero también es posible minimizar el error actuando en el entorno…

… tenemos que actuar para minimizar el error de predicción a largo plazo. Si sólo actualizamos los parámetros de nuestro modelo en función del error, no podremos mantenernos en estados de baja sorpresa (dado nuestro modelo). Más concretamente, la acción ha de concebirse en términos de una competencia entre distintas hipótesis sobre cuál es el verdadero estado del mundo.

Por ejemplo, una hipótesis (verdadera) es que mi mano está cerca del teclado  del ordenador y otra (falsa) es que mi mano está en la taza de café que tengo al lado. La acción se produce cuando la hipótesis falsa empieza a ganar, lo que ocurrirá si desconfío progresivamente del insumo sensorial real: la hipótesis falsa se convierte en verdadera al minimizar su error de predicción cuando mi mano se acerca a la taza. Suena bastante intrincado, pero es una idea convincente, que prescinde de las funciones de coste y los comandos motores. En la actualidad, nos divertimos mucho con esta noción de "inferencia activa"… en los experimentos de rascarse o hacerse cosquillas

El mecanismo de la minimización de errores predictivos explica la percepción, porque garantiza una elevada información mutua entre el cerebro y el mundo sobre la base de la comparación de dos cantidades a las que el cerebro tiene acceso, a saber, las predicciones y el insumo sensorial. Esta teoría tiene una elevada coherencia, también, con las ideas más admitidas sobre lo que supone ser un organismo vivo.

Jakob Hohwy, Is prediction error minimization all there is to the mind?, 2014

lunes, 19 de septiembre de 2022

Simulación absoluta, causa ilícita y restitución de las subvenciones de la PAC


El profesor Antonio Manuel Morales Moreno ha publicado un breve comentario a la STS de 22 de junio de 2021 que tiene mucho interés. Así resume el profesor de la UAM los hechos y la solución dada por el Supremo:

La demandante (arrendadora) celebró con el demandado (arrendatario), en 2012, un contrato de arrendamiento rústico de varias fincas al que se añadió un anexo en el año 2013. La duración del arrendamiento, teniendo en cuenta el contrato y el anexo, era de 15 años. La renta pactada de 12 euros, totalmente irrisoria. Al parecer, la finalidad de estos contratos era permitir que la demandante cobrara la pensión de jubilación y que la actividad empresarial agraria anteriormente ejercida por ella continuara a través del demandado, recibiendo este las subvenciones del pago único de la PAC, por los derechos correspondientes a la demandante que le fueron transmitidos. El contrato de arrendamiento justifica la explotación de las fincas por el demandado y le permite poner a su nombre los derechos de la PAC ante la Administración correspondiente.

La demandante pide en la demanda (interpuesta el 21.03.2016, cuatro años después de celebrar el contrato): que se declare nulo el contrato de arrendamiento referido, que se condene al demandado a restituirle las fincas y los beneficios obtenidos de ellas, que se declare que los derechos de pago único son de su titularidad, que los mismos le sean restituidos, mediante los trámites administrativos necesarios, y que asimismo le sean restituidas las cantidades cobradas por el demandado en virtud de tales derechos.

El TS admite las restituciones pedidas por la demandante en su recurso de casación. No analiza el acuerdo de las partes, ni se pronuncia sobre si en él hay o no causa torpe. Excluye la existencia de causa torpe por una razón formal: considera que simulación absoluta y causa torpe son incompatibles. Es decir, si existe simulación absoluta no puede haber causa torpe. Al no existir causa torpe, concede la restitución de los frutos, pues procede aplicar el art. 1303 CC y no 1306 II CC

En pocas palabras: si ambas partes acuerdan simular un contrato de arrendamiento de unas tierras para poder seguir cobrando las subvenciones de la Política Agraria Común europea porque una de ellas – la arrendadora y previa perceptora de tales subvenciones – está cobrando una pensión que es incompatible con la continuidad en el trabajo de agricultor, ¿estamos ante un contrato con causa ilícita siendo ésta común a ambas partes? Así lo entendieron las instancias. El Supremo, por el contrario, entendió que simulación absoluta y causa ilícita bilateral no son compatibles. Si hay simulación absoluta, no hay contrato y las transferencias patrimoniales que se hayan producido se liquidan conforme a las reglas generales de nulidad.

La crítica –acertada – de Morales al Supremo es que los motivos comunes a las partes de un contrato forman parte del mismo. Constituyen su ‘causa’ en sentido concreto.

Los que esta sentencia llama móviles subjetivos de los contratantes, en contraposición a la causa del contrato, forman parte del propio contrato celebrado, son el contrato verdaderamente querido, siempre que, como parece que ocurre en este caso, sean compartidos por ambos contratantes. El contrato celebrado, en el desarrollo de la autonomía de la voluntad, no solo está integrado por la función jurídica propia del tipo correspondiente al mismo (si existe un tipo contractual correspondiente al contrato celebrado, aunque no es necesario) sino por la finalidad concreta que las partes quieren alcanzar por medio de él

Por tanto, en ese punto, el análisis del Supremo no es acertado. Pero es verdad también que no puede hablarse de un propósito ilícito en lo que a la obtención de las subvenciones agrícolas se refiere. Como señala Morales, si las fincas se cultivaron – y no hay razón para pensar que no se cultivaran – el derecho a las subvenciones existiría y, en consecuencia, no hay causa ilícita en el contrato que permite al arrendatario cultivar las tierras.

Podría haber causa ilícita respecto de la Seguridad Social ya que sus reglas hacen incompatible la percepción de una pensión y el trabajo por cuenta propia o ajena.

cuál ha sido la ilicitud en este caso, mi respuesta sería esta: la ilicitud consiste más en el fraude del sistema de pensiones públicas que en el del sistema de subvenciones de la PAC

Pero, en tal caso, tendríamos que la causa ilícita es unilateral, ya que no alcanzaría al arrendatario de las tierras. Resulta sorprendente que, si es así, el Supremo estime el recurso de casación de la arrendadora y ordene la restitución de las subvenciones percibidas por el arrendatario. Quizá, el Supremo llega a esta conclusión porque no considera que la percepción de rentas del trabajo simultáneamente con una pensión tiña de ilicitud la causa de los contratos en virtud de los cuales percibe esas rentas del trabajo el pensionista, con independencia de que la Seguridad Social pueda reclamar la devolución de las pensiones percibidas indebidamente. Y en ese punto, el razonamiento es acertado.

Antonio Manuel Morales Moreno, Simulación absoluta, causa ilícita y restitución de las subvenciones de la PAC Reflexiones sobre la sentencia del Tribunal Supremo de 22 de junio de 2021 ADC, tomo LXXIV, 2021, fasc. IV (octubre-diciembre), pp. 1523-1538

P.S. Tras la debida consulta con alguien que sabe (gracias, Fernando), me hace notar que, probablemente, el Tribunal Supremo tiene razón tanto en la argumentación como en el fallo. Sin perjuicio de que no quedan claros los hechos, parece que lo único que se discute en casación es la restitución de la subvención de la PAC por parte del 'arrendatario' - que la había cobrado - a la 'arrendadora' que era la titular de las fincas que tenían derecho a la misma. 

No se discute la restitución de las fincas y tampoco se discute en casación por lo menos, la restitución de los frutos.

El art. 1306 II exige para su aplicación - es decir, para que no proceda la restitución sino la solutio retentio - no solo que estemos ante un contrato con causa ilícita bilateral (ambas partes participan de la ilicitud de la causa), sino que se reclame por una de las partes - la 'arrendadora' en este caso - la restitución de algo que la propia arrendadora hubiera transmitido, hubiera 'dado': "ninguno de ellos podrá repetir lo que hubiera dado a virtud del contrato".

¿Qué significa 'dado' en el art. 1306 II CC? Significa entregado con voluntad de transmitir la propiedad. 

La lógica del precepto sería negar al que ha transmitido voluntariamente la propiedad de una cosa en el marco de un negocio ilícito y con conciencia de su ilicitud, el recurso a los tribunales para recuperar lo que transmitió. Pero, naturalmente, si no lo transmitió y la cosa está en manos de otro, debe poder recuperar la posesión. 

Por tanto, si el contrato es absolutamente simulado - o si la transmisión de los bienes fue a título fiduciario (fiducia cum amico) - no se ha 'dado' nada que no se pueda restituir porque haya causa ilícita bilateral. Ergo, el supuesto de hecho del art. 1306 II CC no se ha completado (hay causa ilícita bilateral pero no hay datio) y ha de aplicarse, no tal precepto, sino el art. 1301 ss CC, esto es, las reglas generales de liquidación de los contratos nulos. En consecuencia, como la 'arrendadora' no 'dio' la subvención de la PAC al 'arrendatario' (digamos que puso a éste de comisionista en nombre propio para que cobrara la subvención por su cuenta), la arrendadora ha de poder reclamar su restitución y el arrendatario no puede alegar la regla del art. 1306 II CC. 

sábado, 17 de septiembre de 2022

Cooperación en sentido estricto y cooperación en sentido amplio. A propósito de un artículo de Coleman


John Everett Millais

En esta entrada (Introducción al Derecho) explico que los humanos se coordinan por tres vías: una mecánica o genética, otra basada en reglas – sociales o jurídicas – y, en fin, cuando se desarrollan los mercados, a través de los precios

La forma más simple de cooperación es la coordinación y lo que observamos en los mercados no es, principalmente, competencia sino cooperación. Cooperación mutualista en la que cada participante en el mercado trata que ‘otros’ le prefieran como contraparte en el intercambio ofreciendo una prestación que la potencial contraparte prefiera a la de cualquier otro participanteCuando el mercado se desarrolla; los productos que se intercambian son fungibles y se generaliza el uso del dinero, las contrapartes se hacen fungibles con lo que se pierde de vista esa función central de los mercados de hacernos competir por ser los elegidos por los demás para cooperar con nosotros. Cualquiera será elegido siempre que entregue una cantidad de dinero o una unidad del producto fungible de que se trate. 

Entonces, los precios sustituyen a las reglas y colocan a los miembros del grupo (a la Sociedad de mercado) en unos niveles de cooperación mucho más próximos a los que se encuentran cuando la cooperación es mecánica porque está basada en procesos mecánicos, es decir, que no requieren de la adopción de decisiones individuales en el sentido de choices entre distintas alternativas. Un fenómeno (aumento de la luz por ej.,) provoca otro (reducción del tamaño de la pupila): un aumento del precio, una reducción de la demanda y un aumento de la oferta que provocará una reducción del precio etc. Los precios ‘informan’ a los individuos de que han de comprar más o menos de ese producto como la cantidad de luz ‘informa’ a la pupila que debe reducir su tamaño.

Coleman, el gran filósofo del Derecho, tiene un concepto mucho más restringido de la cooperación. Define el Primer Teorema de la Economía del Bienestar (PTEB) diciendo que “la competencia perfecta produce una asignación óptima de los recursos en el sentido de Pareto”, esto es, que no puede mejorarse la posición de nadie sin, al menos, perjudicar la de alguien y cuando aparece la posibilidad de una mejora de Pareto, el mercado de competencia perfecta la realiza. En su interpretación del PETB, éste expresa “una consecuencia lógica de la conjunción de determinada concepción de la racionalidad y un conjunto concreto de condiciones ideales: en particular, bajo determinadas condiciones ideales, la acción racional individual produce resultados socialmente óptimos” pero esto, en su opinión, no significa que estemos maximizando el bienestar humano. La conexión se establece entre preferencias de los individuos sobre estados del mundo – social states – y bienestar. Pero, si la satisfacción de una preferencia incrementa el bienestar, “se sigue que cualquier mejora de Pareto eleva el bienestar” pero no porque aumenten, por ejemplo, los derechos o la garantía de éstos de los que disfruta la gente, sino porque aumenta la satisfacción de las preferencias. Ergo, en una Sociedad, los derechos pueden estar mejor garantizados que en otra pero la asignación en la segunda ser Pareto superior porque las preferencias de unos y otros son distintas.

La noción de satisfacción de las preferencias que supone la clasificación de Pareto es la formal o lógica. El hecho de que un estado sea Pareto superior a otro depende de si su realización se ajusta a la opción o al deseo de una persona de una persona y, al mismo tiempo, no es contraria a la opción o al deseo de otros. Otra cuestión es si la conformidad produce una gratificación o recibe una respuesta positiva; otra cuestión es si, en caso de serlo, esa respuesta es adecuada o adaptativa y, por tanto, contribuye al bienestar humano.

La concepción de los mercados de Coleman harían a Paul Rubin protestar enérgicamente. El economista diría que “el competidor exitoso es el agente económico que logra cooperar con más agentes” o, dicho de otra forma, “el ganador de la competencia es el que mejor coopera”. Quizá porque confunde el carácter competitivo de los mercados (perfectamente competitivo en el modelo de equilibrio general en el que se formula el primer teorema de la Economía del Bienestar) con la existencia o ausencia de cooperación. Competir evoca ‘lucha’ lo que, a su vez, evoca violencia y, por tanto, parece un antónimo de ‘cooperar’ que evoca acuerdo, diálogo etc. Pero nada más lejos de la realidad. Como ya dijera Adam Smith, los mercados competitivos han de estar libres de violencia y de engaño. Si se compite, se compite por lograr ser los preferidos para intercambiar. Y, en mercados completos, nadie se queda sin satisfacer sus necesidades y todos lo logran porque están dispuestos a ‘poner de su parte’ lo que otros, en el mercado, pueden querer. Como ha explicado muy bien Robert Sugden, The Community of Advantage, Oxford 2018: las relaciones entre particulares en una Sociedad de mercado se llevan a cabo con la intención de cooperar en beneficio mutuo, esto es, de maximizar las oportunidades de realizar transacciones que generen beneficios para cada uno de los que participan en ellas, beneficios que podemos presumir si las transacciones son voluntarias. Y la acción colectiva (comportarse un grupo como si fuera un individuo) es relativamente fácil si todos pueden convencerse fácilmente de que la coordinación de sus conductas (hacer lo que dice la regla) permitirá alcanzar el objetivo colectivo del que se beneficiarán todos individualmente.

En parte, la respuesta depende seguramente de cómo caractericemos la cooperación. La actividad cooperativa es una forma de acción conjunta. Si adoptamos una visión de la actividad conjunta -en la línea de Michael Bratman, entre otros-, los agentes que actúan juntos se comprometen a ayudarse mutuamente a completar sus tareas según los términos de un plan compartido o conjunto elaborado por ellos. La mayoría de los intercambios de mercado no implican una planificación en este sentido, ni la parte de un contrato promete hacer lo que le incumbe para que su contraparte pueda obtener lo que quiere. Si lo hacen, lo más probable es que sea para asegurar o proteger el propio interés, no el objetivo conjunto. El punto más profundo es que el carácter competitivo es una propiedad de los mercados, no de los intercambios singularmente considerados que tienen lugar en ellos. Un mercado es competitivo en la medida en que sus fuerzas determinan las condiciones de los intercambios individuales. Por supuesto, hay aspectos interpersonales de los intercambios individuales y socios de un intercambio que no compiten entre sí del modo en que lo hacen los corredores en la carrera de cien yardas. Sin embargo, las condiciones de un intercambio están determinadas en gran medida por la competitividad del mercado en su conjunto. En un mercado competitivo, las condiciones que usted puede ofrecerme están determinadas en efecto por lo que otros están dispuestos a ofrecerme: otros que compiten con usted por contratar conmigo, y viceversa. El efecto neto hace que los precios se orienten hacia el coste marginal, y ese es el núcleo de la idea de que los mercados son paradigmáticamente competitivos.... Pero si pretendemos explicar nuestra vida social como basada en la racionalidad (entendida de una manera particular), entonces debemos empezar con la idea de la competencia racional, ya que sólo su fracaso puede hacer que las formas de colaboración cooperativa sean racionales y explicables en ese sentido.

A continuación explica el Teorema de Coase y concluye que lo más destacable de éste es que Coase demostró que “algunos fallos de mercado pueden resolverse, en principio, por el propio mercado”. En términos de cooperación, diríamos que el ‘fallo’ de los precios como mecanismo de cooperación obliga a las partes a recurrir a las reglas para obtener los beneficios de ésta. Como señala Coleman, lo que dice Coase, en realidad, es que un mercado de competencia perfecta (no hay costes de transacción) puede resolver las externalidades que impiden la correcta formación de los precios (distorsionados por el exceso de producción del bien que genera la externalidad y la infraproducción del bien que soporta la externalidad) unificando en un solo operador del mercado al que produce la externalidad y al que la sufre.

Como muchas ideas verdaderamente notables, la idea de Coase puede parecer obvia en retrospectiva. Las condiciones necesarias para un mercado coaseano son precisamente las del mercado de competencia perfecta, con una excepción: la ausencia de externalidades. La idea coaseana es que este defecto en las condiciones de la competencia perfecta puede, en principio, abordarse a través de un mercado siempre que se cumplan las demás condiciones del mercado perfectamente competitivo. Y es que un problema de externalidades es en realidad un problema de negociación sobre el valor del contenido de los derechos de propiedad relevantes. Si se asignan los derechos de propiedad y los costes de las negociaciones son insignificantes o inexistentes, entonces sólo se trata de dejar que las partes determinen el contenido consecuente de esos derechos: ahí es donde termina la libertad asociada al derecho y empieza la responsabilidad… Una de las razones por las que una idea realmente brillante puede parecer obvia en retrospectiva es porque, en cierto sentido, es efectivamente, obvia. En realidad, no hay nada en el argumento de Coase que no esté ya recogido en el Primer Teorema de la Economía del Bienestar. La estrategia argumentativa es exactamente la misma. La perspicacia de Coase está en aplicar el argumento a un problema que nadie había pensado que podía resolverse aplicándolo.

Pero la idea de Coase es más ‘potente’. Porque induce a imaginar que no sólo las externalidades, sino que cualquier ‘fallo’ de mercado puede resolverse a través de mecanismos de mercado, es decir, que los mercados son ‘self-correcting’ (Coase se dedicó toda su vida a explicar cómo los mercados resuelven los fallos del mercado, piénsese en su trabajo sobre los faros – típico ejemplo de bien público – donde demostraba que su provisión privada era realista o su teoría de la empresa como un mecanismo para sustituir relaciones de intercambio fundadas en precios de los bienes y servicios en relaciones igualmente  voluntarias pero entre los titulares de los factores de la producción). Y esto es muy importante porque induce a pensar que los precios son mecanismos de cooperación ‘homogéneos’ con las reglas y los mecanismos genéticos o biológicos.

Si la dinámica de los mercados (por definición, esta perspectiva sólo puede tenerse en cuenta si consideramos los mercados competitivos desde una perspectiva dinámica, esto es, no desde la perspectiva del modelo de competencia perfecta); la de las reglas – incluida la negociación – y la de los mecanismos genéticos o mecánicos de cooperación es la misma, podemos manejar un concepto amplio de cooperación que incluya a los tres. Y no veo razón para no hacerlo. 

Los que participan en un mercado no sólo se benefician de los precios que genera el mismo para reducir sus costes de intercambiar, sino que con su intercambio (y las reglas que diseñen endógenamente para regular su intercambio o su cooperación) pueden contribuir a ‘perfeccionar’ el mercado o a hacerlo más ‘completo’ y a reducir la envergadura y, sobre todo, la relevancia de los fallos de mercado. Así las cosas, la perspectiva de Coleman es unilateral: atiende a los efectos de la existencia de un mercado competitivo sobre los intercambios singularmente considerados pero no atiende a los efectos de éstos sobre el mercado competitivo. Desde una perspectiva dinámica y ‘bilateral’ como la que se acaba de exponer, la existencia de precios intensifica el volumen de intercambios y el aumento de los intercambios ‘mejora’ los precios. En este proceso, las reglas son cada vez menos necesarias en la medida en que los precios recogen todo su contenido (p. ej., el precio que X paga por un bien, que es de 5 – mayor que el precio que paga Y, que es de 4 – recoge exactamente la probabilidad de incumplimiento – superior – por parte de X – y el coste para la contraparte de extraer del intercambio con X la misma utilidad que extrae del intercambio con Y).

De forma que no es que “cuando fallan los mercados, buscamos soluciones cooperativaso, al menos, Coleman debería cualificar esta afirmación diciendo que “cuando fallan los mercados, buscamos soluciones cooperativas explícitas, porque los intercambios basados en los precios de mercado son también conductas cooperativas en el sentido más profundo de la palabra cooperación (actuación conjunta para lograr mejor los objetivos de los que cooperan, que estos objetivos sean comunes – como en el contrato de sociedad – o sean diferentes – como en un contrato sinalagmático – no es relevante). 

En el caso del teorema de Coase, Coleman señala muy acertadamente, que la cooperación explícita es “mínima” porque consiste simplemente “en una institución cooperativa cuyo único objetivo sea poner en funcionamiento un esquema de derechos de propiedad” (no importa a quién le atribuyamos el derecho subjetivo, lo importante es que se lo atribuyamos a alguien). Dado que “las condiciones bajo las que la aproximación de Coase puede funcionar son muy exigentes”, en el mundo real se recurre a alternativas para resolver la externalidad (impuestos pigouvianos a la parte que causa la externalidad en función de lo que esa sociedad considera una distribución de los derechos ‘justa’, responsabilidad extracontractual, sanciones penales o administrativas, reglas morales, usos etc).

Cómo no, Coleman recurre al caso del tráfico motorizado y las inmensas posibilidades de causar daños a otros conductores a peatones etc. La solución – a falta de precios – es la de las reglas, pero no reglas negociadas entre todos los implicados – los costes de negociación son estratosféricos – sino reglas jurídicas (responsabilidad extracontractual) que, para ser eficientes, dice Coleman, deberían “imitar las que resultarían de una negociación coasiana”. O más bien, la que resultaría de un mercado completo en que cada acción dañosa tuviera un precio de mercado. ¿Por qué quedarnos en el mercado ‘casi’ perfecto de Coase? ¿Por qué no imaginar mercados completos en los que cada daño causado por cada ‘conducta perturbadora’ (en la terminología de Marta Pantaleón) tiene su precio? Si es posible imaginar tal cosa, se confirma que precios, reglas y genética son, todos ellos, mecanismos de ‘regulación’ de la cooperación entre individuos.

Quizá la cuestión se iluminaría si se explicitara con más detalle la relación entre mercados y precios. Como decían Mulherin et al, los mercados (de valores) son fábricas de precios. El producto que producen las bolsas son precios. Y los mercados financieros siempre se han visto como ‘modelos avanzados’ de mercados en donde se intercambia un producto ‘manipulado’ para que el precio al que se intercambia sea lo más predictivo posible del valor que los operadores atribuyen a dicho producto.

Por fin, Coleman aborda la relación entre competencia y cooperación en el marco de un mercado. Y dice que en un mercado

ni los productores ni los consumidores quieren cobrar o pagar el coste marginal (como es sabido, en un mercado competitivo, el precio se iguala al coste marginal). Los primeros prefieren cartelizarse y cobrar por encima del coste marginal. Los segundos querrían cartelizarse y pagar por debajo del coste marginal. Ambas partes se enfrentan a problemas análogos de acción colectiva que no pueden resolver por sí solas. La consecuencia de su incapacidad para hacerlo es lo que llamamos competencia. Lo que llamamos competencia es la consecuencia de una cooperación fallida. Una inferencia natural es que, en contra de la lógica del paradigma del mercado, la cooperación es lo primero en el orden de explicación, en el sentido de que su fracaso es lo que explica la competencia. Así pues, esta objeción da la vuelta a la historia convencional

El argumento de Coleman es realmente enrevesado. Porque la cooperación de la que resulta el aumento del bienestar social que proporcionan los mercados no es la cooperación entre productores o la cooperación entre consumidores, sino la cooperación entre un productor y un consumidor. Pero imaginemos que todos los individuos del grupo son, a la vez, productores y consumidores. Son productores de X – aquello en lo que se han especializado – y consumidores de H,S,Y,Z… es decir, de todos los bienes y servicios que necesitan y que no producen porque confían en que el mercado proveerá. Por tanto, la cooperación de la que hay que dar cuenta no es la cooperación entre productores de X o entre consumidores de Y, sino entre el que produce X y el que produce Y cuando el segundo quiere X y el primero quiere Y.  Pero Coleman no parece muy seguro de su argumento ya que concluye que es igual “no tenemos más que ganar si analizamos nuestra vida social subrayando sus dimensiones competitivas que si lo hacemos subrayando sus dimensiones cooperativas”. Espero que haya quedado claro de la exposición que sí tenemos mucho que ganar; que la competencia no es más que un resultado de la libertad de cada individuo para elegir con quién coopera y que para explicar los mercados como mecanismos cooperativos hay que poner el foco en los precios. Son los precios los mecanismos – de mercado – que coordinan la actuación de los individuos, como lo hacen las reglas y como lo hacen mecanismos genéticos.

A continuación, Coleman se ocupa de explicar qué tipo de autonomía de decisión garantizan los mercados: en un intercambio cualquiera, la gran ventaja de utilizar el mercado para llevarlo a cabo es la ‘frugalidad’ informativa que el intercambio requiere. El vendedor sólo necesita saber que el comprador está dispuesto a pagar el precio y el comprador sólo que esas son las naranjas que prefiere a los 3 € que tiene en el bolsillo. No necesita saber cómo piensa, a quién vota, si reza o no, etc. Con ello Coleman hace referencia a que las relaciones de mercado son relaciones impersonales, un mercado competitivo solo puede desarrollarse ampliamente si los intercambios se despersonalizan. Y el valor de tal despersonalización de los intercambios – dice Coleman – para la estabilidad política no puede exagerarse porque reduce notabilísimamente los asuntos sobre los que debe haber consensos en el seno de un grupo para que los intercambios entre los miembros del mismo florezcan. Lo cual – esto es lo más interesante – amplía las posibilidades de discrepancias de todo tipo, ceteris paribus, en una Sociedad con mercados muy desarrollados, respecto de las que puede permitirse una Sociedad donde no sea el mercado el mecanismo de provisión de bienes y servicios para cada uno de los ciudadanos. Las Sociedades con mercados muy desarrollados son, en este sentido, más ‘resilientes’ políticamente. Más estables y, hay que añadir, probablemente más innovadoras porque cualquier innovación supone, necesariamente, una desviación de lo que se tiene por verdad o por correcto en una Sociedad.

A grandes rasgos, como ya tenemos el mercado como institución básica que nos permite participar en amplias y ricas formas de interacción sin llamar la atención sobre las diferencias de puntos de vista integrales que suponen una amenaza para la estabilidad liberal, deberíamos ser más libres de lo que Rawls cree para que el discurso político evoque precisamente las diferencias fundamentales que están tan cerca de los corazones de aquellos que buscan vivir juntos en una cultura política liberal

Finalmente, Coleman se ocupa de una pregunta interesante: ¿pueden venderse las indemnizaciones de daños en los mercados? No el crédito dinerario a la indemnización sino el derecho a reclamar la indemnización. ¿Puede el acreedor de una prestación de hacer (cuidar un jardín dos veces por semana) ceder su derecho a un tercero sin el consentimiento del deudor (el jardinero) como puede hacerse con un derecho de crédito dinerario? No me parece que sean cuestiones excesivamente difíciles.

Jules L. Coleman, Markets, Methods, Morals and the Law, Alabama Law Review [Vol. 66:1:169, 2014]

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