jueves, 6 de diciembre de 2018

Cómo salvar el magisterio acabando con Magisterio

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Publica EL MUNDO hoy que el Gobierno balear – el que dirige el PSOE y desarrolla una política lingüística sectaria – ha llegado a un acuerdo con la Universidad de las Islas Baleares para implantar un examen específico de acceso al grado de Magisterio que incluirá una prueba de catalán, castellano y matemáticas. Los resultados de los aspirantes a maestros de las islas – o sea, de los estudiantes de bachillerato que deciden ser maestros – son desoladores. En la prueba de acceso a la universidad, el 19 % no aprobó el examen de catalán pero es que casi el 30 % no aprobó el de castellano (¡qué les enseñarán en los institutos de bachillerato baleares!) y el 40 % de los “futuros maestros” sacó un insuficiente en Matemáticas.

Ante tal panorama, el Gobierno balear ha decidido adelantar su interferencia en la educación de los niños y niñas baleares y, en lugar de aumentar la exigencia del concurso oposición para acceder al cuerpo de maestros (ese es su negociado, no el de la selectividad), mejorando la capacidad de esas pruebas para seleccionar a buenos maestros vengan de donde vengan, ha decidido establecer una prueba específica a los dieciocho años que sólo realizarán los que quieran ser maestros. Para lo cual necesita la complicidad de la Universidad de las Islas Baleares que, en un acto vergonzoso de reconocimiento de que regala sus grados de Magisterio (si los estudiantes llegan tan mal preparados, lo que tiene que hacer es no dejarlos salir de la UIB hasta que estén bien preparados), está dispuesto a dificultar la entrada a la escuela de magisterio de las islas. 

Yo tengo una idea mejor. Mucho mejor.

Hace unos veinte años, las universidades públicas decidieron competir con algunas privadas (ICADE) y ofrecer títulos dobles de Derecho con Empresariales (ADE), Economía y Ciencia Política o Relaciones Internacionales. El éxito de esa estrategia ha sido enorme. Los mejores estudiantes de cada cohorte que optan por Ciencias Sociales estudian una “doble”. Y los mejores de esos lo hacen en las mejores facultades de Derecho - públicas - de España (UAM, Pompeu Fabra, Carlos III…). Los grandes despachos de abogados, los bancos de inversión, las consultoras de más prestigio seleccionan a sus “juniors” de entre los que cada año cursan estas carreras en 5 o 6 años. Muchos encuentran trabajo ya el último año de carrera y realizan el master de acceso a la abogacía a la vez que reciben una beca-salario en el despacho en el que han realizado el proceso de selección. Ya están “dentro” pero todavía no son “abogados”. Completan su formación en la empresa y ofrecen garantías a su empleador de inteligencia, capacidad de esfuerzo y trabajo en equipo o tasa de descuento baja.

Como no hay comidas gratis ni siquiera cuando cae el maná del cielo, la proliferación de las dobles carreras ha “esquilmado” de buenos estudiantes (y de buenos profesores en alguna medida) la carrera de Derecho. Es más difícil encontrar estudiantes brillantes en Derecho. Es un típico problema de autoselección y de una espiral virtuosa/viciosa.

Pues bien, dado que nuestros políticos no se atreven a reformar drásticamente la formación de los maestros, propongo a mi rector – y a todos los rectores – que “regalen” el grado de Magisterio a todos sus estudiantes de cualquier otro grado de su Universidad. La graduada en Veterinaria recibirá, junto con su título de veterinaria el de maestra, simplemente, si se aviene a cursar unas cuantas asignaturas de didáctica. Dado el muy superior nivel de una estudiante de veterinaria en todas las materias sustantivas respecto de una estudiante de magisterio, bastaría con hacerle un examen global (de matemáticas, biología, historia, lengua etc) y obligarle a cursar unas cuantas asignaturas de didáctica. Los que imparten las asignaturas de didáctica de Matemáticas, por ejemplo, podrán concentrarse en enseñar didáctica y no en enseñar trigonometría o estadística básica que es lo que hacen – supongo – en la actualidad. Vean el plan de estudios de Maestro de Primaria de la Facultad de la UAM. Hay una asignatura de educación para la ciudadanía y otra de “bases psicopedagógicas para la inclusión educativa”. Eliminen todas las que no sean “didáctica” y verán qué fácil es añadir el grado de magisterio a cualquiera que estudie cualquier carrera tradicional: Derecho, Historia, Matemáticas, Filosofía, Ingeniería, Económicas, Veterinaria, Farmacia, Psicología, Biología, Física… En 4 años y medio o 5 años, todos los graduados de esas carreras podrían obtener el título correspondiente más el título de maestro.

Con ello se introduciría una enorme presión competitiva en los exámenes públicos para acceder a la condición de maestro. Todos los jóvenes españoles que no quieren estudiar magisterio porque les parece un grado inane y carente del más mínimo interés intelectual o, simplemente, porque no se han decidido todavía – sólo tienen 18 años – por qué carrera profesional desarrollarán – podrán cambiar de opinión y decidirse por la enseñanza cuando cumplan 22 años. Es más, podrán hacerlo por unos cuantos años y cambiar de carrera profesional unos años después porque habrán estudiado algo más que “didáctica”. Los gobiernos sectarios de las aldeas en las que habitan las tribus ibéricas podrán dejar de preocuparse por el bajo nivel de los aspirantes a maestros. Los chicos y las chicas más entusiastas, laboriosos e inteligentes podrán, si quieren, presentarse a una oposición de maestros en cualquier lugar de España. Si los políticos les dejan.

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