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lunes, 13 de abril de 2026

Dios te salve María, llena de influencia política: de la relación patrón-cliente, de la gracia, la misericordia, la justicia y la salvación


En lo que sigue, extracto algunas de las páginas más interesantes del libro que se cita al final. Es el mejor libro que he leído en el último año. En realidad, es un curso universitario sobre el Renacimiento italiano. La capacidad narrativa de la autora es asombrosa y la inteligencia del análisis abrumadora. Solo el libro de Patricia Crone me parece comparable. Excepto la última parte, - el libro tiene casi 700 páginas - es, además, divertidísimo. Cuenta y vuelve a contar las mismas historias añadiendo detalles y personajes o adoptando perspectivas diferentes cada vez, de modo que se lee como una novela pero se aprende mucho de muchas cosas. 

Para un jurista, el capítulo que extracto a continuación es el más interesante porque explica lo que significaba la "gracia" en el mundo pre-contemporáneo y lo hace en el marco de la explicación de las relaciones patrón-cliente. Como explica Crone, en el mundo pre-contemporáneo la acción colectiva se articulaba a través de relaciones patrón-cliente, amo-esclavo, señor-siervo, señor-vasallo etc., relaciones diádicas que permitían estructurar sociedades con cientos de miles de miembros. Lo magistral de Palmer es como engarza la religión con el Derecho y la organización social y el ritmo trepidante - parece Juego de Tronos - con el que narra las historias que incluye en su análisis. 

El texto que sigue empieza en la p 199 y termina en la 215.

¿Qué tiene que fallar para que alguien muera abandonado como un perro? Esa pregunta permite aprender mucho sobre cualquier cultura: cuáles son los mecanismos que existen para evitar que la gente caiga fuera de la red de protección social y qué puede provocar que esos mecanismos dejen de funcionar. En el Renacimiento, lo que tenía que romperse era el patronazgo, es decir, las relaciones multigeneracionales entre familias de más rango social y de menos rango que se ayudaban mutuamente, basadas en la división del trabajo y la especialización. Recuérdese la escena inicial de Romeo y Julieta. Los  que se pelean son clientes de las poderosas familias Capuleto y Montesco, mientras que lord y lady Capuleto y lord y lady Montesco son sus patrones, y el joven Romeo y la joven Julieta sus futuros patrones. Para hombres como esos, procedentes bien de una pequeña familia de campesinos o jornaleros, bien de una familia de estatus intermedio que podía producir médicos o miembros de gremios, un patrón poderoso, como los Montesco o los Médici, era la columna vertebral de la red de protección social. 

Los patrones garantizaban empleo, ofreciendo trabajo regular en sus numerosas propiedades, contratando a los hijos para que continuaran en los oficios de sus padres, incluso facilitando que jóvenes prometedores accedieran a nuevas profesiones o ayudando a los segundones a conseguir cargos en la Iglesia. Los patrones actuaban también como garantes legales en contratos o deudas, incluso para las cuentas pendientes en tiendas y tabernas. Prestaban dinero a los clientes con interés bajo o nulo, financiaban dotes para familias con muchas hijas y se encargaban de atenderlas cuando el sostén principal de la familia sufría una lesión incapacitante o fallecía. También ayudaban en cuestiones como los impuestos: tanto Lorenzo de Médici como, cuando ocupó cargos políticos, nuestro amigo Maquiavelo recibieron cartas de clientes y aliados pidiéndoles que intercedieran en materia de impuestos, además de ayuda para conseguir empleos y otros favores.  

La familia cliente, a cambio, no solo trabajaba para el patrón construyendo muebles, labrando sus tierras, realizando tareas administrativas o pintando frescos en el palacio, sino que hacía cosas que el patrón de alto estatus no podía hacer: regatear en los mercados, acoger a invitados de bajo rango, enseñar sus oficios a otros clientes o asumir misiones de confianza en espacios sociales más bajos. Cuando lord y lady Capuleto preparan el banquete para la boda de Julieta, los barriles de vino, las alcaparras y los sacos de grano que tienen a mano han sido cultivados en sus fincas por campesinos clientes o comprados para ellos en los mercados por clientes mercantiles de rango inferior, que hacen las transacciones cotidianas...  

... El sistema fiscal de Florencia... se basaba más en gravar la riqueza - los patrimonios - que las rentas o ingresos y, durante muchos años, se basó en que funcionarios entrevistaran cada año a los vecinos para preguntarles cuán ricos creían que eran los contribuyentes, a partir de lo que veían vestir o de lo que entraba y salía por la puerta de su casa. Vecinos malintencionados podían exagerar tu riqueza para cargarte con una enorme factura fiscal, mientras que clientes leales podían afirmar que tus recursos habían sido escasos ese año, aun después de haber visto casar a tu hija con un vestido cubierto de perlas. Explotar este sistema fiscal fue una herramienta que grandes familias como los Médici y los Strozzi utilizaron a menudo unas contra otras, con victoria final de los Médici.  

Otro servicio fundamental de las familias menores era sumarse a la acción callejera, formar turbas. A menudo esto significaba amotinarse en defensa del patrón cuando la situación se volvía peligrosa. Los clientes... están dispuestos a luchar y morir por el honor de sus patrones porque esos patrones han sido su red de protección social durante generaciones y porque saben que, si mueren defendiendo a su patrón, la familia de este cuidará de la suya de por vida... la acción callejera incluía también manifestaciones pacíficas: participar en las procesiones organizadas por la gran familia en la festividad de su santo patrón, llenar las multitudes en las bodas, vitorear a los hijos de la familia en justas o carreras, todo lo cual hacía visible ante el público el poder de la familia patronal. 

 


El inestimable historiador social Richard Trexler describió un caso notable en el que, durante una rara nevada en Florencia, jóvenes de tres familias aliadas de los Médici salieron a organizar una batalla de bolas de nieve con Marietta Strozzi, la famosísima y bella heredera de dieciséis años de una importante familia rival de los Médici, y las familias enviaron a sus clientes a colocarse a lo largo de la calle con antorchas y trompetas para asegurarse de que toda Florencia viera esa interacción entre sus herederos ilustres. Poco después, al concluir el carnaval, la familia materna de Marietta volvió a celebrar su belleza con un desfile gigantesco, iluminado con miles de antorchas, y fuegos artificiales lanzados frente a su casa. El volumen de los vítores en una justa, o el tamaño de la multitud en una boda, combinados con la grandeza de la armadura del jinete o el esplendor del vestido nupcial, comunicaban el poder de la familia patronal. Los espectadores que pensaban dónde invertir a continuación, a quién dirigirse para obtener empleo o qué matrimonios concertar para sí mismos evaluaban con cuidado esos espectáculos. 
En los momentos críticos o de inestabilidad la acción callejera importaba más, y era una inversión sensata para una familia rica sostener a una familia pobre durante generaciones si, por ejemplo, esos clientes agradecidos ayudaban a Cosimo a escapar de Florencia en 1433 y permanecían leales durante su exilio, haciendo posible su regreso. Nada exhibía mejor el poder ni desalentaba tanto a la oposición como la capacidad de los Médici para llenar las calles con su grito de guerra: «¡Palle! ¡Palle!», que significa «¡Pelotas! ¡Pelotas!», en referencia a las píldoras medicinales con forma de bola del escudo de los Médici (aunque gritar «¡Pelotas!» tiene exactamente el mismo doble sentido en italiano que en español). La capacidad de difundir el grito de guerra familiar y reunir a una muchedumbre en cuestión de minutos era inestimable, y si el príncipe de Verona de Shakespeare hubiera decidido ejecutar a Romeo por la muerte de Tebaldo, lord Montesco habría hecho sonar el grito de guerra de los Montesco y asaltado la prisión de la ciudad para liberar a Romeo; la pequeña guardia de una ciudad‑estado no habría podido detenerlos.  
Todo esto se sustentaba en la confianza, construida a lo largo de vidas y generaciones. Por eso es cuando la confianza se quiebra cuando, en el Renacimiento, la gente acaba muriendo abandonada como un perro: ya sea el trabajador que ayudó a los enemigos de su patrón y perdió así su protección, o el tiránico duque Galeazzo Maria Sforza (1444‑1476), hijo mayor del amigo de Cosimo, Francesco Sforza, quien, al infligir torturas crueles por faltas menores y raptar a las esposas e hijas de sus clientes y nobles, pronto se encontró sin nadie dispuesto a interponerse entre él y los asesinos, y fue apuñalado hasta la muerte en las escaleras de su propia catedral.  
Maestros artesanos como Brunelleschi o Miguel Ángel eran clientes de las grandes familias o de los poderosos gremios que les encargaban obras, pero al mismo tiempo eran patrones de sus propios aprendices, oficiales y sirvientes. Cuando Miguel Ángel comenzó a pintar el techo de la Capilla Sixtina, el andamiaje que habían preparado para él era tan ineficiente que, al rediseñarlo, generó tal excedente de cuerdas que su venta proporcionó dinero para las dotes de varias de sus trabajadoras, pues las muchachas de un estrato social tan bajo solo necesitaban un pequeño capital inicial para poder formar una familia. 

 

Al mismo tiempo, las grandes familias trabajaban para extender sus redes hacia arriba y hacia fuera, conectándolas con poderes más lejanos y más altos. Piero de Médici, el Gotoso (hijo de Cosimo y padre de Lorenzo), prestó una enorme suma de dinero al rey de Francia —para financiar la recuperación francesa tras la Guerra de los Cien Años—, un préstamo que Piero sabía que difícilmente se devolvería íntegramente. Lo que pidió a cambio fue permiso para incorporar la flor de lis real francesa, dorada sobre fondo azul, en una de las bolas del escudo de los Médici, para publicitar la relación especial de la familia con el primus inter pares de los monarcas europeos. Cuando llegó la carta del rey concediendo ese permiso, Piero ordenó ese mismo día a sus clientes que salieran corriendo a introducir el cambio en todos los escudos de los Médici a los que pudieran acceder en la ciudad, otorgando por fin al modesto blasón familiar una grandeza capaz de competir con la imaginería más noble —leones, dagas, delfines, flores de lis— de muchas familias rivales. Atar durante tiempo indefinido unos cuantos millones de los Médici en préstamos franceses merecía sobradamente la pena para proyectar el siguiente mensaje: si necesitas un favor que implique al país más rico de Europa —un acuerdo comercial, una comisión militar, un puesto para tu sobrino exiliado—, ya sabes quién tiene el oído del rey; y si te enfrentas a nuestra familia, también sabes qué poder temible se enterará de ello. 
El patronazgo era asimismo un elemento central del sistema jurídico. Todos hemos oído hablar de la extrema severidad de las leyes medievales y renacentistas —¡pena de muerte por robar!, ¡pena de muerte por adulterio!, ¡pena de muerte por estornudar cerca del caballo del príncipe!—, pero cobran más sentido cuando se recuerda que no es hasta el siglo XVIII cuando Europa desarrolla la idea de que los sistemas de justicia deben aspirar a una aplicación igualitaria, es decir, que quien comete un determinado delito reciba el castigo estándar y que resulta extraño o injusto que la pena sea más leve. Los tribunales renacentistas se centraban, en cambio, en la misericordia, y se esperaba que el juez impusiera casi siempre una pena más leve que la prevista en la letra de la ley —una multa, por ejemplo, en lugar de la muerte—, de modo que las sentencias extremas proclamadas por las normas fueran en realidad la excepción y no la regla. Esta concepción estaba ligada a ideas cristianas sobre el pecado y la salvación, expresadas de forma célebre en el discurso de Portia sobre la misericordia en El mercader de Venecia.
«La calidad de la misericordia no es forzada, desciende como lo hace del cielo la suave lluvia sobre el lugar de abajo: es dos veces bendita; bendice al que da y al que recibe».
La justicia terrenal estaba concebida para imitar a la justicia divina: primero se amenazaba con la sentencia absoluta —la muerte, equivalente a la condenación, esto es, a la muerte eterna— y después se mostraba misericordia. Cada vez que alguien culpable de un delito capital era perdonado, el reo y todos los que asistían al juicio recibían una lección moral sobre Dios y la esperanza de salvación, con el juez y el criminal representando los papeles de Dios y del alma. Por eso, es cierto que en la época hubo esas ejecuciones públicas aparatosas y esos castigos ingeniosos que Hollywood ha retratado tantas veces, pero los especialistas saben que se trata de casos excepcionales, no de la norma. Cuando encontramos un registro de que alguien fue efectivamente llevado a la hoguera, la reacción no es «¡qué típico de esos tiempos crueles!», sino «¿de verdad los mataron esta vez? ¿Por qué?». La sodomía, por ejemplo, era un delito castigado con la muerte en Florencia y en muchos otros lugares, pero el mayor especialista en sodomía del Renacimiento, Michael Rocke, al estudiar los registros de los tribunales florentinos, comprobó que la inmensa mayoría de las condenas por sodomía terminaban con una multa, no con derramamiento de sangre. 


De manera similar, el inestimable estudioso de la Inquisición Nicholas Davidson, al analizar procesos en Roma y Venecia, descubrió que la sentencia más común en los casos de herejía, e incluso de brujería, consistía en ser obligado a asistir a una serie de largas y tediosas lecciones impartidas por dominicos tomistas que, recurriendo a Aristóteles, explicaban el mejor camino hacia el Cielo. Incluso en el caso de un aprendiz que intentó vender su alma al diablo para acostarse con la esposa de su maestro —¡y en el que los inquisidores tenían en sus manos el contrato demoníaco debidamente firmado!— la condena fue asistir a lecciones (ese muchacho necesitaba una buena reprimenda). Incluso el homicidio solía castigarse con una multa o con un período de destierro, reservándose la ejecución para lo que se consideraban delitos verdaderamente graves, como la profanación de una iglesia o la traición al gobernante o al régimen.  

Las ejecuciones existieron, a veces incluso ejecuciones masivas, como las grandes causas por herejía de las que se lee, o las matanzas y ajusticiamientos colectivos de las guerras de la Reforma, pero esos episodios fueron síntomas de conflictos políticos más que de la dureza de la norma judicial: momentos en los que un régimen o un gobernante se sentía débil y quería hacer una demostración de fuerza, o se sentía fuerte y aprovechaba la ocasión para exterminar una amenaza percibida, utilizando el sistema jurídico para ello.   
Incluso cuando se producían ejecuciones «normales», el sistema giraba en torno a la esperanza de que el proceso ayudara al pecador a arrepentirse y alcanzar a Dios. Existían cofradías y obras piadosas dedicadas a ayudar a los condenados a preparar su alma para la esperanza del Cielo, y voluntarios que pasaban con ellos las últimas noches e incluso los acompañaban al cadalso, sosteniendo ante el rostro del sentenciado un icono de la Virgen María para ayudarle a pensar en la esperanza de la misericordia divina, y no en la soga.  
Las ejecuciones solían reservarse para los enemigos del gobernante, para delitos de extrema gravedad —como la traición, arrojar estiércol de caballo contra un icono de la Virgen, absolutamente castigado con la muerte— o, de forma muy reveladora, para los momentos en que el patronazgo se rompía. Era el patrón quien conseguía la pena menor, la familia poderosa que respondía por ti, que ofrecía testimonio sobre tu carácter, que hablaba con el juez en privado para dejar claro que estaría agradecida si su servidor, virtuoso y digno, era absuelto.  
Si te ponías en contra de tu patrón, lo enfurecías, le fallabas, robabas bienes, difundías chismes que dañaban su reputación o te pillaban haciendo un trabajillo rápido para los Capuleto cuando se suponía que estabas en el bando de los Montesco, entonces esa misma influencia política que normalmente obtenía clemencia presionaba en sentido contrario y exigía severidad.  
Una carta a Maquiavelo de su secretario Agostino Vespucci, fechada el 16 de julio de 1501, describe que en Roma se estaba endureciendo el trato a la sodomía y dice que varios amigos poetas, «si no hubieran tenido refugio en la protección, ahora de este cardenal, ahora de aquel otro, ya habrían acabado en la hoguera», y que otro poeta, Raffaello Pulci, que quizá no gozaba de esa protección, había contratado a cuatro prostitutas para que lo acompañaran constantemente y así desviar las acusaciones de sodomía. Vespucci añade a continuación que unos días antes una mujer veneciana de alto estatus había sido efectivamente quemada en Campo de’ Fiori por secuestrar y sodomizar a una niña de doce años, lo que muestra que los casos que llegaban hasta la ejecución solían ser a la vez extremos —un secuestro—, contrarios a alguna norma social sensible —la sexualidad femenina generaba más ansiedad que la masculina— y, sobre todo, afectaban a personas con protecciones de patronazgo débiles, en este caso una extranjera procedente de una nación en malas relaciones con el papa.  

Ese tipo de hogueras públicas existía, pero cuando ocurrían la gente escribía a casa describiéndolas como sucesos excepcionales. La ansiedad palpable en la carta de Vespucci —muy real para Maquiavelo, que, como muchos hombres del Renacimiento, tuvo parejas sexuales de ambos sexos— muestra el poder coercitivo de este sistema. Romper con un patrón dejaba a una persona desnuda ante una ley hipersevera, convirtiendo el sistema judicial en un instrumento para garantizar que quienes servían siguieran sirviendo, incluso cuando el patrón, como el cardenal Ippolito d’Este en relación con Ariosto, era poco amable. La hermana mayor del cardenal Ippolito, Isabella d’Este... escribe en noviembre de 1491 al pintor Luca Liombeni, que estaba decorando al fresco una estancia para ella, amenazándolo repetidamente con arrojarlo a la prisión urbana si el trabajo avanzaba con lentitud: un trato cruel, pero menos cruel que lo que la Ley podía hacer con alguien sin patrón. En otra carta de 1498 escribe sobre un bufón, Diodato, que, por enfermedad o lesión, se niega a viajar desde la corte de Isabella a la de su hermano Alfonso, y afirma que ella lo ataría y lo enviaría en barco, si bien Alfonso había especificado que no quería que ese en concreto fuera enviado contra su voluntad. Los grandes patrones —príncipes y princesas de la casa de Este— escriben con la misma naturalidad sobre enviar a alguien una cesta de cidras o un retratista, y mezclan personas, prendas, alimentos y tesoros en listas equivalentes de cosas que encargan a sus agentes; en el caso de Isabella, no distingue en absoluto el tono con el que insta a un agente a conseguirle un músico legalmente libre o una esclava africana. Y tampoco es solo desde arriba desde donde procede este lenguaje, como muestra una carta llamativa de 1471 en la que un tal Alessandro di Conio —un hombre tan insignificante que no deja otro rastro en los archivos— escribe a Contessina, la abuela de Lorenzo de Médici, pidiéndole que Lorenzo o Giuliano acepten a su hijo como servidor: «te lo entrego entero, y como aceptarías un perro como regalo puedes aceptar a una criatura humana que es más fiel». Ese tipo de servicio no era esclavitud —aunque esta también se practicaba en las mismas cortes y palacios en los que podía servir el hijo de Conio—, pero ser cliente tampoco equivalía a la plena libertad, sino a uno de los muchos grados intermedios de falta de libertad que reforzaban las estructuras coercitivas de la época.  


En 1600, la plaza romana del Campo de’ Fiori fue escenario de otra hoguera, una de las más famosas de la historia: la del científico y erudito Giordano Bruno, condenado por herejía por la Inquisición. El episodio suele invocarse como prueba de un conflicto secular entre fe y ciencia —pista: no es cierto—, pero el caso de Bruno no fue típico; de hecho, fue la única ejecución relacionada con la ciencia que llevó a cabo jamás la Inquisición: decenas de miles por luteranismo y brujería, una sola por ciencia. La ejecución de Bruno tuvo lugar porque había enfurecido a su patrón: le había prometido enseñar técnicas mnemotécnicas que este descubrió que no podía enseñar, de modo que el patrón lo denunció como embaucador y organizó su extradición de Venecia a Roma. De no haber sido por eso, la investigación —si es que se hubiera producido— probablemente habría terminado en nada, como las dos investigaciones anteriores que la Inquisición había abierto contra Bruno. La Inquisición también investigó a Marsilio Ficino, que hacía cosas tan extrañas o más que Bruno, pero Lorenzo de Médici consiguió que sus poderosos parientes políticos Orsini intercedieran en favor de Ficino, demostrando una vez más el valor de su controvertido matrimonio con una noble romana. Hubo ejecuciones espectaculares, sí, pero se producían cuando había una razón especial: cuando el gobernante quería lanzar un mensaje, un gesto de fuerza para amedrentar a sus enemigos, y cuando las víctimas eran personas a las que la red de patronazgo no protegía, bien porque habían enfurecido a sus patrones, bien porque sus propios patrones 

habían caído en desgracia. La gracia es aquí la palabra clave.  
El término latino gratiae, que suele traducirse por gracia, significaba también influencia política; de hecho, una traducción perfectamente válida de las palabras del arcángel Gabriel en la Anunciación, Ave Maria, gratia plena, es «Salve, María, llena de influencia política». Al fin y al cabo, ¿quién puede tener más influencia política que la Reina del Cielo y madre del Príncipe eterno del Cielo? La gracia era la capacidad de obtener misericordia, de embotar la espada de la justicia y apaciguar al poder soberano. 
“El recurso que tenemos a María en la oración se sigue del oficio que ella desempeña continuamente junto al trono de Dios como Mediadora de la gracia divina”
León XIII

 

Hay una pequeña interrupción muy reveladora al comienzo de Ricardo III (II, i), cuando Eduardo IV lamenta haber ejecutado a su hermano Jorge de Clarence, y de pronto irrumpe un lord sin demasiada relevancia, Derby, exigiendo: «¡Una merced, mi soberano, por los servicios prestados!». La merced consiste en «la vida de mi criado, / que hoy dio muerte a un caballero justo, / servidor reciente del duque de Norfolk». Derby no sostiene que su criado sea inocente: pide que el rey perdone, como favor personal, a un asesino sorprendido in fraganti. Ese asesino anónimo recurrió a su patrón, Derby, para que gastara su capital de gracia o influencia ante el rey y lo sacara del apuro. A continuación, el rey Eduardo estalla contra todos por no haber hecho esfuerzos semejantes para disuadirlo de ejecutar a Clarence, pese a todo lo que Clarence había hecho por él:

 

… ni uno de vosotros tuvo gracia bastante para hacerme recapacitar. Pero cuando vuestros carreteros o vuestros criados cometen un asesinato fruto de la embriaguez y profanan la imagen preciosa de nuestro Redentor [esto es, una vida humana], enseguida caéis de rodillas pidiendo perdón, perdón; y yo, aun injustamente, debo concederlo…  

 

Aquí gracia significa influencia política y la disposición a emplearla. El hermano de un rey, naturalmente, no tiene un patrón por encima de él salvo el propio rey; cuando ese patrón está airado, nadie puede salvarlo, y nadie se atreve siquiera a intentarlo. La carencia de gracia es el reverso del favor. Por eso, en una obra anterior de Shakespeare, el cadáver del rebelde Jack Cade es arrastrado hasta un estercolero «y allí cercenan tu cabeza nada graciosa», porque el anarquista que saqueó Londres es quien menos gracia política posee en toda Inglaterra (*Enrique VI*, 2.ª parte, IV, x). 

'Injustamente' es otra palabra clave. El rey Eduardo sabe que el indulto es injusto, pero «debe concederlo», porque el sistema de patronazgo así lo exige, sea justo o no. La salvación católica no giraba en torno a la inocencia, sino en torno a la culpabilidad universal y a la súplica constante de perdón. 

El patronazgo se extendía hacia arriba, más allá del rey o del consejo de la ciudad, hasta el más allá y los santos patronos

 

«Salve, María, llena de influencia política» nos ayuda a entender cómo concebían las personas de la época la intercesión de los santos. En la Tierra, si un aprendiz de armero se metía en problemas, acudía a su maestro de gremio; este podía recurrir al señor local que lo empleaba; este, a su vez, a un poderoso conde en la corte o quizá a un secretario real; alguien, en definitiva, con acceso a la reina o a la duquesa, la persona mejor situada para apaciguar a un monarca airado. En el Cielo ocurría lo mismo: si ese mismo aprendiz enfermaba, rezaba al santo patrón de su oficio (san Jorge, para los armeros) o de su ciudad (san Juan Bautista, para Florencia), quien se dirigiría a la Virgen María para que suplicase a Dios Padre la concesión de la salud.  

 


Esta secuencia exacta es la que permite a Dante obtener autorización para su viaje al comienzo del Infierno: el espíritu celestial de Beatriz, ya muerta y admitida en la corte real del Cielo, ve a su pobre poeta vagando perdido y se dirige a santa Lucía, patrona de los estudiosos; esta se dirige a su vez a la Virgen, que obtiene el permiso para nuestro recorrido por el Infierno. La súplica se dirige a la divinidad, mientras que los santos actúan como patrones cuya gracia o influencia impulsa la petición en la corte celestial que es al mismo tiempo corte real y tribunal, obteniendo misericordia y suspendiendo la justicia. 

Cualquiera que se creyera que estaba en el Cielo podía ser invocado como intermediario, incluso un amigo o pariente piadoso, pero el proceso de canonización exigía pruebas de milagros, en parte como confirmación oficial de que, efectivamente, ese patrón celestial concreto escuchaba y tenía influencia suficiente para conseguir cosas en el Cielo. De ahí que arrojar estiércol de caballo contra un icono de la Virgen fuera un delito más grave que el homicidio: ponía en peligro a toda la ciudad, al ofender a la patrona más poderosa de la humanidad, que, como una emperatriz ultrajada, podía desoír las súplicas de toda la comunidad si no se vengaba su honor.  

 

 

Cada iglesia o capilla que podía permitírselo tenía una pintura del Juicio Final, que mostraba un tribunal familiar a cualquier corte terrenal: Cristo airado como juez, el severo Juan Bautista a su izquierda leyendo los cargos, y la benigna María a su derecha suplicando misericordia. A medida que crecían las ambiciones de Florencia, la ciudad sustituyó a su modesta patrona, santa Reparata, por el más imponente san Juan Bautista, y representarlo en los edificios públicos florentinos publicitaba al temible protector de la ciudad, del mismo modo que la flor de lis francesa en las bolas de los Médici. 

El patronazgo divino se tomaba extremadamente en serio en este período. La herejía y la conducta pecaminosa se temían en gran medida por la ansiedad de que ofender a los santos hiciera perder la protección para toda una región. Durante un tiempo, en Venecia, la pena legal por cualquier delito se duplicaba si se cometía allí donde un icono de un santo pudiera verlo. Cuando en 1501 Antonio Rinaldeschi, borracho e irritable tras un día de juego, arrojó efectivamente estiércol de caballo a un icono de la Virgen María, intentó suicidarse por miedo a ser despedazado por la multitud, y el caso fue celebrado como un ejemplo de misericordia excepcional cuando, en lugar de eso, se le concedieron unas horas de prisión para arrepentirse y preparar su alma para el Cielo antes de enfrentarse al verdugo. 

Contra lo que muchos podrían pensar, uno de los objetivos principales de las ejecuciones —como de todos los castigos de la época— era dar al alma del culpable la mejor oportunidad posible de llegar al Cielo. Los cristianos de este período creían (por influencia de Platón, aunque pocos sabían que era Platón) que el alma era como un ojo que miraba en una determinada dirección, y que la condenación o la salvación dependían de hacia dónde mirara en el momento de la muerte. Pensar en las cosas celestiales —Verdad, Virtud, Belleza, Amor, Filosofía, tal santo o cual otro— hacía que el alma mirara hacia arriba y ascendiera; pensar en las cosas terrenales —la guerra, la cena, el dinero, el honor familiar, las elecciones del mes siguiente, «ay, me duele la rodilla»— la hacía mirar hacia abajo, pesada como un globo sin helio, y al morir así el alma caía al Infierno. 

No eran los actos, sino esta orientación final, lo que determinaba la salvación: uno podía ser Jack el Destripador y aun así ir al Cielo si sus últimos pensamientos se dirigían a la esperanza de la gracia celestial. La doctrina agustiniana de la corrupción de la voluntad sostenía que la capacidad de elevar ese ojo del alma estaba dañada por el Pecado Original y debía ser sanada por la Gracia, como una operación que repara una vista defectuosa. Más tarde, los cristianos debatieron interminablemente cómo funcionaba esto y si implicaba que, sin bautismo, mirar hacia arriba era imposible, una cuestión que angustiaba mucho a Petrarca en relación con su querido Cicerón. 

Podría uno preguntarse, si eso era lo que enseñaba la Iglesia, por qué molestarse en exhortar a la virtud y a la asistencia a misa. Había dos razones. Primera: los pecados lastraban el alma, como pesos de plomo atados a un globo de helio, de modo que incluso si uno moría pensando en el Cielo tenía que pasar siglos en el Purgatorio hasta desprenderse de ese lastre; las famosas indulgencias que tanto indignaron a Lutero eran, precisamente, atajos para salir antes del Purgatorio, y no servían de nada a las almas orientadas hacia el Infierno. Segunda: ejercitar habitualmente pensamientos elevados mediante oraciones y obras virtuosas creaba el hábito de mirar hacia arriba, aumentando la probabilidad de que el alma se orientara correctamente en el instante final, cuando de verdad importaba. Y así sucesivamente…

miércoles, 11 de marzo de 2026

Citas: Ada Palmer, China, wokeness, lectura en los niños, Arnold Kling, el tiempo, Alice Evans

Un gobierno de delincuentesPor qué la generación nacida en los 60/70 es más resistente emocionalmente. La - ¿poca? - gente decente de la Universidad del País Vasco. La ministra de educación asesinada por el régimen islamista de Irán. Menos regulación permite la innovación, el motor clave de la prosperidad. "El socialismo nunca ha echado raíces en Estados Unidos porque los pobres no se ven a sí mismos como un proletariado explotado, sino como millonarios en dificultades temporales". John Steinbeck; A las mujeres se les ha pretendido enseñar a despreciar lo que las hace plenas y felices y a adorar lo que las hace miserables, Cómo ejerzo realmente la abogacía con IA en 2026La elocuencia que proporciona la verdad de tu discurso: el caso de Irán y la hipocresía del gobierno español. Masih Alinejad piensa que Sánchez es un personaje indecente

Si tu hijo se aficiona a la lectura, el 80% del trabajo educativo está hecho.

Esa es mi opinión honesta después de trabajar en educación durante más de treinta años. Todo lo demás es secundario. La mayoría de los padres piensa que la educación científica es importante. Sí que lo es. Pero si no puedes leer el libro de texto de biología, no vas a aprender biología. Leer es la meta-habilidad que habilita todas las demás habilidades. La historia requiere lectura. La ciencia requiere leer. Incluso las matemáticas requieren cada vez más lectura a medida que se vuelven más sofisticadas. El niño que lee vorazmente descubrirá todo lo demás. El niño que no lo haga tendrá dificultades con todo.
Médicos y abogados están seguros de que lo que saben nunca podrá ser replicado por la IA. Ven que la IA comete errores, y extrapolan que la IA siempre cometerá errores. Pero la IA mejora rápidamente. A este ritmo, apostaría a que para finales de 2026 parecerá imprudente confiar únicamente en un humano para asesoramiento jurídico o médico. (Si tu médico o abogado jura que nunca usará IA, perderás la confianza en él.)

Massimo 

Una máquina agrícola con chips de NVIDIA utiliza visión artificial y láseres de precisión para eliminar las malas hierbas en milisegundos sin herbicidas y sin dañar los cultivos, un cambio potencial hacia una agricultura sin productos químicos.

La IA y la "investigación" que hacemos los universitarios 

Cuando es difícil despedir trabajadores, nunca los contratas en primer lugar

Un estudio científico de la violencia sexual contra las niñas 

En Gran Bretaña, miles de niñas han sido abusadas sexualmente por grupos organizados de hombres. Las chicas vulnerables eran manipuladas con regalos y afecto, aisladas de sus amigos y familiares, luego traficadas con alcohol y drogas, acosadas, violadas y traficadas como parte de grandes redes criminales. Sin embargo, cuando víctimas, periodistas e investigadores buscaban ayuda o presentaban cargos, eran desestimados y ridiculizados. En la Auditoría Nacional sobre la Explotación y Abuso Sexual Infantil (CSE) en Grupo (2025), la Baronesa Casey documenta fallos crónicos en la policía, los servicios sociales, los ayuntamientos y el liderazgo político. La policía y los gobiernos locales negaron repetidamente los abusos; las denuncias de las víctimas fueron desestimadas; los denunciantes despreciados; no se registraron las características básicas del infractor; se justificó todo esto en el miedo a generar tensiones raciales; y se impidió el escrutinio externo obstruyendo el acceso público a los datos. En ausencia de una investigación completa, la verdadera magnitud del abuso sigue siendo desconocida. Cuando se ha registrado una etnia sospechosa, como en el Gran Manchester, los surasiáticos (pakistaníes y bangladeshíes) están sobrerrepresentados en relación con su proporción en la población local. Pero en la gran mayoría de los casos, la policía no informa de la etnia. La falta de datos sistemáticos hace que el discurso político se vea empañado por anécdotas, especulaciones y un veneno agresivo.

La cuestión del tiempo

Existe en la física una profunda sospecha de que una de nuestras variables más fundamentales podría ser, en cierto modo, una ilusión: el tiempo. 

Como seres humanos, experimentamos el tiempo como una secuencia de momentos distintos y fugaces. Esto es coherente con la limitada capacidad de nuestra memoria operativa (working memory) Puede que nos veamos obligados a procesar los acontecimientos de manera secuencial simplemente porque no disponemos del espacio necesario para manejarlos de forma global. Unimos instantáneas y a eso lo llamamos “flujo”. Esto probablemente también está relacionado con las escalas temporales en las que la intervención humana necesita producirse. 

Pensemos ahora en un árbol. Si un árbol tuviera inteligencia, casi con seguridad trataría el tiempo de manera distinta a la nuestra. Nuestro concepto de instantáneas sucesivas no sería la arquitectura evolutivamente más ventajosa para un organismo arraigado que responde a cambios ambientales lentos y de gran amplitud. El árbol podría percibir el tiempo como grandes gradientes medios retenidos en una memoria operativa vasta, que abarca años. ¿Qué cambios tangibles y estadísticamente significativos, emergentes a lo largo de meses y años, debería optimizar? Esto, evidentemente, es especulativo. 

Lo que no es especulativo es el tipo de inteligencias artificiales que hemos empezado a crear, en particular los modelos lingüísticos de gran tamaño. Un LLM posee una ventana de contexto inmensamente mayor que la memoria operativa humana, y ningún concepto del tiempo moldeado por la necesidad de la supervivencia física. Un LLM quizá no represente una novela —o un proceso físico— como una secuencia de palabras que deben leerse una por una. En su lugar, puede mantener todo el arco narrativo como una representación simultánea, unitaria y ricamente estructurada. 

Para una mente con una ventana de contexto enorme, la idea del tiempo como una progresión lineal de instantáneas puede resultar terriblemente ineficiente, una compresión con pérdida. En lugar de concebir t como una variable que avanza, una mente así podría comprimir la realidad en arcos o en “acontecimientos-como-objetos-enteros”, percibiendo la trayectoria completa de una pelota como una forma estática única y no como un punto en movimiento. Para la mayoría de los humanos, una parábola dibujada en un gráfico es una abstracción. No así para una mente cuyo modo natural de pensar consiste en trayectorias completas.

Arnold Kling

Ha llegado el momento de mi desahogo periódico contra la filantropía... las organizaciones sin ánimo de lucro, por término medio, hacen menos por obtener resultados que las empresas con fines de lucro. La entidad sin ánimo de lucro no está sometida a ninguna presión para satisfacer a las personas a las que supuestamente debe ayudar. El empleado de una organización sin ánimo de lucro tiene que satisfacer al jefe, no al beneficiario. Y el jefe, a su vez, tiene que impresionar al donante.
El mercader de Venecia es un drama renacentista basado en una historia medieval (Ada Palmer)
Lo siento, Shakespeare, pero en Venecia había seguros marítimos, que permitía a los inversores evitar riesgos de bancarrota al estilo de El mercader de Venecia cuando los barcos no llegaban de Asia porque se hundían

Por qué Florencia es el símbolo del Renacimiento (Ada Palmer, Inventing the Renaissance)

En los siglos XVII y XVIII, visitar Italia como parte del Grand Tour era obligatorio para las élites europeas: uno alcanzaba la mayoría de edad, viajaba, compraba arte italiano para dar legitimidad a la casa señorial familiar y luego empezaba su vida adulta. Florencia era una de las paradas centrales del recorrido, porque había ganado el juego propagandístico del siglo XVII y poseía una enorme cantidad de arte y arquitectura extraordinarios que habían permanecido en la ciudad y no estaban en venta. A la muerte del último duque Médici, Gian Gastone de’ Medici (1671‑1737), su inteligentísima hermana Anna Maria Luisa de’ Medici (1667‑1743) legó los tesoros artísticos de la familia a la ciudad de Florencia con la estricta condición de que jamás salieran de allí. De ese modo, mientras otras ciudades italianas vieron cómo sus mejores obras eran compradas por turistas aristocráticos o trasladadas a Viena, Berlín, París, Washington o Madrid, las de Florencia permanecieron en Florencia. Y a medida que la ciudad fue comprendiendo el valor del turismo, utilizó los ingresos de los museos para comprar más obras de arte a ciudades vecinas. Así, conforme el siglo XVIII dio paso al XIX y después al XX, Florencia siguió siendo bella y llena de arte, y sobre todo siguió siendo renacentista. 
El turismo ya era el corazón de su economía en 1700, y los visitantes querían la Florencia renacentista, no nada nuevo. A medida que los palacios se deterioraban y requerían reparaciones, el dinero extranjero entraba en torrentes para restaurarlos, mientras que en otras ciudades italianas las obras renacentistas —pintura, escultura, arquitectura— eran más susceptibles de ser derribadas y sustituidas por elementos barrocos o del siglo XIX. Mientras Milán, Roma, París o Londres continuaron añadiendo capas modernas, Florencia permaneció renacentista, y cada vez que algún daño amenazaba su patrimonio, el dinero volvía a fluir para mantenerla con un aspecto intacto. Los visitantes que buscan la experiencia auténticamente renacentista no quieren las iglesias barrocas de Nápoles, sino el Renacimiento puro que se percibe sobre todo en Florencia. Venecia es similar en ese sentido y, cuando se pasea hoy por ambas ciudades, uno siente que viaja en el tiempo, mientras que en Milán o Nápoles —ciudades que tuvieron industria, comercio y siguieron desarrollándose como centros urbanos— solo se vislumbran algunos elementos renacentistas entre el vidrio y el acero modernos.

Autonomía privada tal como la entienden los chinos 

Una parte tiene derecho a celebrar voluntariamente un contrato conforme a la ley, y ninguna unidad o individuo puede interferir ilegalmente"  

"Los derechos de propiedad del Estado, de los colectivos e individuos, así como de otros titulares de derechos, estarán protegidos por la ley, y ninguna unidad o individuo podrá infringirlos"

 

lunes, 16 de septiembre de 2024

Explotar las normas defectuosas. A propósito de una entrada de Paul Bloom

En inglés, "exploit a loophole" o "Intentionally violating the spirit of the law while following the letter of the law". O fraude de ley.

Rudolph von Ihering criticó ferozmente a Porcia por usar la "astucia frívola" para impedir a Shylock cobrar su deuda en El Mercader de Venecia. Y en esta entrada que resumo ahora, Paul Bloom comienza contando el cuento del diablo y los tres hijos, un cuento irlandés que no había oído nunca. En el cuento, el tercer hijo - el abogado - salva a su padre - que había vendido su alma al diablo para poder dar carrera a sus hijos - con un truco de leguleyo: le dice al diablo si esperaría para llevarse el alma de su padre a que se consuma un cabo de vela que había sobre la mesa. El diablo acepta y el hijo-abogado apaga la vela y se la mete en el bolsillo. El diablo burlado. Jurídicamente, el hijo había hecho imposible el cumplimiento del término, de manera que no cabe duda de que el diablo podía llevarse igual al padre (art. 1119 CC). Y es que la norma del artículo 1119 CC no es "defectuosa" y es muy difícil defraudarla.

Hay un cuento de Grimm - los tres pelos del diablo - que es todavía mejor. De nuevo, el éxito - pronosticado al nacer - del protagonista se basa en la astucia: en el engaño al malvado. En el caso del cuento, al diablo - al que se le extrae su conocimiento fingiendo su ama de llaves que ha soñado con la pregunta - y al rey malvado que, como el faraón egipcio, trata de matar al niño al que las hadas han profetizado que se casará con su hija. Este cuento lo dejo para otra ocasión en la que analice la tesis doctoral del nuevo jefe de gabinete de Pedro Sánchez. 

A continuación, Bloom cuenta cómo Thiel consiguió ahorrar miles de millones de dólares en impuestos. En EE.UU existen, como antes en España, ventajas fiscales - no se pagan impuestos por el aumento de valor de lo invertido - para lo ahorrado para la pensión. En EE.UU. se podían abrigar del fisco 6000 dólares al año. Thiel logró ahorrarse millones porque aprovechó una regla que permitía invertir los fondos de la cuenta y establecía que los beneficios de esa inversión quedarían igualmente exentos de impuestos. Lo que hizo Thiel fue invertir los 6000 euros en acciones de una empresa de nueva creación que compró por un precio ridículo y que, años después se convertiría en un unicornio valorado en miles de millones de dólares. De nuevo, ignoro cómo es posible que la regulación norteamericana estuviera tan mal diseñada. En España, la gestión de los fondos de pensiones no la tienen los propios ahorradores, sino sociedades de gestión que tienen el deber de invertir de forma segura y diversificada. Poner los 6000 dólares en una start up no cumpliría con los requisitos de inversión de los fondos ahorrados. En todo caso, un legislador razonable pondría límites a los beneficios de la inversión de lo ahorrado que están libres de impuestos. 

El siguiente ejemplo que pone Bloom es el de "obedecer una orden" incumpliéndola. Una niña recibe la orden de su madre de "put the tablet down", literalmente "dejar" la tablet. Es obvio que la madre quiere que la niña deje de jugar con la tablet. La niña obedece y deja la tablet en el suelo y, a continuación, se tumba y sigue jugando. Este ejemplo recuerda aquello de "la ley se obedece pero no se cumple" del derecho histórico español. El sentido de esta fórmula es fascinante. Dice Benjamín González Alonso que la fórmula 

 Según García Gallo, la formula obedecer y no cumplir constituyó una respuesta al problema de la ley injusta.  Tras citar sendos preceptor de ]as Cortes de 1379 y 1387, opina que «resolvían el caso de una disposición real contraria a Derecho...  «e1 no cumplimiento era en realidad una suspensión de la aplicación de la ley, hasta que el  monarca, informado del hecho, resolviese en definitiva... en tal caso la ley se obedece, es decir, se muestra ante ella el acatamiento que se debe a una orden del rey, pero no se cumple»

Añade que Lalinde creía que significaba otra cosa: que las órdenes del gobierno no podían contradecir la ley. O sea, que era un problema de jerarquía normativa. Benjamín Alonso cree que la fórmula, simplemente, recoge la institución de la "suspensión": la ley se obedece pero, si hay dudas respecto de su validez, puede suspenderse su ejecución hasta que se haya comprobado aquélla. Y esa situación era frecuente en la Edad Media por la multiplicidad de fuentes. Cada corporación tenía sus reglas que los reyes confirmaban y prometían respetar pero el rey producía también normas. Los conflictos entre normas debieron de ser ubicuos. Si el rey dictaba una "carta" que infringía los privilegios - normas particulares - de una ciudad o pueblo, esto es, sus fueros, la carta se decía "desaforada" y el recurso contra ella, de "contrafuero". 

Pero si el rey - siglos más tarde cuando el protagonismo de la creación de normas se concentra en el "derecho regio" - dicta una carta que contradice sus propias leyes, entonces tendríamos el segundo tipo de conflicto que pretendería resolver la fórmula "la ley se obedece pero no se cumple". Alonso explica que se usan los términos "obedecer y guardar" uno junto al otro pero no son redundantes. Obedecer "como sinónimo de honrar», de <<respetar>>  obedecer una carta equivale a no desdeñarla, romperla, <<echarla en  tierra>>" y guardar significa cumplir, ejecutar. Las cartas reales contrarias "a los derechos del rey, a los del pueblo o a los de algún particular" debían ser obedecidas pero no guardadas hasta que se hubiera confirmado su validez:  solo en el supuesto de que el rey <<enviare la segunda carta en aquella misma razón devenla cumplir>>. 

Según el equilibrio de poder entre los municipios y el rey, la carta "desaforada" solo se consideraba 'anulable' y su cumplimiento se suspendía hasta que el rey decidiese confirmarla o se consideraba "nula" de pleno derecho y se desatendía su contenido definitivamente. A partir del siglo XIV, cartas desaforadas serán solo las órdenes del rey que conculquen lo acordado en Cortes o aquellas que hubieran sido defectuosamente emitidas y tramitadas (De ahí viene lo de dar "carta blanca": el rey no completaba la orden, lo que daba lugar a todo tipo de desafueros).

Cuando en 1421 llega a Toledo Alvar Sanchez de Cartagena con su nombramiento de corregidor, los toledanos no se conforman con diferir el recibimiento y toma de posesión. No entablan, que se sepa, recurso de suplicación contra la provisión que lo designaba corregidor. Cierran las puertas e impiden su entrada, alegando que <<aquellas cartas habían de obedecer por ser cartas del rey, pero no de cumplir, por quanto eran contra las leyes destos Reynos, las quales disponían que non se diese corregidor sin ser demandado. 

Para los toledanos, la provisión que contenía el nombramiento de Alvar Sanchez era nula. 

Sin embargo, al comparecer en 1515 Rodrigo de Góngora ante el Cabildo de Carmona, para posesionarse de una regiduría que legalmente debía haberse <<consumido», el comportamiento de los capitulares es muy otro. Deciden «obedecer la carta de su alteza y sobreseer en el cumplimiento, hasta consultar con su alteza» E°. Son solo dos ejemplos, indicativos de que la práctica del obedecer y no cumplir tampoco fue lineal.

El siguiente "caso" que expone Bloom es el de la prohibición de realizar determinadas conductas durante el Sabbath de manera que los judíos ortodoxos pedían a un no-judío - “Shabbos Goy” - que lo hicieran por ellos (por ejemplo, apagar o encender una luz eléctrica). Pero no estoy seguro de que este caso cuente como un fraude de ley o una violación de la norma prohibitiva. Lo que la prohibición quiere impedir es que un judío haga tales cosas en Sabbath. Que otro las haga aunque sea en interés del judío no debería considerarse necesariamente una infracción indirecta de la norma. Pero, según Bloom, hay muchos rabinos que no piensan así.

El siguiente ejemplo es el de una inteligencia artificial

IA programada para jugar al Tetris y a la que se le dijo que hiciera todo lo posible para maximizar el tiempo de juego: se le ocurrió la idea de simplemente pausar el juego, cumpliendo así las instrucciones (mantener el juego en juego el mayor tiempo posible) pero violando el espíritu (jugar bien al Tetris).

En este caso, la cuestión es que el que recibe el "encargo" o la orden los entiende mal. Pero este caso es distinto de los anteriores porque el destinatario de la norma no tiene incentivos para incumplirla. Al revés, "quiere" cumplirla pero carece de la inteligencia - carece de emociones - que le permitan entender lo que se le pide que haga. La IA no sabe "cooperar".

Pero el problema de la AI "desobediente" es otro mucho más peligroso, que Bloom ejemplifica con el supuesto en el que el que da las órdenes a la AI tiene que dar instrucciones que limiten la capacidad de la AI para cumplir el encargo (por ejemplo, ha de destruir los aeródromos rusos pero el programador le dice que deje intactos determinados aeródromos civiles que se usarán por los ucranianos una vez ganada la guerra. Ante esas instrucciones, la AI destruye al programador porque le está impidiendo cumplir el encargo: destruir los aeródromos rusos. De nuevo, el problema es que la AI no es capaz de entender el objetivo de la orden que ha recibido. 

El uso de lenguaje indirecto sería el siguiente grupo de casos. El conductor que dice al policía que le ha ordenado parar en la autopista "agente, ¿cómo podríamos arreglarlo?" está realizando una oferta de soborno. Bloom cree que supone no respetar el espíritu de la norma sin infringir su tenor literal, pero no es seguro que tal sea el caso. La ley prohíbe las ofertas de soborno a un policía. El juez habrá de decidir si, en el contexto en el que se dijo, la frase "Agente, ¿cómo podríamos arreglarlo?" equivale a decir "Agente, le ofrezco pagarle una cantidad de dinero - menor que la cuantía de la multa - si no me pone la denuncia". Es, por tanto, un problema de interpretación de la conducta - de los hechos - para determinar si encajan en el supuesto de hecho de la norma administrativa o penal sancionadora del cohecho.

Se pregunta Bloom si, en relación con las normas fiscales, es lícito aprovechar las normas defectuosas para pagar menos impuestos. Mi impresión es que las normas fiscales son iguales a las demás normas de Derecho Público. Para aprovecharse de un fallo en la norma fiscal para no pagar impuestos tiene que ocurrir que la norma no haya gravado determinada actividad o conducta que debería haber gravado (o haber gravado más) para mantener la coherencia del sistema fiscal. 

Lo más interesante es distinguir entre infringir normas jurídicas e infringir normas sociales. En las relaciones sociales - no jurídicas - explotar las "normas defectuosas" puede ser aceptable e incluso elogiado. Lo demuestran los cuentos a los que me he referido. El cuento de los tres hijos y el diablo y el cuento de los tres pelos del diablo elogian al que hace trampas (al que miente como el ama de llaves del diablo o al que engaña, como el protagonista al rey) porque revela ingenio y es por una buena causa. En el ejemplo de la tablet, la conducta de la hija hará que la madre que ha sido desobedecida sonría y deje a la niña salirse con la suya (dice Bloom que la estratagema de la niña implica que la niña "cumple en alguna medida" la orden recibida, o sea que la niña muestra respeto por la autoridad de la madre aunque no cumpla lo que le han mandado. Es como los municipios medievales que recibían la carta real "desaforada"). Lo segundo indica que el fin justifica algunos medios. 

Las historias que se recogen en esos cuentos se refieren, a menudo, a pactos o contratos. Recuérdese El mercader de Venecia: Antonio había prometido pagar una libra de su carne a Shylock. O en el de los tres hijos, el padre había prometido su alma al diablo y los hijos celebran nuevos contratos con el diablo que "novan" el firmado con el padre. El diablo, como los Lannister, cumple sus promesas. Se pregunta Bloom por qué nos parece verosímil - los cuentos han de serlo - que el diablo cumpla sus promesas. Y la explicación que da es que hay malvados "legales" y malvados "caóticos". El diablo es un malvado "legal". Que actúa conforme a reglas. El malvado de película o el psicópata es un malvado "anómico". "su maldad es aleatoria y perversa y no puede uno fiarse de él en ninguna ocasión".  

¿Por qué un malvado preferiría cumplir sus promesas?  Porque quiere que los demás le den crédito. El diablo no podría ir por ahí comprando almas humanas si no cumpliese, a la vez, las promesas que hace a los humanos que se las venden, porque la entrega de ambas prestaciones suele aplazarse en el tiempo. Nadie haría tratos con el diablo si éste se comportase como un villano de película (hay una escena terrible en Those About to Die en la que Domiciano ordena al soldado cortarle el cuello al hijo de un gladiador que ha sido derrotado y que, en principio, se había negado a pelear) Por eso Stalin logró mantenerse en el poder hasta su muerte.

La interpretación de la ley de amnistía que ha hecho el Supremo ha provocado división de opiniones. Algunos creen que el Supremo se ha pasado de ingenioso y ha "explotado" una ley defectuosa para evitar su aplicación y otros creen que el Supremo ha actuado correctamente porque la ley (amén de injusta y desaforada es contradictoria, de manera que se "guarda" tanto si se entiende de una forma como si se entiende de otra ya que las dos interpretaciones han sido acogidas por el legislador. 

Como se ve, las normas defectuosas dan mucho juego y el Derecho es intelectualmente fascinante 

viernes, 13 de septiembre de 2024

Citas: Pardo y la "idea" de yogur, Tooze, Feás, Garicano, Ihering, Machin, Tabarrok, Scott Alexander, Draghi

Extraordinario José Luis Pardo

En 1980, recién licenciado en Filosofía, viajé a Grecia con unos amigos. Habíamos oído que en el mercado de Atenas la carne estaba plagada de moscas, pero aquel verano fue tan caluroso que los insectos yacían asfixiados en el suelo. Pernoctábamos en un camping, y el amanecer nos sacaba sudorosos de nuestras tiendas en busca de algo que desayunar. Una mañana nos acercamos a un modesto establecimiento en el que unas ancianas vestidas de negro hasta la cabeza removían una pasta de color rosa en un gran recipiente de madera. Nos ofrecieron el mejunje, de aspecto poco convincente, al que llamaron «yogur». No se parecía nada a los Danones españoles de entonces, envasados en vidrio e insípidos como un suero medicinal. El hambre venció mis escrúpulos y lo probé. Era una sustancia exquisita, dulce, cremosa y refrescante. Y pensé: «Así que esto es el yogur». Fue mucho más que la magdalena de Proust, porque no reviví un sabor olvidado de mi infancia sino que, exactamente como en la reminiscencia de la que habla Platón, recordé algo que nunca había vivido, como si lo hubiese conocido en una vida anterior, y con total certeza de que aquello era y siempre sería el yogur. Así que allí, en Atenas, me hice platónico.

Mi primera experiencia con "el" yogur fue semejante, sólo que la viví en 1988 en Heidelberg. Los yogures que se vendían en las panaderías-lecherías de Alemania en esa época no tenían nada que ver con los "danones". El descubrimiento del "concepto" o la "idea" del yogur (el artículo de Pardo se titula "Reminiscencias platónicas") en 1980 o en 1988 fue posible para Pardo y para mí porque ambos teníamos en nuestro cerebro una "idea" de yogur. La experiencia de tomar un yogur griego o alemán "de verdad" es, para el 'modelo' alojado en nuestro cerebro, una 'sorpresa' que obliga a nuestro cerebro a reaccionar modificando el 'modelo de yogur' alojado en nuestro cerebro y sustituir el "danone insípido como suero" por esa crema "exquisita, dulce, cremosa y refrescante". Así es como funciona nuestro cerebro y así es como funciona cualquier organismo vivo: ajustando, revocando o confirmando el modelo que aloja nuestro cerebro del entorno que nos rodea a las señales que ese entorno nos envía y que percibimos a través de nuestros sentidos. Por eso las plantas no tienen cerebro y la mayoría de los animales tienen agencia (y tenemos cerebro porque nos movemos). En El Hormiguero hicieron un simpático experimento que prueba lo que se acaba de decir: nuestro cerebro completa los "indicios" de una pianola sonando automáticamente con la letra de "La Macarena". 

La obligación de poner a la venta productos agrarios a precios autorizados y en cantidades determinadas es contrario a (la libre competencia y) al Reglamento OCM. 

porque, en ausencia de un mecanismo específico de fijación de precios, la libre determinación de precios basada en la libre competencia es un componente fundamental del Reglamento OCM y una expresión del principio de libre circulación de mercancías.

esta restricción no está justificada por los objetivos de combatir la inflación y de proteger a los consumidores desfavorecidos mediante el suministro garantizado de alimentos básicos a precios asequibles.... suponiendo que el decreto húngaro permita alcanzar esos objetivos, las medidas que impone no son proporcionadas. En efecto, el menoscabo del libre acceso de los distribuidores al mercado en condiciones de competencia efectiva y las perturbaciones en el conjunto de la cadena de suministro causadas por los precios autorizados impuestos a dichos distribuidores van más allá de lo necesario para alcanzar los objetivos perseguidos por el decreto

El pagaré debía ser declarado inmoral. En otro caso, había que permitir la ejecución (Ihering sobre El mercader de Venecia

"La obediencia a la ley es la primera virtud del juez" - Jhering (1877). La invocación de Jhering del "legado del pandectismo" se refiere a su creencia en un sistema legal racional y sistemático que limita la discreción judicial. Jhering creía que el "sentido de la justicia" se formaba principalmente a través de la ley, 

La izquierda antifranquista y sanguinaria (Fernando Palmero)

Sastre y su esposa, Lidia Falcón, Eliseo Bayo y el resto de aquel Comité sanguinario que pasaron inmediatamente por la cárcel, fueron sin embargo amnistiados gracias a la Ley de 1977, y por eso a Eva Forest se la consideró entre la izquierda abertzale una heroína hasta su muerte en 2007. También, por haber reconocido su participación en el atentado contra el presidente del Gobierno franquista en su libro 'Operación Ogro: Cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco'. Del otro atentado, el de la calle Correo, donde murieron 13 personas y 73 quedaron heridas (algunas de ellas con miembros amputados) sólo habló Falcón en un libro de 1981, que fue silenciado. La izquierda intentó atribuírselo a la extrema derecha, la policía política quiso inculpara al PCE y ETA no reconoció su autoría hasta que se disolvió en 2018. 

Forest y Sastre apoyaron a ETA hasta su disolución y defendieron sin disimulos el comunismo castrista y el socialismo del siglo XXI de Chávez. Ahí, encontraron el apoyo de nuevos intelectuales: Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria, colaboradores de Gara y fundadores de Podemos. 

El sectarismo del Gobierno perjudica a los más pobres

Feás et al. sobre el informe Draghi

Los autores cuestionan la cifra de 800.000 millones de euros de inversión anual adicional, indicando que no se ha analizado suficientemente si existen proyectos viables para absorber tal cantidad de fondos. Se enfatiza la necesidad de priorizar las propuestas de Draghi en función de su urgencia, distinguiendo entre medidas a corto, medio y largo plazo.

Adam Tooze sobre el informe Draghi

 la inversión no está impulsada tanto por las condiciones de la oferta de crédito como por la demanda de crédito impulsada por la búsqueda agresiva de crecimiento e innovación por parte de las empresas. La verdadera pregunta, por lo tanto, es por qué esa demanda en Europa ha sido relativamente débil. 

La comparación de las tres empresas que más gastan en investigación y desarrollo en EE.UU. y la UE en tres momentos de los últimos veinticinco años, nos da una visión general de las diferencias entre las economías de EE.UU. y Europa. En los últimos veinte años en los EE.UU., el liderazgo en investigación y desarrollo ha cambiado drásticamente de los automóviles y la farmacia -las industrias de la "segunda revolución industrial" (disculpas a David Edgerton)- hacia la tecnología. Por el contrario, en la UE es la industria automovilística alemana la que se ha mantenido en el primer puesto durante un cuarto de siglo. 

Y Europa tiene una posición cada vez más marginal en telecomunicaciones, inteligencia artificial y tecnología cuántica. Y en la industria farmacéutica - donde Europa ha sido y es una potencia mundial -  el gasto en investigación y desarrollo es en EE.UU. el doble que en la UE. 

En cuanto a Defensa (y lo propio vale para el sector espacial)

El sector de defensa europeo ha recibido una dramática sacudida por la invasión rusa de Ucrania. En "carros de combate principales, submarinos convencionales, tecnología de astilleros navales y aviones de transporte", la UE es plenamente competitiva en términos tecnológicos con cualquier otro proveedor del mundo. Sin embargo, como ocurre en tantos otros sectores, Europa no logra capitalizarse. ¿Por qué? Debido a que no "invierte" lo suficiente en equipo militar, no se enfoca lo suficiente en investigación y desarrollo, y estas debilidades se ven agravadas por un mercado fragmentado.

¿De qué habla el Gobierno español? De las bicicletas, de los riesgos laborales de limpiar casas y planchar, de bajar de 0,5 a 0,2 el alcohol permitido para conducir, y un gobierno regional, de centros para varones víctima de violencia sexual

Garicano sobre el informe Draghi y el Reglamento Europeo de Protección de Datos: la protección de datos está debilitando la innovación en Europa

El apartheid de género como delito contra la humanidad

De los vínculos para septiembre de Scott Alexander

  • Hay un tipo de personalidad que sería "óptimo" pero la Evolución es muy lenta como para proporcionárnosla a todos los humanos; 
  • Israel es uno de los únicos países desarrollados con una tasa de fertilidad por encima de la tasa de reemplazo (Renta per cápita Israel, 54.000 dólares. España: 29.000 dólares)
  • Las bajas tasas de fertilidad pueden tener que ver con el status (tener hijos ya no proporciona status social)... : "A pesar del discurso en torno a las "mujeres con gato y sin hijos", solo alrededor del 20% de la disminución de la fertilidad desde 1976 proviene de que más mujeres eligen no tener hijos. El otro 80% de la disminución proviene de las mujeres que tienen hijos, que tienen menos: ¡la mujer promedio de 1976 con hijos tenía 3.3!
  • Diferencia entre despenalizar el consumo y despenalizar el tráfico de marihuana: en el primer escenario, los proveedores son "pequeños empresarios" en el margen de la vida de delincuencia. En el segundo escenario, son grandes empresas mucho más eficientes, lo que hace crecer extraordinariamente el tamaño del mercado y que se reduzcan también extraordinariamente los precios. 
  • Fraus omnia corrumpit

  • ¿Por qué los faraones egipcios se casaban con sus hermanas?
  • Otro escándalo de doxxing del NYT: un reportero del NYT se unió a un chat de judíos que hablaban sobre cómo lidiaban con el antisemitismo. Luego compartió los nombres de todos los miembros del grupo con alguien que los filtró a activistas antiisraelíes. Los activistas procedieron a hostigar, acechar, amenazar y vandalizar a los miembros del grupo. El NYT dice que se han tomado "medidas disciplinarias" no especificadas contra la reportera, que aparentemente no incluyen despedirla, degradarla o cualquier otro efecto observable en el mundo físico".
  • El modelo de Nate Silver a 9 de septiembre da a Trump más de 60-40 probabilidades de ganar
Expertos en decidir cuánto vale un trabajo: la absurda ley de igualdad británica de 2010: los expertos saben más que los mercados (Tabarrok)
En resumen, la oferta y la demanda han sido reemplazadas por jueces y comisiones laborales con la autoridad para determinar qué trabajos son "iguales" y, por lo tanto, deben ser pagados idénticamente. Y las comisiones laborales lo hacen basándose en consideraciones vagas y subjetivas que no cambian con las circunstancias cambiantes. Imagínese reemplazar "trabajos" por "condimentos" y que los jueces decidan si la salsa de tomate y la mostaza deben tener el mismo precio porque son similares, ampliamente comparables o calificadas como equivalentes en términos del esfuerzo, la habilidad y la toma de decisiones que se invirtieron en su producción.
Repetimos: Anna Machin

… el padre no ha evolucionado para ser el espejo de la madre, una madre masculina, por así decirlo. La evolución odia la redundancia y no seleccionará roles que se dupliquen entre sí si un tipo de individuo puede cumplir el rol por sí solo. Más bien, el papel de padre ha evolucionado para complementar el de madre.

Repetimos (ii): sobre lo de los Lamborghini

La compasión, no la envidia, explica por qué alguien ayuda a los pobres. La envidia, no la compasión, explica el deseo de gravar a los ricos, incluso cuando perjudica a los pobres

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