martes, 30 de diciembre de 2025

Las instituciones como sistemas de organización social basados en roles

 

 

Dos sujetos-agentes idénticos llevando a cabo acciones idénticas en el mismo contexto. La sola presencia de un delantal invita a los observadores a adoptar una perspectiva institucional que desencadena diferentes inferencias, predicciones y expectativas. En lugar de interpretar el comportamiento como una revelación del deseo de adquirir una botella de aceite de oliva de un agente, es más probable que lo interpretemos como una revelación de una obligación de rol, como reponer o comprobar la fecha de caducidad.


 Imagina que Laura llega a una ciudad y va a un rent-a-car donde Pablo la recibe y la ayuda a rellenar el papeleo necesario. Mientras Laura rellena los formularios, se da cuenta de que la tarifa final es más alta de lo que esperaba y empieza a discutir con Pablo. Tras un minuto, Pablo se excusa brevemente, y unos minutos después, Alex aparece y retoma la conversación con Laura justo donde Pablo la dejó. Bajo la postura mentalista, la transferencia de las creencias, deseos e intenciones de Pablo a Alex resulta sorprendentemente extraña, y deberíamos esperar razonablemente que Laura se sorprenda por el intercambio fluido de parejas comunicativas. Pero el flujo ininterrumpido de la interacción no es sorprendente desde una postura institucional, donde reconocemos que una persona nueva (Alex) que ocupa el mismo rol (que desempeñaba Pablo) asumirá los objetivos y comportamientos atribuidos a ese rol (es decir, apaciguar a un cliente)... Imagínese la sorpresa que se llevaría Laura si estuviera discutiendo con un amigo estrecho y, de repente, como Pablo, el amigo se levanta de la mesa y en su lugar se sienta un amigo suyo que retoma la discusión donde la había dejado Pablo. En este caso, una transferencia de roles sería sorprendente, si no desagradable.   

Las teorías de la inteligencia social humana en las ciencias cognitivas han estado dominadas por la idea de que las interacciones sociales humanas están respaldadas por la capacidad de mentalizar: (teoría de la mente) por la capacidad que tenemos para interpretar el comportamiento de otras personas atribuyéndoles preferencias, conocimientos y deseos. Esto nos permite explicar y predecir comportamientos, determinar cómo interactuar con los demás e incluso planificar cómo cambiar mentalidades. Es cierto que sólo los humanos tenemos una teoría de la mente tan compleja... Pero creemos que la inteligencia social humana se entiende mejor como la coevolución de dos sistemas de comprensión social: la postura mentalista que acabo de comentar y una postura institucional. El sustrato representacional central de esta postura institucional no implica representaciones de estados mentales... es un marco interpretativo generado por representaciones de estructuras sociales que especifican cómo interactúan los agentes entre sí en función de roles relativos con implicaciones normativas similares a reglas.


Perspectiva mentalista y perspectiva institucional

En este utilísimo trabajo para los juristas, los autores explican que la idea de lo que sea una "institución" y, en particular, las jurídicas como el matrimonio, la Agencia Espacial Europea, el contrato de trabajo o la sociedad anónima —y, en general, las corporaciones—se entiende mejor desde la denominada perspectiva institucional, distinta de la perspectiva mentalista.

Como se dice en el párrafo transcrito del trabajo, la perspectiva institucional explica la conducta del otro individuo con el que se interactúa en función de roles distribuidos en una estructura normativa; la segunda, en función de estados mentales: si la clienta Laura discute el precio del alquiler del coche con Pablo el empleado y, tras la marcha de este, otro retoma la conversación “donde se quedó”, la continuidad no se explica por Laura como un trasvase misterioso de creencias o intenciones, sino como la persistencia del mismo rol dentro de la organización empresarial, rol que antes desempeñaba Pablo y ahora desempeña Alex (al que Laura supondrá autorizado para tomar una decisión sobre la tarifa aplicable). Del mismo modo, cuando pedimos un café en un bar no necesitamos conjeturar deseos o intenciones del camarero: sabemos qué “debe” ocurrir porque el rol especifica tareas, poderes (p. ej., cobrar y preparar el pedido) y límites (p. ej., no regalar consumiciones). Incluso en interacciones complejas —un partido de fútbol, una gran junta de socios— el comportamiento de enormes números de individuos se vuelve predecible para cualquier miembro del grupo al que se le pueda suponer que conoce los roles de la institución. En un partido de fútbol, que conoce "las reglas del juego" y el papel que juegan el árbitro, el portero, un delantero o un defensa y los espectadores. Como dicen los autores, un extraterrestre no vería más que movimientos aleatorios de los individuos (y no todos) y un experto vería un "ballet" más o menos perfectamente ejecutado. Un indígena del Amazonas no entendería por qué, al final de una representación teatral, los asistentes patean o aplauden. La coordinación entre los jugadores tiene lugar sin comunicación explícita y, a veces, sin teoría de la mente activa.

En las corporaciones (asociación, fundación, sociedad anónima y cooperativa), los roles se describen como cargos y órganos a los que las reglas jurídicas y los estatutos de la corporación atribuyen funciones, competencias e imponen deberes y límites. Cuando alguien actúa lo interpretamos en términos de si está ejerciendo correctamente las funciones de su cargo. Y si no lo hace, puede que sea porque ya no ocupa el cargo o porque está desempeñando otro rol. Por eso no podemos apresurarnos a acusarle de incumplir. 

La relación evolutiva entre la perspectiva mentalista y la institucional es semejante, de algún modo, a la relación evolutiva entre el intercambio y el trabajo en común. Aunque intuitivamente la primera debió de preceder a la segunda, lo más probable es que ambas coevolucionaran. Lo sabemos porque hay animales sociales que han desarrollado "instituciones" en este sentido de asignación de roles y carecen de mentalización. Antes que atribuir estados mentales a otros individuos de su especie, muchas especies de animales pueden interactuar con otros individuos de su misma especie, esto es, ser animales sociales gracias a estructuras proto‑institucionales como el parentesco o jerarquías de dominancia que codifican regularidades de conducta sin requerir representación explícita de “roles”. Basta con que el animal pueda identificar quién es pariente y quién no o qué lugar ocupa el individuo en la jerarquía social. 

Con el aumento de la complejidad social emerge la capacidad para cambiar de papel/rol según el contexto, lo que exige una capacidad psicológica nueva: la de representarse abstractamente el rol y distinguirlo del individuo que lo está desempeñando (entender que Pablo "está actuando como administrador social" al comienzo de la junta de accionistas pero que ahora lo hace como accionista que ostenta el 30 % del capital social y se ha procedido a votar las propuestas correspondientes a los acuerdos sociales listados en el orden del día de la reunión). La importancia de esta "nueva" capacidad psicológica es que es generativa: no solo nos permite comprender las instituciones existentes, sino que podemos inventar nuevos roles en el marco de interacciones cada vez más complejas y, por tanto, nuevas instituciones. 

Complementariedad y coevolución entre la perspectiva mentalista y la institucional

Se entenderá que se diga que ambas perspectivas (mentalista e institucional) se complementan. La mentalista es idonea para contextos o situaciones novedosas. Hay que adivinar qué piensa, quiere o planea el otro para ajustar nuestra conducta y poder lograr la coordinación con el otro o su destrucción si es un rival o enemigo. Recuérdese la historia que cuenta Olson recogida de Herodoto. Los fenicios que acudían hasta lo que hoy es Cádiz para comerciar con los nativos dejaban los productos que querían vender a los locales en la playa y se volvían al barco encendiendo un fuego para que el humo sirviera de señal. Los locales se acercaban entonces, los examinaban y dejaban a cambio el producto local que servía de precio (oro). Si los fenicios consideraban suficiente dicho precio, recogían el oro y zarpaban. Si les parecía insuficiente, lo dejaban en la playa. Los locales volvían y añadían más oro hasta que los fenicios se daban por satisfechos. ¿Por qué los locales no se limitaban a llevarse la mercancía fenicia y no volver a aparecer? Porque si lo hacían, perderían las ganancias de los futuros intercambios. Los fenicios no volverían a aparecer por allí. Y los fenicios sabían que los gaditanos entenderían que eso sería lo que ocurriría. La situación - aparición de gente con intención de comerciar, no de guerrear - era novedosa para los gaditanos. La teoría de la mente de la que disfrutamos los humanos les ayudó a coordinarse con los fenicios.  

Pero la teoría de la mente es costosísima en términos de los recursos cognitivos que demanda, de manera que cuando las interacciones son repetidas y "estructuradas", la teoría institucional permite maximizar la cooperación y minimizar los costes cognitivos (sabemos qué podemos esperar). Sólo "encendemos" la mentalización cuando algo nos sorprende porque alguien no se está comportando de acuerdo con el rol que le hemos asignado. Y es que el empleo de "modelos" es universal en el conocimiento humano, no solo en la ingeniería.

En la psicología del desarrollo, se observa que niños de tres años, que fracasan en tareas clásicas de falsa creencia (el adulto que busca un objeto escondido donde el adulto cree que puede estar, no donde el niño-espectador 'sabe' que está porque un tercero lo ha cambiado de lugar mientras el adulto no estaba presente), razonan correctamente cuando el mismo escenario se formula como aplicación de una regla (“las muñecas van en la caja de juguetes”) lo que les lleva a anticipar que el adulto buscará la muñeca en la caja de juguetes, anticipando la conducta que corresponde al rol y a la regla vigente, no a la creencia individual. Atribuciones típicas de la teoría de la mente (p. ej., “el personaje que trata de impedir que otro haga algo tiene malas intenciones” o “quien asume más coste revela preferencia más fuerte”) cambian cuando interpretamos al agente como ejecutor de un rol: impedir que otro haga algo puede ser un requisito del cargo (el de policía); soportar un coste, la consecuencia normativa de la función (la maestra que los niños guarden los juguetes tras acabar de jugar). Los niños, además, buscan activamente aprender normas, infieren su ámbito subjetivo (a quiénes vinculan) por mera observación y comienzan a organizar esas normas en representaciones basadas en roles. Todo ello sugiere que la perspectiva institucional emerge a muy corta edad, se especializa y estructura el razonamiento social incluso antes de una mentalización madura.

Trasladado a las instituciones jurídicas 

como un contrato de compraventa, un préstamo, o una relación laboral y, en especial, a las instituciones que articulan jurídicamente relaciones estables y duraderas de grupos de individuos que darán lugar a múltiples interacciones entre los miembros del grupo, como el matrimonio y la familia, las sociedades y las corporaciones, esta perspectiva institucional se traduce en construir la corporación como un sistema de cargos y órganos dotados de competencias, poderes y deberes, con limitaciones que no dependen de las preferencias personales del titular, sino del contenido normativo del rol: el presidente de la junta convoca la reunión y dirige los debates, da y quita la palabra y proclama los resultados. Resultaría incongruente con ese rol que uno de los accionistas se dirigiera a él pidiéndole un café. El consejo de administración o la junta directiva de una asociación adopta acuerdos en el marco de sus competencias y otorga poderes para que el apoderado pueda celebrar contratos con terceros en nombre de la asociación pero sería incongruente que pretendiera decirle a un accionistas a qué colegio debe llevar a su hija. El administrador gestiona y puede dar órdenes a los empleados de los que se espera que obedecerán pro no lo harán si se encuentran al administrador en el cine y a éste se le ocurre pedirle que le compren palomitas. El socio puede reclamar que le envíen los documentos que se van a aprobar en la Junta pero no puede pretender usar el coche del presidente para llevar a su hija al colegio. La previsibilidad de la conducta deriva, pues, de la adscripción a un rol y del conjunto de reglas constitutivas y regulativas que lo definen, lo que permite anticipar acciones sin tener que reconstruir intenciones particulares caso por caso.

Normas sociales y normas jurídicas

Los autores explican que los sociólogos clasifican las normas sociales en “injuntivas” y “descriptivas”. Las primeras son las que prescriben lo que “debe” hacerse y cuya fuerza proviene de la presión social o de la expectativa de sanción (por ejemplo, guardar silencio en una biblioteca porque se considera obligatorio). Normas descriptivas, en cambio, no imponen deberes, sino que reflejan patrones de conducta habituales en un grupo, sin mecanismos de coerción (por ejemplo, aplaudir al final de una obra de teatro porque “es lo que se hace”). Y añaden que las normas institucionales no encajan del todo en esta dicotomía. Se caracterizan por tres rasgos: (1) son dependientes del rol, es decir, su alcance se define por el cargo y su posición en la estructura institucional (Pablo no tiene que traerle palomitas a Pilar cuando ambos están en el cine, pero sí que tiene que traerle un café si están en el bar, Pablo es el camarero y Pilar una clienta o en la oficina y Pilar es su jefe y Pablo su asistente personal); (2) el cumplimiento se interpreta como consecuencia causal de ocupar el rol, no como mera prudencia frente a sanciones ni como simple imitación de lo que hacen otros (Pablo ha aceptado el ‘rol’); y (3) el incumplimiento suele verse como indicio de que el agente ha dejado de actuar en ese rol, más que como falta castigable o como evidencia de que la norma “deja de describir” la práctica del grupo (Pablo el camarero no trae el café a Pilar porque ya se ha quitado el delantal porque su turno ha acabado). Así, en una corporación, si un administrador actúa fuera de su competencia, no decimos que “ha desobedecido una norma”, sino que ha actuado ultra vires, lo que afecta a la validez del acto y a su imputación jurídica (un iusprivatista dice, en un caso así, que en el mundo jurídico hay más normas que las del Código Penal). De ahí que, en sociedades y corporaciones, muchas discrepancias se tramiten como problemas de competencia y validez/eficacia del acto y no primariamente como conflictos de intenciones subjetivas. La estructura institucional agrega y encadena reglas en redes de roles, transformando un inventario difuso de prescripciones en un sistema interpretativo operativo que confiere estabilidad a las expectativas (podemos saber cómo se van a comportar los demás) y, con ello, reduce los costes de la coordinación. 

Instituciones y libertad de pactos: coordinación mecánica y coordinación contractual

A diferencia de los precios en los mercados de competencia perfecta donde no hay espacio para que las partes del intercambio acuerden uno diferente (por eso se dice que los que operan en un mercado competitivo son ‘precioaceptantes’), los individuos disfrutan de un amplio margen de libertad dentro de la institución. 

A la luz de lo que se acaba de explicar, resulta bastante obvio: la mentalización reduce los costes de coordinación en las relaciones interindividuales; la perspectiva institucional los reduce aún más y lo hace porque “modeliza” las relaciones sociales asignando posiciones abstractas a los demás individuos, posiciones que nos permiten entender y predecir su conducta. 

Pero la minimización de los costes de la interacción coordinada sólo se logra cuando ésta se “mecaniza” como ocurre con los precios o con la coordinación mecánica que logra una máquina o logran los genes o cualquier interacción química o biológica. En las relaciones sociales que tienen lugar en el marco de una institución, hay por el contrario mucho espacio para la coordinación explícita y este espacio está delimitado por “metarreglas”. Por ejemplo, en un contrato de trabajo, la “metarregla” que es el “poder de dirección” del empleador “rellena” toda la relación entre los sujetos que desempeñan el papel de “empleador” y de “trabajador”. El empleador puede cubrir todas las "lagunas" que haya en el contrato de trabajo dentro del marco de la institución laboral. Pero en el matrimonio, la “metarregla” que es que las decisiones que afecten a la familia se toman de común acuerdo obliga a los cónyuges a negociar explícitamente buena parte de tales decisiones. 

De ahí que se diga que la libertad contractual también tiene un papel en el seno de las instituciones. En el caso del matrimonio, los cónyuges pueden acordar lo que les parezca sobre el patrimonio conyugal a través de capitulaciones matrimoniales (art. 1323 CC) y los socios de una sociedad anónima pueden incluir los pactos que tengan por conveniente (art. 28 LSC). Decir que la sociedad anónima es una institución no es incompatible con reconocer el papel de la autonomía privada y la libertad contractual en la ordenación de las relaciones entre los accionistas y de estos con los administradores.

Julian Jara-Ettinger and Yarrow Dunham, The Institutional Stance, forthcomingBehavioral and Brain Sciences 2025

lunes, 29 de diciembre de 2025

El gordo de Villamanín y el artículo 1103 CC



Foto: Miguel Rodrigo Moralejo


En Villamanín, León, la Comisión de Fiestas, formada por 15 jóvenes de la localidad, vendió participaciones de lotería de 5 euros, de los que 4 euros correspondían a la apuesta en el décimo y 1 euro era un donativo para las fiestas. Cada décimo cuesta 20 euros, por lo que cada participación representaba una quinta parte del décimo (4 € sobre 20 €). El número premiado fue el 79.432, agraciado con el primer premio (4 millones de euros por serie, 400.000 € por décimo). El problema surgió porque se imprimieron y vendieron más participaciones de las que cubrían los décimos realmente adquiridos. Según los datos, se vendieron unas 450 participaciones, pero solo había décimos suficientes para cubrir 400 participaciones. Esto dejó 50 participaciones sin respaldo, lo que equivale a 10 décimos inexistentes. Cada décimo premiado vale 400.000 €, así que el desfase total ascendió a 4.000.000 €.

En una reunión con vecinos y Guardia Civil, se propuso una solución: que los agraciados cedieran entre un 6 % y un 10 % de su premio (entre 4.800 € y 8.000 € por participación premiada) para cubrir el agujero, y que los miembros – 15 – de la Comisión renunciaran a lo que les había tocado en beneficio de los demás adquirentes (unos 2.000.000 €)

Tras una conversación con Cándido Paz-Ares y con Fernando Pantaleón, me han convencido de que la solución alcanzada en esa asamblea de los vecinos es, probablemente, la que daría un juez que tuviera que entender del asunto. Es decir, que condenar a los 15 miembros de la comisión de fiestas a indemnizar el daño causado a los compradores de las participaciones pero reducir esta al valor de los premios que les habían correspondido a los 'dañantes' es lo que habría hecho un juez que hubiera aplicado las normas del Código civil español. 

El razonamiento jurídico que me ofrecen Paz-Ares y Pantaleón sería el siguiente:

1. Es evidente que ha habido negligencia por parte de la Comisión de Fiestas y es probable que, tratándose de una gestión conjunta de todos los miembros, la responsabilidad correspondiente fuera considerada solidaria, esto es, todos los miembros de la Comisión serían considerados solidariamente responsables del daño sufrido por los compradores de las participaciones. Esta conclusión podría discutirse si se hubiera encargado a algún miembro concreto la gestión de la impresión y venta de las participaciones pero debe pesar más el hecho de que la emisión y venta de las participaciones era una iniciativa de la comisión en su conjunto lo que abunda en la consideración de que la responsabilidad por los daños derivados de esa actividad debe ser conjunta.

2. Si se condenara a los 15 miembros de la comisión de fiestas a indemnizar la totalidad del daño sufrido por los adquirentes de las participaciones (4.000.000 €), sería fácil concluir que tal responsabilidad sería desproporcionada en su quantum. 

3. La aplicación analógica del artículo 1726 CC (que "el mandatario es responsable, no solamente del dolo, sino también de la culpa, que deberá estimarse con más o menos rigor por los Tribunales según que el mandato haya sido o no retribuido") no ayudaría a reducir el quantum porque, como ha explicado Pantaleón, el artículo 1726 CC no se refiere a un problema de quantum respondatur sino a uno de an respondatur exclusivamente: "si el mandato es gratuito, el Tribunal deberá (no se trata ahora de una facultad) requerir, para considerar responsable al mandatario (no retribuido), una culpa o negligencia más grave que la requerida para hacer responsable al mandatario retribuido". Podría decirse que la negligencia de los miembros de la comisión de fiestas no es suficientemente grave para hacerlos responder y que sí lo sería si el error hubiera sido cometido por el lotero. Pero, tratándose de revender lotería con un recargo, la mínima diligencia exigible a cualquier persona incluye que se verifique cuidadosamente que no se emiten participaciones no respaldadas por billetes de lotería por lo que es fácil concluir que el carácter desinteresado, altruista y en beneficio de todo el pueblo de la conducta de los miembros de la comisión de fiestas no les exime de responsabilidad. 

4. Aclarado que los miembros de la comisión de fiestas responden y asumiendo que lo hacen solidariamente, la cuestión se centra en si los daños sufridos por los vecinos del pueblo que compraron las participaciones era previsible (art. 1107 CC: Los daños y perjuicios de que responde el deudor de buena fe son los previstos o que se hayan podido prever al tiempo de constituirse la obligación y que sean consecuencia necesaria de su falta de cumplimiento). Podría decirse, prima facie, que no es previsible que te toque el gordo cuando juegas a la lotería pero, en sentido contrario, se podría replicar que si uno compra lotería es porque prevé (se imagina como posible) que le toque un premio y también se imagina como posible aunque menos probable que le toque el gordo. Por tanto, es probable que un juez no considerara que lo que ocurrió - que les tocó el gordo - fuera imprevisible en el sentido del artículo 1105 CC. 

5. De manera que puede quedar establecido que los miembros de la comisión de fiestas responden, que lo hacen solidariamente y que los daños indemnizables serían los 4.000.000 que 'faltaban'. ¿Condenaría un juez a los 15 miembros de la comisión a pagar 4.000.000? La respuesta más probable es que no. Y no lo haría por aplicación del artículo 1103 CC que dice 

La responsabilidad que proceda de negligencia es igualmente exigible en el cumplimiento de toda clase de obligaciones; pero podrá moderarse por los Tribunales según los casos.

El fundamento de esta moderación de la responsabilidad se ha querido encontrar en la equidad (así muchas sentencias antiguas) o en la mayor o menor "buena fe" en el incumplimiento. Diez-Picazo consideraba que era una remisión al artículo 1726 CC por ejemplo, es decir, que los criterios sobre cuándo y en cuánto se ha de moderar la responsabilidad se encuentran en otras normas distintas del 1103 CC. Pantaleón, en su artículo "El sistema de responsabilidad contractual (Materiales para un debate)" ADC 3(1991) explica lo siguiente:

Nada de lo dispuesto en el artículo 1107 CC puede justificar atribuir a las normas de responsabilidad contractual una función preventivo-punitiva: nada hay en dicho precepto que respalde la tesis de que la responsabilidad contractual se gradúa, en su cuantía, con arreglo a la gravedad de la culpa del deudor. Lo mismo cabe afirmar respecto de la proposición final del artículo 1103 CC... Si no me equivoco, la acogida por el legislador español... de la facultad judicial de moderación de la responsabilidad contractual no dolosa, no tuvo otra finalidad que la de solucionar en nuestro ordenamiento, por una vía intermedia, la polémica existente entre los exégetas franceses sobre si la previsibilidad al tiempo de contratar del artículo 1150 del Code se refería únicamente a la causa de los daños (al an de la previsibilidad) o también a su cuantía. Nuestro Código civil se habría decidido por una solución intermedia, ya preconizada por Pothier: se exige únicamente la previsibilidad, en el momento de la celebración del contrato, de las causas del daños o, dicho con más precisión, de los tipos o clases de eventos dañosos de cuya indemnización se trate. Un daño de una clase que, al tiempo de contratar, aparezca como previsible consecuencia del incumplimiento será indemnizable aunque la cuantía del mismo sobrepase en mucho la suma que razonablemente pudieron prever las partes al tiempo de contratar. Ahora bien, cuando esto ocurra, el Tribunal podrá moderar quantum respondatur al amparo de lo dispuesto en la proposición final del artículo 1103 CC... 

Y añade que, a su juicio, no hay duda del 

"buen sentido adoptado por el Código civil español: la proposición primera del artículo 1107.I CC exige solo la previsibilidad al tiempo de contratar del tipo o clase de daño de cuya indemnización se trate; pero, cuando la cuantía del daño en cuestión sobrepase de modo sustancial la suma que razonablemente pudo prever el responsable no doloso en aquél momento, el Tribunal podrá moderar la cuantía de la indemnización según el caso. 

"Si mi tesis es correcta, concluye Pantaleón, 

"la facultad judicial de moderación prevista en la proposición final del artículo 1103 podrá ser ejercitada por los Tribunales en aquellos casos de responsabilidad contractual no dolosa en que la cuantía de los daños derivados del incumplimiento, de tipos o clases que, en el momento de contratar, aparecían como previsible consecuencia de la falta de cumplimiento, resulte significativamente superior a la cuantía de daño prevista o previsible en aquel momento Y sólo en tales casos: atribuir a aquella facultad de moderación un mayor ámbito de aplicación supondría dejar al arbitrio judicial la posibilidad de hacer injustificada equidad en contra de los legítimos intereses de los acreedores, cuya causa no tiene por qué ser mirada con disfavor en un ordenamiento como el nuestro, en el que ni siquiera puede afirmarse la existencia de un principio general de favor debitores (cfr. arts. 1127 ó 1289 CC)

Lógicamente, dado que estamos en el ámbito de lo que las partes pudieron o no pudieron prever, la moderación prevista en el artículo 1103 CC no se aplica a la responsabilidad extracontractual. Y 

... Nada de lo anterior obsta a la procedencia de reducir la cuantía indemnizatoria en los casos, ya de responsabilidad contractual ya de responsabilidad extracontractual, en que concurra culpa del perjudicado en la causación de los daños pero no por aplicación del 1103 CC que es ajeno a la cuestión de la concurrencia de culpas. 

6. La conclusión no se deja esperar: la solución de consenso que alcanzaron los vecinos de Villamanín es la que habría establecido en su sentencia un juez que hubiera aplicado correctamente el derecho. En efecto, reducir la indemnización al 50 % es razonable a la luz de todas las circunstancias del caso sobre todo teniendo en cuenta que esa cuantía procederá de la parte del premio que les había tocado a los propios responsables.

Además, esta solución contribuye, sin duda, a la paz social en el pueblo de Villamanín o, como quieren en China, a restaurar la 'armonía' en las relaciones sociales y familiares quebrada por la disputa. Lo específico del derecho occidental es que el derecho está por encima de la armonía social, pero cabe esperar que si el derecho es una técnica al servicio del logro de resultados justos y equitativos en las relaciones sociales, el derecho occidental sea claramente superior, también en el logro de la armonía social, al derecho chino porque deja a la bondad natural respecto de los miembros de nuestro propio grupo (mutualidad) corregir las situaciones que se consideren injustas. No me cabe duda de que los vecinos de Villamanín habrían adoptado una solución diferente (repartiendo las pérdidas entre todos los adquirentes equitativamente) si, en el caso, los familiares de los 15 miembros de la comisión de fiestas no estuvieran, también, entre los agraciados con el gordo. Pero eso no lo sé.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Hugh Everett III

 

La interpretación de Everett y otras que ponen en cuestión el consenso de Copenhage, son realistas en el sentido de que asumen que la función de onda es real, física, que la mente humana es un objeto natural, y que la conciencia no juega ningún papel en dar forma a la realidad, la cual existe con independencia de la agencia humana. (pp 373-374)

 

El teorema de Bell

El teorema de Bell sostiene que un cambio en una partícula en un sistema entrelazado de dos partículas impacta instantáneamente a la otra partícula. Incluso para dos partículas separadas por años luz, la función de onda de todo el sistema de dos partículas cambia sin, aparentemente, violar la ley dinámica que prohíbe las transferencias de información más rápidas que la luz. The Many Worlds of Hugh Everett III, Peter Byrne, p. 314, nota 3 los "muchos mundos" no son universos separados físicamente, sino formas de organizar la información cuántica que está distribuida en todo el sistema (Kuypers/Deutsch).

Decoherencia

Los sistemas cuánticos dejan de mostrar comportamientos típicos de la mecánica cuántica (como la superposición) y pasan a comportarse de manera clásica, como los objetos que vemos en nuestra vida cotidiana. En mecánica cuántica, las partículas pueden estar en superposición de estados (por ejemplo, un electrón puede estar en dos posiciones a la vez). 

Los físicos dicen que las partículas relacionadas de esta manera están entrelazadas cuánticamente entre sí. La propiedad entrelazada no tiene por qué ser la ubicación: dos partículas pueden girar en direcciones opuestas, pero ninguna gira definitivamente en sentido horario. O exactamente una de las partículas puede estar excitada, pero ninguna lo está definitivamente. El entrelazamiento puede conectar partículas independientemente de dónde estén, qué sean y qué fuerzas puedan ejercer unas sobre otras; en principio, podrían perfectamente ser un electrón y un neutrón en lados opuestos de la galaxia. Así, el enredo crea una especie de intimidad en medio de asuntos antes inimaginables.

Sin embargo, en el mundo macroscópico no vemos esto: los objetos tienen posiciones definidas. ¿Por qué ocurre esta transición? La teoría de la decoherencia sostiene que cuando un sistema cuántico interactúa con su entorno (por ejemplo, con moléculas de aire, radiación, etc.), las fases relativas entre los estados de superposición se pierden. Esto no destruye la superposición en sentido estricto, pero hace que sea inobservable porque la información sobre esas fases se dispersa en el entorno. En otras palabras, el sistema deja de comportarse como un sistema aislado y se convierte en parte de un sistema mucho mayor, donde las correlaciones cuánticas se diluyen. 

Este proceso ocurre constantemente en la naturaleza. No requiere conciencia ni observador externo: la idea de que “la conciencia colapsa la función de onda” (interpretación de Copenhague en su versión más popular) ha sido reemplazada por esta explicación física. Lo que hace que algo parezca “clásico” es la interacción con el entorno, no que alguien lo observe. Gracias a la decoherencia, los estados cuánticos se “deslocalizan” en el entorno y el sistema adquiere propiedades clásicas (como posición definida) para todos los efectos prácticos. La decoherencia es extremadamente rápida para sistemas macroscópicos. 
Ejemplo: Un grano de polvo en el aire pierde coherencia en Un átomo aislado en vacío puede mantener coherencia durante milisegundos o más. Lo que llamamos “mundo clásico” es una emergencia aparente: el sistema sigue siendo cuántico, pero la información sobre las fases está dispersa en el entorno. Para todos los efectos prácticos, el sistema se comporta como si hubiera colapsado. Imagina que tienes un acorde tocado en un piano (varias notas sonando juntas). Si cada nota se mezcla con ruido ambiental y se dispersa, ya no puedes distinguir el acorde: solo oyes un murmullo. La superposición sigue existiendo, pero es inobservable.

El problema de la base preferida 

está directamente relacionado con la decoherencia y la transición cuántico-clásica. En mecánica cuántica, un estado puede expresarse en muchas bases (por ejemplo, posición, momento, energía). Cuando hablamos de “colapso” o de que el sistema parece tener propiedades clásicas, surge la pregunta:  ¿Por qué el mundo clásico parece estar descrito en términos de ciertas variables (posición, orientación) y no en otras (como momento o combinaciones arbitrarias)?

La función de onda puede descomponerse en infinitas bases ortogonales. Sin embargo, la experiencia macroscópica muestra que los objetos tienen posiciones definidas, no superposiciones en bases extrañas, matemáticamente válidas pero que no corresponden a variables físicas intuitivas como posición o momento.

La decoherencia no solo explica la pérdida de coherencia, sino también por qué ciertas bases se vuelven “robustas” frente a la interacción con el entorno. Cuando el sistema interactúa con el entorno, ciertos estados (llamados pointer states) son más estables porque no se destruyen por la interacción.  Estos estados forman la base preferida: son los que sobreviven a la decoherencia y, por tanto, los que percibimos como “clásicos”. Ejemplo:  Para un objeto macroscópico, la posición es la variable que se correlaciona fuertemente con el entorno (fotones, moléculas).  Si intentaras mantener una superposición en la base de momento, se perdería muy rápido porque el entorno “mide” la posición constantemente. 

En principio, la función de onda puede expresarse en cualquiera de estas bases “extrañas”. Sin embargo, el mundo clásico parece elegir posición como la base en la que los objetos tienen valores definidos. La decoherencia explica esto: las bases extrañas no son estables frente a la interacción con el entorno, mientras que la base de posición sí lo es. Por eso, las bases extrañas se “destruyen” rápidamente y no las vemos en la práctica. En el formalismo de decoherencia, la interacción entre sistema y entorno selecciona los estados que minimizan la pérdida de información.

Darwinismo cuántico

Sabemos que la decoherencia explica por qué las superposiciones se vuelven inobservables, pero ¿cómo obtenemos información “objetiva” sobre el sistema? Es decir, ¿por qué varias personas pueden medir la misma posición de un objeto y coincidir? Zurek propuso que el entorno no solo destruye coherencias, sino que actúa como un canal de información. El sistema interactúa con el entorno (fotones, moléculas). El entorno copia información sobre ciertos estados del sistema (los pointer states). Esa información se distribuye en muchas partes del entorno. Esto significa que los estados más “robustos” frente a la interacción (los pointer states) son los que se replican. Como en la evolución biológica, solo sobreviven los estados que pueden “propagarse” en el entorno. Por eso, todos los observadores que acceden a fragmentos del entorno (por ejemplo, luz reflejada en un objeto) obtienen la misma información: posición, color, etc.

Cuando un sistema cuántico interactúa con el entorno, las superposiciones dejan de ser observables porque las coherencias (las fases relativas) se dispersan. Pero esa información no se destruye, sigue existiendo en el conjunto sistema+entorno. Lo que ocurre es que se oculta a nuestra vista, porque queda codificada en correlaciones complejas entre el sistema y el entorno. Para acceder a ella habría que medir el entorno completo, algo prácticamente imposible. Zurek añade que el entorno no solo dispersa información, sino que copia y distribuye ciertos aspectos del sistema (los llamados pointer states) en múltiples fragmentos del entorno. Estos estados son los más estables frente a la interacción. El entorno actúa como un “medio de comunicación”: la luz reflejada en un objeto, por ejemplo, lleva información sobre su posición. Esa información se replica muchas veces, creando redundancia. Por eso, distintos observadores pueden acceder a fragmentos del entorno y obtener la misma información sin perturbar el sistema. 

La información sobre la superposición original (las fases) no desaparece, pero queda dispersa en correlaciones no locales entre el sistema y el entorno. Para nosotros, esa información es inaccesible porque requeriría medir el entorno entero y reconstruir las correlaciones. Por eso, el mundo nos parece clásico: solo vemos los estados que el entorno ha “publicitado” (posición, orientación), no las coherencias ocultas.

Ejemplo: Imagina que publicas un mensaje en redes sociales, pero el texto original se fragmenta en millones de piezas cifradas repartidas por servidores. Lo que se hace viral son solo unas pocas palabras clave (los pointer states). El mensaje completo sigue existiendo, pero está tan disperso que nadie puede reconstruirlo. Así funciona la decoherencia: la información cuántica completa está ahí, pero inaccesible.

Se llama Darwinismo porque hay un proceso de selección: muchos estados posibles → el entorno “favorece” los que son estables y fáciles de copiar. Esos estados se vuelven “objetivos” porque son redundantes en el entorno.

Quantum Darwinism explica cómo la objetividad clásica surge del mundo cuántico: la decoherencia elimina superposiciones; el entorno amplifica y distribuye información sobre ciertos estados y así, todos los observadores ven lo mismo sin interactuar directamente con el sistema.

Pero —como señala Zurek— no resuelve la cuestión más difícil: ¿Debemos considerar que todas las ramas de la función de onda universal son “reales” (como en Everett), o son solo estados epistemológicos, como pensaba Bohr? Los resultados técnicos sugieren que la verdad está entre ambos extremos, pero no hay consenso.

Según el consenso de Copenhague, los estados cuánticos son epistemológicos, herramientas para describir conocimiento, no realidad física. Everett (Muchos mundos): Todas las ramas de la función de onda universal son igualmente reales. Zeh: Criticó la vaguedad de Bohr, llamando a la interpretación de Copenhague “el mayor sofisma en la historia de la ciencia”. Para Zeh, la decoherencia no es un proceso físico completo, sino un modelo heurístico. Propuso una visión “many minds”: cada observador consciente experimenta una rama, pero esas “mentes” son copias virtuales de cerebros, no una conciencia supra-física. Esto introduce la conciencia como un proceso especial, algo que Everett evitó.

Zurek intenta ir más allá: la decoherencia explica la pérdida aparente de coherencia, pero no la objetividad. El darwinismo cuántico añade que el entorno selecciona y replica información sobre ciertos estados (pointer states) y la distribuye redundante en múltiples fragmentos. Así surge la objetividad clásica: todos los observadores acceden a la misma información sin interactuar directamente con el sistema. Sin embargo, esto no elimina la pregunta ontológica: ¿son todas las ramas reales o solo la que percibimos?  La información cuántica completa no se destruye, se oculta en correlaciones entre sistema y entorno. 

Zeh describe esto como un “cierre relámpago” relativista: la entanglement local se propaga a la velocidad de la luz como una cremallera gigante. Cuando ocurre un evento de decoherencia, el sistema se entrelaza con su entorno de manera local (por ejemplo, una molécula interactúa con un fotón). Ese entrelazamiento no se queda en un punto: se propaga porque el entorno también interactúa con otras partes del entorno, y así sucesivamente. La propagación ocurre a la velocidad de la luz, porque las interacciones físicas (electromagnéticas, por ejemplo) no pueden transmitir información más rápido que eso. ¿Por qué la imagen de una “cremallera gigante”? Imagina una cremallera que se va cerrando desde un extremo: Cada diente que se engancha representa una nueva correlación cuántica que se forma entre el sistema y una parte del entorno. A medida que la cremallera avanza, más y más grados de libertad quedan “bloqueados” en una estructura correlacionada. Al final, tienes una enorme red de correlaciones que abarca regiones macroscópicas del espacio. El entrelazamiento inicial es local, pero su efecto se extiende globalmente porque cada interacción crea nuevas correlaciones. Esto convierte la superposición original en algo distribuido por todo el entorno, inaccesible para cualquier observador local. Por eso decimos que la información no se destruye, sino que queda “oculta” en una estructura gigantesca de correlaciones. Esto refuerza la idea de que la decoherencia es un proceso físico local, pero sus efectos son globales en la función de onda universal. James Hartle resume: “En pocas palabras, la física clásica es una característica emergente aproximada de un universo completamente cuántico, como el que describió Everett.” Es decir, lo clásico no es fundamental, sino una ilusión práctica en un cosmos cuántico.

Cosmología cuántica

La distinción entre lo que es y lo que se sabe que es, tan clara en la física clásica, se difumina, y quizá no exista en absoluto a nivel cuántico. Por ejemplo, interacciones energéticamente insignificantes de un objeto con su entorno cuántico bastan para destruir su naturaleza cuántica. Es como si el “ojo vigilante” del entorno, que “monitoriza” el estado del sistema cuántico, lo obligara a comportarse de manera efectivamente clásica. Sin embargo, incluso fenómenos que implican la gravedad —que ocurren en la escala más macroscópica de todas— llevan la impronta de lo cuántico. ... varios filósofos han propuesto interpretaciones pseudo-everettianas. De hecho, se ha sugerido recientemente que todo el Universo —incluidas las configuraciones de su campo gravitatorio— puede y debe describirse mediante la teoría cuántica. Interpretar los resultados de los cálculos realizados en una “función de onda del Universo” es difícil, ya que las reglas prácticas que suelen aplicarse en experimentos con átomos, fotones y electrones presuponen que tanto el “aparato de medida” como el “observador” son mucho mayores que el sistema cuántico. Esto, claramente, no ocurre cuando el sistema cuántico es el Universo entero. Zurek, 1990.

La cosmología cuántica es el intento de aplicar la mecánica cuántica al universo completo, buscando ir más allá del instante inicial de la creación. Señala que el programa, iniciado en los años 60 por DeWitt, Misner y Wheeler, ganó impulso en los 80 gracias a propuestas formales como la de Hartle‑Hawking (función de onda del universo sin condiciones de frontera clásicas). Este enfoque supone que el universo emergió mediante fenómenos cuánticos, lo que implica que en el origen no había un espacio-tiempo clásico definido, sino una superposición de geometrías posibles descritas por la función de onda del universo. Según la propuesta Hartle-Hawking, el universo no comenzó con una “frontera” temporal clásica (un instante inicial con condiciones fijas), sino que surgió de un estado cuántico sin borde, donde el tiempo mismo es una variable emergente. En este marco, la creación del universo puede entenderse como un proceso de efecto túnel cuántico desde un estado “sin tiempo” hacia un estado donde el espacio-tiempo clásico se estabiliza. Esto conecta con la idea general que hemos discutido: lo clásico no es fundamental, sino una característica emergente de una realidad cuántica más profunda, en la que incluso la geometría y la causalidad son aproximaciones derivadas de la dinámica cuántica universal. 

En los últimos años de su vida, Hawking, junto con el cosmólogo Thomas Hertog, revisó aspectos fundamentales de la cosmología cuántica tal como la conocía. Propusieron que el universo podría surgir sin una frontera temporal definida, y subrayaron que las propiedades aparentemente “ajustadas” del cosmos ordinario emergen de una dinámica cuántica autoorganizada, no de una necesidad matemática o una selección divina. Abandonaron además la idea de una inflación eterna múltiple, argumentando que ese modelo depende demasiado de extrapolaciones clásicas inapropiadas y, en su lugar, apuntan hacia un multiverso reducido que debería ser “testable”, rechazando así interpretaciones especulativas e inverificables del multiverso. 

Dividiendo tigres (pp 381-382)

... Wallace se apoya en el concepto del filósofo Daniel Dennett sobre los objetos reales definidos como patrones persistentes. La idea es más o menos así: piensa en un tigre, la selva y el universo ramificado en el que caza. El tigre y su entorno (incluidos nosotros, los observadores) están compuestos por sistemas microscópicos entrelazados que intercambian constantemente fotones, electrones y ondas de energía. El tigre, y todo aquello con lo que interactúa y se correlaciona, se ramifica continuamente en copias que emprenden historias diferentes. Cuánticamente, el tigre es una mancha de patrones que cambia de forma en una jungla cuántica extendida por múltiples mundos y tiempos; pero para los observadores macroscópicos (y nuestras copias), el tigre (y sus copias) persiste como un patrón, una aproximación a un objeto definido con nitidez a un nivel atómicamente grosero de la naturaleza, pero una entidad, al fin y al cabo: una regularidad viva y palpitante que emerge de un “remolino de moléculas”. Wallace lo explica así: tiene sentido considerar una superposición de patrones, pero carece de significado hablar de un patrón dado como si estuviera en superposición… Los patrones no están superpuestos, sino duplicados por el evento de medición… Conviene recordar el papel crucial que desempeña la decoherencia en esta explicación: sin ella, no tendríamos la estructura de ramificación que permite la existencia de múltiples copias de un mismo proceso casi idénticas y no interactuantes. 

La multiplicidad ocurre a nivel microscópico, de modo que los objetos macroscópicos… se multiplican genuinamente en número. 

Wallace aborda el problema de comprender la definitud de universos individuales dentro de la gran superposición del multiverso, en la que los términos de interferencia entre universos ramificados no se pierden del todo. ¿Son reales las historias consistentes y los mundos que persisten en el tiempo? Sí, en el mismo sentido en que son reales los ríos, los animales o los objetos persistentes: como los mundos o los instantes, no están presentes directamente en el formalismo, y a diferencia de los mundos o los instantes, solo son definibles aproximadamente, pero eso no es razón para no considerarlos entidades legítimas ni para no usarlos en nuestras explicaciones (del mismo modo que no esperamos describir la zoología de manera útil o explicativa usando únicamente el lenguaje de la teoría cuántica de campos).  

...  Everett nos pide... aceptar que existen muchos mundos y luego fusionarlos en un todo y asumir que los mundos son solo secundarios. ... “Todo se reduce al flujo de información”, dice Deutsch, quien compara la estructura del multiverso —con sus realidades separadas clásicamente pero vinculadas cuánticamente— con una computación ejecutada por un ordenador que abarca mundos paralelos... hablar de muchos mundos como una interpretación de la mecánica cuántica “es como hablar de los dinosaurios como una ‘interpretación’ de los registros fósiles”. La gran pregunta es: ¿son reales los mundos de Everett? Para Deutsch, Saunders, Wallace y sus seguidores, sí, según la mecánica cuántica. 

viernes, 26 de diciembre de 2025

Citas: como apaciguar a Bildu, cómo apaciguar la IA, cómo apaciguar a Rusia y a China, a los votantes del PSOE, a los nacionalistas catalanes del PSC, a María Zambrano, a Elma Saiz...

 


En breve

1. Un cuento de Navidad  real y 2. Yolanda Díaz reconociendo que su edad mental es la de una niña de seis años. 3. "La señal más potente de un buen generalista hoy es la habilidad para escribir. Creo que si sabes escribir, puedes pensar. Y si puedes pensar, puedes hacer la mayoría de los trabajos." 4. "El impulso autoritario no pertenece a un solo extremo del espectro político. Es un fracaso humano, no partidista", Kasparov. 5. Cada despido en Telefonica cuesta 450.000 euros, lo que gana un joven español en 20 años. 6. Cuando Elon Musk habla de política, la caga; 7. Parece que los lobos eran domesticables. ¿Qué es la domesticación?; 8. La economía española no puede funcionar si a los que no trabajan les va mejor que a los que sí. 9. "El activismo es una forma de que las personas inútiles se sientan importantes, incluso si las consecuencias de su activismo son contraproducentes para quienes dicen ayudar y dañinas para el tejido social" Thomas Sowell.10. Alemania está apostando por una combinación de aire comprimido en sal y almacenamiento térmico por sal fundida como una alternativa escalable, eficiente y sostenible frente a las baterías convencionales de litio, con el objetivo de fortalecer la transición hacia energías renovables y mejorar la resiliencia de su red eléctrica a largo plazo. 11. "Solucionar un problema con una tecnología incipiente tiende simplemente a revelar más problemas, por lo que se puede ser necesario mucho tiempo y esfuerzo para obtener resultados notablemente mejores". Brian Potter.


¿Alguien tiene alguna duda de que este RDL 16/2025 es inconstitucional? El Tribunal Constitucional lo validó porque tenía una vigencia temporal. Ya han pasado cinco años y el gobierno sigue prorrogándolo. ¿Qué diría un Tribunal Constitucional que no fuera el que preside el impresentable de Conde-Pumpido? Lean a la magistrada Natalia Velilla

 

Cuándo funciona el apaciguamiento y cuándo no. Polonia: la línea inequívoca: lecciones para Ucrania y Taiwan (Hugh White)

... después de que Hitler avanzara a comienzos de 1939, porque en septiembre de 1938 se había hecho con los Sudetes. Y luego, a principios de 1939, se hizo con el resto de Checoslovaquia. Ese fue el momento en que Chamberlain cambió de postura y ofreció la garantía de seguridad a Polonia, y podría añadir que también a muchos otros países de Europa oriental y meridional. El problema es que dio esas garantías, pero no logró convencer a Hitler de que hablaba en serio, porque no hizo nada para ponerlas en práctica. Es muy peligroso decir “voy a defender Polonia” y luego no hacer nada al respecto; basta con mirar el mapa para comprender que hay que hacer algo para que eso sea real. Y Hitler —la evidencia es bastante clara— no esperaba que los británicos fueran a la guerra por Polonia, porque aunque Chamberlain se había levantado en la Cámara de los Comunes y había dicho que habían asumido un compromiso de seguridad, no hizo nada para implementarlo. Y Hitler estaba en lo cierto, porque los británicos no hicieron nada para defender Polonia...  Así que se podría argumentar —yo lo haría— que el error que cometieron los británicos en el período previo a la Segunda Guerra Mundial... no fue no entrar en guerra por Checoslovaquia. Fue que no trazaron de manera absoluta e inequívoca la línea en Polonia, dado que Polonia era el lugar donde decidieron dejar de apaciguar. Hay una lección para la situación actual en Chamberlain. Seguimos diciendo: “No hagas tal cosa”. Ya sabes, “No invadas Ucrania”. Y luego no resistimos eficazmente la invasión. Ese es un gran error. Soy un firme partidario del apaciguamiento —es decir, creo en hacer concesiones para evitar la guerra—. Pero para evitar la guerra mediante concesiones, hay que dejar absolutamente claro dónde terminan esas concesiones. La idea de que nunca se puede apaciguar, porque cada vez que das algo el otro siempre pide más, solo es cierta si fracasas de manera muy satisfactoria, muy convincente, en trazar la línea y decir: “Hasta aquí llegan las concesiones”.  

... la Guerra Fría es la lección por excelencia en este sentido. Lo que ocurrió en la Guerra Fría —podríamos decir en Yalta— fue que los rusos fueron apaciguados, esencialmente por Roosevelt, con el pobre Churchill detrás diciendo: “Sí, podéis hacer lo que queráis en Polonia”, y, por supuesto, podéis quedaros con vuestra mitad de Alemania. Pero luego trazaron una línea en medio de Europa y dijeron: “Por esto iremos a la guerra”. Fue una disuasión efectiva basada en un apaciguamiento efectivo. Si los Aliados en Yalta en 1945 hubieran intentado negar a Rusia la hegemonía que buscaba sobre Polonia y el resto de Europa oriental (aunque Polonia es la que concentra toda la atención), entonces se habrían enfrentado a una guerra con el Ejército Rojo en Europa en 1945. Y el Ejército Rojo era muy, muy bueno y muy, muy grande. Eso habría sido un desastre inimaginable. Difícil decirlo ante un público polaco —y lo he hecho—, pero fue la decisión correcta. Pero luego trazaron una línea en medio de Europa y dijeron: “Ni un paso más”, y la hicieron absolutamente convincente. ¿Cómo? Enviando cientos de miles de soldados estadounidenses para guarnecerla y respaldándolos con un arsenal nuclear inimaginable. Eso sí es disuasión.

The Joe Walker Podcast: Why Great Powers Sleepwalk to War — A Masterclass with Prof. Hugh White, 25 nov 2025 

Los votantes del PSOE son incapaces de votar al PP. Kiko Llaneras

Los resultados mesa a mesa sugieren que muchos socialistas decidieron no votar. Si dividimos las secciones de Extremadura según cuánto votaron al PSOE en 2023, es evidente un patrón: donde el PSOE era más fuerte es donde más abstención hubo. 

Rosa Cullell: ¿Qué será lo siguiente? Exigir a los cacos el B1 de catalán.

La Encuesta de usos lingüísticos, publicada en 2025, advierte que el catalán solo es lengua materna del 29% de la población. El castellano es el idioma principal y familiar del 49,2%. Ambas lenguas pierden hablantes, aunque el español de España o de Latinoamérica se sigue utilizando más que el catalán debido, entre otros motivos, a la llegada de trabajadores iberoamericanos. Aumentan los bilingües, que ya son/somos el 5,6%. Y los que usan otra lengua (inglés o árabe) suman un 15%.   

Cristina Campos decía de sí misma "escribió poco, y le hubiera encantado haber escrito menos"; De sus Cartas a María Zambrano

"Anteayer recibí las últimas pruebas de “Fiaba e mistero”, que será un libro pequeñísimo, pero suficiente como para procurarme el rechazo de las dos o tres personas que lo lean... Recuerdo cuanto decías de tu Padre. Un día te hablaré del mío – las últimas semanas, cada vez más bello, cada vez más extrañamente parecido a Pio X; y la gracia, y la elegancia de su comportamiento – la amabilidad perfecta de su misma muerte, casi en medio de una conversación5 - tanto que el Padre Mayer, siempre presente como un ángel, quiso incluso ungirlo, no sabiendo si dormía… De mi Madre, de mi pequeña y bella Madre, ya te hablé. Si es cierto que la muerte se parece al hombre más que su propia vida, ¿cómo podré agradecerles también estas despedidas?

Ir a la universidad sigue valiendo la pena aunque en los EE.UU. no importa tanto a qué universidad vayas

El estudio analiza los retornos de ser admitido en universidades públicas estadounidenses, centrándose en estudiantes que están justo en el límite de admisión frente a los que quedan apenas fuera. Utilizando datos administrativos de las 35 universidades públicas de Texas, identifica discontinuidades en las puntuaciones SAT/ACT para comparar ambos grupos. Los resultados son claros: los admitidos obtienen un año adicional de educación en el sector de cuatro años, son 12 puntos porcentuales más propensos a graduarse y, a largo plazo, ganan un 8 % más que sus contrapartes rechazadas. Además, no afrontan mayores costes de matrícula gracias a ayudas compensatorias, y las tasas internas de retorno son elevadas: 26 % para el estudiante, 16 % para la sociedad y 7 % para el presupuesto público. Los beneficios son consistentes en instituciones con distinta selectividad, aunque menores para estudiantes de bajos ingresos, que tardan más en graduarse y eligen carreras menos rentables. El análisis distingue también entre el margen de asistir a cualquier universidad y el de asistir a una más selectiva, mostrando que el efecto es mucho mayor en el primer caso. 

Estas conclusiones cuestionan dos ideas muy extendidas. Por un lado, desmienten la narrativa de que “ir a la universidad ya no vale la pena”: incluso para quienes están en el límite de admisión, la universidad sigue siendo una inversión rentable, con mejoras sustanciales en educación, probabilidad de graduación e ingresos futuros. Por otro lado, muestran que el gran premio no está en el prestigio extremo, sino en el hecho de asistir y completar los estudios. Los efectos sobre los ingresos son similares en universidades más y menos selectivas, lo que indica que la diferencia entre una institución intermedia y una Ivy League es mucho menor de lo que se suele pensar. El salto decisivo se produce entre no ir a la universidad y asistir, no entre asistir a una universidad de élite y a una de rango medio, lo que relativiza el valor del prestigio como factor determinante en el mercado laboral y refuerza la importancia del acceso y la finalización de los estudios para la movilidad social.

La Seguridad Social está en quiebra si no fuera por las transferencias que recibe de los impuestos que pagamos todos los españoles menos los vascos y los navarros

 

Aunque los modelos de lenguaje (LLMs) como ChatGPT parecen pensar como humanos, en realidad funcionan de manera radicalmente distinta. 

El trabajo explica que, aunque los modelos de lenguaje como ChatGPT parecen pensar como las personas, en realidad funcionan de manera completamente distinta. Estos sistemas no forman creencias ni comprueban si lo que dicen es verdadero. Lo único que hacen es calcular qué palabra es más probable que aparezca después de otra, basándose en patrones estadísticos aprendidos de millones de textos. Por eso, cuando generan respuestas que suenan correctas, no están evaluando la realidad, sino completando una secuencia de palabras. Los autores llaman a esta situación Epistemia: cuando la apariencia de una respuesta sustituye al proceso de reflexión y comprobación que normalmente acompaña a un juicio humano. El usuario siente que sabe algo, pero en realidad solo recibe una frase bien construida.

Para mostrar esta diferencia, el artículo compara cómo las personas forman juicios y cómo lo hacen los modelos. Señala siete rupturas fundamentales entre ambos procesos: 

  • Cómo empieza el juicio: Las personas parten de lo que ven, oyen y sienten, y también de señales sociales como gestos o tono de voz. Un modelo solo recibe texto. No percibe el mundo ni el contexto.
  • Cómo se interpreta la información: Las personas organizan lo que perciben en una situación coherente: quién hace qué, qué intención tiene, qué normas se aplican. El modelo divide el texto en fragmentos llamados “tokens”, que son unidades mínimas para el cálculo. No entiende la escena ni las relaciones.
  • Qué conocimientos se usan: Las personas recurren a recuerdos, intuiciones sobre cómo funciona el mundo físico y social, y conceptos aprendidos. El modelo solo usa correlaciones entre palabras que ha visto juntas en sus datos. No tiene memoria de experiencias ni sentido común.
  • Qué orienta el juicio: Las personas tienen emociones, metas y valores que influyen en lo que consideran importante. El modelo no tiene objetivos ni emociones; solo sigue reglas matemáticas para minimizar errores de predicción.
  • Cómo se razona: Las personas construyen explicaciones causales y pueden imaginar escenarios alternativos. El modelo no razona: solo busca mantener la coherencia del texto según patrones estadísticos.
  • Cómo se controla el error: Las personas pueden darse cuenta de que no saben algo, revisar sus conclusiones o decidir no opinar. El modelo no puede hacer eso: siempre produce una respuesta, incluso cuando no tiene base para hacerlo.
  • Qué peso tienen los valores y las consecuencias: Las personas saben que sus juicios tienen efectos reales y que están ligados a su identidad y responsabilidad. El modelo no tiene valores ni consecuencias: solo genera la secuencia más probable.
  • El riesgo principal no es que el modelo se equivoque, sino que sustituya el proceso humano de reflexión y comprobación por respuestas que parecen definitivas. Esto puede afectar ámbitos donde justificar las decisiones es esencial, como la ciencia, la medicina, el derecho o la política.

Los autores proponen tres líneas de actuación:

  • Evaluar los sistemas de otra manera: No basta con comprobar si la respuesta coincide con la humana. Hay que ver si el sistema sabe manejar la incertidumbre, si puede reconocer cuándo no debe responder y si evita errores cuando cambian las condiciones.
  • Regular su uso: No se trata solo de impedir que digan cosas ofensivas, sino de decidir en qué tareas pueden ayudar y en cuáles no deben sustituir el juicio humano, porque la responsabilidad no se puede delegar en una máquina que no entiende lo que dice.
  • Formar a los usuarios: Hay que enseñar a reconocer cuándo una respuesta es solo una predicción estadística y no un juicio fundamentado, y recuperar hábitos de verificación y contraste antes de aceptar una respuesta como verdadera.

Explaining Britain’s Industrial Revolution: The Major Theories” de Michael Magoon

  1. La abundancia y accesibilidad del carbón en Gran Bretaña permitió sustituir la energía orgánica (humana, animal, madera, agua) por energía minera; hizo rentable la mecanización, especialmente con la máquina de vapor, creando un círculo virtuoso entre energía y tecnología. Pruebas: depósitos superficiales, costes de extracción bajos, aumento sostenido de producción desde el siglo XVII y precios energéticos comparativamente inferiores a los del continente.
  2. Dado que los salarios británicos eran elevados en relación con el coste del capital y la energía, lo que incentivó la adopción de tecnologías que ahorraran en mano de obra. Máquinas como la spinning jenny o el telar mecánico resultaban rentables en Gran Bretaña, pero no en economías de bajos salarios. 
  3. Una agricultura eficiente liberó mano de obra y sostuvo el crecimiento demográfico. 
  4. Elevado número relativo de mano de obra cualificada capaces de diseñar, reparar y perfeccionar maquinaria. La innovación surgió de redes informales y aprendizaje práctico más que de instituciones académicas, lo que aceleró la transición de prototipos a aplicaciones comerciales.
  5. Cultura científica o “Industrial Enlightenment”: Una cultura ilustrada orientada a la experimentación práctica y la difusión del conocimiento técnico mediante sociedades científicas, publicaciones y redes profesionales. Favoreció mejoras continuas. Weber, Landes y McCloskey destacan normas sociales y cambios retóricos que legitimaron la innovación y el éxito comercial, elevando el estatus social y económico de empresarios e inventores y fomentando la experimentación.
  6. Un marco institucional estable tras la Revolución Gloriosa (1688), que garantizó derechos de propiedad, seguridad jurídica y mercados financieros desarrollados. Esto redujo riesgos y facilitó inversiones en maquinaria e infraestructuras.
  7. Gregory Clark propone que procesos evolutivos a largo plazo difundieron comportamientos favorables al trabajo disciplinado y la acumulación de capital. Es una hipótesis controvertida por la dificultad de demostrar cambios genéticos en pocos siglos.
  8. Resalta el papel del comercio exterior, las colonias y la marina británica en la creación de mercados amplios que incentivaron la producción a gran escala y la mecanización. Las exportaciones textiles y los ingresos del comercio atlántico reforzaron la economía doméstica. Las ganancias del tráfico de esclavos y las plantaciones caribeñas aportaron capital y mercados para productos británicos. La magnitud de su impacto sigue siendo debatida.
  9. Cambios en los patrones de consumo y trabajo de los hogares incrementaron la demanda de bienes manufacturados antes de las grandes fábricas como centros de producción, lo que facilitó su aparición. Redes de producción rural y semiurbana precedieron a la fábrica, creando habilidades, capital y estructuras comerciales que facilitaron la transición industrial.
  10. Clusters regionales (Birmingham, Manchester) donde talleres y artesanos compartían conocimientos, acelerando la innovación incremental y la difusión de mejoras técnicas.
  11. Demografía: Explica la industrialización por un régimen demográfico singular (matrimonio tardío, fertilidad moderada, descenso de mortalidad) que generó crecimiento poblacional sostenido, mano de obra abundante y mercados en expansión.¿inversion en capital humano-Galor?
  12. En una Europa políticamente fragmentada, la rivalidad interestatal y local estimuló la innovación, la inversión y el desarrollo institucional.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Lorenzo Warby sobre convenciones y conexiones y muchas otras cosas


Metro de Nápoles, fuente: Wikipedia Commons

Esta serie de entradas es de lo mejor que ha escrito Warby. Me interesa especialmente la tercera (faltan otras dos) donde Warby dice más cosas sobre el Derecho. Voy a extractarla y haré algunos comentarios. Pero antes, un resumen de la parte final de la segunda donde el autor desarrolla una idea central: la función pacificadora del Estado como mecanismo para transformar la dinámica social desde la violencia hacia el intercambio. 

Su punto de partida es el dilema primitivo que denomina “trade or raid”: en ausencia de autoridad estatal, los individuos y grupos enfrentan la opción de obtener lo que desean mediante el comercio o mediante la fuerza. El Estado, al imponer orden y reducir la posibilidad de saqueo, inclina la balanza hacia el intercambio voluntario, lo que permite ampliar la escala del comercio y, con ello, la complejidad económica. Sin Estado, el problema puede resolverse igual en la medida en que, entre los miembros del grupo, existan mecanismos - conexiones - que los induzcan a intercambiar y a abandonar la violencia. El parentesco, nuevamente, es una poderosísima conexión: compartir genes favorece el altruismo.  Esta pacificación no es altruista: responde a un incentivo fiscal. El Estado necesita recaudar, y para hacerlo debe garantizar un entorno donde la producción y el comercio sean lo bastante seguros para generar riqueza imponible. Warby conecta esta lógica con un dato revelador de la genética poblacional: el “cuello de botella” masculino del Neolítico, cuando la competencia violenta entre grupos era tan intensa que solo una fracción mínima de linajes masculinos sobrevivió. La aparición de jefaturas y Estados permitió sustituir la eliminación física por la tributación, reduciendo la violencia y estabilizando las sociedades y desplazando el conflicto bélico al plano 'internacional'. 

La misma lógica fiscal que impulsa la pacificación genera, sin embargo, diferencias significativas en la provisión de orden público. Warby señala que el Estado concentra recursos allí donde la recaudación compensa el coste, dejando desatendidas las zonas que denomina “sumideros fiscales”: territorios cuyo gasto público excede con creces los ingresos que aportan. En estos espacios, la insuficiencia de policía convierte la ausencia de autoridad en caldo de cultivo para mercados negros y para formas de organización social basadas en la violencia. Surge así el "salvaje Oeste", donde la disposición a emplear la fuerza se exhibe como mecanismo de protección y como fuente de prestigio. La falta de pacificación estatal obliga a sustituir la coerción pública por disuasión privada, lo que incrementa el riesgo, eleva los niveles de violencia y refuerza redes informales de control. El Estado es el depredador social más peligroso —por su capacidad de coerción y expropiación—, pero también el más eficaz para contener otros depredadores sociales.

Ya en la tercera entrada, Warby aborda las convenciones:

Una convención es un conjunto de expectativas mutuas congruentes: cosas que hacemos porque esperamos que otras personas las hagan. El comportamiento imitativo, las señales compartidas y las normas comunes que generan expectativas congruentes son la base de la convención. 

Las convenciones se basan en normas descriptivas —deberían hacer X porque otros hacen X— y tienden a ser autorreforzantes creando patrones de interacción en los que todos ganan. Las convenciones son muy útiles. Los lenguajes son conjuntos de convenciones.

digo "zapato" para referirme a lo que me cubre los pies porque otros dicen 'zapato' para referirse a lo que les cubre los pies. El lenguaje es "convencional" en el sentido de 'acordado' (aunque parece que no es del todo convencional). La base de esta teoría de las convenciones es que los humanos somos 'muy buenos' coordinándonos y la coordinación se basa en que tenemos una teoría de la mente y podemos 'adivinar' qué es lo que harán los demás y sabemos - tenemos la capacidad cognitiva - para darnos cuenta de que la coordinación es beneficiosa para cada uno de nosotros individualmente y que sólo es posible si todos actuamos de la misma forma. Si no podemos hablar entre nosotros, debemos identificar un "punto focal" que nos permite obtener las ganancias de la cooperación sin necesidad de acuerdos explícitos. Los trabajos de Basu, de los que he dado cuenta en el blog (v., esta entrada con su lista de Entradas Relacionadas) lo explican muy bien y esta entrada sobre las colas y el principio prior tempore es una aplicación.

Los economistas tienden a centrarse en las transacciones... Sin embargo, las transacciones están, de muchas maneras, integradas en las conexiones. Las empresas existen porque algunas cosas se gestionan mejor con conexiones que con transacciones. Esto es aún más cierto en familias y hogares.

Este par de conceptos 'conexiones' y 'transacciones' me parece productivo. Es intuitivo que no puede haber interacciones (transacciones) entre dos polos que no estén conectados de alguna forma. Lo que conecta las partículas es algún tipo de fuerza. Lo interesante es que la forma, la intensidad y las características de las conexiones determinan la intensidad, la forma y las características de las transacciones o interacciones. Aplicado a las transacciones en el seno de una Sociedad humana, esto significa que no habrá transacciones entre individuos que no estén conectados y que la conexión más intensa es la del parentesco; que el parentesco escala bien - clanes - y que se puede escapar de la jaula de las transacciones solo con los parientes estableciendo conexiones entre no parientes (por ejemplo, en Europa Occidental, a través de la prohibición de los matrimonios entre parientes, el predominio de la familia nuclear y la invención de las corporaciones para organizar la acción colectiva en sustitución de las organizaciones basadas en el parentesco (estructuras clanísticas de gobierno). En definitiva, la cultura determina el derecho. 

Las conexiones influyen en estas formas de interacción tanto como las transacciones. Cuando los intercambios de bienes privados se apoyan en vínculos personales y redes estables, surge un incentivo claro para actuar con lealtad: porque la información reputacional circula y, si alguien incumple un contrato o actúa de forma desleal, sabe que quedará excluido de futuros intercambios. La pérdida esperada por quedar fuera de la red supera con creces la ganancia inmediata de romper el acuerdo. En este contexto, como se observa en múltiples entornos, el comercio y los mercados pueden surgir y funcionar sin necesidad de sanción jurídica.

Y esto:

 Las minorías que acaban dominando un mercado determinado lo hacen, sobre todo, en sociedades donde la confianza general es baja. Su ventaja está en que se orientan al comercio y se apoyan en redes internas que les permiten gestionar mejor la información, la reputación y el riesgo, creando así confianza dentro del grupo. Esa cohesión les da una posición privilegiada en entornos inciertos, pero también las expone: la historia está llena de episodios de masacres y expulsiones contra estas minorías (judíos).

Sigue Warby explicando que hay cuatro tipos de interacciones entre los humanos relacionadas con los recursos: acceso de todos al recurso, recursos que se comparten, recursos que se donan y recursos que se intercambian (¿recuerdan sus clases de Derechos Reales y la adquisición de la propiedad?) y recursos que se expropian.

Las reglas no son necesariamente normas jurídicas. Pueden surgir de interacciones repetidas a lo largo del tiempo. Las personas crecen asimilando las convenciones, señales y normas de su sociedad, y todo ello puede evolucionar con el tiempo. Así se forman las sociedades de alta confianza, especialmente en aquellas donde la paz social está firmemente asegurada. Si los inmigrantes son pocos —o, al menos, cada grupo de inmigrantes llega en número reducido— resulta relativamente fácil que adopten e integren esas convenciones, señales y normas. Cuanto mayor sea el número de recién llegados y más concentrados estén, más difícil será esa integración y menos probable que ocurra. Entonces, los conjuntos de convenciones, señales y normas que sostienen una sociedad de alta confianza pueden perderse.

 Esto no es muy convincente. Los inmigrantes no tienen por qué asumir las convenciones, señales y normas de la sociedad a la que llegan para no poner en peligro la paz y estabilidad de ésta. La prueba es EE.UU. y su famoso "melting pot". Hay convenciones, señales y normas que son críticas y otras que son irrelevantes en su influencia sobre la preservación de la paz social. Y son precisamente las críticas las que deben juridificarse porque el Derecho es el mecanismo más eficaz para lograr la coordinación entre individuos y grupos que no están "conectados" entre sí por otras 'fuerzas'-'vínculos' basados en el parentesco o la cultura. Por eso, el Derecho hace bien en no meterse a 'reformar' costumbres y tradiciones que no sean deletereas para la paz y la confianza sociales. Por ejemplo, debe permitirse celebrar el Ramadán en una Sociedad de tradición cristiana pero no debe tolerarse la ablación del clítoris, el burka, la poligamia o el matrimonio entre primos hermanos o la poligamia. Tampoco ha de modificarse el calendario festivo - basado en las fiestas cristianas - pero sí que debe adaptarse en localidades - Ceuta o Melilla - donde son muchos de fe musulmana. 

La juridificación es la forma más efectiva de influir sobre la cultura y, como dice Warby, 

Exigir cierto grado de asimilación a los recién llegados tiene como objetivo mantener la sociedad, al menos, tan funcional como la encontraron. Si la inmigración deteriora el funcionamiento ordinario de una sociedad —como sin duda puede ocurrir—, ese es un coste de la inmigración; potencialmente un coste muy elevado

La importancia de la cultura en las conductas individuales y sociales es difícil de exagerar. Los individuos no pueden desprenderse fácilmente de las convenciones, señales y rasgos de su cultura. No somos tan maleables. Por ejemplo, culturas más colectivistas generan Estados más corruptos. Si un volumen importante de inmigrantes pertenecen a una cultura muy colectivista, puede predecirse un aumento de la corrupción pública en la Sociedad a la que emigran. Pero esta observación es discutible. Depende, de nuevo, del contexto. Los chilenos no son más impuntuales que los españoles. Simplemente, viven en un entorno en el que hay más incertidumbre respecto de cuánto tardarán en desplazarse. 

Pero ¿por qué el metro de Nápoles es el más bonito del mundo? (o el segundo más bonito tras la inauguración de la nueva línea de metro de Roma)

Pensemos en cómo un gobierno local gestiona los espacios públicos. ¿Construye algo funcional, gris e incluso feo —lo que no deja de ser una forma de despreciar a los usuarios— o invierte en crear belleza? Lo segundo es mucho más probable cuando existe confianza en un patrimonio cultural, ya que las culturas suele llevar consigo una estética propia.  

¿Cuándo es más útil el Derecho? 

Cuando tenemos que tratar con personas con las que no nos relacionaríamos espontáneamente. 

Lo que quiere decir Warby es que el Derecho es un mecanismo costoso para promover y sostener la cooperación pacífica en el seno de una Sociedad por lo que es natural que solo se recurra a él cuando los mecanismos previos (convenciones, normas sociales, relaciones de amistad y parentesco...) son insuficientes. Por eso, sólo hay derecho en grupos muy grandes (ubi magna societas, ibi ius). A Warby le preocupa que el Derecho aumente los costes de transacción, es decir, haga más costosa la cooperación reduciendo la tasa a la que la gente interactúa con otras en transacciones mutuamente beneficiosas, especialmente en ámbitos en los que los costes 'naturales' de transacción son bajos porque existen otras 'conexiones' entre las partes que intercambian que sostienen, por sí solas la cooperación. 

Creo que Warby no capta la interacción entre Derecho y otros mecanismos de promoción y sostén de la cooperación en un grupo. Que el Derecho sustituya a las convenciones sociales es lo más natural (las fuentes del Derecho son la ley, la costumbre y los principios generales art. 1 CC). El contenido de las normas de Derecho Privado (que son las que regulan las interacciones entre particulares) reproduce el de las convenciones y prácticas más extendidas. Los jueces tienen que hacer cumplir los contratos atendiendo a la voluntad de las partes. Los acuerdos de una organización privada se evalúan por su conformidad con el "interés" de la corporación. Pero la incorporación de una convención, costumbre o práctica a una norma jurídica tiene un efecto transformador, tanto sobre el Derecho como sobre las propias relaciones sociales ahora juridificadas. Y esa es la función social de los juristas: maximizar las ventajas de la cooperación utilizando el Derecho en lugar de herramientas mucho menos diferenciadas y evolucionadas como las que son contenido de reglas consuetudinarias. Piénsese, por ejemplo, en la fusión de personas jurídicas, una invención jurídica de un valor incalculable que permitió aplicar las reglas sobre la transmisión de la propiedad a patrimonios enteros en una sola transacción. Y piénsese en todo el capital intelectual para hacer más eficientes los intercambios y el funcionamiento de las organizaciones - agrupaciones - humanas que el estudio y aplicación sistemáticos (sin contradicciones) del Derecho genera. 

Derecho y Moral

 Como las convenciones son reglas (como las jurídicas) y las normas sociales pueden acarrear sanciones (como las jurídicas), el Derecho y la moral se parecen. Ambos son mecanismos para generar expectativas compartidas sólidas basadas en estructuras del tipo “si-entonces” y “deberías” (o “no deberías”).

Nada que objetar. Echo de menos a Basu en las notas de la entrada. Basu escribió

El Derecho es efectivo, en la medida en que lo es, porque crea puntos focales en el juego de la vida social y de la economía. Y es creando puntos focales la única forma en la que el Derecho afecta al comportamiento individual y a los resultados colectivos

Para Warby, la conexión entre Derecho y Moral está sobrevalorada y, en su opinión, deberíamos devaluar el Derecho a un conjunto de reglas que incluyen consecuencias jurídicas para su infracción y mecanismos - jueces y policía - que garantizan su aplicación. La coacción es necesaria - repite - porque se trata de relaciones entre partes que carecen de conexiones que hagan sus interacciones "autoejecutables" pero en el Derecho

No hay ningún contenido moral necesario en su función ni en su propósito, aunque el Derecho tiende a funcionar mejor cuando se alinea con convenciones de beneficio mutuo en lugar de ir contra ellas.

Un positivista. No es lugar este para discutir las relaciones entre Derecho y Moral. Los juristas prefieren, con razón, hablar de relaciones entre Derecho y Justicia. A mi, este antiguo trabajo de un romanista italiano me sigue pareciendo inspirador respecto a de qué se trata cuando decimos que el Derecho trata de lo "bueno y de lo justo". 

El resto de la entrada es igualmente interesante pero no quiero hacer ésta más larga.

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