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jueves, 25 de octubre de 2018

Cuando la política económica de los tiempos de guerra mata tanto como la guerra: comparación entre Bengala y Ucrania

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To let prices rise relatively to earnings and then tax entrepreneurs to the utmost is the right procedure for “virtuous” war finance.

John Maynard Keynes

Una sugerencia de Branko Milanovic

En este tweet de Branko Milanovic se vincula el artículo que pasamos a resumir. La pregunta que formula Milanovic es pertinente porque, en efecto, simplemente habiendo leído “Red Famine” de Anne Applebaum se comprueba que son muchas las muchas semejanzas entre los métodos empleados por Stalin en los años 30 (Holodomor) para poner en práctica la colectivización de la agricultura soviética y que acabó siendo –en los términos de Applebaum - una “guerra” contra Ucrania en la que se mató de hambre a varios millones de campesinos de esta – entonces – región de la Unión Soviética y los métodos empleados por Churchill con el asesoramiento de Keynes para sufragar los enormes gastos que la 2ª Guerra Mundial causó a Gran Bretaña en Asia y que se saldaron  causaron, igualmente, con la muerte por inanición de varios millones de bengalíes. Como dice la autora Utsa Patnaik,

El dominio británico en la India había comenzado con la hambruna masiva en Bengala en 1770, que diezmó a un tercio de la población, siendo la rapacidad de la Compañía que triplicó los impuestos en cinco años una de las principales razones del elevado número de víctimas. El dominio británico en la India terminó con una hambruna masiva una vez más en Bengala, que tuvo que soportar la mayor parte de la extracción de recursos.

Hay varias diferencias, a primera vista, que parecen sustanciales entre Churchill/Keynes y Stalin. La primera es que, como la cita de Keynes que hemos transcrito demuestra, los británicos mataron de hambre a millones de bengalíes para obtener los recursos necesarios para ganar la 2ª Guerra Mundial contra los japoneses. Stalin lo hizo para doblegar a Ucrania y conservar el mando del partido comunista. En los años 30, la URSS no estaba en guerra. La segunda diferencia es que Stalin no actuó ni influido ni movido por motivos racistas: no tenía ningún prejuicio racial contra los ucranios y otras poblaciones de la Unión Soviética sufrieron igualmente la hambruna aunque no en la misma medida que Ucrania. Si acaso, Stalin tenía un desprecio absoluto por los campesinos. Por el contrario, parece – eso dice la autora – que Churchill y Keynes, como gran parte de la clase dirigente inglesa desde los tiempos de John Stuart Mill, consideraban a los indios como una raza inferior que se reproducía en exceso y, por tanto, perfectamente sacrificable a cualquier otro objetivo del Imperio. La tercera diferencia es intelectual. Churchill no necesitó enviar tropas o brigadas a los campos bengalíes a confiscar cualquier alimento que pudieran almacenar los campesinos como hizo durante meses si no años Stalin. Y no lo necesitó porque utilizó, como veremos a continuación, una herramienta mucho más efectiva: la política económica. Aquí es donde Keynes comienza a merecer la calificación de corresponsable de la hambruna.

La inflación diferenciada como herramienta de gestión de la demanda

Keynes acuñó la expresión "inflación de beneficios" para describir una situación en la que, en tiempos de guerra, se provoca un aumento deliberado de los precios de los bienes (inflación) más rápido que el de los salarios, con el objetivo de trasladar ingresos salariales hacia beneficios, asegurando así que los asalariados se verían forzados a reducir el consumo

para, a continuación, gravar con impuestos extraordinarios los beneficios empresariales y destinar los ingresos públicos correspondientes a financiar los gastos bélicos.

Cuando los asalariados están en niveles de subsistencia, naturalmente, esta inflación provocada que permite trasladar ingresos de los asalariados a otros fines – el sostenimiento de los gastos de la guerra –causa la muerte por inanición de los asalariados que vivían en niveles de subsistencia)

La política estatal consistió en inducir una inflación muy rápida que redistribuyera los ingresos de la población trabajadora hacia los capitalistas y las empresas a los que, a continuación, se gravó con impuestos extraordinarios. El estado colonial gastó directamente, cada año de guerra a partir de 1941, un múltiplo de sus ingresos normales y pudo hacerlo imprimiendo dinero, una medida extrema de "inflación de las ganancias".

En términos técnicos y como explicó el propio Keynes en su Tratado del Dinero, la guerra implica que un país tiene que desviar todos los recursos que pueda para subvenir a los gastos bélicos, lo que, en tiempos de paz, sería equivalente a invertir en capital fijo. En tiempos de paz, estas inversiones se realizan con el ahorro voluntario de la gente. Pero en tiempos de guerra, hay que forzar a la gente a ahorrar y el Estado apropiarse de esos ahorros para destinarlos a los gastos bélicos. Cuando se agota la disposición voluntaria de la gente a poner sus ahorros en manos del Estado para tal fin (bonos patrióticos), el Estado puede apoderarse manu militari de los ahorros (confiscando la propiedad) o, si esto no es suficiente, forzar a la gente a consumir menos – a ahorrar – de manera que los bienes correspondientes (los que habrían sido consumidos) se destinen al esfuerzo militar. La forma más “imperceptible” de hacerlo es provocando inflación (imprimiendo dinero) de manera que los precios de los productos suban y esperando que los salarios tarden lo suficiente en reaccionar como para que haya acabado la guerra entretanto.

Durante la 2ª Guerra Mundial, los ingleses incrementaron enormemente el gasto público en la India para financiar las infraestructuras y los gastos militares lo que provocó un enorme déficit público, déficit que financiaron imprimiendo rupias en cantidades brutales bajo la apariencia de que estaban respaldadas por reservas en oro situadas en Londres, reservas que no existían, naturalmente. Se generó la correspondiente inflación que impidió a los campesinos que no producían sus propios alimentos consumir el suficiente alimento como para no morir de inanición. Lo irónico es que los mismos funcionarios públicos – cuenta Patnaik – que en Inglaterra tenían pánico al déficit público y con ello, esto es, con medidas de austeridad y de contención del gasto agravaron la Gran Depresión de los años 30, pusieron en práctica una política fiscal expansiva en la India aumentando el gasto público. Lástima que ese aumento del gasto no iba destinado a aumentar las posibilidades de consumo de la población.

La explosión sin precedentes del gasto público combinada con el auge de la inversión privada generó, a través de efectos multiplicadores que fueron fuertes para una población pobre, un repentino e inmenso aumento de la demanda de alimentos, ropa y otras necesidades por parte del creciente número de empleados en las industrias de guerra, además de las demandas del personal de los Aliados. Si bien los efectos multiplicadores que aumentan la demanda provocan normalmente un aumento de la producción, cuando la  mayor parte de la demanda lo es de bienes de primera necesidad y dicha demanda se expande con una rapidez anormal y en cuestión de meses, el ajuste tenía que realizarse necesariamente vía subida de los precios de estos productos, en particular de los cereales, y no mediante un aumento de la producción. La producción agrícola no puede crecer rápidamente, y en Bengala la producción de arroz llevaba en declive absoluto tres décadas debido a la desviación de tierras y recursos hacia cultivos de exportación. En ninguna parte del mundo se aplicaron políticas monetarias tan irresponsables durante la guerra, como en la India, y podría decirse que en ningún otro lugar la inflación fue tan rápida.

Y dentro de la población, los obreros necesarios para mantener el esfuerzo bélico participaban en el sistema de racionamiento, como también lo hacían los habitantes de las ciudades, de modo que se dejó morir de hambre a los campesinos. Como en Ucrania. En buena medida, Stalin condenó a muerte por hambre a la mitad de la población de Ucrania porque necesitaba todo el grano que producía esta región para alimentar a los obreros de las ciudades rusas – los que sostenían la producción industrial – y asegurar su posición al frente del partido comunista ya que había sido él el principal valedor de la colectivización agraria. No podía permitirse que el fracaso de dicha colectivización se reflejara en hambrunas urbanas. Pues bien, en la India, 

Cuando los precios del arroz se duplicaron, se cuadruplicaron y se multiplicaron por seis, los trabajadores, los artesanos, los pescadores y los campesinos pobres de Bengala no sabían qué meteorito había caído sobre sus cabezas. La inflación rápida es el método más regresivo posible para recaudar recursos porque afecta negativamente, en la mayor medida posible, a los ya pobres trabajadores rurales y a los compradores netos de alimentos.

Y, de nuevo, como en la Unión Soviética, el Estado acaparó todos los alimentos disponibles para introducirlos en el sistema de racionamiento y alimentar a los obreros y habitantes de las ciudades condenando a la muerte a los campesinos. Dice la autora que Keynes propuso las mismas medidas para Gran Bretaña pero, naturalmente, los sindicatos británicos no se dejaron engañar y el gobierno británico utilizó el racionamiento para distribuir las cargas del esfuerzo bélico sobre toda la población, es decir, el gobierno británico trató a su población como adultos dotados de dignidad que respondió adecuadamente al “sangre, sudor y lágrimas” de Churchill.

En principio, los agricultores podrían defenderse frente a esta estrategia del Estado simplemente cultivando alimentos y destinando la producción a alimentarse. Eso es lo que intentaron hacer los campesinos ucranios y lo que obligó a Stalin a enviar brigadas de comunistas al campo ucranio para confiscar cualquier cantidad de alimento (o de semillas) que estuvieran ocultando los campesinos. En el caso de Bengala, sin embargo, la mayoría de los agricultores dependían del mercado – no de su propia producción – para alimentarse porque, en las décadas anteriores (y en el siglo XIX), cada vez era mayor la proporción de las tierras que se dedicaban a cultivos exportables (té, algodón, opio) y cada vez menor la dedicada a cultivo de arroz. De manera que una inflación súbita era perfectamente hábil para matar de hambre a los campesinos.

Y lo que dice el autor de Winston Churchill lo aproxima bastante a Stalin con la única diferencia que Churchill jamás mataría de hambre a sus conciudadanos ingleses y Stalin mató de hambre a millones de sus conciudadanos soviéticos. Pero, en cuanto a los indios, no parece que la diferencia fuera grande

Winston Churchill, con quien Keynes trabajó estrechamente durante la guerra, era un admirador de Mussolini y era descaradamente racista. Según Andrew Murray (2009: 20), "El primer ministro británico sostuvo que los indios eran una ‘raza asquerosa' que estaba 'protegida por su atracción por la perdición". El término hindú para referirse a los indios en general fue utilizado a menudo por los gobernantes. Murray traza un paralelo convincente entre el racismo de los imperialistas y el racismo de los fascistas. Una petición urgente del director departamental para la India y Birmania, Leopold Amery, de que se detuviera la exportación de alimentos a causa de la hambruna, fue rechazada por Churchill en los términos más crudos, lo que llevó incluso al conservador Amery a criticar a su Primer Ministro por su visión "similar a la de Hitler" de los colonizados.

Exactamente como Stalin desoyó las repetidas llamadas de órganos y cargos del partido comunista para que se redujeran las exportaciones de grano y se permitiera a los ucranios retener parte de la cosecha para su propio consumo.Porque, sí, durante los peores años de la hambruna, la Unión Soviética exportó alimentos.

Un mensaje importante que se deduce del artículo que estamos resumiendo es que el racismo es la puerta de entrada a la deshumanización de grupos enteros de población. Una vez que se les considera inferiores, es mucho más fácil de “soportar” que mueran por cientos de miles o por millones sacrificados en el altar de una política económica que se considera conveniente para el interés nacional de la raza superior. Que las mentes más brillantes de la primera mitad del siglo XX compartieran las concepciones racistas y pusieran en práctica políticas tan siniestras como las de los peores dictadores de la historia da mucho que pensar.

Keynes era sin duda un liberal e incluso un humanista en el contexto europeo, donde la clase obrera tenía motivos para estarle agradecida por sus políticas de fomento del empleo. Pero era miembro de la clase dominante británica y era todo un imperialista en el contexto colonial. Nunca visitó la India, pero formuló e influyó en las políticas públicas de ese país, con aparentemente poco interés por el grado de pauperización al que dos siglos de fuga de riquezas habían reducido la población, especialmente la de Bengala, la más antigua bajo dominio británico. Sus estudiantes indios en Cambridge contarían más tarde su ausencia de interés en los debates sobre el nivel de vida en la India: todo lo que le interesaba era el sistema financiero y monetario.

Para acabar, veamos brevemente

¿Cómo extraía recursos Gran Bretaña de la India una vez que la India dejó de ser propiedad de la East India Company y pasó a ser una colonia británica?

El gobierno colonial de la India seguía tradicionalmente una política de "presupuesto aparentemente equilibrado" con gastos estrictamente limitados a los ingresos -estos últimos consistían principalmente en ingresos de la tierra complementados por impuestos indirectos e ingresos de los monopolios gubernamentales. "Sin embargo, "presupuesto equilibrado" es un término equívoco: la apropiación de riqueza india por parte de Gran Bretaña consistía en que una gran parte (hasta un tercio de los ingresos presupuestarios cada año) no se gastaba… sino que se apartaba bajo el encabezamiento de "gastos en el extranjero"… el presupuesto se mantuvo así con superávit de gran envergadura anualmente... El jefe de gastos en el extranjero siempre incluía los Home Charges anuales regulares incurridos en libras esterlinas en Gran Bretaña, elementos variables adicionales relacionados con el coste militar de las guerras en el extranjero, y grandes "regalos" de la India a Gran Bretaña

… las letras de cambio emitidas por el gobierno británico en rupias eran un medio para retener en Londres el oro que de otro modo habría llegado a la India como pago  por parte de los compradores extranjeros de mercancías producidas por los indios… así parecía que se pagaba a los productores, pero en realidad no se les pagaba, ya que los fondos con los que se realizaba el "pago" provenían de sus propios impuestos (esto es, de los impuestos que pagaban los indios) y no de los ingresos generados por la venta de las mercancías al extranjero… durante tres décadas hasta 1928 (y muy posiblemente también antes), la India registró el segundo superávit comercial más alto del mundo, sólo superado por los Estados Unidos. Gran Bretaña se apropió en su totalidad de estas crecientes ganancias

La envergadura de la extracción fue tal que permitió a Gran Bretaña compensar su déficit comercial con el resto de Europa y América y exportar capital a estos mercados.

Este sistema – heredado por el gobierno de Gran Bretaña – había sido puesto en marcha ya por la East India Company cuando, a finales del siglo XVIII, sustituyó a los gobiernos locales en la recaudación de impuestos. Una vez que se apoderó del poder fiscal, pagar las mercancías indias con el propio dinero que los indios pagaban como impuestos era pan comido (la EIC no necesitaba gastar la recaudación impositiva en prestar servicios a los indios, los impuestos eran tributos en el sentido más antiguo de la palabra). La prueba de esta “transformación” se encuentra en que, a diferencia de otras compañías de indias, la EIC no necesitó llevar más plata en los viajes de ida para adquirir los productos asiáticos que se venderían después en Europa.

La consecuencia inevitable de este sistema es que se tiene que reducir el consumo local porque buena parte del producto local (de lo pagado por tales bienes) sale camino de Gran Bretaña. Y así fue:

la absorción anual de cereales per cápita en la India británica disminuyó de 210 kilogramos (kg) durante el período 1904-09 a 157 kg durante 1937-41 y alcanzó su punto más bajo (137 kg) en 1946) Mientras que las masas sufrieron un severo declive nutricional, las casas de exportación extranjeras en la India y los comerciantes locales de exportación (dalals) se beneficiaron al tomar un gran recorte del precio que el productor recibió.

Conclusión

Así que Branko Milanovic tiene razón al relacionar la estrategia keynesiana con la empleada por Stalin durante los años 30 en la colectivización de la agricultura. Como se narra en el libro de Applebaum, las exportaciones de grano (cuyo precio, naturalmente, quedaba en manos del Estado) y las transferencias de grano del campo a las ciudades aumentaron y tal aumento sólo podía lograrse a costa de reducir el consumo por parte de los campesinos. La diferencia entre ambos casos está en que Stalin no utilizó – no tenía un Keynes a su lado – la emisión de dinero, la inflación (con represión del crecimiento de los salarios – y los impuestos para lograr sus objetivos de extraer la mayor parte posible de la producción local (Ucrania en un caso y Bengala en el otro) y apropiarse de ella para destinarla a otros fines (el mantenimiento de los obreros de las ciudades y la obtención de divisas en un caso y la financiación de la guerra en Asia en el otro).

Utsa Patnaik, Profit Inflation, Keynes and the Holocaust in Bengal, 1943–44, 2018

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