Harari atribuye prioridad explicativa a la inteligencia y Joseph Henrich y, antes que él, Peter Richerson y Robert Boyd a la cultura. En términos más concretos, los cuatro rasgos distintivos de los humanos, a saber, inteligencia superior, lenguaje gramatical complejo, cooperación a gran escala entre individuos no emparentados y cultura acumulativa se ordenan así para Harari y al revés (primero fue la cultura acumulativa, luego la cooperación a gran escala entre individuos no emparentados, luego el lenguaje y luego la inteligencia) para Henrich y sus maestros.
La hipótesis de que la inteligencia surgió primero es implausible si se tiene en cuenta el enorme coste que supone para la especie “sostener” un cerebro tan grande (aumenta los riesgos del parto) y tan ávido de energía (consume un 20 % de la energía total de un cuerpo humano). Si el problema era sobrevivir en la sabana, fabricar herramientas rudimentarias o controlar el fuego, el cerebro humano parece desproporcionado para esa función. El origen del lenguaje es tratado por Harari como una mutación accidental —la “mutación del árbol del conocimiento”— que habría permitido una forma inédita de comunicación. Heath objeta que esta explicación tiene un problema de arranque: si el primer individuo dotado de esa capacidad no tenía con quién hablar, la mutación difícilmente pudo ser adaptativa como capacidad comunicativa. Además, el lenguaje informativo presupone cierto grado de cooperación. Si individuos antisociales pudieran hablar, sus mensajes serían simples expresiones de interés estratégico y no resultarían creíbles. El lenguaje humano es en gran medida cheap talk y, aun así, transmite información; eso parece exigir previamente disposiciones cooperativas.
La explicación de Harari sobre la cooperación tampoco convence a Heath. Si el problema es que los individuos tienen incentivos para no cooperar, no se resuelve diciendo que otros difundirán información sobre los incumplidores, porque difundir esa información también es un servicio público sujeto al mismo problema de acción colectiva. Lo mismo ocurre con los “grandes dioses” o los sistemas míticos a los que recurre Harari: hay que explicar de dónde salen, por qué se cree sinceramente en ellos y por qué no se simulan estratégicamente. En ambos casos, la explicación presupone ya una cooperación que pretende explicar.
El último elemento de la crítica a Harari se refiere a la cultura. La cultura no es resultado, como pretende Harari de la cooperación, sino de la imitación del éxitoso, es decir, el que introduce una innovación que mejora la máquina o la herramienta. Una explicación mucho más plausible – la formulada por Henrich a partir de los autores citados – es empezar por la cultura, seguir con la cooperación, hacer entrar entonces el lenguaje y, finalmente, la inteligencia. ¿Cómo se extiende y desarrolla una cultura en un grupo de una especie animal? Mediante el aprendizaje social
(sobre lo cual repasando los trabajos de Henrich y Boyd sobre todo, v., con más indicaciones, estas entradas, JA, Tweet largo: aprender sin entender no es de tontos, es de listos, Derecho Mercantil, 2018; JA, La poción antibalas y la opacidad causal, Derecho Mercantil, 2017; El sentido evolutivo de los rituales humanos, Derecho Mercantil, 2020, JA, Aprendemos las normas sociales sin que nos las enseñen, Derecho Mercantil, 2019; JA, La recensión de Scott Alexander del libro de Joe Heinrich, Derecho Mercantil, 2019; JA, Del aprendizaje a la enseñanza y de las convenciones sociales a las normas, Derecho Mercantil, 2017; JA, La información social puede potenciar el conocimiento a pesar de inhibir el esfuerzo cognitivo, Derecho Mercantil, 2018; JA, Por qué los humanos ‘sobreimitamos’ y los demás primates, no, Derecho Mercantil, 2022; y estas sobre los trabajos de Kevin Laland, La imitación, el problema de la correspondencia y el valor de la sincronización, Derecho Mercantil, 2018; El lenguaje evolucionó originalmente para enseñar a nuestros parientes; Derecho Mercantil, 2017; Coevolución genes-cultura, Derecho Mercantil, 2018; Del aprendizaje a la enseñanza y de las convenciones sociales a las normas, Derecho Mercantil 2017. La innovación inicial no sería una inteligencia superior, sino un tipo específico de aprendizaje social: la imitación humana. Los niños humanos copian con fidelidad incluso conductas que no comprenden. Esa imitación aparentemente “ciega” permite que procedimientos complejos se transmitan sin que cada generación tenga que entenderlos desde cero. Así se supera el cuello de botella de la inteligencia individual. Una técnica puede acumular pequeñas mejoras y sobrevivir porque los individuos la reproducen fielmente antes de comprenderla. La cultura permite así acumular conocimientos por encima de las capacidades cognitivas de cada individuo.
V., De las coaliciones asesinas de machos alfas y antisociales a la docilidad y grupalidad de los humanos, Derecho Mercantil, 2023 y La domesticación del hombre, Almacén de Derecho, 2021; Todo empezó de verdad con el homo erectus que controló el fuego para siempre, Derecho Mercantil, 2020; La conspiración para el asesinato y la sumisión al grupo para evitarlo, Derecho Mercantil, 2021, todos ellos sobre los trabajos de Wrangham a los que alude Heath; v., también sobre el libro de Wrangham sobre la domesticación humana, Rob Henderson, The distinctiveness of human aggression. The Critic, 2022; Parental Selection in Human Evolution, Rob Henderson’s Newsletter, 2023.

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